LA SAGRADA EUCARISTÍA
Narra el Evangelio que cuando los numerosos discípulos de Jesús oyeron a su maestro ofrecer el pan y el vino consagrados como su carne para comer y su sangre para beber, muchos de ellos se escandalizaron pensando: "¿Qué es eso de comer su cuerpo y de beber su sangre....?, y por ello le abandonaron. Interrogados por Cristo los pocos que no se apartaron, sobre si también ellos le iban a dejar, asintieron la afirmación del valiente Pedro "¿Y a quien vamos a seguir si solamente Tú tienes palabras de vida eterna ?". Todos los que se quedaron con Jesús creyeron en aquello que no comprendían y respetaron con fe y con alegría sus palabras de vida de nuestro Señor para siempre.
Verdaderamente en la historia de todas las religiones no existe nada semejante. Es cierto que ha habido personas que por necesidad , en casos excepcionales se han alimentado de cadáveres humanos, pero de un ser vivo tan sólo los caníbales, lo que para ello significaba hacerse asesinos de un hermano. Sin embargo ese "comer" a Jesucristo, Dios y Hombre a la vez, no significa matarle ni hacerle daño o molestia alguna, sino el recibir, por su cuerpo y sangre, su presencia, su compañía y por su divinidad el salvoconducto para la Resurrección y Vida eterna.
No cabe duda de que Jesucristo sabía que tras su marcha, nosotros quedaríamos huérfanos de su presencia y.... ¿Qué clase de privilegio tendrían entonces los que habían vivido con Él frente a los muchísimos que no hemos tenido esa suerte ?....
. La solución para Cristo fue quedarse para siempre junto a nosotros en la Eucaristía, exigiéndonos tan sólo dos cosas : el Amor y la Fe , lo que llamamos la Gracia de Dios.
Al comer su Cuerpo y beber su Sangre bajo las especies de pan y vino asimilamos su Vida para siempre, la que se manifestará en salud para el alma y también para el cuerpo mientras a aquella le convenga. No es, pues, un alimento muerto que de fuerza, sino un alimento vivo que transmite Vida eterna. Mientras persisten los accidentes del pan o del vino en nuestra boca (color, sabor, consistencia) o en nuestro propio estómago, persiste en nosotros el cuerpo y el alma real de Jesús, y cuando desparecen por digestión estas cualidades que identifican al pan o al vino, desaparece su cuerpo, manteniéndose indefinidamente en nosotros su alma mientras no la arrojemos afuera mediante el pecado grave. La Sagrada Comunión es algo así como una venturosa aleación entre dos metales de muy diverso tamaño y valor: por un lado un enorme lingote de oro representado por el alma de Cristo y por el otro un diminuto grano de estaño con nuestro nombre. De pronto, en esa aleación, aumentamos enormemente de valor, sin haber aportado nosotros prácticamente nada.
Para Henri J. M. Nouwen todo el sentido de la vida se halla en estos cuatro verbos: coger, bendecir, partir y dar. Son los verbos que narran lo que hace Jesús al instituir la Eucaristía. "Cogió el pan, lo bendijo, lo fraccionó y lo repartió". Para este teólogo el sentido de aplicación de la Eucaristía en la vida es el de que nosotros somos escogidos, después somos bendecidos, luego rotos, y al final se nos reparte en el servicio de los hermanos. De que cumplamos estos requisitos depende el que seamos o no "Hijos vivos de Dios", porque "el que no vive para servir, no sirve para vivir.". Realmente Dios nos escoge al darnos la fe, que es un rescoldo de su presencia. Dios nos bendice, es decir, piensa y habla bien de nosotros,(¡ qué maravilla más grande!) porque se complace en nuestra compañía, cuando le somos fieles. Nos aprieta con su abrazo de Padre y amorosamente nos rompe, porque sólo rompiendo la cáscara de la almendra se puede saborear la semilla, porque solo ante el esfuerzo y el sacrificio se identifica la calidad de cada persona... Nos reparte después entre los demás, en una doble misión de servicio y de testimonio. Así muchas veces permite que nos duelan, no sólo nuestros huesos por el cansancio del trabajo, sino también nuestro corazón por la ingratitud, o por el abandono, o quizá por el insulto grave de un familiar o de un amigo... porque "Sólo cuando el grano de trigo muere y cae en tierra, da fruto, y lo da en abundancia", como decía el mismo Jesús. Es precisa la fracción del propio yo, la negación de uno mismo, el morir de cada día, el enterrarse en humildad, el anonadarse como Jesús, que era Dios, y lo hizo, para poder darse como fruto generoso y sobrante para todos.
Hemos de creer para ser, hemos de amar para sentir, hemos de recibir frecuentemente a Cristo Sacramentado, si queremos aspirar al premio Celestial que nace en la Sagrada Forma que el sacerdote consagra en la Santa Misa, recuerdo vivo de su Pasión y Muerte para salvarnos. Poco tiempo tiene la Sagrada Hostia para mantener sus cualidades orgánicas y así continuar siendo el cuerpo y alma de nuestro Redentor, pues en cuanto toca nuestra lengua comienza su desintegración, pero sí da el tiempo suficiente para sentirle muy cerca y para contarle todo aquello que nos preocupa, nuestros mayores deseos y poder llegar a decirle aquello que Él desea oír de nuestro cercano corazón : "que le queremos más que a nadie ni a nada en el mundo."
Ahorremos durante la vida muchas monedas eucarísticas, sólo ellas nos abrirán el paso hacia el Bien Eterno. Seamos, pues avaros del tesoro Eucarístico.
Terminar quisiera con una sentida poesía de Ramón Cue, que narra cómo todos los Ángeles desearían poder comulgar como nosotros el cuerpo y el alma de su Dios y Señor Jesucristo.
"El Ángel sin labios"
Los hombres, al comerte, empiezan a ser ángeles
Y yo, para comerte,
comenzaría a ser un hombre pecador.
Yo no tengo fe en tí. En la Eucaristía sólo creen los hombres.
Yo no creo,...yo te veo
.!Pero no te como, Señor¡
!Ay, que envidia de labios para mi hambre eucarística¡
Cercado de este Pan en divina obsesión,
pudiendo abrir sin llaves lo sagrarios¡
¡Y saberme nacido sin labios para este Amor!
¡Ay qué envidia , qué envidia de vuestros labios, hombres!
De los labios hambrientos que muerden un mendrugo
de los labios con náuseas de hiel y de pasión,
de los labios leprosos que se caen a pedazos,
de los labios del tonto que babean impotentes,
de los labios del mudo gesticulando inútiles,
¡Pero que todos , todos, te comen a Ti, mi Dios!
Y en los labios del mudo eres Palabra,
en los labios del pobre eres banquete,
en los del tonto, sabiduría,
y en los del leproso Resplandor.
Ver que todos te comen..
¡Y yo, no!
Mediando entre los polos de mi espíritu y vuestra carne
está,..¡Y es sólo vuestra!...la Comunión.
¡Yo vendería la primogenitura de mi Ser
por un plato de la mesa de Dios!
Mudos, pobres, leprosos, tontos, muertos,
¡Prestadme vuestros labios! Dejaré de ser yo.
Dejaré de ser ángel. ¡Tendré labios de carne
para comer a Dios!.
Ramón Cue
Jonás Febrero 2024 - Diciembre 2024
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