domingo, 30 de junio de 2019

Sobre el dolor

SOBRE EL DOLOR.--



El sentido del esfuerzo, del dolor, de la pobreza, de la espera, de cualquier cosa negativa de la propia vida  se nos escapa a todos los humanos. No así el placer, el bienestar, el poseer, el poder, la salud plena, la belleza, el divertimento en cualquier materia. Esto último  lo recibimos con naturalidad y sin la más mínima pregunta porque no necesita justificación alguna. Aquello otro es algo que nos sabe a injusticia, y nos parece  una prueba de que no podría haber un Dios sobre nosotros, ya que no podría permitir  desgracia alguna.  Nuestra naturaleza es absorber lo bueno y rechazar lo malo y si es posible no depender de nada ni de nadie. No agradecemos nunca  porque todo creemos merecerlo tan  sólo por el  hecho de ser nosotros mismos.
Pero el dolor y el sufrimiento vuelven a insistir una y otra vez . Uno no les encuentra nunca  sentido ni aprovechamiento alguno .
Hasta que te encuentras con la historia de un Dios que se hace hombre, porque el  ser humano  probado en el Paraíso aspiró a  ser igual Dios. Y ese Dios  se nos iguala en Cristo justamente para darnos  motivo y  sentido a todas aquellas cosas  que mencionábamos como negativas: al esfuerzo, al dolor, a la pobreza, a la enfermedad y a la muerte. Nadie en la historia de la humanidad  ha llegado a sufrirlas con la intensidad que Jesucristo  ( "El Hijo del Hombre no tiene donde reclinar la cabeza"), y  resulta que sólo Él tenía derecho y poder para rechazarlas si es que  hubiera querido.
Así y sólo con una lección tan comprometida, de tan noble y generoso  profesor,  nos llega la luz que ilumina el dolor. Así, mirándo al Dios sufriente, en silencio y de cerca, aparece el verdadero sentido de estos aparentes males: Se sufre para ayudar a otros, se sufre para expiar culpas pasadas, y se sufre para completar la pasión y muerte de nuestro Dios que  está probando cada segundo que pasa nuestra fidelidad para entregarse luego a nosotros toda una eternidad .
No olvidemos que si queremos encontrar algún sentido a la vida que se nos ha dado, debemos  realizarla o  asimilarla  junto a Jesucristo que se nos ofrece para acompañarnos y  darnos una vida para siempre. Sin Jesús no existe del dolor sentido ni valor alguno. Con Cristo, el padecimiento  tiene una finalidad,  sirve para mucho, merece la pena. No desaprovechemos la ocasión de marchar junto a Él y desaparecerá el cansancio, la frustración y el agobio.  ¡ Ánimo navegantes.!




«Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré. Cargad con mi yugo y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontraréis vuestro descanso. Porque mi yugo es llevadero y mi carga ligera.». san Mateo 11,28-30

  Jonás  2019

lunes, 17 de junio de 2019

LOS NOVÍSIMOS

Las Postrimerías

Las postrimerías , También llamadas novísimos,  son los últimos estados a los que viene a desembocar la existencia humana. Se denominan :  Muerte - Juicio,   Infierno ,  Purgatorio y  Gloria. Todos bien sabemos que no es frecuente  en nuestra sociedad el hablar  de ellas.   Ignorarlas  es la norma general.  Algunas son cosas que imponen tomas de conciencia y en personas muy sensibles incluso terrores, así que, para nuestra sociedad, es mejor el dejarlos a un lado u olvidarlas. Vivir el hoy con la máxima plenitud sin complicarse la vida,  es lo que erróneamente  se hace.
 Pienso en que con la misma irresponsabilidad pudieran  ocultarse los avisos de peligro en carreteras o los anuncios de enfermedades causadas por el tabaco en las cajetillas de cigarros. ¿No son acaso también cosas que realmente alarman o impresionan.... ?
Nosotros vamos a exponer las verdades en las que creemos sin neurosis, pero también sin censuras.
No podemos caer en la trampa de pensar que nuestra realidad actual va a ser eterna. Es cierto que nuestra experiencia nos presenta y demanda  un relativo bienestar, pero ella es corta e insegura, y por eso mismo deberíamos pensar de vez en cuando el porqué y el para qué hemos sido colocados aquí. No podemos instalarnos en la vida como si ésta nunca se terminase.(Desdichado, quizás hoy te van a pedir cuentas).
 Es más:  nuestra existencia está sobre arenas movedizas y realmente hay que correr para mantenerse, porque el pararse es hundirse en ellas.
En sucesivos capítulo trataremos de meditar sobre cada uno de los novísimos sin perder el sentido de la esperanza que debemos albergar, porque como dijo Jesús: "mi carga es llevadera.".  Con buena voluntad, mediando la infinita misericordia de Dios,  podremos evitar  las postrimerías negativas, o sea : el Infierno. e incluso el Purgatorio.
Yo no soy filósofo ni teólogo, pero necesito respuestas para estos grandes misterios que se que nos  avecinan y éstas que expondré en este blog son las mejores que he encontrado al respecto.

