martes, 12 de diciembre de 2023

"Dentro de tus llagas, escóndeme"

 "Dentro de tus llagas escóndeme "


Así reza la oración para después de la Comunión compuesta por San Ignacio de Loyola. No es fácil saber interpretarla ens u verdadero sentido, salvo que se repita frecuentemente con devoción y respeto.

Todos sabemos lo que significa el dolor, aunque tan sólo lo hemos experimentado pocas veces. Pero sí las suficientes para saber que no lo aguantamos y que siempre procuraremos librarnos de él con la prevención de accidentes o enfermedades y con el uso de fármacos anti-dolorosos existentes. No obstante todos los sanitarios: médicos enfermeros y auxiliares, lo descubrimos en su profundo y potente fuerza en muchos pacientes. El dolor agrede profundamente  al más fuerte y siempre ha sido usado para convencer al prisionero bien para hacer confesar un secreto o bien para renegar de una idea.

Pues bien: Los dolores que sufrió Cristo en su Pasión y Muerte,  según narra nuestro evangelio, fueron los mayores que ser humano alguno ha sufrido en toda la Historia. Ello no sólo por ser de valor máximo soportable, lo que sí ha sido igualado por numerosos mártires y héroes, sino por el hecho que se los podía quitar con un simple chasquido entre los dedos. Cristo soportó afrentas y dolores máximos pudiendo evitarlos y liberarse de ellos en todos los largos momentos de su Pasión y Muerte por amor a un ideal : cumplir el mandato del Padre y así poder redimirnos del pecado original.

Nosotros somos niños recién nacidos que no sabemos más que llorar y llorar para que se nos de cuanto necesitamos con urgencia. De ahí la petición de San Ignacio. Cristo ya ha sufrido lo suficiente para salvarnos a todos. Refugiémonos en sus dolores porque no aguantaríamos nada si las cosas se nos ponen serias.

!Benditas llagas las de Jesucristo¡ !Besémoslas , pues nos salvan y nos protegen como una Madre protege a su criatura dentro de su vientre hasta llegar a dar su vida si preciso fuese¡ 

Y si tras refugiarnos en Cristo el dolor o la noche oscura  no mejorase , juntémonos aún más a nuestro Redentor para obtener la  gloria y el honor de compartir con Él un poco, solamente una pequeñísima fracción,  de su Pasión. Reinaremos así con Él como hermanos muy queridos suyos.

Recordemos esta bellísima oración para después de comulgar real o espiritualmente :

Alma de Cristo santifícame, Cuerpo de Cristo sálvame, Sangre de Cristo embriágame, Agua del costado de Cristo lávame, Pasión de Cristo confórtame, Oh buen Jesús escúchame, Dentro de tus llagas escóndeme, Del maligno enemigo defiéndeme, No permitas que nunca me aparte de ti, A la hora de mi muerte llámame y mándame ir a ti, Para que con los Santos y los Ángeles te alabe, te adore y te de Gracias por toda la eternidad.   Amén.       Ignacio de Loyola

Jonás-  Diciembre 2023




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