domingo, 9 de noviembre de 2025

LOS DIEZ MANDAMIENTOS.-

 LOS DIEZ MANDAMIENTOS


1º)  Amar a Dios sobre todas las cosas conocidas. 

 Sobre ti mismo, sobre tus seres queridos, sobre todas las personas que conoces, sobre todos los objetos del universo. Más que a nadie ni a nada, con todo tu corazón y con todas tus fuerzas. Sorprende que Dios haya puesto como primera norma de sus mandatos al Amor. Muchos piensan que en el corazón no se puede mandar o que la Fe, que es sentir, no se puede imponer. Craso error corregido por nuestra lengua castellana en la que las palabras "amar y querer" son sinónimos absolutos. La voluntad crea amor y el amor creado la refuerza.

2º) No jurar su Nombre en vano.

Dios no es un objeto ni un ser cualquiera, es el Ser por sí mismo. Dios es el que es, existencia pura desde toda la eternidad, el que no depende de nadie ni de nada, el que siempre ha existido y en soledad ha creado todo lo que  existe. Por eso es digno del máximo respeto y la Palabra que trata de referirse a Él es sagrada, y la que intenta definirle es incompleta. Así el amor se apoya en la humildad y en el respeto. Poner a Dios como testigo de un hecho que es falso es intentar apropiarse de su poder y de su fama en interés propio y es un grave pecado contra el prestigio de nuestro Creador.

3º) Santificar las Fiestas.

La Alegría del trabajo y del descanso es santa porque  Dios la dispone para nuestra salvación. De ahí la necesidad de orar tras el trabajar y del trabajar tras el orar, ("ora et labora"). Dios, dueño de todos los tiempos ha seleccionado unos días especiales para santificarlo, y agradecerle todos los bienes que de su mano hemos recibido, los que recibimos y aquellos que recibiremos. Igual que Dios descansó satisfecho de toda su obra en el 7º día de la Creación, nosotros debemos amarle a Él de manera especial, también en el 7º día de la Semana. Orar es la mayor manera de santificar. Sea el Domingo especial día de encuentro con el Señor y un verdadero abrazo Eucarístico.

4º) Amar y respetar a los padres.

Los padres podrán tener  virtudes y defectos, pero son nuestros padres, son quienes nos han transmitido la vida que ellos tienen, quienes han sido, después de Dios, los primeros en amarnos tal como somos. Guapos o feos, listos o torpes, ellos nos quieren y esperan de nosotros la justa correspondencia de cariño. Llegará el día en que el hijo será más alto que su padre y la hija más que su madre y además de lo aprendido de ellos, por el estudio en la escuela, aprenderán nuevas cosas que la ciencia y el progreso descubren y que muchos mayores ignoran. Y los padres comenzarán a perder facultades y los hijos, aumentándolas,  aprenderán a ser padres. Es entonces cuando más  se debe aplicar este 4º mandamiento de Dios, justo cuando se hace más difícil el comprender y el querer a quienes ya no se necesitan y cada vez requieren más  ayuda por sus necesidades . Respetarlos, socorrerlos y quererlos es lo que Dios espera de nosotros.

5º) No matar, ni odiar

La antipatía, engendra odio, el rencor engendra violencia verbal, el insulto agresión  y la violencia aboca finalmente en el crimen. Nadie piensa que puede llegar al final de esa escala citada, pero lo cierto es que cualquiera de nosotros si no pone freno al rencor, si no es capaz de olvidar una ofensa o de perdonar un error va acumulando pesas que acabarán haciéndolo caer en la delincuencia o en el asesinato realizado o deseado.  El odio es el castigo infernal y con la mentira es la manifestación más diabólica que existe. Huyamos de ambas cosas.

6º) No fornicar. Ni desear desordenadamente el placer sexual.

La sexualidad es un mecanismo inventado y realizado por Dios para perpetuar nuestra especie y para premiar por anticipado los esfuerzos y preocupaciones que siempre vienen a dar los hijos. No obstante el ser humano, como un pez, cree poder morder el cebo y disfrutar de él, sin compromiso alguno y de forma egoísta evitar el anzuelo, que es la paternidad, quedando atrapado en el egoísmo y en la falta de amor tanto a su pareja y a la posible descendencia, como a  nuestro Creador, quien puso sabiamente este mandamiento para nuestro propio autodominio. El pecado contra el Sexto mandamiento que es acción sexual, siempre va precedido por el pecado contra el Noveno mandamiento que es deseo consentido de la misma.  

7º) No robar.-

Como con el odio se va acumulando y aboca al crimen, así la sustracción por pequeña que fuera se hace poco a poco grande y termina transformada en un total robo o asalto.  La gravedad mortal de este pecado está en aquel valor del cual pueden depender las necesidades vitales de cualquier  persona. Es condición indispensable para el perdón de este delito, aparte de la Confesión,  la devolución del valor hurtado a la víctima, o en su falta una entrega similar para los pobres o necesitados.

