NOS PREPARAMOS PARA CASARNOS
Es el Matrimonio un sacramento.
Eso quiere decir que, como tal, asume la presencia de Dios. En el antiguo Testamento ya existía el lazo entre los esposos que habían decidido compartir sus vidas y fundar un hogar. En el nuevo Testamento es la presencia de Jesucristo, invitado a una boda la que eleva a la condición sacramental , únicamente por la presencia de Jesucristo junto a los contrayentes del vínculo. Eso es lo que deberíamos saber las parejas actuales cuando decidimos casarnos por la Iglesia. Jesucristo es Dios y Él es quien da la vida. No es un artículo de quita y pon, no es siquiera una firma en una ceremonia de boda, no es algo sujeto a nuestro antojo ni a nuestras necesidades, es el mismo Dios y con Él no se puede jugar al !hola y adiós..¡. Por esa razón el matrimonio católico es indivisible y es definitivo.
Existen causas de nulidad en el matrimonio católico, pero hay que saber que no anulan nada, simplemente reconocen que no hubiese habido realmente vínculo matrimonial, entre otras causas, al no haber existido conocimiento en alguno de los cónyuges de un grave problema de salud previo al casamiento del compañero o por no haber habido libertad de elección del mismo si ha sido una ceremonia obligada. De esta forma no interviene Jesucristo con su presencia libre y consciente que exige lo mismo en los contrayentes:
resposabilidad. Es posible que hoy se falsifiquen pruebas de dichas condiciones para conseguir una declaración de nulidad, pero eso va a caer sobre la conciencia para siempre de los responsables fraudulentos, sean médicos o abogados.
El nuevo hogar es como una mesa levantada con Jesús junto a los recién casados. Como mesa que es consta de un sobre y de cuatro patas, cuatro bases para hacerla estable . Esos apoyos son :
Sinceridad, generosidad, fidelidad y respeto.
Ellas son las cuatro patas y el sobre de la mesa familiar. Si falla tan sólo uno de ellos cae roto por tierra el frágil menaje de la tabla hogareña: los hijos, la familia, el honor, la historia, la alegría, y la paz...
Todas estas básicas virtudes son emitidas por Cristo, ya que... ¿Quién ha sido más sincero que el que fué revelador de la auténtica verdad?... ¿Quién ha sido más generoso que el que dio, sin obligación alguna, su vida por todos y cada uno de nosotros?... ¿Quién ha sido más fiel a la voluntad del Padre, con quien oraba continuamente?... ¿Quién más respetuoso y sensible con nuestra naturaleza humana que comparte y bendice?...
La luz de estas virtudes se debe de proyectar del uno al otro cónyuge y volver finalmente al propio Jesús que las recoge satisfecho. María su madre, también invitada a nuestro hogar, es la que dispara la fuerza milagrosa de su Hijo en las bodas de Caná ante un problema conyugal, y es nuestra intercesora del matrimonio y la única que vela por su felicidad.
Pero vamos por las bases de la mesa:
1º Sinceridad.-
Ya se os ha hablado sobradamente del enorme valor de la confianza mutua, de la sinceridad y del diálogo. Tan sólo querría subrayar que la sinceridad tiene un límite: el amor, es decir la caridad. Con esto quiero agregar que los esposos deben de ser plenamente abiertos en su vida común, sincerarse en sus defectos pequeños o grandes, pero que también deben callar aquellos secretos, aquellas medias verdades que pueden desprestigiar a otros familiares. Por ejemplo:” mi madre dice que tú eres ....”, o: “a mi hermano no le caes simpático....”. Medias verdades, digo, porque generalmente son fruto de un precipitado conocimiento o de una impresión prematura, que el tiempo, si se le da opción, irá modelando y corrigiendo.
