jueves, 13 de marzo de 2025

DIOS, JUEZ ETERNO

 DIOS, JUEZ ETERNO.-


Define la lengua española a la Justicia como  la Virtud que inclina a dar a cada uno lo que le pertenece o lo que le corresponde. Así Posesión, Libertad y Responsabilidad  son motivo de discusión en los tribunales humanos y por tanto en los mismos son necesarios al menos, para la buena realización de la Justicia, tres funcionarios: un juez, un abogado y un fiscal. El protagonista del hecho, el acusado puede esconder o falsear la verdad por lo que es necesaria una inspección profunda de todas las alegaciones y sospechas, ya que dicho protagonista pudiese engañar a la Justicia, y, convenientemente , esconder sus hechos o bien, al contrario, llegar a inventarlos.

Justicia humana y temporal

El fiscal, antipático siempre para todos, tiene la función de descubrir falsedades y es por naturaleza desconfiado. Parece que en su vida ha sido engañado con frecuencia y odia el volver a serlo.  El abogado, siempre simpático y bonachón, mientras acepte su función, siempre ha de creer lo que el acusado le diga, saliendo en su defensa con argumentos o con cualquier clase de pruebas . El Juez, reunidas las acusaciones y las alegaciones, debe de ser frío y calculador, amigo tan sólo del bien para la sociedad, a la que trata de servir sancionando siempre con equidad y sin cólera los abusos o las mentiras y premiando en la medida de lo posible a todo el que actúa bien.

Justicia divina y eterna

Aquí se simplifica todo en uno, porque Dios no necesita pruebas ni certificados, pues todo lo ve y todo lo conoce, hasta el último pensamiento del hombre. Y Dios no pide "costas" por cada Juicio que ejercita sobre todos nosotros en cada segundo de nuestra vida. Su balanza mide con precisión absoluta nuestros grados de libertad y nuestros grados de voluntad en cada acto realizado. Muchas veces nos  pone la cuenta nuevamente a cero, si habiendo obrado mal le pedimos perdón, o acaso nos la suma a  la factura anterior, si es que le ignoramos. Siendo un Juez muy paciente e independiente, tiene nuestra vida medida desde su principio hasta su final, en el que nos dará, como con los estudiantes se hace, la verdadera puntuación. Será la de suspenso, o la de  aprobado, la de  notable o la de sobresaliente, ....y  no para un verano o para un curso a repetir, sino para felicidad o desgracia,  para toda la eternidad.

El Padre y el Espíritu Santo delegan en Jesucristo el papel de Juez universal del ser humano, dado su sacrificio Redentor, su vida, su Pasión y su Muerte en la Cruz . A la vez Nuestro Señor  delegó en sus apóstoles la función de "atar o desatar " sentencias en el Cielo y en la Tierra por el Sacramento de la Penitencia. 

  De esta manera nuestra fe católica es la puerta segura a una constante puesta a punto en nuestro destino.

 Aprovechemos la ocasión del perdón y de la regeneración que el Sacramento de la Confesión nos ofrece, sabiendo que no es el confesor quien nos juzga y perdona, sino el mismo Jesucristo quien derramó toda su sangre por ti y por mi, para poder hacerlo. Sólo Él puede hacer desaparecer nuestras culpas y sólo Él puede reducir o eliminar  las penas que ellas nos han de originar.



Jonás - Marzo 2025 - Octubre 2025

jueves, 6 de marzo de 2025

EL PECADO DE JUDAS

El Pecado de Judas.-

 

Ahora que aparecen una infinidad de publicaciones sobre el mal llamado "evangelio de Judas", un documento apócrifo y tardío, sin la más leve  importancia ni trascendencia bíblica, sacado forzadamente a la fama con el simple ánimo de embarullar  a los fieles creyentes, no estará de más el analizar  a fondo a este personaje llamado Judas Iscariote.

Todos pensamos que el gran pecado de Judas fue el vender al Salvador, cosa verdaderamente innoble y ruin, pero en verdad no fue esa su mayor falta. Su mayor delito, el que decidió su nefasta acción final de cobarde suicidio fue el desconfiar de la misericordia de Dios, el creer que su pecado era imperdonable hasta por un Dios de infinita  Misericordia. También pecó Pedro por cobardía y respeto humano al negar a su Maestro tres veces ante una criada del sanedrín, pero Pedro pidió perdón al Señor, lloró con gran dolor, haciéndolo con la confianza suficiente en el corazón bondadoso y misericordioso de su Maestro.

Nosotros somos todos muy semejantes a  Judas. Somos también bien capaces de venderlo, si no por 30 monedas de plata, sí por un rato de placer, o por un bien del que privamos a otro, o por un simple  respeto humano que, al igual que  a Pedro,  nos paraliza e nos impide dar la cara por nuestro Redentor.

