El PECADO, LA CULPA Y LA PENA.-
Lo primero arrastra a lo segundo y a lo tercero. Es una ofensa contra Dios, nuestro Creador que nos ha dotado de su propia facultad, el mayor don que existe y rebasa los límites del universo material y espiritual: el don del libre albedrío. Él nos hizo soberanos para escoger entre la obediencia a sus leyes o la infiel inobservancia de las mismas. Nos hizo tan libres como Él mismo y deseó probarnos para ver si somos dignos de perpetuar para siempre en nuestra vida la libertad de los justos.
La realidad es que somos hijos ingratos que con mucha frecuencia vendemos a nuestro Señor por un plato de placer. Con ello surge la Culpa, maldita compañera que nos separa de nuestro Padre y de nuestro destino gozoso. Adosada va la pena exigida por la Justicia Divina. Así que en verdad el acceso a pecar, sus culpas y sus penas nos van a acompañar con frecuencia el resto de nuestra vida.
Dios tuvo misericordia de nosotros y nos mandó a su Hijo que se hizo Hombre como somos, vivió en nuestro mundo compartiendo nuestro cansancio, alegrías, dolor y dura muerte para marcarnos el camino de la salvación. Nos instauró nuevamente la vida mediante su presencia sacramental y espera que aprovechemos su enorme sacrificio en bien nuestro.
Ante el pecado grave el único remedio es la Confesión sacramental, o el acto perfecto de contrición si ésta nos es posible. Ante el pecado leve también el perdón es la Confesión que da consejos curativos y el sacrificio con la intención de superar para siempre nuestras faltas.
Pero uno y otro, aún perdonados por nuestro Dios, si no existe una verdadera y estable enmienda, dejan pendiente una pena que cumplir. Aquí entra la amenaza del Purgatorio, un lugar para enmendar nuestra propia voluntad tan débil que arrastra adheridas numerosas inperfecciones: egoísmo, pereza, comodidades, engreimiento, violencia, etc. Por todo ello se ha de pagar hasta el último céntimo de la deuda y esto es un verdadero purgar a un organismo enfermo.
La pena de Purgatorio se aminora o elimina con sacrificios y con oración. Aquí nace el interés que puede tener para nosotros la posibilidad de Indulgencias, sean parciales o totales. Aprovechemos la ocasión de poder aplicar indulgencias parciales y totales por las almas que en este momento se encuentran en el Purgatorio y liberadas de él serán nuestras abogadas que intercederán de la misma manera hacia la resolución definitiva de nuestras pendientes penas.
En resumen ante el Pecado tenemos tres armamentos: La Confesión que nos libera de la miserable Culpa y la Enmienda total definitiva con Intercesión por otras almas en el Purgatorio. que nos pueden librar de purgar las penas adquiridas.
Aprovechemos siempre la ocasión Sacramental y la oración que indulta a unos y a otros.
Jonás Marzo 2026
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