Hacia Cristo la sinceridad se devuelve como diálogo íntimo, debe de comenzar con una confesión sacramental, y siempre con la oración diaria de los esposos en común. Decía hace años el Padre Peyton: “La familia que reza unida, permanece unida..” Rezad todas las noches unidos al acostaros aunque fuere un simple Padre Nuestro y una breve Ave María, haced asín una concisa oración de agradecimiento , “pidiendo a Dios que siempre os bendiga” (ver Tobías 8,4b-8)
2º Fidelidad
Es la exclusividad de vuestros cuerpos y la prioridad de vuestras almas. Es también ofreceros lo mejor de vuestro tiempo, de vuestra admiración y de vuestra amistad.
La Gran Guerra de la Fidelidad se gana o se pierde en la primera batalla. Persistirán inclinaciones naturales hacia otros hombres o hacia otras mujeres que no indican falta de amor o afecto de la pareja, a no ser que la persona se hunda en el abandono de su voluntad. Si uno se lanza a la aventura de la tentadora novedad, no se extrañe si pronto se ve arrastrado por un caudal de afectos extraños. Que no se justifique el que abandonó frívolamente al amor verdadero del cónyuge, diciendo después que “en el corazón no se manda”.
La fidelidad sexual es fuente posterior de amor y felicidad sexual.
El sexo pecador de toda la vida anterior, el que nos separaba de la Gracia de Dios ha sido derrotado por el sexo feliz que inventó el propio Dios y ha realizado para ti, para tu dicha y, con la misma grandeza, para la transmisión de la vida hacia otros.
No termina la fidelidad en las personas de los esposos contrayentes. También se prolonga , ¡y de qué manera!, en las personas de las familias previas, y muy fundamentalmente en la de vuestros padres que ahora se os duplican. Un hijo o una hija tiene el deber de mantener y aumentar el cariño y el respeto que son frutos de la fidelidad hacia los padres que nos transmitieron la vida. Es necesario mantener el nivel de visitas y llamadas a lo largo del tiempo para disfrutar de los padres de ambos y poder ayudarlos si fuese necesario. El ritmo es algo personal, pero yo aconsejaría un mínimo de un acto de llamada o presencia semanal.
La fidelidad hacia Dios, nuestro verdadero Padre, se revela también en la cita de la Eucaristía dominical. Todo un Dios fiel, creador tuyo, te espera cada semana como un padre humano para abrazarte y para quererte, para compartir tus alegrías y tus penas. Esta es la verdadera razón común que da peso a un tercer mandamiento y a un cuarto mandamiento.
¿Los vamos a ignorar a ellos?.... ¿Vamos a invitar a Jesús a nuestra boda y después vamos a pasar de Él....?
3º- El Respeto .—
Respetaos siempre mutuamente. Nunca os hagáis daño de manera consciente. Respetaos en vuestros modales, en vuestro tono, en vuestras palabras. No sacar a relucir los “trapitos sucios” que todos tenemos. Y menos ante vuestros padres, hermanos, hijos o amigos.
Cuando haya que corregir algo, hacedlo a solas, en la intimidad del dormitorio, donde se resuelven rápida y favorablemente las discrepancias. Hacedlo enseguida para que, como decía San Pablo: “el enfado de un día no traspase el ocaso de la misma jornada”.
La dignidad del respeto es la dignidad del amor. Es evitar disgustar al otro. Al igual que el Santo Temor de Dios no es vasallaje por temor al castigo, sino el temor de un buen hijo por llegar a decepcionar a un Padre que tanto le ama. No desencantemos a nuestro Padre Celestial por que ha escrito nuestro nombre en el Cielo.
4º.- La Generosidad.-
Más que la realización de costosos u oportunos regalos, es saber perdonar los defectos ajenos y saber enmendar los propios por amor al otro..
Dedicando al otro el fruto del trabajo diario, laboral o doméstico, compartiendo con los hijos lo mejor de nuestras ilusiones y de nuestras vidas.
Generosidad nuestra también para con Dios que nos dio la existencia , sin impedir su plan de vida, sin impedir su proyecto a través de nosotros.
María, nuestra Madre, nos da claro testimonio de generosidad para con Dios en su respuesta : “Hágase en mí según tu palabra”.
