martes, 18 de agosto de 2026

LA SALVACIÓN.-

 LA SALVACIÓN.-


Puede ser de problemas pequeños o de problemas grandes y por ello la salvación puede ser de muy diversos valores. Siendo la vida el más importante de todos nuestros tesoros queda claro que en esta ocasión nos referiremos a la salvación de nuestra existencia como nuestra mayor necesidad.

Aunque cualquier persona por sí sola tiene medios de protegerse a sí misma, es en la colectividad donde tiene más posibilidades de supervivencia. Esto nos lo enseña la madre naturaleza que nos muestra a los seres más lábiles cómo persisten en grandes agrupaciones cual es el caso de ovejas, cabras, ciervos,  o bisontes en manadas  y cómo muchos miles de peces de la misma clase en unen en cardúmenes o miles de pájaros en bandadas. En el reino vegetal se protegen sus frutos por la altura de las ramas de los árboles de los que penden o por la presencia de espinas protectoras pero es de mencionar que la más deliciosa de todas las plantas: la uva, no requiere de tales protecciones y nos muestra cómo defiende a sus dulces granos colocándoles en grandes racimos  bien apelmazados. 

Igual ocurre en el hombre en la defensa de sus dos componentes: el cuerpo mediante la reunión material con otros para su seguridad y bienestar en ciudades con todo tipo de comodidades, y el alma en los templos o monasterios, donde se reúnen las personas para adorar y rezar  unidas ante nuestro Dios y también disfrutando de numerosos confortamientos espirituales, esos que nosotros llamamos sacramentos.

Adjunto un breve vídeo donde se ve claramente como en una situación de grave peligro las personas se unen para protegerse de cualquier mal, e incluso  se abrazan para no perecer , como se ve en esta filmación tomada en plena calle de una ciudad de Colombia durante el duro terremoto que sufrió dicho país en Agosto de 2026, en el que tiembla violentamente el suelo de la calle de una ciudad y la gente se abraza para no caer en quien sabe dónde..



Un viejo amigo mío, al final de su vida también me decía sobre la oración  y la alabanza a Dios, el que éstas se deben de realizar fundamentalmente en conjuntos o racimos de personas, porque así nos hemos de presentar al Señor. El individualismo en el apostolado no tiene rédito, pero en la familia, en las escuelas, en las iglesias en cualquier centro de población es donde puede reportar grandes frutos. Mi amigo me decía que al final tan sólo  nos podremos salvar en racimos, tal como las uvas, y.....  creo que tenía mucha razón. Aprovechemos cada ocasión social : aniversarios, felicitaciones navideñas, felicitaciones onomásticas o de cumpleaños, reuniones sociales, etc,  para dejar expandir del alma, si en Gracia la tenemos, ese buen olor de Jesucristo que en ella habita y manda que nos amemos los unos a los otros. Así, seremos un racimo selecto para Dios y ovejas para el redil del Buen Pastor, su Hijo amado. 


Jonás   Agosto 2026


jueves, 6 de agosto de 2026

LA LUZ, SOMBRA DE DIOS

 

 LA LUZ, SOMBRA DE DIOS


Con esta frase el gran físico Albert Einstein definió a la naturaleza divina con su principal cualidad y característica: la Luz. Educado en el judaísmo bien conocía el Antiguo Testamento en el que se anuncia que la primera obra del Dios Creador fue la Luz. Su valor fue conectar con ello sus conocimientos como gran investigador que fue.

Existe una página en el Evangelio en la que Cristo, con Pedro y Juan, subió al monte Tabor.  Llegado a su cumbre Jesús comenzó a orar al Padre, se aparecieron Elías y Moisés que hablaban con Él  y sus ropas empezaron a emitir una luz deslumbrante, cosa que llamó poderosamente la atención de Pedro que simultáneamente comenzó a decir : "Qué bien estamos aquí, levantemos tres tiendas, una para Jesús, otra para Elías y otra para Moisés...." (Lucas 9 , 28-36).   Quedaron unidos en sus mentes aquellos intensos destellos que procedían de Jesús con la enorme felicidad que les impulsaba a trabajar el levantamiento de 3 tiendas que no eran para ninguno de ellos. Acababan de contemplar la belleza de Dios.

Los teólogos, por el testimonio del Antiguo y Nuevo Testamento nos dicen que la felicidad plena, el máximo Bien, el Tesoro Máximo esa: la Contemplación de Dios. Es algo que el ser humano, por tener en su composición  generalmente un porcentaje más animal que racional, no llega a valorar en su importancia. Mientras vivimos nos hallamos vibrando en múltiples aflicciones, preocupaciones, temores, peligros y carestías que nos hacen desconocer el valor de lo que puede llegar a ser el total Conocimiento de nuestro maravilloso Dios Padre, quien nos hizo a su imagen y semejanza y entregó  para nuestra salvación a su querido Hijo que llegó a dar su vida para nuestra salvación con el Amor del Espíritu de Dios que inspiró todos estos hechos.

