domingo, 11 de febrero de 2024

 LA ALEGRÍA DE DIOS.-


Tenemos la costumbre de considerar a quien nos supere en todo el colmo del equilibrio y del poder, pero si pensamos en Dios olvidamos que es Amor y su amor engendra continuamente su propia  alegría, de manera que Dios tiene esta virtud como naturaleza. Pero alguno puede pensar : ¿Cómo Dios se puede sentir alegre si una gran parte de su creación humana pasa de Él y le ignora...?. La respuesta es bien simple : Dios no necesita de nadie para ser feliz, le basta con amarse a sí mismo, pero para que eso no sea un exceso de amor propio, o sea: eso que los hombres exageramos como soberbia, Dios dirige su amor entre sus tres personas, de manera que el Padre ama infinitamente al Hijo y éste al Padre, siendo la conjunción de ambos amores el orígen de una tercera persona que podríamos pensar es algo así como amor cristalizado de un valor ilimitado, lo  que le asemeja en cuantía a su procedencia del Corazón del Padre y del Corazón del Hijo. He ahí a nuestro Dios pletórico de amor y completamente limpìo de soberbia. 

No obstante es tan grande su generosidad que también ama a los hombres y espera de nosotros la misma moneda, aunque muy limitada, dada nuestra pequeñez.

Dios es feliz y quiere compartir su felicidad con cada uno de los hombres a quienes ha creado con ilusión.No le defraudemos e imitemos a Cristo, Dios vivo hecho carne, en todas sus virtudes, pero en especial en la alegría. Vivamos alegres haciendo el bien y en la cercnía de Jesús conseguiremos esa "Perfección" que nuestro Padre Celestial tiene y nos desea.

Vivir alegre no es vivir riendo de cualquier cosa, es saber superar todas las dificultades con optimismo, es saber ver el punto positivo que tiene cualquier prueba o trabajo, es saber reirse de uno mismo y reirse con otros si también de sí mismo se ríen. He aquí la riqueza semántica del castellano.: No es lo mismo reirse de otro que reirse con otro.  Las preposiciones gramaticales marcan un muy diferente significado. Reirse del otro es gozarse de la desgracia ajena, pero  reirse con el otro es compartir con aquel su lucha, su  superación y su fortaleza. 

Cristo fué, sin duda alguna un hombre alegre de vida ordenada. !Cuantos comentarios haría Jesucristo con su Padre en sus largas oraciones nocturnas que eran largos diálogos¡. Sabemos que Cristo era alegre poque atraía cual himán  a sus discípulos y a mucha más gente, les curaba a la vez de la enfermedad orgánica y de la tristeza del alma que trascendía sus existencias. No necesitaba gastar bromas, porque éstas, aunque a veces fueran muy cómicas, podían herir, no contaba chistes que siempre muerden a alguien, no abusaba de su profunda psicología para convencer, sino que utilizaba la claridad luminosa de sus ideas y consejos, la de sus parábolas y la de sus sermones públicos. 

En Nazareth trabajaba con alegría y perfección,y en su vida pública, predicaba con la alegría de la luz mañanera sembrando en todos los que le escuchaban  mucha esperanza y la felicidad.

No lo olvidemos : "Siempre alegres para imitar a Jesús y ser felices, haciédolos así a los demás."." Si la alaegría de Dios entra en tu alma, serás también tú gran alegría para tu Creador"."Unidos a Dios en la alegría".

Jonás .- Febrero 2024


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