viernes, 10 de abril de 2026

EL HAMBRE Y LA SED DE DIOS.-

 EL HAMBRE Y LA SED DE DIOS.-


Sabemos que todo hombre tiene necesidad de Dios ( "Nos hiciste Señor para Tí, y nuestro corazón no estará tranquilo hasta que descanse en Tí ", - San Agustín). Siendo nuestra fuente de felicidad eterna, pero pocas veces pensamos que el Creador es tan sumamente bueno y generoso que tan sólo se siente satisfecho de su obra si ésta comparte voluntariamente su Amor hacia Él, junto con el amor a los demás de la Tierra y del Cielo. Cristo desde lo alto de la Cruz nos dijo que tenía sed, igual que tiempo antes se lo dijo a la mujer samaritana. Nosotros podemos ofrecerle el agua que brota de nuestro corazón, la que a veces está tibia, otras turbia, frutos de momentos habituales de debilidad, y Dios, en cambio, nos ofrece su Agua viva, pura y fresca, saciante para toda la eternidad. He ahí la nobleza y generosidad de Dios.

Cuando Cristo es bautizado por Juan en el desierto se abre el Cielo y se oye la voz del Padre que dice : "Este es mi Hijo, el  amado,  de quien recibo mis complacencias" . Nosotros, por voluntad de Cristo, somos  Hijos adoptivos del mismo Padre y también podriamos ser motivo de complacencia para Él. Porque el Padre, con su infinita dimensión,  no valora nuestro tamaño infinitésimo y nuestras pequeñeces que , por insignificantes que sean, le conmueven. Así es Él, artista creador de todo lo grande y de todo lo ínfimo, de todo el universo espiritual y material.

Cuando nosotros ideamos y hacemos algo, si el resultado es satisfactorio  lo exhibimos para que se conozca y así lucirnos, o lo vendemos para sacarle un provecho. Dios, infinitamente grande, cuando recibe nuestra microscópica ofrenda personal se alegra en lo profundo y  después, en silencio admirable, nos conduce hacia el Cielo, donde se complacerá para siempre de nuestra compañía. Para Él, el provecho de su obra en nosotros  no es el presumir de ella, sino el poder contemplarla para siempre.   Aún así nosotros desconocemos que el mirar y adorar a nuestro Creador es, sin duda alguna,  el mayor de todos los premios.

Pidamos al Espíritu Santo que nos de hambre y sed del Bien, porque solamente con la Divina Trinidad se halla  la Vida Eterna.


Jonás, 10/4/2026

sábado, 4 de abril de 2026

LAS DUDAS

 LAS DUDAS.-


Son azote para la conciencia y causa de infelicidad si son insistentes, puesto que  van disolviendo la benéfica acción de la virtud de la esperanza. Existen dos clases de dudas: las espontáneas y las procesadas.

  Dios permite las primeras que permite para comprobar nuestra fe, pero rechaza las segundas porque van impregnadas del desamor y de la infidelidad.

En la Pasión del Señor en la escena del Calvario aparecen ambas: 1º) la duda espontánea del ser que se siente abandonado de la ayuda del Padre que siempre tenía y 2º)la duda infundida por quien con torpes  razonamientos aliñados de rencor, trata de borrar toda esperanza al afligido.  Me explicaré:

Ambas existen en el siguiente pasaje evangélico de la Pasión de Jesús. : 

La duda espontánea.

Jesucristo se ve a sí mismo en lo alto de la Cruz, con su tronco flagelado cruelmente, sus miembros atravesados por clavos, la corona de espinas bien insertada en su cabeza y la conocida asfixia del que es colgado colgado verticalmente en el que  el peso del vientre y piernas somete a un mayor trabajo al músculo respiratorio  diafragmático. Su naturaleza humana, ya deshecha, clama un aparente abandono del Padre, así que de sus labios surge un "Padre mío,...¿Porqué me has abandonado..?". Entonces, de su mente humana surge paralelamente el recuerdo de las mismas palabras en el Salmo 22 que su Madre querida le enseñó en su infancia que tras la misma queja citada va a terminar con un : 

Pero tú, Señor, no te quedes lejos;
tú que eres mi fuerza, ven pronto a socorrerme.
Libra mi cuello de la espada
y mi vida de las garras del perro.
Sálvame de la boca del león,
salva a este pobre de los toros salvajes.
Yo anunciaré tu Nombre a mis hermanos,
te alabaré en medio de la asamblea:
“Alábenlo, los que temen al Señor;
glorifíquenlo, descendientes de Jacob;
témanlo, descendientes de Israel.
Porque él no ha mirado con desdén
ni ha despreciado la miseria del pobre:
no le ocultó su rostro
y lo escuchó cuando pidió auxilio”.
Por eso te alabaré en la gran asamblea
y cumpliré mis votos delante de los fieles:
los pobres comerán hasta saciarse
y los que buscan al Señor lo alabarán.
¡Que sus corazones vivan para siempre!
Todos los confines de la tierra
se acordarán y volverán al Señor

Jesucristo de seguro completó este rezo, pues su comportamiento en su última frase fue exclamar : "En tus manos Padre, encomiendo mi espíritu".   

La duda procesada,

También se aprecia en las insinuaciones con las que nuestro Señor, ya en la cruz , es ofendido . 

"Si es verdad que  eres realmente Hijo de Dios , bájate tu mismo de la Cruz " . (Mateo. 27- 40)

Su condicional ya lleva la implicación de "mentiroso" hacia Jesúcristo  y su imperativo descubre un tosco intento de  hacer desaparecer de la Historia su maravillosa Redención. 

¿Puede haber mayor procesamiento de la duda ?

La duda espontánea, que surge de la razón, no arrastra culpabilidad. Pero la duda buscada y  basada voluntariamente en la desconfianza y en la mala fe, es una ofensa  a nuestro Dios, quien no tiene obligación alguna de darnos razón de sus acciones y al que le debemos regalos incalculables: tales  como la existencia , la vida humana y que además, si le amamos, nos promete su compañía y felicidad  eterna.


Jonás     Abril 2026