UNA RACIÓN DE AUTOESTIMA.-(1)
Denominamos autoestima a la facultad que tiene un individuo de conocerse y valorarse positivamente. Según pensamiento de Edith Stein la felicidad humana sólo es posible si hay armonía y paz entre el cuerpo y el alma. La autoestima estimula al cuerpo a seguir al alma como un hijo a su madre y al alma la induce a conducir al cuerpo como una madre a su hijo; entre ambos siempre media el amor mutuo, unión indispensable. Y eso es precisamente la autoestima: amor, amor al mismo yo...pero un amor de sí mismo ordenado. Sí , orientado desde la base de sentirse creado por Dios, muy querido de Él y amando a la vez a todos los demás, porque todos igualmente somos hermanos y además Hijos de Dios.
Se diferencia totalmente la autoestima del amor desordenado de sí mismo, de la soberbia o del egoísmo, que no tienen dicha base ni dicha intención. No es autoestima el gozarse en ser mejor que los demás, ni tampoco el desear el dominio o la superioridad sobre otros. Esto suele representar una vulgar soberbia. Autoestima es simplemente el estado de ánimo que nos hace ser superiores a nosotros mismos, valorando más los medios empleados que los resultados obtenidos. Es autoestima el crecerse ante las dificultades, lo es el superarse ante los errores, el anhelar la perfección soñada con esfuerzo y constancia. Es autoestima el sentirse libre y a la vez responsable ante los problemas propios y ajenos, es autoestima el encontrarse a gusto con uno mismo, sin necesitar ambientes ni compañías especiales. Es autoestima el saborear el trabajo realizado, lo es la satisfacción por el cansancio y el propósito de próxima superación . Es autoestima el quedarse tranquilo ante un error cometido si existe la intención segura de una corrección pronta y efectiva.
La autoestima es un caudal que se nutre de tres fuentes: de los demás, de uno mismo y del gran Creador.
La primera: el sentirse querido de otros, es propia de la infancia y crecimiento, y es factor necesario para el desarrollo psíquico de la persona. El amor de los padres, el sentirse querido, alimentado, arropado y admirado por ellos, es indispensable para poder vivir y llegar poseer una mente equilibrada. Su carencia es origen seguro de psicópatas y de asesinos. Tras de cada monstruo social se esconde un ser inadaptado por carencia de afecto, una falta adulta de autoestima que arrastra al individuo al desprecio o al odio de toda la sociedad. Tras cada déspota, cada desequilibrado que vocifera, que insulta o que humilla, no hay más que un problema: la carencia de autoestima. El primer motor que comienza a instaurar la autoestima al individuo es el sentirse apreciado, amado y respetado por otros.
El segundo origen necesario es una autovaloración positiva. Comienza a funcionar en la madurez psíquica, de la que es fruto. Es necesario que funcione de manera independiente del medio externo, de padres y amigos, ya que durante la vida son frecuentes las circunstancias fisiológicas y circunstanciales que reducen el nivel general de autoestima. A ejercicios de cómo se puede conseguir su incremento dedicaremos un nuevo escrito ( Una ración de autoestima (2) ). La autoestima descubre en el yo interior, todas las etapas de la vida y consigue un trato coherente con el niño que todos somos, con el hombre maduro y con el anciano que también nos identifican. Por eso yo debo ser tolerante conmigo mismo como lo debo de ser con mi hijo o con mi padre. Me debo tratar a mí mismo como lo haría con ellos, es decir: con paciencia ante mi insensatez o manías, o ante mi inexperiencia como joven o quizás ante mi cansancio de anciano. He de tratar de vivir con el entusiasmo de lo mejor de cada edad.. Se trata de una especie de división de la personalidad o esquizofrenia, de un vivir varias personalidades a la vez, pero no, como esa psicosis, de una forma enferma, independiente y anárquica, sino de una forma sana, constructiva, ordenada y coherente. Decíamos que la verdadera tolerancia entre las personas engendra cariño y transmisión de valores, pues bien: también pueden darse mutuamente admiración y respeto entre el niño, el hombre y el viejo que conviven en uno mismo. Intentemos que convivan en nosotros armoniosamente dándonos cada uno de estos períodos lo mejor de sí mismo.
