viernes, 7 de febrero de 2025

MISTERIOS GLORIOSOS DEL SANTO ROSARIO

  MISTERIOS GLORIOSOS DEL SANTO ROSARIO.


   Primer Misterio La Resurrección de Nuestro Señor Jesucristo.


                                                                                     

Resurrección, santa palabra cuya realidad y significado quedan fuera del conocimiento humano. Ya decía el ilustre Dr Marañón que para creer en el milagro basta con contemplar de cerca la vida. Ésta es , pues, un portento, es algo que escapa a la más escrupulosa lógica y a la más concienzuda experiencia. Si así no fuera, nosotros podríamos crear vida, no habríamos de morir: falsa  ilusión. Sólo Dios, Creador supremo puede elaborar y cesar la vida, cosa que hace en las criaturas de la Tierra. y lo puede hacer siempre que quiera y las veces que quiera. Tan sólo Él puede repetir la obra que ha realizado en cada uno de nosotros.
Por Revelación  del propio Creador esperamos con certeza que volverá a darnos de nuevo la vida tras el eslabón de la muerte.
Mirad:  el cuerpo de Cristo , de el Dios encarnado, yació profanado y deshecho en la soledad del sepulcro.  El poeta Bécquer en su inspiración ante una tumba repetirá : "Dios mío, que solos se quedan los muertos".      Los ojos del PADRE desde el cielo contemplaron la soledad del venerable cuerpo de su Hijo: Cristo en el sepulcro. Contemplaba meticulosamente sus llagas, sus latigazos, las oquedades de los clavos en los miembros, y en el costado la ancha  fisura de la lanzada. Y los llorosos ojos del Padre  contemplaron  el rostro de dolor y de asfixia de su Hijo. Y el Padre dijo: ¡Ya está bien·, !Basta ya¡
Mientras , la madre de Jesús era la única persona del mundo que, anteriormente a su Resurrección, sabía bien que ésta se había de realizar. Mantenía su fe, ya que tantas veces  su hijo Jesús en su vida familiar le había hablado y detallado sobre  su futura Muerte y su posterior Resurrección. Tan sólo ella rezaba para que volviese Cristo a la Vida lo antes posible. Ella, la que creyó al Arcángel Gabriel, ahora nuevamente era la que  creía, sin dudar, en la palabra de su Hijo divino.
Y el Todopoderoso rehizo la vida que sólo Él podía dar a quien era la vida de sus ojos. Y aquella masa de carne muerta ya en la cruz comenzó a brillar con un fulgor extraordinario y nuevamente a recibir de nuevo el soplo vital del Espíritu Santo, Señor y Dador de vida, ahora de la vida perfecta, de la vida eterna. Abrió Jesús sus párpados para ver la luz y su boca para decir : "Gracias, Padre"¡ Y su alma inmortal que por el Cielo ya andaba liberando a los justos,  bajó nuevamente a su bendito cuerpo para  ser de una vez y para para siempre Dios en Jesús de Nazareth y así poder mostrarse vivo y triunfante  a sus discípulos y después ascender al Cielo con  su Padre, con el Santo Espíritu, con sus  Ángeles y con todos sus Bienaventurados.
La primera en descubrir el milagro de la Resurrección fue María Magdalena. Ella fue, de entre los seguidores de Cristo,  la primera en la caridad, y también la más valiente al no aprobar un entierro precipitado o incompleto. Ella quería limpiar las abiertas llagas del Señor , pero se  encontró con Jesús  y vio cómo sus llagas estaban ya cerradas y limpias.  No lo reconoció hasta que percibió que Jesús la llamaba con su voz natural y por su propio nombre . Luego el Resucitado se mostrará resucitado a Pedro , a Juan , a los demás apóstoles y a los discípulo de Emaús. Durante cuarenta días viajará Jesús de un lado a otro hasta Galilea, apareciéndose en numerosas ocasiones a todos sus apóstoles y en especial al incrédulo Tomás : "Porque me has visto has creído" !
 ¡ "Dichosos los que  creen en mí sin haberme visto!". Esta frase iba dirigida  para todos  nosotros, los discípulos del siglo XXI. Es la última bienaventuranza de Jesús y la refiere a quienes creemos que de verdad Cristo resucitó, esperando con alegría nuestra propia Resurrección al final de los tiempos..
San Pablo decía que resucitar a un muerto a Dios le cuesta menos que a nosotros el despertar del sueño a un vivo. Que sea nuestra esperanza y nuestra alegría el saber que Dios tampoco se olvidará de nosotros y nos dará la vida perfecta, la  que proyectó en un principio que  tuviéramos, si es que  mantenemos en Él nuestro corazón, nuestra mente y nuestras fuerzas.

