sábado, 12 de noviembre de 2022

 EL  INFINITO  PODER  DE  LA  ORACIÓN


El poder que tiene la oración alcanza a la omnipotencia divina. Una piedra nos da muy poco, las plantas o  los  animales nos proporcionan cosas necesarias para nosotros, las personas nos regalan otras que nos ayudan y nos enseñan, los ángeles y los santos interceden por nosotros y, finalmente,  Dios nos puede dar absolutamente todo lo que le pidamos, siempre que sea bueno. 

Es importante  ser amigos de Dios, porque nos da una fracción de su omnipotencia. Nunca nos daremos cuenta de lo fácil que hubiera sido obtener algunas cosas que perdimos por no haber  sabido pedirlas a nuestro querido Padre, que se quedó esperando a que se lo solicitásemos con fe y humildad.

Dios no depende del tiempo. Para Él todo está presente, para Él no existe el pasado ni el futuro, porque Él no puede sufrir cambios, como sí que los padecemos nosotros, por lo mucho que nos afectan  el recuerdo del ayer y la incertidumbre del mañana. Si bien Dios no puede realizar cosas imposibles, ya que no puede ir en contra de sus propias leyes, nosotros sí que podemos implorarle cualquier cosa para  mejorar aquello que no se encuentran a nuestro alcance.

 Incluso podemos pedirle por personas que ya han muerto, que ya no están entre nosotros, para que se salven y lleguen pronto a estar en su presencia de vida y de bien. Eso, independientemente de que nosotros las creamos buenas o malas, muy gratas o muy detestables.

Fijémonos en el detalle de que ignoramos si se salvaron o no, cosas irrevocables. Esto siempre nos lo oculta nuestro Dios para que así, siempre,  podamos pedir por ellas. Si así lo hacemos esas personas habrían recibido en el apuro de la muerte, una segura energía espiritual de un Dios que lo creó todo. Es la necesaria ayuda para la salvación eterna. Si prescindimos de nuestra oración por ellas, carecerían de ese pequeño empujón para poder entrar en el Cielo. Sin duda podrían, si así ocurriese, esos mortales, por su propio albedrío, increpar esa ayuda o denegarla. Ello sería fruto de esa libertad regalada por Dios de la  que todos disponemos hasta el último instante de la vida terrena.

Estos razonamientos rompen nuestra razón que es limitada y dimensionada a nuestra experiencia vital, pero Dios , nuestro Creador, es muy superior a nosotros, incluso en el tiempo, y por eso  todo lo puede. Nos parece mentira que se pueda rezar por los aparentemente muy malos, pero la misericordia y poder de Dios  alcanzan las mayores prerrogativas, si es que somos humildes y le pedimos  por personas ajenas a nosotros sin egoísmo alguno.  

Pero no termina aquí la eficacia de la oración : 

La Comunión de los Santos nos descubre que éstos, desde el propio Cielo, al que han accedido, están intercediendo por ti y por mí ante Dios, quizás agradecidos por las oraciones de otros, las que devuelven multiplicadas en favor nuestro. 

Es la grandeza y eficacia de la oración por la caridad, la que es amor y, por tanto es una flecha que busca y encuentra el corazón de Dios, infinitamente misericordioso.

La verdadera medida de la Santidad para cualquier ser humano son las horas empleadas en su oración.

 Ésta es nuestra verdadera tabla de salvación. 

La oración promueve la fe, la fe mantiene la esperanza, la esperanza impulsa la caridad.


Jonás,  Noviembre- 2022- Octubre 2024- Diciembre 2024


No hay comentarios:

Publicar un comentario