El tercero es de origen religioso . También procede de la madurez, pero lo es de la fe, en la creencia en un Ser Superior que te ha hecho porque te ama desde toda la eternidad. Los cristianos agregamos que nos ama sin límites, con toda su fuerza infinita, porque sabemos que derramó su sangre en Cristo, imagen perfecta del Padre, Dios y Hombre verdadero, por cada uno de nosotros. Por eso tenemos conciencia de que somos seres únicos e irrepetibles, debido a nuestro precio,.. si es que valoramos el amor ilimitado que hemos recibido. En la fe, en la esperanza y en la caridad del cristiano no hay lugar para conceptos de inferioridad, ni para la mediocridades. El tener a Dios como dueño y Señor es fuente inagotable de autoestima. He de descubrir el amor que Dios me profesa a mí mismo, para sentirme halagado ya que se trata de mi Creador y de que está contento de mí y espera que yo le ofrezca superación. Esto debería ser motivo de profunda satisfacción para mí. San Agustín decía: " Rechaza ser siervo del Todopoderoso y verás como tus temores serán tus amos; adora y sirve a tu Creador y verás como tus complejos te obedecerán como a su señor y amo." Pero aún es más : Fijémonos como en Dios , siendo Trinidad, cada Persona ama a las otras con todo su Corazón tanto como como a sí misma, siendo causa de total Unidad y precediendo al mandamiento que nos dará respecto del prójimo. Hemos, pues, de amarnos todo lo posible a nosotros mismos para así poder amar igual al otro y con todas nuestras fuerzas reunidas y completas a Dios. No está por tanto la perfección cristiana en despreciarse a sí mismo, en olvidarse de uno mismo, en menospreciar los valores propios, sino que está en elevar todo esto de nivel, para subir también de igual manera la calidad del amor a los demás y superar en Dios todo nuestros afectos. Poco puede amar a Dios y al prójimo, quien nada puede servir de utilidad por no estimarse a sí mismo, ya que no lleva dentro ni la paz ni la alegría necesarias para hacer labor alguna.. Su amargura interior acabará agriando la imagen de el hermano, su auto-desprecio se transformará en olvido del otro y su tristeza profunda será un revulsivo para todos. Cuanto más, la persona que se aprecia..¿ no ha de querer lo mejor para sí misma y para los demás?. Se llenará del oro de la felicidad por sentir la sonrisa de Dios, sí ..pero para después compartirla con los demás, y si se van gastando las fuerzas repetirá la acción las veces necesarias hasta conseguir que todos los próximos no habiten ya en un "valle de lágrimas", sino en un vergel florido de alegría, de paz y de la Luz de Dios.
Hay partidos políticos que pretenden la igualdad de todos,.. pero desde la lucha de clases, desde el desprecio de la propiedad, desde el odio y desde la violencia que legitiman...y apenas consiguen la igualdad de todos...sí , pero además en lo peor : en la mediocridad o en la miseria.
El partido que debe tomar el buen cristiano es, desde siempre, la igualdad de todos, pero partiendo del amor pleno, primero a Dios sobre todas las cosas, luego el amor ordenado a sí mismo, y finalmente partiendo con idéntica ambición y derecho desde el amor al prójimo. Los tres amores se elevan a su máxima altura por que se estimulan y llegan a conseguir la igualdad del género humano, bien hermanado en el respeto, en la igualdad de derechos y obligaciones. Solo así se llega a conseguir la auténtica paz y la plenitud en el amor.
jonás
Diciembre 2003- Diciembre 2011 _ Diciembre 2024- Octubre 2025- Noviembre 2025
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