El Pecado de Judas.-
Ahora que aparecen una infinidad de publicaciones sobre el mal llamado "evangelio de Judas", un documento apócrifo y tardío, sin la más leve importancia ni trascendencia bíblica, sacado forzadamente a la fama con el simple ánimo de embarullar a los fieles creyentes, no estará de más el analizar a fondo a este personaje llamado Judas Iscariote.
Todos pensamos que el gran pecado de Judas fue el vender al Salvador, cosa verdaderamente innoble y ruin, pero en verdad no fue esa su mayor falta. Su mayor delito, el que decidió su nefasta acción final de cobarde suicidio fue el desconfiar de la misericordia de Dios, el creer que su pecado era imperdonable hasta por un Dios de infinita Misericordia. También pecó Pedro por cobardía y respeto humano al negar a su Maestro tres veces ante una criada del sanedrín, pero Pedro pidió perdón al Señor, lloró con gran dolor, haciéndolo con la confianza suficiente en el corazón bondadoso y misericordioso de su Maestro.
Nosotros somos todos muy semejantes a Judas. Somos también bien capaces de venderlo, si no por 30 monedas de plata, sí por un rato de placer, o por un bien del que privamos a otro, o por un simple respeto humano que, al igual que a Pedro, nos paraliza e nos impide dar la cara por nuestro Redentor.
Somos débiles e ingratos, pero ese no es nuestro mayor pecado. Éste aparece disimulado a través de nuestra imperfecta oración personal, esa que Dios espera de nosotros continuamente y que recibe viciada casi siempre de desconfianza en su Bondad. No sabemos pedir , lo hacemos con desaliento y lo hacemos por si acaso la cosa saliese, ya que en el fondo pensamos que a Dios no le importamos demasiado., lo mismo que Él a nosotros. Ese agnosticismo parcial es simplemente ofensivo para quien tanto nos ama y para quien tanto espera de nosotros.
Deberíamos tener una fe que nos infundiese el que Dios es infinitamente poderoso, que nada se puede oponer a su voluntad, que para Él resucitar a un muerto, por más tiempo que pase, es tan fácil como para nosotros despertar a alguien que duerme. Tenemos una fe que nos cuenta que Dios creó de la nada el Universo, y al hombre, y la vida y la muerte en las que manda por completo. Lo creemos esforzándonos o , al menos, lo suponemos así. Lo cierto es que cuando pedimos algo a Dios, no nos quedamos tan satisfechos como debiera de ser , no nos quedamos muy seguros ni esperanzados, no nos inunda la paz que tendría un hijo después de haber hablado íntimamente con su padre que tanto le ama. Y es que respetamos a Dios, respetamos su fuerza, avisados por la enfermedad y por la muerte, pero desconfiamos de que nos quiera lo suficiente como para hacernos caso, porque a veces no hace aquello que le pedimos. Cuando decimos el "Hágase tu voluntad", lo hacemos a regañadientes. Es una sensación de inasistencia, de olvido, de mediocridad que trasladamos a un Dios que nos ama infinitamente. Porque si infinito es su poder, no menor es el amor que nos tiene, ya que ha sido capaz de sacrificar nada menos que a su Hijo hecho hombre en Jesucristo, por simple amor para salvarte a ti y a mi. Es demasiado el amor de Dios al hombre y demasiada la ingratitud que tenemos por devolverle nuestra ruin desconfianza.
Si creemos en el poder de Dios y en su infinito amor hacia cada uno de nosotros, hemos de comprender que su voluntad es positiva y trascendental para el ser humano. Alguien dijo que "afortunadamente Dios nos nos da todo lo que le pedimos".! Sabia verdad¡. Él domina el tiempo y el espacio y sabe el qué y el porqué de cada decisión. Si lo rogado no se alcanza es generalmente por una de estas tres razones que Dios nos diría:
1ª No te conviene en absoluto lo que pides. Eres como un niño que pide a su padre una pistola cargada para jugar.
2º Lo que pides es bueno,... pero Dios te va a dar algo mucho mejor. Solicitas un bien temporal y Él prefiere para ti un bien eterno.
3º Lo que pides es bueno, pero habrás de esperar. Se te dará más tarde, si es que aún lo sigues pidiendo con verdadera confianza y humildad. Realmente hablas muy pocas veces con Dios y ahora lo haces tan sólo por simple interés, .... Aun así Dios quiere seguir escuchando tu voz aunque sólo sea para pedirle cosas y muy pocas veces para agradecérselas..
Cristo nos insiste: "Pedid y se os dará, llamad y se os abrirá...", porque sabe que de cada petición que hagamos saldrá siempre un chorro de amor de su corazón llagado que como sangre y agua nos purificará ante su Padre.
Realmente hay veces que Dios permite la calamidad y el mal , incluso a inocentes muy inocentes.. y nosotros nos sublevamos ante lo que no entendemos , ante un dolor de aspecto inútil, ante una supuesta injusticia. (Ver el artículo "los jueces de Dios".). Jesús fue interrogado en la ocasión de encontrar a un ciego de nacimiento con la pregunta "¿Pecó éste,... o acaso fueron sus padres los que pecaron...?" A lo que Cristo contestó: " Ni pecó este, ni pecaron sus padres,....son cosas de Dios.".. Y es que nosotros no podemos entender sus motivos por más que lo intentemos. Hemos de confiar en su bondad infinita a ciegas.
Sabrás que tu petición ha sido concedida cuando tú aceptes con alegría la voluntad buena e ingobernable de tu Dios, sea la que fuere..
No dudemos jamás del amor de Dios, ni de su misericordia, ni de su santa providencia. Desconfiar de Dios es blasfemar contra su bondad, es pecar contra Espíritu Santo.
Al igual que los celos en una pareja, suponen una duda ofensiva que arruina totalmente la felicidad del matrimonio, la desconfianza en el Señor que todo nos lo ha dado, incluso a sí mismo, puede llegar a ser nuestro mayor pecado, el verdadero pecado que llevó hasta el suicidio a un discípulo elegido, a: Judas Iscariote.
Jonás Marzo de 2009_ Octubre 2025
No hay comentarios:
Publicar un comentario