martes, 20 de enero de 2026

"EL CORDERO DE DIOS..."

 "EL CORDERO DE DIOS..."


"....Que quita el pecado del mundo" : Así fue la definición de San Juan Bautista hizo de nuestro Señor Jesucristo.  Hay que tener en cuenta que el Bautista procedía de una familia  de sumos sacerdotes judíos. Su padre ejerció como tal en el templo de Jerusalén y bien conocía el valor de las ofrendas a Yahvé para  llegar a conseguir el perdón de los pecados cometidos. La Biblia nos recuerda continuamente cómo Abel y Caín,  los hijos de Adán y Eva, ofrecían sacrificios de animales para solicitar el perdón de Dios.

 A Abraham Dios le pidió que sacrificara a su querido hijo unigénito Isaac para su alabanza y éste , inocentemente preguntaba al Padre cuando obediente iba a cumplir dicho sacrificio: "Padre, tenemos la leña y la yesca para quemarla, pero nos falta la ofrenda", a lo que Abraham contestó: "Dios proveerá".. Cosa que, en verdad,  fue hecha por el Creador apareciendo  una chiva con las  astas enredadas en una zarza para poder realizar dicho sacrificio. Tras esta prueba Dios bendijo a Abraham con una descendencia ingente  por su total y absoluta obediencia y confianza  hasta el extremo.

  Los sacerdotes casi siempre utilizaban el cordero como animal de ofrenda , ya que era animal costoso, y a la par dócil. El sacrificio en el Templo debía de ser total, es decir hasta dejar al cordero reducido a cenizas. Solamente en casos de sacrificios numerosos , como lo era el caso de la celebración de la pascua, en la que lo realizaba cada familia en su casa, era parcial acabando en la ingestión de la carne de dicho cordero con sumo respeto para así celebrar la liberación de Israel. 

Nuestro Señor Jesús, siendo el Verbo divino, con la complicidad del Padre y del Espíritu Santo quiso  conseguir el perdón para el género humano pecador y se hizo hombre encarnándose en el seno de María,   " la mujer llena de gracia" . De este modo sabía que podía instruirnos con su doctrina cristiana, ayudarnos con sus milagros inauditos y perdonarnos nuestros pecados, como el cordero o el sacrificio humano que Él  era ante el Padre. Ambas cosas, Sustento y Perdón, nos las remataría en la Última Cena ofreciéndonos  su Cuerpo y su Sangre como alimento de vida eterna y profiriendo después  desde la Cruz aquel grito de  : "Padre, perdónales, porque no saben lo que hacen", gemido que consumó su Redención hacia nosotros, libres ya del pecado original por el agua de su Bautismo y perdonados, tras el arrepentimiento de todo pecado voluntario, por su sangre derramada en la Crucifixión.

De ahí el inconmensurable valor de la Eucaristía como sacrificio en el que Jesucristo, el Cordero de Dios, se ofrece cada vez  por nosotros y el valor infinito de la Comunión de su Carne y de su Sangre en el Pan y en el Vino Consagrados participando de la Misa, la Pascua bendita que nos ha de liberar de la muerte eterna,  transformándola en felicidad y amor para siempre.


Jonás  Enero 2026.


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