Somos débiles e ingratos, pero ese no es nuestro mayor pecado. Éste  aparece disimulado a través de nuestra imperfecta oración personal, esa que Dios espera de nosotros continuamente y que recibe viciada casi siempre de desconfianza en su Bondad. No sabemos pedir , lo hacemos con desaliento y lo hacemos por si acaso la cosa saliese, ya que en el fondo pensamos que a Dios no le importamos demasiado., lo mismo que Él a nosotros.  Ese agnosticismo parcial es simplemente ofensivo para quien tanto nos ama y para quien tanto espera de nosotros.

Deberíamos tener una fe que nos infundiese el  que Dios es infinitamente poderoso, que nada se puede oponer a su voluntad, que para Él resucitar a un muerto, por más tiempo que pase,  es tan fácil como para nosotros despertar a alguien que duerme. Tenemos una fe que nos cuenta que Dios creó de la nada el Universo, y al hombre, y la vida y la muerte en las que manda por completo. Lo creemos esforzándonos  o , al menos, lo suponemos así. Lo cierto es que  cuando  pedimos algo a Dios, no nos quedamos tan satisfechos como debiera de ser , no nos quedamos muy seguros ni  esperanzados, no nos inunda la paz que tendría un hijo después de haber hablado íntimamente con su padre que tanto le ama.  Y es que respetamos a Dios, respetamos  su fuerza, avisados por la enfermedad y por la muerte,  pero desconfiamos de que nos quiera lo suficiente como para hacernos caso, porque  a veces no  hace aquello que le pedimos. Cuando decimos el "Hágase tu voluntad", lo hacemos a regañadientes. Es una sensación de inasistencia, de olvido, de mediocridad que trasladamos a un Dios que nos ama infinitamente. Porque si infinito es su poder, no menor es  el amor que nos tiene, ya que ha sido capaz de sacrificar nada menos que a su Hijo hecho hombre en Jesucristo, por simple amor para salvarte a ti y a mi. Es demasiado el amor de Dios al hombre y demasiada la ingratitud que  tenemos por devolverle nuestra ruin desconfianza.

Si creemos en el poder de Dios y en su infinito amor hacia cada uno de nosotros, hemos de comprender que su voluntad es positiva y trascendental para el ser humano. Alguien dijo que "afortunadamente Dios nos nos da todo lo que le pedimos".! Sabia verdad¡. Él domina el tiempo y el espacio y sabe el qué y el porqué de cada decisión.  Si lo rogado no se alcanza es generalmente por una de estas tres razones que Dios nos diría:

No te conviene en absoluto lo que pides. Eres como un  niño que pide a su padre una pistola cargada para jugar.

2º Lo que pides es bueno,... pero Dios te va a dar algo mucho mejor. Solicitas un bien temporal y Él prefiere para ti un bien eterno.

3º Lo que pides es bueno, pero habrás de esperar.   Se te dará más tarde, si es que aún lo sigues pidiendo con verdadera confianza y humildad. Realmente hablas muy pocas veces con Dios y ahora lo haces tan sólo por simple interés, .... Aun así Dios quiere seguir escuchando tu voz aunque sólo sea para pedirle cosas y muy pocas veces para agradecérselas..

 Cristo nos insiste:  "Pedid y se os dará, llamad y se os abrirá...", porque sabe que de cada petición que hagamos saldrá siempre un chorro de amor de su corazón llagado que como sangre y agua nos purificará ante su Padre.

Realmente hay veces que Dios permite la calamidad y el mal , incluso a inocentes muy inocentes.. y nosotros nos sublevamos ante lo que no entendemos , ante un dolor de aspecto inútil, ante una supuesta injusticia. (Ver  el artículo "los jueces de Dios".). Jesús fue interrogado en la  ocasión de encontrar a un ciego de nacimiento con la pregunta "¿Pecó éste,... o acaso fueron sus padres los que pecaron...?" A lo que Cristo contestó: " Ni pecó este, ni pecaron sus padres,....son cosas de Dios."..  Y es que nosotros no podemos entender sus motivos por más que lo intentemos. Hemos de confiar en su bondad infinita a ciegas.

Sabrás que tu petición  ha sido concedida cuando tú aceptes con alegría la voluntad buena e ingobernable de tu Dios, sea la que fuere..

No dudemos jamás del amor de Dios, ni de su misericordia, ni de su santa providencia. Desconfiar de Dios es blasfemar contra su bondades pecar contra Espíritu Santo.

 Al igual que los celos en una pareja, suponen una duda ofensiva que arruina totalmente la felicidad del matrimonio, la desconfianza en el Señor que todo nos lo ha dado, incluso a sí mismo, puede llegar a ser nuestro mayor pecado, el verdadero pecado que llevó hasta el suicidio a un discípulo elegido, a: Judas Iscariote.

 

Jonás Marzo de 2009_ Octubre 2025