La Divina Providencia.-
Platón de Grecia y Filón de Alejandría fueron los pensadores más antiguos que fueron introduciendo este concepto para unirlo desde la Religión a la Filosofía.
Para un cristiano la Divina Providencia es el cuidado que Dios presta a todas sus creaciones. También es el que, respetando el libre albedrío con el que ha dotado a los Ángeles y al ser humano durante los períodos de prueba que Él ha destinado para ellos, siempre a todos los ha protegido y dotado de los medios de necesarios para poder perseverar en la vida eterna a su lado.
El mal es la simple carencia del bien. Todo lo que Dios ha hecho es bueno, pero permite la ausencia de ello para valorar la libre fidelidad de los hombres y así probarlos en su vida durante períodos de aparente ausencia divina. No obstante, Dios se ocupa continuamente de todas sus criaturas, dirige y ordena el funcionamiento de las normas de la vida que hizo para ellas y de las leyes físicas y químicas que Él inventó para el desarrollo de todo el Universo.
Dios controla cada movimiento metabólico de nuestro organismo y mantiene con su voluntad continuamente nuestra vida hasta el momento que decide transformarla, según nuestro amor o desamor, en otra existencia infinitamente estable, sea por el bien: junto a Él, o sea por la ausencia del mismo: lejos de Él.
Dios, perfecto arquitecto y constructor no deja de mirar embelesado su obra que vigila constantemente, sabiendo transformar en muchísimas ocasiones accidentes aparentemente negativos en posteriores soluciones positivas. Por eso muchos cristianos afirman que muchas veces Dios puede sacar cosas buenas de otras aparentemente malas. Así Él valora tan bueno el arrepentimiento por los pecados que cometemos , que por éste nos perdona y aún... nos quiere todavía con más alegría.
Como Trinidad que es, Dios ama todo lo que ha hecho mediante su inteligencia creadora de Padre, con su voluntad emprendedora de Hijo y con su soplo amoroso final de Espíritu Santo. Así han infundido siempre, los Tres juntos, la existencia, el movimiento y la vida de todo el universo.
Por eso, porque el Espíritu Santo con todo su Amor planeaba sobre toda la Creación, es por lo que el ignorar o el criticar peyorativamente a la Providencia Divina es el más grave de todos los pecados, sin perdón posible, para Dios.
Le es necesario al hombre noble dar gracias continuamente a Dios cada mañana al abrir los ojos y cada noche al cerrarlos por el amor profundo con el que Él nos cuida siempre. Sabemos que nunca podremos devolver a Dios tanto bien recibido, pero vaciemos nuestro corazón de tantos afectos que nos dominan y reservemos íntegro todo nuestro amor para Él.
Hagámoslo.
Jonás - Octubre 2024 Noviembre 2025
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