Hablar sobre los ángeles
es opinar sobre un tema que nuestra experiencia ignora. Generalmente lo hacemos dejando volar la
imaginación con la que, frecuentemente, los caricaturizamos, siendo seres desconocidos, cuya existencia, real y seria, está basada
en la Antigua Tradición y en la Santa Biblia que son Palabras del propio
Dios.
Nos dice la Teología fundamentada en dichas fuentes, que Dios creó a los ángeles, como espíritus puros, como sus Hijos adoptivos, a su imagen y semejanza, y les dotó de una finísima
sensibilidad, les dio una enorme inteligencia, una férrea voluntad y un poder ilimitado sobre el resto de
la creación, es decir: sobre el Universo entero, casi como Él. Narra la Santa Tradición
que, no obstante, el Creador los quiso probar en su Amor y Fidelidad , utilizando la mayor de sus cualidades: el libre albedrío sobre sus actos.
Cuadro de Bougerau, representando a dos ángeles ante el cuerpo de Jesús tras su Crucifixión en el que el autor (refleja la sensibilidad de los Ángeles )
La Biblia nos narra muy
abundantes intervenciones de los Ángeles leales, y algunas de los rebeldes. La
imaginación humana ha ido agregando el resto, con una invención artística de
bellos personajes alados, o de seres terroríficos dotados con alas de
murciélago y tridentes.
Los Ángeles de Dios no tienen cuerpo, son espíritus puros, es decir no tienen forma, ni espacio, ni cualidades físicas, aunque nuestra mente humana necesite de todo ello para poder imaginarlos o pintarlos. Tienen como nosotros un alma, pero no unida a un lábil cerebro, sino libre, inteligentísima y dotada de una enorme voluntad y poder. De hecho, nosotros somos algo así como unos híbridos de ángel y de bestia, por lo que el hombre fue definido por San Pablo como Ser "un poco inferior a los ángeles". Narra la Biblia numerosas apariciones e historias de ángeles tomando la imágen de apuestos jóvenes con muy variadas misiones : la de conducirnos (Arcángel S. Rafael), o la de anunciarnos algo trascendente (Arcángel S. Gabriel), o la de de ayudarnos en la lucha contra del demonio tentador, al cual venció el arcángel S.Miguel con su conocido "¿Quién sino Dios?", o acaso la misión de protegernos de un modo particular de otros peligros físicos, como lo hace nuestro Ángel de la Guarda.
Es difícil encontrar un capítulo bíblico en el que no aparezca la
narración de alguna intervención de estos maravillosos amigos.
Los innumerables Ángeles creados por Dios están distribuidos en jerarquías que más que de dignidad, ya que en ello son todos iguales, lo son de función. Así Dionisio el "Aeropagita", discípulo de San Pablo, los enumera en nueve clases : Serafines, Querubines, Tronos, Dominaciones, Virtudes, Potestades, Principados, Arcángeles y Ángeles custodios.
Son Nueve categorías que se dividen en en tres grandes órdenes: una
primera dedicada a la glorificación de Dios en su presencia; una segunda
dedicada al gobierno del universo, y una tercera dedicada a las
necesidades humanas, ya muy cercanos a nuestro mundo terrenal.
Alguien ha preconizado,
y a mí me parece también posible y acertado, que las tres primeras Clases fueron
hechas por el Hijo y el Espíritu Santo para servicio del Padre,
las tres siguientes para el propio de ambas Personas Trinitarias y los tres últimos para el servicio del
hombre. Cada trío de ellas representaría fundamentalmente en ese orden dado las tres
facultades de Dios: 1º la sabiduría, fruto de la inteligencia del Padre, 2º el sentimiento
fundamental, que es el amor o esencia del Espíritu Santo, y 3ª la voluntad del Verbo Divino, que es su poder de acción Redentora sobre toda lo creado, es decir : la Divina Providencia.
El Libro del Éxodo nos descubre a todos los creyentes al Ángel Custodio con este Texto:
."He aquí que yo
enviaré a un ángel por delante de ti, para que te defienda en el camino y te
haga llegar al lugar que te he preparado. Préstale atención y escucha su voz,
no te resistas a él, porque no perdonará vuestras rebeliones y porque lleva mi
nombre; pero si escuchas su voz y haces cuanto yo diga, seré enemigo de
tus enemigos y oprimiré a tus opresores, pues mi ángel marchará delante de
ti...".
