LA DEVOCIÓN A LA VIRGEN MARÍA.
Es una de las razones que impulsan a muchos para criticar el amor y respeto de los católicos a la Madre de Dios. Para éstos la Virgen no es una mujer virtuosa más, entre las muchas habidas, sino que es la elegida entre todas para ser la Madre de Jesucristo, Dios y Hombre verdadero. Así lo es y lo será para siempre. Los católicos la veneramos, pero no la adoramos como a Dios, la queremos como Madre de Cristo y madre nuestra que es , declarada así por Jesús en la Cruz previamente a su muerte, y la colocamos a la derecha de Dios por sus innegables méritos que hacen empalidecer todos los nuestros.
Sabemos que cuanto más elevemos la valía de María más alto colocamos a ese Niño que muestra en sus brazos y que es quien significa nuestra verdadera salvación. O sea: cuanto más elevada esté la Virgen para nuestros ojos más alto y más claro contemplamos a nuestro Salvador. .
Si amas a Dios, pero ninguneas a su Madre estás infravalorando a tu Creador.
Además sabemos que una Madre nunca olvida a sus hijos, que los defiende y apoya hasta situaciones inverosímiles, que los quiere y sería capaz de entregar su vida para salvarlos. Eso es lo que hizo realmente nuestro Redentor, su Hijo, siendo Dios Todopoderoso, y ella fue testigo doliente de su infinito amor.
Así decimos los católicos que ella es Corredentora, pues sufrió tanto como Cristo en su Pasión y Muerte, y al Padre subieron como incienso los sufrimientos de nuestro Señor y Dios, junto con los padecimientos de su Madre que abrazaba su cuerpo muerto, desfigurado y masacrado, ese cuerpo que ella había entregado en Belén al género humano y que después así, en ese estado, éste se le devolvía en el Calvario.
María nos ama con suma ternura siendo nuestra intercesora y abogada para todos nuestros problemas, que no son pocos. Acudamos a nuestra Madre y , como cuando éramos niños, sentiremos su apoyo, su comprensión y su cariño.
No sólo es María Hija predilecta del Padre, dada su concepción inmaculada, sino que es la perfecta Madre de Jesús al que cuidó y acompañó siempre . Y todo ello siendo la fiel Esposa del Espíritu Santo, que le hizo encarnar en su virginal seno al Verbo divino, y actuó como lo hace un rayo de sol al atravesar el cristal de una ventana para introducir la luz y la vida, sin romperla ni mancharla.
Si Dios amó de tal manera a María......¿De qué manera la hemos de amar nosotros...?
!Inmaculado Corazón de María, sed la salvación mía¡
Jonás .- Enero 2023
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