VIRTUDES CARDINALES CONTRA la PSICOPATÍAS
Nos suenan las Virtudes cardinales. Cuando aprendíamos el Catecismo, más de uno hemos de recordar como una vieja cantinela : " Prudencia, Justicia, Fortaleza y Templanza". Pocas veces, a lo largo de la vida, hemos pensado en esta virtudes, a las que no damos excesivo valor, puesto que existen muchas otras más sonoras y llamativas. No obstante, estimo que si tuviésemos el acierto de practicarlas a fondo desaparecía el 90 % de la patología psicológica y 50% de la psiquiátrica. Explicaré esto que aparenta ser una exageración.
Las más frecuentes patologías que perturban la mente se pueden dividir en orgánicas, debidas a una causa somática infecciosa, degenerativa, funcional o anatómica , y psicológicas debidas a un mal uso y funcionamiento de la máquina cerebral. Entre las primeras creo a valorar los síndromes infecciosos por sífilis cerebral, síndromes psíquicos por degeneraciones localizadas en tálamo, núcleo estriado o sustancia negra propios del Parkinson o degeneraciones en neuronas motoras y sensitivas en el Alzheimer, o bien los excesos de función dopamínica propios de la esquizofrenia, o la ausencia funcional de serotonina causante de la depresión endógena.
Pero fuera de todo fallo lo orgánico o funcional están las lacras psicológicas que con mayor frecuencia nos perturban, que a mi modo de ver son : la psicopatía, la paranoia, la histeria y las muy variadas dependencias.
Siempre ha existido y existirá la tendencia de culpar a la herencia de estas últimas enfermedades mencionadas, porque es lo más cómodo para no tener que ahondar en investigaciones ni en casuísticas. Me baso en hacer responsable de estos procesos psicológicos a la maleabilidad y adaptabilidad de la mente, pues a base de experimentar la repetición constante de determinados hechos se adquieren hábitos que se van imponiendo cada vez con mayor energía y llegan a relegar la voluntad y la inteligencia, incluso hasta el grado de igualar al ser humano a cualquier animal irracional.
La Prudencia es la virtud que abunda en la moderación del juicio hasta que éste es conducido a una final conclusión lógica, mediante hechos palpables, seguros y demostrables, dadas su posibles comprobaciones. Coloca la bondad de los fines por debajo de la de los medios, como garantía de una total perfección.
La Justicia es la virtud de mayor amplitud. La integran el amor, ya que busca como únicas metas el bien común y la verdad, ya que enamorada de ella difunde todo a la luz de la razón con la moderación de la prudencia.
La fortaleza es la virtud de saber mantener el orden íntimo en favor del bien impreso en la conciencia y el bien común.
La Templanza es la misma fortaleza aplicada en la prudencia a favor del propio deber y del orden en las costumbres.
Creo que al nacer todos llevamos las mismas baterías y los mismos mecanismos, pero poco a poco agotamos a las primeras o variamos el funcionamiento de los segundos y así aumentamos la patología psícógena.
La Psicopatía.
Es una alteración adquirida a lo largo del desarrollo que consiste fundamentalmente en la carencia de empatía hacia las demás personas, de las que sólo importa lograr, mediante engaños o amenazas diversos beneficios anhelados. Hoy se usa la palabra empatía que en realidad significa amor . El mandamiento divino segundo es "Amarás a tu prójimo, como a tí mismo". Bueno, pues el psicópata emplea todo su amor hacia sí mismo y ha ido perdiendo, a lo largo de su experiencia, el menor atisbo de remordimiento por hacer daño a otros. Engaña a los demás fingiendo interés por ellos, cuando lo que realmente le interesa es lo que pueda obtener de ellos sin importarle traicionarlos ni engañarlos. Otras características satélites adornan al psicópata : el maquiavelismo o ingenio para hacer daño, previa seducción con mentiras, el poder manejar a todos los demás, a quienes considera inferiores, realizando así el culto a sí mismo en imagen como su verdadera divinización.
Muchos psicólogos declaran que esta alteración de la personalidad es progresiva y que no tiene arreglo o curación. Lo cierto es que llegando a cotas muy altas de desprecio a los demás, así resulta, pero no hay que perder nunca la esperanza porque la sucesiva repetición de actos positivos de verdadera empatía hacia otros, pudiera ser, si es que aún persistiese algún resto de pesar por alguna de sus malas acciones, su antídoto perfecto y único.
La Paranoia.
Se define como trastorno mental que se caracteriza por la aparición de ideas fijas , obsesivas y absurdas, basadas en hechos falsos o infundados, junto a una personalidad bien conservada, sin pérdida de la conciencia ni alucinaciones.