El saber que existe un ser
siempre cercano, siempre presente, siempre pendiente de nuestro verdadero bien,
nos debería de llenar de gratitud hacia Dios, que nos regala tan divino
acompañante. Existen infinitos testimonios serios sobre la acción salvadora de
los Ángeles.
Todos los santos han tenido
verdadera devoción al Ángel Custodio a quien se han encomendado. Santo
Tomás , en su Suma Teológica, dedica la tercera sección de la primera parte al
Gobierno divino, y en la cuestión 113 trata de la guardia de los Ángeles sobre
los hombres. José María Escrivá de Balaguer, santo canonizado en nuestros días,
tenía tal conciencia de su presencia continua, que nunca se sentía solo ni
tampoco consideraba a nadie en total soledad; incluso este santo hacia siempre
un acto de fe o acaso de homenaje sobre la presencia real de su Ángel Custodio
de esta forma: al cruzar el umbral de cada puerta se retrasaba de manera casi
imperceptible para cederle el paso. Al igual muchos Santos Padres de la
Iglesia, como Pío XI y Juan XXIII rogaban a los Ángeles Custodios de
aquellas personas con las que se relacionaban, en especial en las
ocasiones delicadas, para que llevasen a buen puerto sus asuntos en modo
recíproco de apostolado y de servicio.
Pablo VI en el inicio de
su "credo" o profesión de fe (1968) define a Dios como
Creador de cosas visibles e invisibles. En especial de éstas últimas,
como lo son: " los espíritus puros que reciben también el nombre
de ángeles y el alma espiritual e inmortal de cada hombre". Al final
de su profesión de fe, el Papa Pablo VI evoca las almas que contemplan a
Dios en la "Iglesia del Cielo", donde "están, en
grados diversos, asociadas con los santos ángeles en el gobierno divino que
Cristo ejerce sobre nosotros".
Abramos los ojos de la fe a la
Palabra de Dios en toda la Biblia y en especial en el Éxodo , como a la palabra
de Cristo en el Evangelio cuando advirtió sobre la gravedad del pecado de
escándalo hacia los niños aduciendo: "porque sus Ángeles contemplan
directamente a Dios". Pensemos que si ellos contemplan directamente a
Dios, como nos vigilan a nosotros, son verdaderos puentes continuos que
nos unen con El, al que presentan, con tristeza o alegría, nuestras
acciones cotidianas malas o buenas. Ellos nos bajan desde el cielo la savia de
la Gracia de Dios. Démonos, pues, cuenta de que son los compañeros que
nunca nos dejarán y sobre todo de que cuando la muerte nos separe de nuestros
cuerpos y de los seres queridos, ellos continuarán a nuestro lado, se nos
harán visibles y nos conducirán con seguridad al lugar que muy bien conocen: su propia casa, la casa del Padre, nuestra casa.
Amemos a los Ángeles, no les
pidamos servicios estúpidos, ni infantiles sino ayudas importantes. No los
caricaturicemos con alitas, con trencitas de oro, con caras bonitas, con arpas
de plata o apoyados en nubecitas de algodón. ¡Baste ya de tanta
inmadurez, simpleza y de tanta falta de imaginación!. Si quieres pintar a
tu Ángel de la Guarda, píntalo como tú mismo eres, o mejor aún: como tú
deberías de ser, libre de pasiones, libre de complejos, libre de
limitaciones humanas. El es tu "SuperYo", el hermano mayor
que te acompaña siempre, cuyo máximo empeño es tu crecimiento , tu
verdadera y definitiva felicidad. Tan sólo necesita que tú le hables, que tú le quieras, que tú le escuches y que tú le sigas.
Háblale a tu Ángel tuyo
en el silencio de la noche, háblale en el fragor del trabajo, dile : "hola
hermano", dile: "dame la mano y condúceme por buen camino, dile "empújame
en el cumplimiento de los mandamientos en del servicio a los demás", dile
muchas veces: "gracias hermano, por tu continua compañía, porque no te
aburres nunca de esperarme..". Verás, entonces, cómo sientes su
presencia agradecida y leal, su inspiración profunda del bien; verás como
empiezas a gozar de su paz y de una bondad que te viene de afuera. Hay un
ángel que te cuida a tí, y otro que cuida de tu casa y de tus propias cosas
importantes, y otro que vigila a todos los tuyos. Bendícelos a todos ellos y
encomiéndales tus preocupaciones para que lleven todo a buen fín, para que nos
libren del mal, para que nos conduzcan a Dios.
Jonás
2 de Octubre del 2003, fiesta del Ángel
Custodio. Octubre 2025
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