lunes, 27 de enero de 2020

FILIACIÓN DIVINA

HIJOS DE DIOS....y herederos de su Gloria.



Ésta es nuestra herencia, nuestra dote, pero si la perdemos será la causa del mayor dolor que podremos sufrir.
El misterio de la filiación humana es plenamente sensible a aquellos que han tenido la fortuna de tener hijos, que así valoran íntimamente la paternidad. No así el de la filiación divina , porque cuando, ya bautizados, la poseemos regalada sacramentalmente, la imaginamos cosa de nuestra propia naturaleza, no la valoramos cual debiera ser y, al igual que con la salud, llegamos a realizar juegos peligrosos que podrían hacernos perderla.
El que es padre llega a comprender un poco más a Dios, que también lo es. Y lo es de un Hijo único con su misma naturaleza divina. Amándose ambos infinitamente, engendran, en su mutuo e infinito sentimiento,  un nuevo y Santo Espíritu, de su propia sustancia : el mismísimo Espíritu del Amor. Esa es la familia divina en origen antes de todos los siglos. Pero después a Dios se le ocurrió la idea de proyectar y crear a otros  hijos adoptivos. Y con esa sorprendente intención realiza primero Ángeles y después hombres, todos ellos  a su imagen y semejanza, es decir: dotados de inteligencia, voluntad, sentimientos y libertad. Parte de unos  como de otros, como cuenta la Santa Tradición y la  Santa Biblia, se  hacen rebeldes e ingratos, pero otros aceptan, agradecen  y bendicen la luz recibida de su Creador. Resulta que solamente los que  así lo hacen se consagran  como  verdaderos Hijos de Dios y herederos de su gloria. (último evangelio de S.Juan).
De esta manera Dios tiene un Hijo único de su propia naturaleza y una verdadera pléyade de hijos adoptivos: sean ángeles divinos o santos humanos. Y para todos ellos el  Amor de Dios continua planeando sobre la aguas de la Creación  y haciendo una futura dote: un universo sin límites aparentes y con múltiples mecanismos de vida, sea: espiritual, astronómica, animal, vegetal o mineral.
Todo ello lleva inscrita la orden de existencia dada por el Creador y sus verdaderos  hijos además tienen  el don de albergar potencias similares a las suyas, que crecen  y crecen sin llegar nunca a alcanzarle : son el conocimiento, el libre albedrío, la inmortalidad y la capacidad insaciable de amar. Dijimos semejantes, pero no iguales. La grandeza de Dios es infinita y, naturalmente, no puede nunca ser alcanzada por mayor que sea el crecimiento de cualquier criatura, sea de la tierra o sea del Cielo.
Pero llegados al tema de la capacidad de amar podríamos llegar a preguntar a Dios si  ama con la misma intensidad a todos sus hijos. Creo que nos contestaría que a todos los hijos  nos ama según el amor que recibe de cada uno de ellos. Naturalmente al que le ama infinitamente, el Verbo en Jesucristo, el Padre le corresponde de la misma forma. Sin embargo a nosotros, como seres finitos que somos nos ama también de forma finita y, a pesar de que le olvidamos frecuentemente, Él nos quiere muchísimo más de lo que nos merecemos.
No obstante si un padre o madre tiene muchos hijos, a todos los ha de querer con la misma intensidad y derecho; pero si uno de ellos adolece de alguna enfermedad o de algún problema, su mirada, sus anhelos y sus deseos se concentrarán en él, al menos  mientras peligre..
La única diferencia entre unos y otros hijos de Dios es la capacidad voluntaria de devolverle el   amor y el calor recibido. Esa diferencia existente en la tierra persistirá también en el Cielo, donde , como explicaba Teresa de Lisieux, todos seremos vasijas completamente llenas y satisfechas  de felicidad y de amor, aunque de diversos tamaños, según el consciente crecimiento de cada uno.

Solo resta, tras estas meditaciones considerar tres cosas:

 1º La enorme dignidad que podemos llegar a tener si llegamos a ser verdaderos Hijos adoptivos por la Gracia de Dios. Todo el universo nos obedecerá y, dotados de la máxima dignidad, seremos tremendamente poderosos, fuertes e inmortales.
2º La generosidad de Jesucristo, quien, sin reparo, comparte a su Padre con nosotros desde que nos enseñó a rezarle el "Padrenuestro". Su generosidad al instituir el Bautismo para que todos y cada uno podamos ser formalmente  hijos por adopción y Herederos eternos de su querido Padre.
3º  El amor de Jesucristo, el Hijo Divino,  que llega a todos de tal manera que se identifica con  aquel que más sufre, compartiendo su dolor. De esta manera todo los esfuerzos que hagamos por cualquier hermano en apuros se los estamos haciendo realmente al mismo Jesucristo. De ahí dependerá el tamaño de nuestra plena felicidad en la Casa de Dios.
4º Al encontrar en la vida al hermano, sea cual sea su condición, hemos de  considerar que también es amado con la misma intensidad con la que Cristo te quiere a ti mismo. Así será mucho más fácil amar al pobre , al feo, al ignorante, al torpe, al enfermo o incluso al mayor pecador. No queramos poseer patentes ni reconocimientos de bondad, porque el verdadero amor los destruye.

 Ser hijos de Dios es saber bien que la humildad es amor a Dios, y el amor de Dios es humildad.


Jonás   /2020/ 2023/2024/2025/