Y por encima de las bases de la mesa se halla su sobre. La preside el mismísimo Cristo accesible por :
0º,- La Oración en común.- ¿Qué es lo más grato para Nuestro Señor ?,.- el que los esposos unidos dialoguen con El, aunque sea brevemente, al menos una vez cada día o al llegar la noche. Dios espera nuestra palabra de agradecimiento o de petición. Dios espera el calor de nuestros corazones unidos. El sabrá mantenerlos así para siempre.
En la oración hallaremos las fuerzas para superar cualquier problema, hallaremos la razón de una alegría profunda, notaremos que surge la vida que hemos de repartir. Porque eso es el matrimonio: el reservorio de la vida, del amor y del bien hacer. Con estas características es necesario que Dios sea el eje y el protagonista. Hagámosle el centro nuestro por la oración común diaria.
Que Dios bendiga con su Hijo Jesucristo a todos los matrimonios y haga en ellos un anticipo de su propio cielo.
GRANDEZA DE LA PATERNIDAD.-
Es la paternidad el fenómeno más asombroso y fascinante de la vida. Los padres se hacen testigos y partícipes de la auténtica creación. El Creador pone su omnipotencia al servicio de una humilde familia a la que enriquece material y espiritualmente. Los padres vibran en cariño y dedicación hacia las nuevas criaturas con las que han sido regalados. Tras su contemplación como recreaciones de sus propios cuerpos y almas, no pueden más que deshacerse en agradecimiento hacia Dios. La vida les ha cambiado para siempre, ahora tiene un nuevo sentido para ellos.
RESPONSABILIDAD DE LA PATERNIDAD.-
Es también un hecho que si ha aumentado la riqueza de la familia, también lo hace la vulnerabilidad de la misma, porque cuanto más poseemos, más podemos dejar de tener.
Es verdad también que la superficie de la casa no crece, ni tampoco lo hace el tiempo de posible dedicación a los hijos, pero sí crecen las responsabilidades y las preocupaciones.
Es natural, por tanto, que los padres hagan los cálculos necesarios de sus posibilidades y que en las condiciones vigentes hoy día hayan de limitar sus deseos de paternidad a dos, tres, o lo más cuatro hijos. ¿Qué hacer al respecto?.
PAPEL DE LA IGLESIA EN LA PATERNIDAD RESPONSABLE.-
Dios, que todo lo hizo bien, muy bien, creó la sexualidad con un enorme caudal de placer para que todas las especies animales se multiplicasen. A la especie humana le añadió otro ingrediente muy especial: la ternura. Dice la Biblia en el Génesis que Dios sacó a Eva de una costilla de Adán. Probablemente lo hizo así para que éste la considerase siempre muy próxima a su corazón.
Pero el hombre muchas veces se atreve a trampear contra Dios, y pretende adueñarse del gozo y desembarazarse del compromiso paternal. De ahí surge la inmoralidad de todos los medios artificiales inventados por los humanos que pretenden, evitando todo esfuerzo, evitar la posibilidad de la gestación.
La Iglesia, consciente del problema ético, nos propone métodos naturales y morales de control de la natalidad, basados también en el conocimiento científico, pero con la aportación de la voluntad en un pequeño sacrificio personal: el de la abstinencia en los cortos períodos de tiempo ( de 4 a 6 días ) que dura la fertilidad femenina.
LA ABSTINENCIA PERIÓDICA.-
Decíamos antes que la rutina es el más importante enemigo del matrimonio. Pues bien, el dedicar unos pocos días a revivir el antiguo noviazgo, que hubo de ser casto, el revivir su romanticismo, el valorar el encanto de juntar unas manos enamoradas, de un beso robado, de un ramo de flores, de resucitar la ternura del corazón, es sin duda otra manera de revitalizar el afecto verdadero, de valorar al otro, de unirse con él en el auténtico amor que es el de darse amando sin esperar nada a cambio.
