LA GRAN HUMILDAD DE DIOS.-
Sobre la virtud de la humildad habría mucho que hablar, ya que entre todas las virtudes es la más estimada por nuestro Creador, quien es su mayor practicante. A lo largo de la vida nosotros vamos descubriendo la maravillosa obra del Señor en todo lo visible e invisible y nunca encontramos su firma escrita como hacemos los hombres cuando realizamos un trabajo: sea bien para dar a conocer nuestro "esto lo he hecho yo- he aquí mi nombre", o sea nuestra firma para un contrato provisto de la conveniente remuneración económica. Dios no deja su firma nunca en lo que hace, no espera reconocimiento ni gratificación por parte nuestra, pero deja impreso su amor y su calidad de artista, lo que le delata. !Cuantas galaxias, astros, espacios, fluidos, leyes físicas y matemáticas, cuantas energías que deforman o que construyen, cuanto tiempo contemplado¡ ¿Quién lleva la cuenta del trabajo de Dios....? ¿Quién registra su tiempo empleado...? ¿Quién es su representante ante la ignorancia de este mundo que mira para otro lado, pues no quiere adorarle como se merece....?
Dios nos hizo a su imagen y semejanza y nos dio dos leyes a cumplir : Amarás a tu Dios con todo tu corazón y al prójimo como a ti mismo. Esas leyes las lleva también Él impresas en su en sí mismo. Justo y bueno es valorarse y apreciarse cada uno y Dios así lo hace . El problema fue que dada al magnitud infinita del Ser divino, éste requeriría una auto adoración plena, cosa que al Todopoderoso no le agrada ya que la definió como soberbia. Por esta razón Dios no es uno para quererse a sí mismo cual se merece, sino Trino, para así poder valorarse y amarse con todo el corazón. Así lo hace antes de todos los tiempos el Padre engendrador al Hijo engendrado y viceversa, y el amor originado entre ambos igualmente engendra, también antes del tiempo, otro fruto similar a ellos: el Espíritu de la Santidad, quedando equilibrada la balanza divina en un infinito triángulo de agrados y satisfacciones mutuas.
Y entre todas las limitadas criaturas creadas sólo existe una de análoga forma, figura sencilla, eficaz y reservada: la Santísima Virgen María. Ella no supo más que decir "Hágase en mí según tu palabra". Ella no habló en público, no fundó asociaciones, ni empresas humanas, no fue reconocida en vida como se merecía, ni admirada por todos los demás hasta que la Iglesia la reconoció como la segunda después de Dios, como la" llena de gracia" y de tantas virtudes mencionadas en las santas letanías del Rosario, cosa que nunca la hizo sentir engreimiento ni satisfacción de sí misma. Por eso Dios, el de la Verdad y la Humildad, la levantó sobre todo mortal y la liberó de la muerte, la llevó a su propia familia íntima como Hija, como Madre y como Esposa y ahora nos la presenta para que sea el escalón que necesitamos para conectar a fondo con el Rey de toda sencillez y de toda eficacia que es Cristo-Jesús.
Seamos siempre sencillos como el amor Trinitario antes de todos los tiempos, y después : el de María y el de Jesucristo, que nació en un pesebre y fue sepultado en un sepulcro prestado, siendo de naturaleza divina, nuestro Redentor y nuestro Salvador . Él, que siendo el primero, se colocó el último y lavó los pies a todos sus discípulos...
Jonás,- Noviembre 2023- Octubre 2024
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