martes, 10 de febrero de 2026

"EN TUS MANOS, PADRE, ENCOMIENDO MI ESPÍRITU"

 "EN TUS MANOS, PADRE, ENCOMIENDO MI ESPÍRITU"


Es la última frase de Jesucristo en su paso por nuestro Valle de Lágrimas.  Muchos cristianos pensamos que es la mejor oración que puede existir para devolver nuestra vida a quien nos la dio, y así es, pero valoremos una previa condición :  la de estar completamente limpios de cualquier falta cometida.  De ahí la necesidad de todos nuestros sacramentos cuando veamos aproximarse el final. 

Cada vez que rezamos el Ave María a lo largo de nuestra vida acabamos mencionando " la hora de nuestra muerte", implorando el auxilio de nuestra Señora, la Madre de Dios. Ella se presentó también ante el Padre con toda confianza y serenidad guiada, al igual que Cristo por el único medio de aproximación hacia Él, que es el Amor.

De no poder encontrar la ayuda sacramental nos bastaría decir en esos momentos, los más trascendentes de nuestra vida,  un : "Porque te amo, Dios, Padre mío, perdona todos mis fallos".

 Así podremos salvarnos para toda le eternidad. 

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