El suplicio de la crucifixión.-
La inventiva no tiene límites .
No sabemos quien utilizó el suplicio de crucifixión por primera vez a lo largo de la historia, pero sabemos que la antigua Roma lo utilizó para castigar lo máximo posible a cualquier enemigo antes de darle muerte. Se trata de un final muy doloroso y muy lento que siempre solía servir de total escarmiento. Existen otros métodos dolorosos que igualmente aportan el máximo sufrimiento, como lo son los que utilizan calor o fuego, pero no se consideraron tan disuasorios, dada su rapidez en la producción del desmayo y de la muerte, pese a moverse también en el límite de la sensibilidad.
La crucifixión lleva asociados dos componentes disuasorios: la asfixia y el dolor. Actualmente sabemos que cualquier persona colgada de los brazos ,tras un determinado tiempo comienza sufriendo falta de respiración. Es el peso de las vísceras abdominales y las piernas lo que debilita al diafragma, émbolo respiratorio, llegando a anular la respiración. Es entonces cuando por vía refleja se produce una contracción intensa sobre las piernas que buscan apoyo, encontrándolo, en caso de crucifixión, en el clavo que atraviesa los pies. Esa nueva y enérgica presión es seguida de agudos dolores procedentes de importantes nervios perforados, sea en miembros inferiores o superiores.
La experiencia de medicina de guerra que hemos sufrido en las últimas contiendas mundiales nos asegura que los dolores por destrucción o presión sobre troncos nerviosos son los calambres dolorosos más grandes e intensos que se pueden sufrir. Por otro lado la experiencia de los medios de contraespionaje de la CIA nos enseña lo fácil que es hacer "confesar" a cualquiera mediante la técnica de ahogamiento respiratorio con agua, aplazado o fraccionado. La respiración es indispensable para la vida y su fallo es realmente coaccionante para cualquier voluntad por fuerte que sea. Pues bien: los antiguos romanos aunaban ambas técnicas en una sola: la crucifixión.
La víctima se agitaba lenta y obligadamente entre dos apoyos perforados: los brazos en sus carpos comprimiendo o seccionando el nervio mediano o los pies en sus tarsos, comprimiendo o seccionando el nervio tibial posterior. El dolor en reposo era contínuo y en movimiento era agudo, aunque impulsado por la necesidad de respirar apoyándose en las piernas. La hermorragia de las cuatro heridas también era imparable ya que la hemostasis en los puntos sometidos a continuo vaivén era imposible. Así el crucificado iba perdiendo a lo largo del tiempo las reservas de volumen sanguíneo necesarias para el funcionamiento circulatorio. En el caso del crucificado que hubiera sido previamente azotado en pecho o espalda habría que considerar además la aparición de derrame pleural o pericárdico por dolor o contusión que aminorarían mucho más el rendimiento del motor vascular cardíaco. Un hombre fuerte podría agonizar dolorosamente durante unas horas colgado mediante clavos de una cruz.
Esta era la máquina de sufrimiento ideada por la crueldad humana. Por ello es San Pablo el que hace hincapié en su epístola a los filipenses 2/8, del valor del sacrificio de Jesucristo : "y al hacerse hombre, se humilló a sí mismo y se hizo obediente hasta la muerte, ¡ y una muerte de cruz ¡"
Cada quien que saque sus consecuencias del valor de dicho sacrificio.
"Y se encaramó en lo alto de la Cruz para que todos le viéramos desde toda la Tierra y mostrarnos así su corazón repleto de amor. Y así nos cambió la historia del hombre y de la humanidad."
Jonás Julio 2021- Junio 2022
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