domingo, 3 de noviembre de 2024

LAS BIENAVENTURANZAS

 LAS  BIENVENTURANZAS.-


"Yo no he venido al mundo para dar leyes, sino para perfeccionarlas", dijo Jesús. Esa es la función de todas estas bendiciones pronunciadas por Él para estimularnos a la Salvación. Los mandamientos dado a Moisés son la base, pero, tras ellos,  estas benditas frases nos enseñan la manera más eficaz de agradar a Dios.

Jesucristo, viendo la numerosa gente que le seguía, unos para escucharle y otros para obtener alguna curación, se conmovió.  En su corazón  brotó el amor como una fuente caudalosa para recompensar el desgaste, el dolor, el trabajo y la tensión de aquellos seres desorientados. Y brotó con fuerza, como un nuevo empujón de alegría y de paz para sus almas. Así les arengaba hacia los bienes  que Dios nos tiene preparados cuando logra verse correspondido en su amor  hacia nosotros.

Por lo general no hemos de buscar las situaciones comprometidas citadas en dichas bienaventuranzas, ya que son ellas las que, posiblemente, nos perseguirán en algunas ocasiones de la vida. Tan solo hemos de conocer el premio que la Misericordia divina nos ofrece por su superación.

  Las Bienaventuranzas  de Jesús     - Mateo 5/ 3-12

1º  Bienaventurados los pobres en el espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos.

San Lucas decía simplemente "los pobres" San Mateo agrega "de espíritu", pues como cobrador de impuestos que era  bien conocía que existen pobres que ansían ser ricos de la forma que sea y pobres que  no aspiran a dejar de serlo también a cualquier precio moral. A éstos los denominaba verdaderos "pobres de espíritu". El Reino de los cielos lo construyó el Señor para estos seres íntegros. La pobreza es una poderosa virtud, el primer escalón hacia la santidad. Así le contestó Jesús a aquel joven que quería ser mejor: "Si quieres ser perfecto anda vende cuanto tienes, dáselo a los pobres y luego ven y sígueme.."

2º  Bienaventurados los mansos, porque ellos heredarán la tierra.  

Dios odia la violencia y ama  a quienes no se dejan arrastrar por ella.

3º  Bienaventurados los que lloran, porque ellos serán consolados.

Llorar es un grado elevado de sufrimiento. Si lo es por ser  fiel al Señor, éste los consolará con suma entrega y generosidad.

4º  Bienaventurados los que tienen hambre y sed de la justicia, porque ellos quedarán saciados.

La injusticia es un profundo daño que trata de corroer el alma y por eso Dios no la tolera nunca.

 5º Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia.

El amor llama nuevamente al Amor. Y verdaderamente Jesucristo, nuestro Redentor,  nunca se dejará ganar por nadie en Amor y Generosidad.

6º  Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios.

El pecado más frecuente es la impureza. El mantener de forma ordenada la sexualidad comienza por los ojos. Sólo cuando el ser humano guarda  todos los mandamientos y todos sus sentidos  puede  comenzar a ver y a sentir la imagen de todo un Dios, suma perfección y limpieza.

7º  Bienaventurados los que trabajan por la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios.

Dios mandó a su Hijo a un mundo que estaba siempre envuelto en guerras. Trabajar nosotros por evitar la violencia  nos haría parecernos a Cristo y poder ser considerados también  hijos del Altísimo.

 8º Bienaventurados los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos. 

Es repetición de la 4ª Bienaventuranza, pero acentuando su valor por el término "persecución", que incluye sufrir además ensañamiento. Jesús fue perseguido hasta morir en la Cruz, por eso bendice a cualquiera otra cruz que le siga.

 9º Bienaventurados vosotros cuando os insulten y os persigan y os calumnien de cualquier modo por mi causa.  Alegraos y regocijaos, porque vuestra recompensa será grande en el cielo, porque de la misma manera persiguieron a los profetas anteriores a vosotros.

El dar la cara por Cristo es el mayor de los honores a los que un ser humano puede acceder.



Las Maldiciones  de Jesús           -Lucas 6 / 24-26


1º Pero ¡ay de vosotros, los ricos, porque ya habéis recibido vuestro consuelo! 

2º ¡Ay de vosotros, los que estáis saciados, porque tendréis hambre! 

3º¡Ay de los que ahora reís, porque haréis duelo y lloraréis!

4º ¡Ay si todo el mundo habla bien de vosotros! Eso es lo que vuestros padres hacían con los falsos profetas.

No quiere decir Jesús que la riqueza, el buen comer, la alegría y la fama sean de por sí malas. Se está refiriendo, sin duda, a cuando hacemos de ello lo primordial de la vida, ignorando voluntariamente la presencia del necesitado y omitiendo la obligación que tenemos de ayudarle.

Por ello insiste en  estas  llamadas maldiciones, que tras las bienaventuranzas menciona San Lucas.  Jesús denuncia la conducta de aquel  rico llamado  Epulón , un personaje del que no mencionó crimen ni abuso alguno, pero sí  el  que, siendo rico, no socorrió al pobre y enfermo que, cercano,  bien  conocía y  que necesitaba de su auxilio. Nos descubre en estas maldiciones el Señor el grave pecado de la omisión. Hemos de compartir con quien le falte, nuestra riqueza, nuestro alimento, nuestro tiempo y nuestra alegría, hablando  siempre bien de los demás o en caso de no poder hacerlo , guardando silencio. Hay que saber  ser humildes ante cualquier alabanza recibida y nunca llegar a ser engreídos.


Jonás - Noviembre 2024. Noviembre 2025

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