Jonás   2019






INFIERNO

EL INFIERNO O LA MUERTE ETERNA.-


Hoy día nadie quiere opinar con seriedad sobre el infierno, sino es para hacer bromas  o desacreditarlo debido a  las infantiles ideas con las que muchos lo han ido caricaturizando a lo largo del tiempo. Se habla de llamas gigantes, de hornos llenos de monstruos, de seres repugnantes  o de demonios tridentes que debiendo dar miedo sólo sirven de comicidad para acompañar los chistes hechos  sobre el tema.
Que existe un premio o un castigo por la actuación del hombre durante la vida es algo que la razón ha de aceptar si es que se cree en la existencia de Dios, suma en grado infinito de todas las cualidades entre las que destaca  la llamada "Justicia". Esta virtud, cuando procede del hombre, se ejercita de forma  muy imperfecta e incompleta, porque ningún  ser humano conoce realmente a fondo  los hechos realizados por otro, ni su  grado de libertad , ni sus conocimientos,  y por lo tanto no puede  juzgarlo  nunca de forma justa. Es necesario un criterio muy superior y completo que dictamine sobre la conducta humana y sus circunstancias y sólo Dios lo tiene. 
El pecado mortal es un terrible daño : es una ofensa grave a todo un Dios infinitamente bueno y amoroso que se ha encarnado como hombre y  ha dado su vida para salvarnos y evitarnos el castigo que nosotros generalmente  llegamos a merecer.  Imaginemos qué  dolor tan intenso y  nefasto será el del infierno que le hace empeñar y ofrecer su vida a todo un Dios en Jesucristo, para así poder liberarnos a los hombres de un final aún más doloroso. Cuando dudemos del inmenso malestar del infierno, recordemos los sufrimientos monstruosos de Jesucristo en su Pasión y Muerte.  ¿La finalidad de un sacrificio así de grande era tan sólo para salir en unas estampitas  que contemplemos en Semana Santa?

Meditemos  la gravedad del pecado :
¿Pero es que  merece un castigo eterno el pecado mortal?......... 
- Pues sí, veamos porqué :
 No es lo mismo eliminar a una bacteria que a un invertebrado, no es igual  pegar a un perro que a un ser humano, ni es igual insultar a un desconocido que  a tu propio padre. He ahí una escalera de valores, de acciones o de culpas cuyo valor o cuya responsabilidad  radica en  la magnitud y dignidad  del  ser ofendido y no en las del ofensor. Imaginemos que el ser agraviado es Dios, que es infinitamente bueno, amoroso y respetable. El castigo, en justicia, debería  de ser también infinito en este caso, dada la dignidad sin límites de la persona ofendida. Nuestro corazón, está hecho sólo para amar a Dios y estar cerca de Él. Tras la muerte Dios no aleja de sí al condenado, es éste el que voluntariamente se aparta de Él, creando su propia sanción. 
 
 Jesucristo, en la parábola de rico Epulón y el pobre Lázaro, nos habla de la barrera infranqueable  entre el mundo infernal y el mundo celestial, pared hecha y mantenida  por la propia voluntad de los seres que, libremente, se adoraron a sí mismos y giran alrededor de su miseria, para terminar odiando al resto de la Creación.
 Por esta razón en sucesivas ocasiones me he referido al Infierno como la muerte eterna.

 Sin duda alguna, el Bien y el Mal se desarrollan bien a fondo en nuestro mundo, unas veces con conocimiento y otras sin él, escapando generalmente de la justicia humana.
Es necesaria una Justicia que dé a cada uno lo que ha ido trabajando: si predominan las obras buenas o si, al contrario, ha reinado el egoísmo. Dios da durante la vida la oportunidad de arrepentimiento y de perdón, pero en el momento de la muerte, el más importante de nuestra vida (A. Romero), se ha de definir el ser humano: bien, adorando  a  Dios, o mal, adorando su corto ego, que, no satisfecho en sí mismo, arderá eternamente en el odio a todo lo que no sea él mismo..
Mientras vivimos nos debe de guiar nuestra conciencia.  Ésta debe de juzgarse en uno mismo, sabiendo que para cometer un pecado mortal son necesarias tres condiciones: materia grave, pleno conocimiento y completa voluntad al cometerlo.  Por esa razón sólo puede existir , por fuerza, una única valoración  divina  para conocer la verdad absoluta de estas tres condiciones, y así puede dar  a cada cosa su valor y a cada individuo su elección.