La personalidad está conservada, pero totalmente entregada al servicio de conceptos obsesivos, bien conocidos como prejuicios. Existe la máxima de que si una idea, por falsa que fuere, es repetida cien veces se acaba aceptando como verdad . Esta es la base del fenómeno de la propaganda comercial, por la que se pagan ingentes cantidades de dinero. La idea puede estar aislada a una circunstancia o puede generalizarse asociarse como acto de defensa o de triunfo sobre otros, por lo que puede llegar a límites absurdos, incluso de suplantación de personalidad. Un ejemplo sería el caso de un señor que asegura ser Felipe II, bien reencarnado o bien sobreviviente, quien debe de volver a gobernar para salvar nuevamente al país.
Desgraciadamente la paranoia es enfermedad transmisible y eso lo apreciamos muy patentemente cuando llega a alimentar ideologías o incluso a disparar la aniquilación humana en las irracionales guerras, cuya seguras causas económicas pudieran ser siempre resueltas con menores esfuerzos y daños.
La Paranoia nace de una carencia de sentido de la prudencia, de la verdad y de la justicia, pues busca una satisfacción en el auto-reconocimiento o en el rencor, siempre ejecuta juicios sumarísimos y carece de un juicio equilibrado y neutral. Como el psicópata, el paranoico desprecia al prójimo, en el que no puede tolerar su profunda discrepancia, pero, a diferencia de aquel, siempre mantiene con los demás un mínimo de respeto para no perder, ni sus amistades que aprecia, ni tampoco su propia autoestima.
La cantidad de prejuicios existentes a lo largo de la vida es enorme y variadísima, originando todos ellos no sólo error o daño en cualquier amistad, sino siendo fuente de desconfianza, alejamiento y recelo hacia otros, lo que poco a poco van ahondando en el paranoico que acaba totalmente aislado y amargado.
La Histeria.-
Se define habitualmente histeria como aquella patología en que la persona tiene una preocupación crónica por síntomas físicos que no tienen ningún origen identificable
. !Mucho ojo : lo primero que hay que hacer antes de identificar un proceso histérico, es asegurarse de que su estado orgánico y sus funciones nerviosas (neurotransmisores) no padece alteración alguna. Hoy día la medicina tiene abundantes recursos para diagnosticar cualquier tipo de enfermedad orgánica o funcioal.
La persona histérica sufre síntomas que por un lado la preocupan y por otro lado la liberan de otras tensiones más profundas. Es el psicoanálisis, la técnica psicoanalítica elaborada por Freud, el que puede descubrir y tratar ese fallo interno.
No obstante lo cierto es que la somatización de un anterior problema libera de toda responsabilidad al individuo tanto frente a otros como frente a sí mismo. Hablábamos en el caso de la psicopatía de un proceso de merma de empatía frente a los demás, a quienes se endosa el trabajo o las culpas propias. En el caso de paranoia la culpa no es aquí "regalada" por el sujeto, sino "auto-escondida" bajo escombros de síntomas físicos más o menos desagradables. En una palabra el histérico, como el psicópata es mentiroso en alto grado, pero aquí lo es engañándose a sí mismo, y así termina ignorándose para sacar provecho de sus somatizaciones, con las que mantiene el interés y el cuidado que siempre se desean obtener de los demás.
La Justicia que pregona la verdad es ahora la gran perdedora de las virtudes cardinales. La mentira, como medio de obtención de un beneficio es un proceso rentable, que la conciencia de cada individuo tiene prohibida, pero que puede también ser ocultado, llegando a olvidar su engaño. El histérico no es un farsante, se ha timado a sí mismo y paga su engaño con molestos síntomas, pero también obteniendo seguros beneficios: apoyos, admiración o ayudas, que siempre mitigan cualquier suave patología.
Las dependencias.
No es necesario detallar las múltiples dependencias que alteran la vida humana. Basta echar un vistazo a nuestro alrededor para apreciar los casos de alcoholismo, de adicción a drogas, o a la pornografía, o al juego, la adicción irresponsable a las compras, o la búsqueda contínua de diversión o confort, etc, etc. Es aquí donde se aprecia la falta de fortaleza, debida, sin duda, al continuo mal uso que solemos dar a nuestros actos. La única solución es el fortalecimiento de la voluntad mediante una vida ordenada y severa con miras a metas mucho más valiosas que las que nos va ofreciendo insistentemente el mundo actual.
Jonás 27/6/2023
La se caracteriza por la aparición de ideas fijas, obsesivas y absurdas, basadas en hechos falsos o in