8º) No mentir, ni a los demás, ni a uno mismo.

Es falsear la verdad en beneficio propio, es inventar un hecho que no existe para tapar un delito cometido o para aparentar poseer una virtud inexistente.  Es imitar al diablo que, como Cristo decía,  es el gran maestro de la mentira y del engaño. El castigo personal de este vergonzoso acto es que crea hábito y los mentirosos acaban haciéndose víctimas de sí mismos, sin saber diferenciar el bien del mal, incluso para su propio ser entre lo que es la verdad y la falsedad. De esta manera se creen los mejores, siendo los peores y no comprenden otra cosa más que sus codicia y sus más animales instintos.

9º) No desear a la mujer de tu prójimo.

Como dijimos es el comienzo de la fornicación. No se debe desear otra mujer más que la elegida como esposa y dentro del sacramento matrimonial, con el compromiso ante Dios de albergar los hijos que Él disponga en nuestras circunstancias. 

10º) No ambicionar los bienes ajenos, ni codiciar los propios.

La codicia es uno de los pecados más frecuentes, facilitado por el escándalo de los ricos y por la propaganda de los medios de comunicación que hacen casi indispensable el disfrute del placer sin espera y sin límites, así como  la obtención del máximo rendimiento con el mínimo trabajo. De esta forma, unos hombres con su desordenada riqueza de placeres y comodidades merman notablemente la calidad de vida de otros muchos que quedan sin los indispensables bienes de consumo. 

El Señor dijo a Adán y a Eva al expulsarlos del Paraíso Terrenal : "Te ganarás el pan con el sudor de tu frente ".                                                                                                                                                   Todo lo conseguido por un trabajo  no realizado clama al Cielo por ser el  rendimiento del esfuerzo hecho por otros que cobraron mucho menos de lo debido por los suyos... Por ello : !Ojo a poseer   grandes fortunas, porque están llenas de abusos contra gente que queda en pobreza¡


CONCLUSIÓN

Dios nos dio Diez Mandamientos para no enfermar ni morir en el pecado. Mas también nos dio la posibilidad de rectificación y del perdón de nuestras caídas en el Sacramento de la Confesión, o si no hubiera tiempo en un perfecto acto de contrición. Son  la únicas barcas de salvación que nos puso, si al pasar alocadamente por el puente del caudaloso río del mundo, cayésemos en sus turbulentas aguas. Aparte de todos los Sacramentos tenemos otro medio seguro de Santificación:  el Trabajo bien hecho.  Según San José María Escrivá de Balaguer, cuando lo realizamos por afecto a los demás, intentando más su servicio que nuestro  rendimiento, nos estamos abriendo la puertas del Cielo.


Jonás .------Noviembre  2025 

lunes, 3 de noviembre de 2025

MADRE DE DIOS

 MADRE DE DIOS.-


Es el mayor elogio que podemos decir de la Vírgen María. Las Letanías del Santo Rosario mencionan otros muchos merecidos títulos que tiene, pero éste es el más importante , y bien va incluído en cada una de las 50 Ave Marías que llevan sus Misterios.  Dije el más trascendente porque tiene a Dios en su contenido y a Ella como Madre del Mismo en nuestro divino Redentor . No obstante, válganos saber que el título de Redentor solamente lo puede tener Dios, ya que la redención lleva adjunto el perdón de los pecados,... lo que tan sólo Él, como ofendido,  puede hacer. Por esta causa ninguna cualidad humana puede igualarse a la de ser Redentor, atributo infinito del Verbo Divino que se encarna como Hombre y que perdona como Dios. 

 La Santísima Virgen, Madre de Dios, sufrió la Vida, la Pasión y la Muerte de su Hijo Jesús, sufriendo también al máximo como la mejor Madre lo hace por un hijo muy querido y  adorado. No obstante Ella no puede perdonarnos nuestras faltas y por eso no puede redimirnos tampoco del pecado original,  pero la sobran elogios inacabables y, aunque no nos exima aquel mal, hay que reconocer que su existencia fue indispensable para la Encarnación de Jesús.  Ella puede, si lo queremos, llevarnos  hasta Cristo, su Hijo, nuestro verdadero Redentor y también acercar sobre nosotros la mirada bendita del Padre y del Espíritu Santo.

 Pensemos, no obstante, el que como aquellos pastorcillos de Fátima,  para atreverse a mirar a la "Madre de Dios", tendríamos  también que arrodillarnos, porque después de Dios es la Primera.


