lunes, 3 de agosto de 2026

SOBRE EL INFIERNO DEL ODIO.-

 SOBRE EL INFIERNO DEL ODIO.-


Igualmente que en Física decimos que el frío no existe, ya que simplemente es la falta de calor, en psicología podríamos decir que el odio no existe, y que tan sólo es la falta de amor. Pero no es así : el odio sí que existe, se enciende y calienta al alma quemándola hasta el punto de destrozarla y arruinarla, pero no puede destruirla, porque que el espíritu, por su naturaleza, es inmortal.

 Dios no odia a nadie. Su Libre Albedrío le permitiría realizar cualquier cosa buena o mala, pero Él elige siempre la primera y así su libertad y voluntad se mantienen desde la eternidad íntegras, fuertes y positivas.

Cada hombre, al igual que cada ángel,  hechos ambos a imagen y semejanza del Creador, también ejercen su libre albedrío y si han obrado por amor a Dios o al prójimo, sus libertades se mantienen y multiplican, pero si han realizado sus actos por interés propio, es decir por amor o adoración a sí mismos, entonces lo que invade sus almas no es el amor sino el odio imparable hacia todo aquello que no sean sus propias personas..

El odio es un fuego que comienza despacio, pero como el incendio se acelera con el viento, su calor arremete en el alma consumiendo el amor, ese bien para el cual está construída. 

Así es el infierno : el doloroso quemazón de las almas que no encuentran el amor para el que fueron hechas y se ven inundadas del viento del odio que quema, que enloquece y que inhibe la voluntad buscando alivio en desear todo tipo de males a los demás, sean vivos o muertos, de la Tierra o del  Cielo.   Amándose tanto a sí mismos esos desgraciados llegan a odiar irracionalmente a Dios, que los hizo para amarle y de esta manera en vez de placer obtienen el malestar como un prurito doloroso e  invencible.

Allí, en el Infierno nadie ama a nadie, todos se odian entre sí, y todos tratan de calmar su daño aumentándolo en los demás.  Si pidieran perdón al Señor, nuestro Dios, serían salvados por su Misericordia Infinita, mas sus almas prefieren no hacerlo porque no pueden dejar nunca de odiarlo. El odio es para ellas su Dios y un ángel caído llamado lucifer trata de aparentar su papel divino, pero nadie es engañado y todos continúan odiándole y matándose, eso sí, sin llegar a eliminar a nadie, ya que el verdadero Dios los hizo desde un principio inmortales. Por esa razón las penas del Infierno son eternas.

Esa es la frontera del Infierno que es inexorable (Parábola del Rico Epulón) , como lo es la voluntad de los ángeles y hombres caídos en el egoísmo y la soberbia, que se han atrevido a odiar a Dios, que los creó para el Amor.  

 !Sin rencor alguno, Dios permite ese Infierno que autoconstruye cada alma perdida para no cesar en su rencor contra Él, quien  es el único Bien Supremo.¡

El odio es violencia y Dios no es así.    Alguno dirá que Jesucristo fue violento, pues expulsó con un látigo a los profanadores del Templo de Jerusalén que habían hecho de él un nido de ladrones y derribó por el suelo sus mesas y sus monedas.  Pero, lo cierto es que a ninguno agredió con dicho látigo. La cosa no pasó de simple amenaza para hacerles dejar de profanar la casa del Señor. También Jesucristo, el que resucitó muertos y curó enfermedades, pudo haberlos dejado bobos o paralíticos, pero ni tampoco eso quiso hacerlo. Dios si castiga, lo hace sin rencor, como Juez admirable que es y no se complace en el mal de nadie. 

A veces nos prueba con enfermedades o con desgracias, pero no es por castigo, sino para purificar nuestra alma y para encauzarnos hacia el Cielo.    Si así no lo entendemos es simplemente porque amamos la violencia y la deseamos, inventando a un Dios de la Ira, con venganzas,  para justificación de nuestros rencores y de todas nuestras pendencias.   

El Infierno no tiene barrotes de prisión, éstos tan sólo los coloca el rencor. 


Jonás _ 3_Agosto _2026

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