LOS FLASHES DE CRISTO.
Llamamos flashes a aquellos relámpagos de luz que usamos en fotografía para captar imágenes rápidas a la vez que portadoras de calidad y de precisión. Para un ser humano un flash es también una imagen instantánea que informa a nuestros ojos de la existencia instantánea y real de alguien o de algo.
El enorme sufrimiento de Jesucristo en el Huerto de los Olivos no fue sólo por el conocimiento de sus próximos y fortísimos dolores, sino mucho más por la aparición en su mente de innumerables flashes de personas de todos los tiempos para las cuales su sacrificio redentor iba a ser completamente nulo. Como para Dios no existe el tiempo al igual que para nosotros, estas imágenes pertenecían al pasado, al presente y al futuro y se proyectaban en la naturaleza divina de Cristo. Su naturaleza humana ya estaba bien saturada de los normales temores de un condenado a una muerte de Cruz, muy dolorosa y larga.
De ahí el que las escrituras cuenten que Jesús llegó a sudar sangre en esa noche del jardín de los olivos.
Las instantáneas llevaban un nombre, un apellido, un lugar y una fecha. En ellas predominaban escandalosamente las afrentas a Dios con su indiscutible causa anexa de condenación definitiva e irreversible. Eran facilitadas por una mente diabólica que, sin conocer el futuro, como Dios, trataba de agitarlas para convencer al Cristo-Hombre de la inutilidad de morir para redimir o salvar al género humano. Pero lo más importante : entre ellas se hallaban también nuestros pecados activos o pasivos, de acción o de omisión, nuestras traiciones, nuestras debilidades, porque todo ello iba apuntando a ese posible triste final en el infierno.
Esas instantáneas o flashes se repitieron durante todo el día de la Pasión del Señor, en el que fue juzgado, condenado, azotado y crucificado hasta llegar a morir. Y muchas de esas instantáneas o flashes llevaban nuestra imagen fotográfica, nuestro nombre y nuestra historia de vida.
Afortunadamente aquella noche del Huerto de los Olivos también tuvo un Ángel bueno que enjugó los sudores y lágrimas del Señor y le mostró, que precisamente por su sacrificio, por su agonía y por su muerte iba a salvar a muchos de nosotros, y que entonces bien merecía la pena su esfuerzo y su entrega a aquellos verdugos .
Ahora de nosotros depende el unirnos al Señor; en su Pasión, juntando la nuestra, en el compartiendo su dolor con nuestras molestias de cada día, y tratando de pasar por la vida " haciendo el bien", como Él lo hizo. Vamos a pedirle con San Ignacio al buen Jesús que "nos esconda en sus llagas" para no llegar a sufrir nunca tanto, pues Él ya lo hizo por y para nosotros, para que nos defienda de los engaños del maligno y para que nos dé la salvación eterna.
Pero no olvidemos nunca los numerosos flashes que el divino Jesucristo tuvo con nuestra imagen pecadora o mediocre a lo largo de toda su Pasión y Muerte. Añadámosle, ya que ahora lo sabemos, el flash definitivo de nuestro verdadero arrepentimiento y del firme propósito de nuestra fidelidad absoluta.
Cristo continua recibiendo flashes, pero no como aquellos de dolor de su Pasión, ahora son positivos. Cada vez que entra un alma en el Cielo se dispara como un relámpago su alegría y su satisfacción porque el enorme sacrificio de su vida, de su pasión y de su dolorosa muerte han sido realmente fructíferos. ¡Bendito sea Cristo Salvador!
Que el Señor nos guarde y la Vírgen nos acompañe.
Jonás - Septiembre de 2022.
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