El Santo Temor de Dios.
El Temor de Dios es uno de los más importantes dones que el Espíritu Santo puede inspirar en nosotros. No es algo opuesto al don del Amor. Uno y otro , aunque en esencia contrapuestos son paralelos en su intención de aumentar el verdadero culto a Dios basado no sólo en la emoción, sino también en el respeto.
Cuando aconsejamos a jóvenes que quieren contraer matrimonio les decimos que tan importante para ellos deberá ser en su futuro, tanto el amor conyugal como el respeto mutuo. Los refranes con su sabiduría popular nos asombran mucho y nos ayudan a distinguir, de la misma manera, cosas que parecen opuestas y, sin embargo, son paralelas. Así decimos que: "Lo cortés no quita lo valiente". Por esa razón ahondamos todavía más en estos conceptos cuando distinguimos dos clases de temor: uno ante el castigo, temor de huída, de hostil separación, al que llamamos temor servil, y otro ante la posibilidad de pérdida del ser querido, de atención y de defensa de su cariño, por ser muy, muy querido, que llamamos temor filial.
Va siendo hora de que los adultos empecemos a darnos cuenta de todo lo que Dios nos ha dado, nos mantiene y nos promete. Es demasiado grande su amor hacia cada uno de nosotros, para que pasemos de largo en la vida, fingiendo desconocer tanto privilegio obtenido sin merecimiento nuestro alguno.¿Cual sería su juicio ante nosotros, irresponsables e ingratos...?
Lo más maravilloso de la fe católica es la bondad de un Dios que se hace un ser humano limitado, para evitar que nosotros queramos hacernos dioses ilimitados. Quiere enseñarnos a soportar el trabajo y las adversidades con un historial evangélico sin parangón alguno de dificultades, para que nosotros aceptemos e imitemos algo de su comportamiento ejemplar. Así reservó para Él una muy pesada cruz de madera, y para cada uno de nosotros una pequeña cruz de papel, de la que brotan, sin cesar, nuestros lamentos y pesares. Dio su vida por nosotros sin regatear dolor alguno, y eso que se trataba de todo un Dios, quien hacía tal locura de amor. No tenemos derecho a ignorar a Cristo, ni tenemos derecho a profanar su amor. Por eso sería de temer, como nada, el que todo un Dios de poder infinito se enoje con nosotros y deje de amarnos y nos olvide, abandonándonos en el fuego del desamor eterno. Sí, porque a Dios hay que amarle con totalidad e integridad, es de temer que termine alejándose de nosotros. Pidámosle que tenga paciencia con todos, buenos, malos y regulares, y nos haga un poco más pacientes, más serviciales y más buenos hermanos, hijos todos del mismo Padre.
Amémosle y Respetémosle.
Jonás .- Julio 2023