martes, 20 de agosto de 2024

 Los SACRAMENTOS.-


No es fácil la definición de los Sacramentos para un católico. Se suelen definir como signos realizados por Jesucristo que la Iglesia repite para bien de la Salvación de las almas. En ello se diferencian de lo que llamamos Sacramentales, que son ritos o actos introducidos por la Iglesia a lo largo de su historia..

Con un  un pensar más profundo habría que declarar que dado que  Jesucristo es Dios sus actos delataban la presencia real del mismo ser Divino que actuaba presente  por amor, poder e interés para la salvación espiritual y corporal de los hombres. Así es fácil descubrir que no se trata de imitar un signo o acción ya realizada, sino de volver a invitar la  presencia ante nosotros del propio Dios para hacernos el  bien, utilizando a través de su inmerecido amor, su inmenso  poder. Así pues definiremos felizmente a los Sacramentos como presencias verdaderas del Dios vivo entre nosotros. 

Es bueno reparar como Jesucristo, quien tanto bien realizó a lo largo de su vida, vuelve a llevarlo a cabo, presente en múltiples momentos de la nuestra. Así pues hemos de reconocer al verdadero Sacramento como un auténtico milagro hecho por nuestro Señor, acompañándonos acá,  para nuestro más profundo bien.

Son siete los Sacramentos a recibir por el ser humano, unos infieren don, otros infieren salud, paz y bienestar, pero se puede decir que todos ellos operan un cambio sustancial en la esencia humana.

El Bautismo nos hace verdadero hijos de Dios, quien repite para cada  uno de nosotros, como con Jesús al borde del río Jordán, "este es mi hijo muy amado en quien me complazco".

La Confirmación que se aplica a partir del uso de razón en los niños ya bautizados con la imposición de manos, tal como lo hizo Jesús con los niños a quienes abrazaba con sentimiento, amor profundo que no era más ni menos que su Espíritu Santo, derramándose sobre esas criaturas.

La Unción de los enfermos que tantas veces Jesús aplicó para curar enfermedades  y para expulsar demonios y que los apóstoles aplicaron a moribundos para su bien corporal y espiritual.

La Penitencia, el perdón de los pecados que Cristo aplicó a muchos que curaba milagrosamente, asombrando además  a todos los presentes con un perdón de los fallos del propio enfermo, que tan sólo Dios podía realizar.

La Comunión, su íntima presencia para todo aquel que en Él crea y desee saborear su presencia real en su cuerpo, sangre, alma y divinidad. Es el verdadero Sacramento de los Sacramentos, Presencia total de Cristo unido a nosotros, que requiere nuestra fe y amor totales. Es el Pan de la Inmortalidad.

El Matrimonio, en la que, como en Caná de Galilea, Cristo y su Madre se hallan presentes, y se nos ofrece para acompañar a la pareja siempre uniéndola en el amor y la fidelidad, para darles el fruto inapreciable de los hijos, evitando la extinción del género humano.

El Orden sacerdotal, imitación del designio personal de Cristo, cuya vida estuvo orientada exclusivamente a la salvación de todos los  seres humanos, buscando y formando nuevos testigos portadores del amor de Dios.

Es de hacer notar que la más breve oración tiene también un alma sacramental, puesto que hace presente a Dios, sea rezando en privado, allá donde nadie te oye, pero sí lo hace el Padre Celestial, o sea entre dos o más  en el centro los cuales  siempre está presente  Cristo.. No la devaluemos por ser más sencilla y discreta porque su eficacia para la salvación es como la de un Sacramento, es decir:  extraordinaria .

Practiquemos con profundo respeto y amor cuantos Sacramentos se hallen a nuestro alcance, según el plan de Dios sobre nosotros, y recemos para que estos se propaguen entre todos los hermanos..


Jonás - Agosto 2024




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