La Iglesia no es el aguafiestas del sexo, al contrario, lo que aconseja regular lo hace recobrar después con creces y con una mayor ilusión. Una breve abstinencia nos hace gozar después más y mejor del sagrado festín creado por Dios en la sexualidad. La Iglesia de esta manera reune nuevamente en el matrimonio cristiano los dos ingredientes que el hombre actual egoístamente separa del placer sexual: la ternura del corazón y la posibilidad de transmitir la vida.
Y por eso hay tal cantidad de divorcios, porque la genitalidad por sí sola no es suficiente ligazón para la pareja humana. El hombre y la mujer están creados para amarse de verdad, en cuerpo y en alma, destinados a hacerse un solo ser para siempre, hasta que la muerte los separe.
Conclusiones .-
Ya podría yo hablar las lenguas de los hombres y de los ángeles, si no tengo amor, soy como un metal que resuena o unos platillos que aturden. Podría conocer todos los misterios y todo el saber,; podría tener una fe capaz de mover montañas, si no tengo amor no soy nada.
Podría repartir en limosnas todo lo que tengo y hasta dejarme quemar vivo, si no tengo amor de nada me sirve.
El amor es comprensivo, el amor es servicial y no tiene envidia, no presume ni se engría; no es maleducado ni egoísta; no se irrita; no lleva cuentas del mal; no se alegra con la injusticia, sino que goza con la verdad. Cree sin límites, espera sin límites, aguanta sin límites, perdona sin límites. El amor no pasa nunca. (1. Corintios. 13,1-8)
UNA CARTA DE DIOS A LOS ESPOSOS.-
Esta carta no os llegará por correo ordinario, ni por E-MAIL. La tenéis escrita en vuestros corazones y la podréis leer siempre que conectéis con mi Luz a través de la oración. Dice así:
Yo soy el que os creó el uno para el otro para que no os sintieseis solos y pudieseis experimentar la fuerza y la dulzura del amor. Deseaba que os ayudaseis mutuamente a crecer hasta llegar a ser aquella persona única que yo quiero que seáis. ¿Sois conscientes de que vuestra pareja es un regalo mío?. .Valoradla.
Vuestra mayor riqueza no es el dinero, sino vuestro amor. Procurad "regarlo" con un diálogo frecuente y sincero y hacedlo crecer a través de aquellos pequeños detalles y delicadezas que impiden caer en la rutina, que es el peor enemigo del amor. Tomad iniciativas juntos, pero respetad también el ámbito de libertad para cada uno.
A unos os he hecho partícipes de mi poder creador para que tengáis la alegría de poder traer hijos al mundo. A otros os hago partícipes de mi misericordia salvadora para que ,como Yo con vosotros, os sintáis padres verdaderos de quienes más os necesiten. Os lo confío a todos, unos y otros para que les enseñéis a ser solidarios, a amar la paz y a sentirse hijos míos y hermanos de todos.
No olvidéis que, a través de los hijos y de quienes os necesitan, estáis creando el mundo de mañana, el mundo que yo pensé crear.
Estad muy unidos, pero no os quedéis encerrados en vuestra casa. Salid fuera y esparcid en vuestros ambientes mi bondad. Las personas con las que os relacionéis han de descubrir a través de vosotros que yo no soy un juez severo, sino un Dios que ama, comprende y perdona. Mi Hijo Jesús os lo dejó bien claro. No me decepcionéis.
Desde el día de vuestra boda, lleváis dentro de vosotros una Luz y una Fuerza especial. Pedídmela siempre que la necesitéis y yo no os fallaré. Y recordad, sobre todo, que también lleváis dentro mi Amor, que es el lazo que os mantiene unidos. No malgastéis este tesoro.
Cuando uno de los dos se vaya de este mundo,- este momento llegará, -, recordad que seguirá viviendo a mi lado, en el hogar definitivo, donde esperará al otro. Después ya no habrá nunca más separación. Estaréis para siempre conmigo y con las personas que amáis allí donde no hay tristezas sino sólo alegría y gozo para todos.
Este es mi proyecto para vosotros. ¿Os gusta?
Vuestro Padre del cielo que os ama como no podéis imaginar.
Jonás .- 2004-2020-2022