Jonás.-

                                                    
    Segundo Misterio : La Ascensión de Nuestro Señor Jesús

                                              

La Ascensión del Señor es el último episodio que los Santos Evangelios nos narran. Es la despedida que Jesús hizo a sus discípulos a los que había  acompañado  espiritual y físicamente después de su gloriosa Resurrección. Sólo se mostró el Señor resucitado a los que habían creído en Él, solamente a los que le habían seguido. Para ellos fue un honor el reencontrarlo como triunfador sobre le muerte y poder recibir sus últimos consejos para la salvación y para la realización del apostolado que habría de consagrar el mundo entero a Dios, a través de la nueva Iglesia, la esposa de Cristo.
Admirable Ascensión al cielo, sin ayuda de ángeles, ni de carros de fuego, sino por su propia fuerza divinidad y ligereza, la que recuperó en el momento de su Resurrección a la vida tras el sacrificio del Calvario.  Los apóstoles miraban asombrados cómo se perdía en las alturas, hasta que oyeron las voces celestiales de dos Ángeles que les bajaban sus ojos a la tierra y  les recordaban que al Paraíso tan sólo se llega ganándolo día por día, escuchando e imitando a nuestro Redentor.
Pienso con qué anhelo esperaría Cristo el momento del abrazo al Padre y al Espíritu Santo con los que se uniría de nuevo. !Retornarse en cuerpo, alma y divinidad a la compacta Trinidad.¡ !Qué instante de eterno placer y alegría: presentarse en su casa con su misión bien cumplida¡. !Qué enorme satisfacción la de un Padre el ver regresar a su Hijo victorioso en la vida y en la muerte¡.
Siempre he pensado que la Ascensión de Cristo es algo así como  la Eucaristía para el seno del Padre. Así el Padre en el Cielo se unió en Comunión, como nosotros podemos hacer, con el cuerpo resucitado y triunfante de su Hijo. 
 !Y qué gozo para el mismo Amor mutuo integrado en el Espíritu Santo¡. La Vida se renovaba  en el Dador de la propia Vida.  Era el momento eucarístico y eterno de la Santísima Trinidad.
 Si eres una persona de Comunión, que recibe el Cuerpo y la Sangre del Señor con fe y devoción, lo podrás fácilmente llegar a comprender: Cristo, Verbo divino, en el Padre y en el Espíritu Santo,
 dejaba tras de sí una escalera por la que todos los demás hombres redimidos, si perseveramos en el bien, podremos ascender también al Cielo. Cristo completó en verdad la escala de Jacob en su Ascensión al Cielo. Ahora ya no sólo ascienden por ella Ángeles, sino que también lo hacen todos los seres humanos que murieron amando al Señor.
 !Que alegría para el Cielo entero, el dejar, ya de una vez abiertas las puertas de la salvación para que  todo justo, hombre o mujer, pueda subir a Él¡. 
Que a Él  también todos  ascendamos ayudados por nuestro querido compañero de la vida: nuestro  Ángel Custodio, ese Ángel querido que no nos abandonará mientras vivimos, ni tras la puerta de la muerte, cuando nos transporte en sus brazos hasta el Cielo. 
Que así sea y también recibamos de Dios su abrazo de Comunión y Bienvenida eterna.