 Comencemos, pues , a contemplar a Dios en su Bondad, Misericordia y Grandeza, y, sin llegar a darnos cuenta, llegaremos a sentirnos totalmente felices.


Jonás - 6/8/2026 - Fiesta de la Transfiguración del Señor.

lunes, 3 de agosto de 2026

SOBRE EL INFIERNO DEL ODIO.-

 SOBRE EL INFIERNO DEL ODIO.-


Igualmente que en Física decimos que el frío no existe, ya que simplemente es la falta de calor, en psicología podríamos decir que el odio no existe, y que tan sólo es la falta de amor. Pero no es así : el odio sí que existe, se enciende y calienta al alma quemándola hasta el punto de destrozarla y arruinarla, pero no puede destruirla, porque que el espíritu, por su naturaleza, es inmortal.

 Dios no odia a nadie. Su Libre Albedrío le permitiría realizar cualquier cosa buena o mala, pero Él elige siempre la primera y así su libertad y voluntad se mantienen desde la eternidad íntegras, fuertes y positivas.

Cada hombre, al igual que cada ángel,  hechos ambos a imagen y semejanza del Creador, también ejercen su libre albedrío y si han obrado por amor a Dios o al prójimo, sus libertades se mantienen y multiplican, pero si han realizado sus actos por interés propio, es decir por amor o adoración a sí mismos, entonces lo que invade sus almas no es el amor sino el odio imparable hacia todo aquello que no sean sus propias personas..

El odio es un fuego que comienza despacio, pero como el incendio se acelera con el viento, su calor arremete en el alma consumiendo el amor, ese bien para el cual está construída. 

Así es el infierno : el doloroso quemazón de las almas que no encuentran el amor para el que fueron hechas y se ven inundadas del viento del odio que quema, que enloquece y que inhibe la voluntad buscando alivio en desear todo tipo de males a los demás, sean vivos o muertos, de la Tierra o del  Cielo.   Amándose tanto a sí mismos esos desgraciados llegan a odiar irracionalmente a Dios, que los hizo para amarle y de esta manera en vez de placer obtienen el malestar como un prurito doloroso e  invencible.

Allí, en el Infierno nadie ama a nadie, todos se odian entre sí, y todos tratan de calmar su daño aumentándolo en los demás.  Si pidieran perdón al Señor, nuestro Dios, serían salvados por su Misericordia Infinita, mas sus almas prefieren no hacerlo porque no pueden dejar nunca de odiarlo. El odio es para ellas su Dios y un ángel caído llamado lucifer trata de aparentar su papel divino, pero nadie es engañado y todos continúan odiándole y matándose, eso sí, sin llegar a eliminar a nadie, ya que el verdadero Dios los hizo desde un principio inmortales. Por esa razón las penas del Infierno son eternas.

Esa es la frontera del Infierno que es inexorable (Parábola del Rico Epulón) , como lo es la voluntad de los ángeles y hombres caídos en el egoísmo y la soberbia, que se han atrevido a odiar a Dios, que los creó para el Amor.  

 !Sin rencor alguno, Dios permite ese Infierno que autoconstruye cada alma perdida para no cesar en su rencor contra Él, quien  es el único Bien Supremo.¡

El odio es violencia y Dios no es así.    Alguno dirá que Jesucristo fue violento, pues expulsó con un látigo a los profanadores del Templo de Jerusalén que habían hecho de él un nido de ladrones y derribó por el suelo sus mesas y sus monedas.  Pero, lo cierto es que a ninguno agredió con dicho látigo. La cosa no pasó de simple amenaza para hacerles dejar de profanar la casa del Señor. También Jesucristo, el que resucitó muertos y curó enfermedades, pudo haberlos dejado bobos o paralíticos, pero ni tampoco eso quiso hacerlo. Dios si castiga, lo hace sin rencor, como Juez admirable que es y no se complace en el mal de nadie. 

A veces nos prueba con enfermedades o con desgracias, pero no es por castigo, sino para purificar nuestra alma y para encauzarnos hacia el Cielo.    Si así no lo entendemos es simplemente porque amamos la violencia y la deseamos, inventando a un Dios de la Ira, con venganzas,  para justificación de nuestros rencores y de todas nuestras pendencias.   

El Infierno no tiene barrotes de prisión, éstos tan sólo los coloca el rencor. 


Jonás _ 3_Agosto _2026