Dones y Frutos del Espíritu Santo.
Ambos dependen de la verdadera naturaleza de Dios, que es verdadero y puro Amor. Todas sus manifestaciones dependen de algo parecido a una cristalización de este Querer entre las tres Personas Trinitarias: El Padre que engendra y ama a su Hijo, el Hijo que ama a aquel de quien procede y el Espíritu Santo, fruto del Aprecio infinito que los une, quien, a su vez, les devuelve a ambos su inestimable Amor. Los Tres juntos hacen un todo indivisible de personas con incalculable cohesión : la Santísima Trinidad que es un misterio para nuestra humana mente , mas no para nuestro corazón, pues tuvieron a bien los Tres juntos proyectar su divina imagen en el corazón de todo creyente.
Breve descripción de los Siete dones del Espíritu Santo.
Don de Entendimiento : Es descubrir que Dios te ama mucho más de lo que te imaginas. El amor engendra amor y éste engendra confianza y fe. De ésta procede la aceptación de cualquier misterio divino. Así el buen cristiano acepta misterios como el de la Santísima Trinidad o el de la Encarnación de nuestro Redentor.
Don de Sabiduría : El saber induce al saborear y tratándose del amor no presenta límite alguno. Se ama al conocimiento porque multiplica el afecto y así vuelve a buscar y a crecer hasta llegar a la Verdad, que es Nuestro Señor Jesucristo.
Don de Ciencia : Es buscar y encontrar a Dios en todas sus obras repletas de sentido y mérito, realizadas por Él , para bien en el universo espiritual o material, o para conocimiento de la Historia humana.
Don de Consejo : Es recibir de Dios el camino para poder encontrarle, y así seguir el rumbo que Él desea para cada uno de nosotros.
Don de Piedad : Es encontrar en la oración la compañía de un Dios que siempre nos escucha y que siempre nos contesta de una u otra manera.
Don de Fortaleza : Es recibir la energía suficiente para perseverar en aquel camino que Dios dicta a cada corazón que le busca.
Don de Temor : Es medir la Grandeza y el Poder de Dios y, en consecuencia: temer perderlo para siempre por la debilidad de un sólo pecado grave.
Los doce frutos del Espíritu Santo:
Son Perfecciones que los Dones del Espíritu Santo construyen en el ser humano que ama a Dios. Se pueden considerar algunas un anticipo real de la Gloria que Dios tiene preparada para cada uno de nosotros y otras, aquellas que definen nuestro amor como medio indispensable para conseguirla. (y Cristo así lo dijo: "por sus frutos los conoceréis" )
Caridad.- De Dios aprendemos a amar y a propagar este sentimiento en los demás mediante un servicio totalmente desinteresado. Es un simple anticipo del Cielo prometido, en el que gozaremos de forma gratuita del infinito Amor divino.
Gozo.- El considerarse uno Hijo de Dios es la mayor alegría que se puede tener, dicha que no debe de desaparecer nunca, ni siquiera en caso de intensos sufrimientos de la vida, contento supremo basado en la virtud de la esperanza, por la que todos los mártires han superado los dolores, los temores y la propia muerte. Jesús lo manifiesta en la Cruz cuando le anuncia al buen ladrón :"Hoy estarás conmigo en el Paraíso".
Paz.- Durante la vida nace de la virtud de la humildad. Cuanto más desocupados seamos del prestigio, de la riqueza y del criterio ajeno, más tranquilos y libres estaremos del mundo y sus vanalidades y más próximos a la fuente de la vida que es Cristo, quien nos redimió con su pobreza y con su sencillez.
Paciencia.- Es permanecer en el amor de Dios hacia el prójimo´perdonando sus fallos o sus ofensas, sabiendo que también Él perdonará también, del mismo modo, las nuestras. Como Ciencia de la Paz que es, también requiere de la humildad para no juzgar ni condenar nunca al hermano, sino sufrir en el silencio, como bien lo hizo Jesucristo con muchos de sus paisanos y discípulos cuando no le comprendían y le abandonaron ante su pasión y muerte.
Longanimidad.- Es, según Mons.Bunilla, la paciencia de largo recorrido, es decir bien dotada de perseverancia.También es , según otros autores la virtud de saber dar otra oportunidad de arrepentimiento o cambio de vida a quien nos ofende, fruto divino muy apreciable por su valor ético en los frecuentes casos que existen de infidelidad conyugal.
Bondad.- Es disfrutar haciendo el bien a unos y a otros.
Benignidad.- Es corregir sin humillar . Es nunca condenar a nadie, pues ninguno nos ha hecho jueces y, si acaso, juzgar, no a las personas, sino a sus hechos, y del modo más benevolente posible.
Mansedumbre.- Ser manso es no utilizar la violencia nunca, sea verbal o sea física. No es ser cobarde, sino equilibrado, corregir a los demás con respeto y sin herir, pero con eficacia suficiente para evitar otros daños mayores. Habríamos de aprender los seres humanos de aquellos "mansos", que en la plaza taurina se utilizan para conducir amigablemente a los animales violentos hasta su corral, a fin de que no puedan herir a nadie.
Fidelidad.- Es mantener el compromiso adquirido a lo largo del tiempo, sin dejar de cumplirlo. Dios es la fidelidad pura, pues siempre cumple religiosamente lo prometido. Nosotros somos probados en la fidelidad de nuestras oraciones, pues no es de recibo el hacer peticiones o donaciones de gracias al Padre un día sí y otros días no. La fidelidad se muestra fundamentalmente en la frecuente Oración a Dios.
Modestia.- Es la sobriedad en público. Evitar toda exhibición, sea física o sea espiritual para ser admirados por otros . Su falta incrementa el peor de todos los pecados: la soberbia o amor a desordenado a uno mismo.
Continencia.- Es el sacrificio de uno mismo para no ser víctima de uno mismo. Es decir evitando por la propia voluntad toda adicción que ponga en peligro la economía familiar , la salud corporal o el propio estado de la Gracia de Dios.
Castidad.- Es totalmente necesaria en la infancia y juventud, pues en la primera su falta es contraproducente ya que son requeridas unas hormonas de crecimiento que se inhiben con las hormonas de origen sexual. En la juventud también su falta es nociva, pues la castidad es necesaria para la formación psicológica e intelectual de quien quiere llegar a terminar siendo responsable de sus actos. En la madurez, también lo es, aunque Dios dispuso el placer sexual dentro del Matrimonio, para felicidad de los padres, a la vez que para la perpetuación de la especie humana.
! Perfeccionémonos en los frutos que el Espíritu Santo nos proporcionará ¡
Jonás .- Mayo 2026