Jonás .-


                                        Tercer Misterio : La Venida del Espíritu Santo



Antes de meditar sobre este misterio es necesario conocer qué nos dice la fe y la teología sobre el Espíritu Santo.  No es fácil para el hombre el discernir o asimilar las verdades que Dios nos ha revelado a través del Antiguo y Nuevo Testamento. No lo comprenderemos con la razón pero sí con el corazón. Lo resumiríamos así: el Padre engendra al Hijo  a través de toda la eternidad y estos se aman, siendo infinitos, con idéntica magnitud. Ese Amor ilimitado que nace de  ambos, por razón de su dimensión infinita y por ser precisamente amor, engendra de su propia naturaleza divina otra Tercera persona que se une a las dos primeras  desde antes de los tiempos  y para siempre en lo que son: Trinidad de Amor Puro.
Es el Espíritu Santo, algo así como el cemento que une dos ladrillos con tal fuerza que nosotros no podemos verlos más que como un sólo ser, un sólo Dios infinitamente bueno que es familia,  que es amor y  que es unidad. 
Analizar es descomponer una cosa en sus componentes con el fin de estudiarla, para  incluso poder variarla en algo. No intentemos analizar ni comprender  a Dios, porque sus componentes son de infinita grandeza y los de  nuestra mente son muy limitados. El Espíritu Santo, ese cemento de Unión divina,  impedirá su separación para poder analizarlos, tal como hacemos con las cosas de nuestro mundo :  Dios es amor y tan sólo el amor servirá y bastará  para conocerle por completo.
  
El Génesis nos dice que durante la Creación el Espíritu de Dios volaba sobre las aguas. El Amor de Dios se fijó en ellas para crear la vida. A lo largo de la evolución del cosmos, Dios se esmeró en colocarla como  una obra ordenada, coherente y eficaz, y a través de la historia humana, también el Espíritu Santo sopló su  inspiración a todos los hombres  para ser  justos y sabios. Y cuando vino Cristo al mundo atrajo para adorarlo a pastores y a reyes que le hacían ofrendas y que bendecían su nombre, como Rey y como Dios.
 La vida de Jesús está llena de la influencia del Espíritu Santo que lo guiaba en el cumplimiento de su obediente proyecto de Redención. Al final de su vida pública, el propio Jesucristo dice a sus discípulos, "conviene que Yo me vaya para que pueda venir a vosotros el Espíritu Consolador". Y así lo hace el soplo de amor divino cuando se deposita en los apóstoles reunidos junto a  María, la Madre de Jesús, y reparte entre todos los presentes sus incalculables dones de lengua, de comprensión y de colaboración. A nosotros se nos regala el Santo Espíritu de manera fundamental en los sacramentos del Bautismo, de la Confirmación y de la Unción, no quedando ausente en los demás vínculos divinos, como de cualquier buena obra que podamos realizar, que siempre será, sin duda,  una sugerencia suya, al igual que todo arrepentimiento de faltas cometidas, a las que también acompaña de "gemidos inenarrables”.  Éstos proceden del Espíritu Santo, que nos acerca al Hijo y al Padre para pedirles perdón.  Él  es quien también  inspira nuestra veneración hacia  la Virgen María, y el reconocimiento humilde de todos los Ángeles y de todos los Santos.
Luis M. Martínez, arzobispo de Méjico decía en su magnífico libro sobre el Santo Espíritu que éste es como un escultor que llevábamos muy dentro de nosotros trabajando y tallando sin cesar una determinada obra en nuestra propia  madera, por cierto bien nutrida de defectos, nudos y difíciles oquedades.  Éste Espíritu se esfuerza en conseguir una sola figura en cada uno de nosotros: la faz de Cristo. Todo ello sin llegar a ser descubierto por nuestros ojos, ya que al Espíritu Santo no le gusta en absoluto exhibirse. Es que desea que el protagonismo sea tan sólo para Dios Padre y para  Dios Hijo. En cada uno de nosotros va realizando un retrato, una instantánea de la vida de Cristo, para que entre todos los miembros de la humanidad se pueda formar un inmenso cuadro, aunque nosotros seamos  ínfimas teselas.  Es la imagen de la esposa de Cristo, de esta iglesia que hacemos entre  todos. El artista nos va dando sus grandes dones y sus frutos numerosos, y no todos juntos a la vez, sino por separado, poco a poco, para con ellos cumplir en nuestra carne todas las Bienaventuranzas.  Con ellas, Cristo algún día, nos ha de  llamar benditos
¿Qué más puedo decir del Espíritu Santo? :  Que le imploremos, que le hagamos con humildad  un altar dentro de nosotros mismos, como San Pablo  recomendaba. Que escuchemos sus consejos y que le pidamos confiadamente  prudencia y  fuerza para nuestros combates. Así algún día nos unirá con Él y con la propia familia divina, y después nos volverá a dar, al igual que dio al Cuerpo de Cristo: la Vida Eterna.


