EL AMOR DE LA TRINIDAD
Los afectos se dan y se reciben, pero tratándose de amor, diría que uno mismo, aunque pueda conocer y valorarse a sí mismo, en el momento en el que el auto-elogio supere con satisfacción el afecto a cualquier otro, o al propio Dios, sabemos que ya no se trata de autoestima, sino de la más nefasta soberbia.
Dios repudia el orgullo como el peor de todos los pecados y exalta la humildad como la más maravillosa virtud. Véanse, a modo de máximos ejemplos, la historias del demonio y por oposición la de la Santísima Virgen María. El primero intentó suplantar a su Creador y fue vencido por el Arcángel San Miguel con su : "¿Quien sino Dios ?, y por su rebelión acabó en los Infiernos para siempre. La segunda, por el contrario, se definió a sí misma con su frase : "He aquí la esclava del Señor, hágase en mi según su palabra ", es decir: se fió completamente del Señor y aceptó con toda humildad su sobrenatural encargo, lo que la valió el llegar a ser para siempre la criatura más cercana a nuestro Dios para toda la eternidad.
La Santísima Trinidad es a la vez una y es a la vez triple. Lo que la lógica del cerebro rechaza lo readmite el amor del corazón. El Amor es la fusión más completa entre los seres y sólo cuando es infinito hace perfecta la Unidad. Es más: Cada Persona Divina, detesta la soberbia y no quiere amarse a sí misma o sobresalir más que la otra. Así se aman las tres de manera ordenada como la imagen de tres largos maderos sobrepuestos en los que, según se coloquen juntos, el que está por debajo será el amado y el de encima el amador,.... y también al revés, dándoles la vuelta.
Quizás por eso , desde muy antiguo, se simbolizaba la Trinidad divina como un Triángulo
"Escucha Israel, amarás a tu Dios con toda tu corazón, con toda tu alma y con todas tus fuerzas" (Deuteronomio 6,5) "Y a tu prójimo como a ti mismo "(Levítico 19,18). Estas palabras reveladas para nosotros por Dios en la Sagrada Biblia, también son cumplidas en sí mismo por la Santísima Trinidad. Las Tres personas se aman una a una con todo su corazón, con toda su alma, con todas sus fuerzas y al prójimo, que somos nosotros sus creaciones, como a sí mismas. Lo demuestra esa frase de Jesucristo cuando reveló a Nicodemo, la de que :
"Tanto amó el Padre al mundo, que entregó a su Hijo para que todo el que en Él creyera se salve.."(Juan 3,16)" ,
o cuando predijo a los hombres de buen corazón:
"Venid conmigo, benditos de mi padre, porque tuve hambre, y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber; fui forastero, y me recogisteis; estuve desnudo, y me cubristeis; enfermo, y me visitasteis; en la cárcel, y vinisteis a mí. Entonces los justos responderán diciendo: Señor, ¿ Cuándo te vimos hambriento, y te sustentamos, o sediento, y te dimos de beber? ¿ Y cuándo te vimos forastero, y te recogimos, o desnudo, y te cubrimos? ¿O cuándo te vimos enfermo, o en la cárcel, y vinimos a ti? Y respondiendo, les diré: De cierto os digo que en cuanto hicisteis a uno de estos mis hermanos más pequeños, a mí me lo hicisteis." (Mateo 26, 35).
El divino Jesús amaba, pues, a cualquier hombre tanto como a sí mismo, y por esa razón dio su vida por todos nosotros.
Cuando el Padre ama al Hijo, aquel es el Amador y éste es el Amado. Cuando el Hijo ama al Padre, este es el Amado y aquel el Amador. Igual ocurre en ambos hacia la tercera persona: el Espíritu Santo. Así de esta manera entre los tres forman un triángulo de donación y de recepción de Amor. Pero más que el precepto de amar de ese "Escucha Israel", el amor de las personas divinas no es igual hacia ellas que a hacia sí mismas, sino superior. Lo demuestra
el mismo Jesucristo, quien cumplió el designio Redentor del Padre aceptando su Pasión y Muerte en contra de su propia voluntad por pura obediencia diciendo :El Dios Trino pidió la aceptación de la Virgen María para ser en ella Dios y Hombre a la vez, y por nuestra salvación prolonga también su petición de fe para ti y para mi, para reinar en nuestro corazón como lo hizo al entrar en el de de Santo Tomás apóstol que dijo: "Señor mío y Dios mío" . A dios no le decepcionemos egoístamente, amémosle con todo el corazón, con toda nuestra mente y con todas nuestras fuerzas.
Aceptemos y compartamos todo el amor y la acción que Dios nos ofrece en hacernos familia celestial de la Santísima Trinidad: El Padre Bueno, el Hijo Salvador y el Espíritu Santificador.
Jonás.- Febrero 2025- Junio 2025- Octubre 2025- Diciembre 2025


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