Jonás   6- Noviembre 2025



domingo, 2 de noviembre de 2025

Valores Personales.-

 VALORES PERSONALES.-


Quisiera hacer  un paralelismo del propio ser  con  un jarrón de flores encima de una mesa de cuatro patas .  La vasija  necesita de la integridad de la base para mantenerse en pie de manera fija. Algo parecido pasa con cada persona. Necesitamos apoyarnos de manera estable en  cuatro puntos que se llaman: fidelidad, generosidad, paciencia y respeto. Son también las cuatro bases de relación precisas para el matrimonio, la familia, en el trabajo, en la amistad y en la sociedad.

Fidelidad.- Para el mantenimiento firme de ese jarrón de íntima paz me es necesario, a parte de ser fiel a Dios que me ha amado desde toda la eternidad, el  ser fiel a mí mismo, no deseando con mis ojos  otras dotes mejores  que las que poseo, que de seguro las habrá en otros. Me es necesario ser objetivo conociendo mis cualidades, sin aumentarlas ni disminuirlas, me es preciso guardarme fidelidad en la constancia, en el desarrollo del trabajo y del ideal que secretamente me he impuesto. Ser fiel para reconocer y utilizar aquellos talentos recibidos sin desgastarlos por un mal uso y sin dejarlos dormir, empeñando mi yo  en ellos para el bien de todos. Ser fiel en saber estar cada día de mi vida  ante mí mismo, analizando veraz y objetivamente lo que hago y lo que rechazo, lo que hice y lo que haré, sin angustias pero con plena responsabilidad. 

Generosidad .- Ser generoso conmigo mismo para saber buscar lo mejor de lo mejor, para saber ser audaz, para poner el listón lo más alto que vea puedo saltar. Agrandarme lo suficiente para vivir con entusiasmo, para hacer vivir así a los que me rodean. Generosidad para valorarme en mis pequeños éxitos, en mis sacrificios, en mis  trabajos y en mis aciertos.  La audacia de sorprenderse a uno mismoes el arte de ser siempre joven y así reirme de mi propia sombra. He de proyectar generosamente el calor de mi  persona  optimista con toda mi familia, con mi trabajo, con mis amigos.  Es al servicio de ellos, a donde debe de ir a parar todo el enriquecimiento de  mi autoestima. 

Paciencia- : Ante las dificultades, ante los reveses, ante los fracasos. Paciencia conmigo mismo sin olvidar mi condición natural pecadora, mi debilidad innata, pero sin nunca dejar el intento de superación. Paciencia que me permita seguir amándome a pesar de ese error que ahora quisiera no haber realizado. Paciencia ante las críticas recibidas de otros, evitando ser demasiado susceptible a ellas. Paciencia por estas limitaciones físicas de mi cuerpo, que pudieran ser del habla, del oído, de la vista o de la movilidad, sin olvidar que cualquier limitación de un sistema realiza una hipertrofia funcional en otros órganos. (conozco un caso de persona tartamuda que quizás no tuviera una carácter tan sensible, noble,  leal y servicial, en una palabra tan encantador .. si Dios no la hubiese bendecido con esa pequeña limitación..) Paciencia ante las debilidades  de mi carácter, como el mal humor en ciertos momentos, como mi despiste de los demás, como la pereza o como la necesidad de hablar más de lo necesario. Paciencia ante todo ello, pero siempre con capacidad de lucha, de superación, de enmienda y corrección. Esta son las grandezas del ser humano.

Respeto.- Con mi alma y con mi cuerpo. En mi espíritu sin perder nunca la esperanza ni la fe de que soy amado de Dios, hijo querido suyo, sin perder nunca la realidad de  que me ha de pedir cuentas por cómo me trato a mí mismo. Respeto conmigo mismo, sin faltarme con auto-desprecios, con desánimos, con mentiras que yo mismo me puedo llegar a creer. Un profundo respeto me he de tener porque como todo ser humano, a pesar de mis defectos,  como ya dije, soy único e irrepetible. Respeto para mi cuerpo sin forzarlo en el comer ni en el beber. Sin forzarlo a fumar tabaco o las bebidas alcohólicas, consciente del daño que me hacen. Respeto a mi propia estima ante fracasos colectivos, no inculpándome de  las responsabilidades de otros. Respeto a mi mente procurando no forzar sus limitaciones, marchando al ritmo y velocidad que ella me permite. Respeto a mi rendimiento, cuidado al planear una acción, consciente de lo que puedo emprender y de lo que escapa a mis posibilidades. Respeto ante mis errores, ante mis olvidos, o ante mis faltas de previsión, porque pueden enseñarme mucho más que los aciertos. Respeto  ante un yo frágil y capaz de fracasar, capaz de perder oportunidades y tomar caminos equivocados, pero también respeto y veneración ante un yo capaz de rectificar, capaz de ganar nuevas oportunidades, capaz también, sobre todo,  de comprender a todos los que se equivocan, capaz de convencer a cualquiera para arrancar desde cero, capaz de hacerle triunfar en su auténtica  escala de valores.


Jonás .- Noviembre 2025