Jonás .-




     Cuarto Misterio : La Asunción de Nuestra Señora a los Cielos


                                             

En todos las obras de arte en que se representa a la Virgen María, los artistas la han plasmado como una mujer joven, bellísima y radiante. Y así es y será su imagen real por la Gracia de Dios; pero hemos de pensar que La Santísima Virgen, aunque no estaba sujeta al pecado de Adán, sí se vio sujeta a la contingencia humana en toda su profundidad. También, como todos nosotros, tenía que trabajar para vivir,  gastando en ello toda  su energía. Y sufrió la mayor prueba de fidelidad ante el inmerecido dolor que tuvo al presenciar de cerca todos los sufrimientos de la Pasión y Muerte de Jesús, su hijo, al que amaba con todo su corazón, sabiendo que era hombre y a la vez era Dios.
. Es bueno tener también presente la figura de una Virgen María que  como cualquier otro mortal se iba envejeciendo, tal como la vería el apóstol San Juan. Este discípulo y Ella  estaban unidos en un parentesco real por  una de las las últimas  frases de Nuestro Señor en la Cruz: "Madre ahí tienes a tu hijo;  hijo, ahí tienes a tu madre.", eran pues, una madre y un hijo mutuamente adoptados.
 El corazón de aquella mujer seguía siendo muy grande, porque todo lo guardaba en él e iba lleno de  vida, de amor y de servicio.  Cuando sus fuerzas físicas le fueron fallando continuó amando a Dios y a todo el género humano, manteniendo, como siempre su oración constante.  Esta es una actitud de luz para todos nosotros que atravesamos la tercera edad, un maravilloso camino marcado por la Madre perfecta: la adoración al Señor, la oración para nosotros mismos, por el prójimo y en agradecimiento por tantos bienes recibidos y otros tantos prometidos.  Nunca temió María la llegada del fallo físico ni del dolor ni de la muerte. Ya había sobrepasado junto a Jesús en el Calvario toda la máxima experiencia que se puede llegar a tolerar, de manera que para Ella el óbito era simplemente la puerta que, abierta, la permitiría volver a estar con su familia divina. Narran los apóstoles que muy avanzada su vida cayó en un profundo sueño y, creyéndola  muerta, la introdujeron en la  sepultura.  Cuentan que Tomás ese día tampoco estaba y a la siguiente jornada exigió ver de nuevo a María para despedirla. Ocurrió que al abrir el recién cerrado féretro no encontraron cadáver alguno, por lo que creyeron había ascendido al Padre, pues persistía en el lugar un suave y muy grato olor que no cesó allí durante unos meses, certificando su Santidad.  Todos los Ángeles juntos, sin duda,  la habían transportado al Cielo, donde había de ser coronada.

  Ojalá también pudiéramos seguir el ejemplo de María, siempre unidos a Cristo, y si no con un grato olor de santidad como ella, sí dejando un buen recuerdo en todos nuestros descendientes.


Jonás .-




    Quinto Misterio : La Coronación de María como Reina de la Creación

                                          



La persona más santa y más buena, la persona elegida para sentarse a la derecha del Cristo  es María, la que se ganó su puesto de Madre de Dios con ejemplaridad sin par. Ni Abraham, ni José, ni Santiago, ni Juan, ni Elías , ni Isaías , ni Moisés, ni apóstol alguno....  la mejor fue sin duda alguna: María.
 Porque antes y después, de ser  Madre de Jesús fue quien cumplió mejor y fielmente la voluntad de Dios, Ella fue quien sufrió presencialmente y con más violencia los dolores y las pruebas de su hijo Jesucristo. Ella fue la que amó a Jesús más y mejor entre todos los seres del Cielo y de la Tierra.

