VALORES PERSONALES.-
Quisiera hacer un paralelismo del propio ser con un jarrón de flores encima de una mesa de cuatro patas . La vasija necesita de la integridad de la base para mantenerse en pie de manera fija. Algo parecido pasa con cada persona. Necesitamos apoyarnos de manera estable en cuatro puntos que se llaman: fidelidad, generosidad, paciencia y respeto. Son también las cuatro bases de relación precisas para el matrimonio, la familia, en el trabajo, en la amistad y en la sociedad.
Fidelidad.- Para el mantenimiento firme de ese jarrón de íntima paz me es necesario, a parte de ser fiel a Dios que me ha amado desde toda la eternidad, el ser fiel a mí mismo, no deseando con mis ojos otras dotes mejores que las que poseo, que de seguro las habrá en otros. Me es necesario ser objetivo conociendo mis cualidades, sin aumentarlas ni disminuirlas, me es preciso guardarme fidelidad en la constancia, en el desarrollo del trabajo y del ideal que secretamente me he impuesto. Ser fiel para reconocer y utilizar aquellos talentos recibidos sin desgastarlos por un mal uso y sin dejarlos dormir, empeñando mi yo en ellos para el bien de todos. Ser fiel en saber estar cada día de mi vida ante mí mismo, analizando veraz y objetivamente lo que hago y lo que rechazo, lo que hice y lo que haré, sin angustias pero con plena responsabilidad.
Generosidad .- Ser generoso conmigo mismo para saber buscar lo mejor de lo mejor, para saber ser audaz, para poner el listón lo más alto que vea puedo saltar. Agrandarme lo suficiente para vivir con entusiasmo, para hacer vivir así a los que me rodean. Generosidad para valorarme en mis pequeños éxitos, en mis sacrificios, en mis trabajos y en mis aciertos. La audacia de sorprenderse a uno mismo, es el arte de ser siempre joven y así reirme de mi propia sombra. He de proyectar generosamente el calor de mi persona optimista con toda mi familia, con mi trabajo, con mis amigos. Es al servicio de ellos, a donde debe de ir a parar todo el enriquecimiento de mi autoestima.
Paciencia- : Ante las dificultades, ante los reveses, ante los fracasos. Paciencia conmigo mismo sin olvidar mi condición natural pecadora, mi debilidad innata, pero sin nunca dejar el intento de superación. Paciencia que me permita seguir amándome a pesar de ese error que ahora quisiera no haber realizado. Paciencia ante las críticas recibidas de otros, evitando ser demasiado susceptible a ellas. Paciencia por estas limitaciones físicas de mi cuerpo, que pudieran ser del habla, del oído, de la vista o de la movilidad, sin olvidar que cualquier limitación de un sistema realiza una hipertrofia funcional en otros órganos. (conozco un caso de persona tartamuda que quizás no tuviera una carácter tan sensible, noble, leal y servicial, en una palabra tan encantador .. si Dios no la hubiese bendecido con esa pequeña limitación..) Paciencia ante las debilidades de mi carácter, como el mal humor en ciertos momentos, como mi despiste de los demás, como la pereza o como la necesidad de hablar más de lo necesario. Paciencia ante todo ello, pero siempre con capacidad de lucha, de superación, de enmienda y corrección. Esta son las grandezas del ser humano.
Respeto.- Con mi alma y con mi cuerpo. En mi espíritu sin perder nunca la esperanza ni la fe de que soy amado de Dios, hijo querido suyo, sin perder nunca la realidad de que me ha de pedir cuentas por cómo me trato a mí mismo. Respeto conmigo mismo, sin faltarme con auto-desprecios, con desánimos, con mentiras que yo mismo me puedo llegar a creer. Un profundo respeto me he de tener porque como todo ser humano, a pesar de mis defectos, como ya dije, soy único e irrepetible. Respeto para mi cuerpo sin forzarlo en el comer ni en el beber. Sin forzarlo a fumar tabaco o las bebidas alcohólicas, consciente del daño que me hacen. Respeto a mi propia estima ante fracasos colectivos, no inculpándome de las responsabilidades de otros. Respeto a mi mente procurando no forzar sus limitaciones, marchando al ritmo y velocidad que ella me permite. Respeto a mi rendimiento, cuidado al planear una acción, consciente de lo que puedo emprender y de lo que escapa a mis posibilidades. Respeto ante mis errores, ante mis olvidos, o ante mis faltas de previsión, porque pueden enseñarme mucho más que los aciertos. Respeto ante un yo frágil y capaz de fracasar, capaz de perder oportunidades y tomar caminos equivocados, pero también respeto y veneración ante un yo capaz de rectificar, capaz de ganar nuevas oportunidades, capaz también, sobre todo, de comprender a todos los que se equivocan, capaz de convencer a cualquiera para arrancar desde cero, capaz de hacerle triunfar en su auténtica escala de valores.
Jonás .- Noviembre 2025
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