Coronación de María. 
 ¡Qué envidia para los ángeles caídos..! !Qué noble alegría  para los fieles y santos Ángeles¡.  María, sin ser la más sabia, sin ningún poderío, sin dinero, sin ser fundadora de ningún movimiento religioso, sin apenas hablar en público, sin el final de un  glorioso martirio y sin embargo, aún así:...   es la Primera en Todo.   Ella fue portadora de la virtud más importante para el Todopoderoso: la Sencillez o Humildad.
 Siendo Dios humildad pura, quiso para sí una Madre a su propia medida y por ser María  la antítesis de los ángeles infieles y soberbios, mereció ser la criatura  más próxima al Creador,  mereció ser su Madre Santísima. Y por eso ella es nuestra mejor y más valiosa ayuda para vencer al maligno y para obtener del Señor cualquier cosa que necesitemos o le pidamos, naturalmente con su docilidad y con su amor.
Nosotros, desde el mundo, también nos alegramos en ella y la felicitamos por ser la persona más perfecta de toda la Creación y  la repetimos constantemente en cada Ave María: "Llena de Gracia", y "Bendita entre todas las mujeres" . Ella, pese a recibir tantísimo piropo constante que brota del corazón de cada cristiano, ni se afecta, ni se  gloría, sino que siempre repite: "He aquí la esclava del Señor"
Cuando se abrió el Cielo en la Asunción de María, tras su muerte,  flotaban en el techo del firmamento, allá en el Cielo, tres títulos  luminosos bordados de estrellas : 
"La mejor  de las hijas",   La mejor  de las madres" , "La mejor de las  esposas" 
 
 Se hallaban  escritos por los dedos de la Trinidad Santísima. ¿Quién podría dar más..?  
Pues aún he de descubrir algo que hace temblar nuestro entendimiento : Aunque todos los millares de ángeles y de hombres dotados de libre albedrío,  hubiésemos sido infieles a Dios, la Creación hubiera resultado gratificada por la enorme grandeza de una sola criatura fiel y humilde:  María.   Afortunadamente para todos, además  hay muchos Ángeles y Santos que giran como planetas en torno de Dios y de su Madre, porque Ella  es el arca santa de la Trinidad, o sea : un cielo dentro del Cielo.

Pero tenemos nosotros  una corona más que depositar en las sienes de María  : la corona íntima de ser nombrada, por voluntad de Cristo, nuestra Madre, la de todo aquel que la ame y que se atreva a hablarla familiarmente, como a la persona que le dio la Vida.

Una madre es algo muy especial. Una madre llena completamente nuestra infancia y juventud. Con su cariño consolida nuestra madurez y con su recuerdo llena de esperanza y serenidad nuestro declinar por la vida.  Y la Virgen María, que es Madre nuestra, repito, por voluntad de Cristo, también nos llena de consuelo y de alegría, porque se halla  siempre a nuestro lado. Además puede conseguir, siendo la Madre de Dios, todo lo que necesitemos para nosotros, a quienes nos quiere como sólo puede hacerlo el corazón amoroso de una  verdadera madre..
Para rezar a Dios quisiéramos tener la humildad de María, quisiéramos tener su don de servicio, pero no es así. Por eso hemos de tenerla a ella  como intercesora para que, a través de sus manos santas, nuestra oración suba como incienso ante el Señor y de esta manera le pueda ser muy agradable.  Desde ahora llamémosla como cuando éramos pequeños:  mamá, porque realmente es nuestra  MADRE DEL ALMA. Así depositamos en sus sienes esa corona que dice:.
"Dulce corazón de María, sed la salvación mía"
Y acuérdate también, Virgen María, de la madre que nos trajo al mundo, la terrenal, aquella de cuyo vientre salimos, porque  también ella es hija tuya y  muy querida por ti.


Jonás .-


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