No podemos nosotros saber lo que es físicamente el Infierno y sólo podemos  citar lo que las Sagradas Escrituras  mencionan sobre este castigo. 
.. La  mente humana necesita imágenes, no se conforma con  conceptos abstractos. Por esta razón encontramos términos en la  Biblia como : "la gehenna", el "fuego eterno", "el llanto y el rechinar de dientes", etc, palabras a las que tampoco debemos dar un sentido literal . Vemos que el demonio se simbolizaba como una serpiente, más tarde los artistas lo imaginan de muy diversas maneras: como un ángel con alas negras y recortadas, o con un cuerpo de color rojo, o con sendos cuernos en las sienes. Pero todo esto  tan sólo  se trata de pinceladas fantásticas. Debido a no pretender asustar a las personas sensibles es, por lo que hoy día, incluso dentro de la propia Iglesia, se habla  muy poco del infierno. No conviene fomentar serias angustias que sin duda se desarrollarían en seres lábiles o depresivos. Parece mejor, sin duda, el conducir la atención de ellos hacia el premio celestial, que el hacerlo por huida de lo opuesto: el  castigo infernal.
 No obstante, cuando no existe ningún amor en las almas, pudiera al menos resultar preventivo el temor. Como ejemplo práctico podríamos todos comprender que sería nefasto el retirar las negativas señales de advertencia de peligro en el tráfico de las carreteras , pese a que, sin duda alguna, nos tensan al avisarnos  de la posibilidad de un doloroso y desagradable accidente. Eliminar estas señales, por la sencilla razón de que  a algunos les moleste el verlas, facilitaría la desgracia de un percance mortal.  Sin embargo una mente equilibrada y madura debe de conocer toda la verdad sobre todas las cosas, sobre la posibilidad de la vida eterna y la de su opuesta: la del infierno, es decir: la de morir eternamente.

Los teólogos católicos hablan  de dos clases de penas infernales: "la de daño" y " la de sentido"
. La primera de daño: es la de verse separado definitiva y eternamente de Dios, después de haber  contemplado, al menos durante su juicio,  su bondad gratuita e  infinita. .  Así  el alma del condenado,  creada para amar a Dios, habiendo renunciado  voluntariamente a su propia naturaleza, se ve separada de Dios y de todos los hermanos. Triste destino el de verse para siempre separado del amor  y poseído por su carencia de  un  rencor  insaciable hacia Dios, hacia uno mismo y hacia todos los demás. Es fuego   que quema y agota para siempre. Es el odio el único sentir que le queda al condenado para superar el remordimiento, el que le impulsaría continuamente a suicidarse , si es  que pudiera hacerlo. Los médicos sabemos que no hay dolor mayor que el que empuja a una persona deprimida  a acabar con su don más precioso: su propia vida. Pues el odio infernal supera todas sus cotas porque no es solamente un odio a uno mismo, sino además un  doloso odio absoluto a Dios y a todos los hermanos, porque la falta del Amor grabado en el alma en su creación le hace sufrir en el infierno una  eterna lucha de dos opuestos sentimientos: el remordimiento y el odio. Por eso el mal de daño es algo así como un suicidio eterno, porque no es para liberarse, como creían aquellos locos que anularon su vida, sino para encadenarse en el desprecio a sí mismo por haber ignorado y olvidado a Cristo-Jesús, nuestra generosa y verdadera salvación.
  La segunda es la pena de sentido. La vida es sólo maquinaria funcionando en  las manos de Dios. Sin su cooperación continua no hay organización vital, ni hay salud, ni hay bienestar. Es , pues , otra clase de "combustión", la de la enfermedad o de la agonía eterna para un cuerpo tras haber resucitado que no se puede ni  levantar., que no es ni lo que llegó a ser en su peor momento terrenal. También sabemos los médicos que la paz interior es fuente de salud y el pesar interno es fuente de toda clase de enfermedades. Todos lo órganos necesitan para su desarrollo y funcionamiento de una vida interior que dé sentido a sus  propias vidas.  Es la vida del alma , que si está enferma, tras la Resurrección del cuerpo, alterará su sistema nervioso  y éste producirá por todo el cuerpo numerosas alteraciones, dolores y graves fallos de enfermedad orgánica sin posibilidad de curación ni de eliminación por la muerte que ahora sería bien deseada. El cuerpo se manifestaría eternamente con enormes deficiencias e  incluso con monstruosidades orgánicas.
Cristo nos repasa el concepto de la realidad del infierno muy acertadamente en la parábola del rico Epulón y del pobre Lázaro. (Lucas 16, 19-31). Merece la pena releerla y meditarla sin prisas. Muchos cristianos dudan de la existencia del infierno basados en aplicar a Dios un falso "buenismo". Esta lectura les puede abrir los ojos a la realidad, revelada frecuentemente por el propio Cristo, porque en los Evangelios una de las palabras más repetidas es el término:  "Gehenna", es decir : infierno.
Jesús nos habla en aquella página de un  rico llamado Epulón, separado de este mundo y del Paraíso por un abismo infranqueable
 ¿ Creéis que Dios ha puesto a sus Ángeles para vigilar que no se escape condenado alguno ? .-
No, para ello están los demás condenados y  los ángeles caídos, con su odio a Dios y su rencor y desprecio  a cualquier arrepentimiento o signo de amor o compasión para sí mismos y para otros. Todos sufrirán, detendrán a quien esté a su alcance y le harán sufrir todo lo posible  para tratar de amortiguar conjuntamente la quemazón que llevan dentro de sí del rencor eterno a Dios manifestado contra cualquier acompañante. . Así, en el Infierno reina la malvada práctica que también poseen muchas de nuestras prisiones : los malos tratos de unos internos contra otros, creyendo liberarse del dolor al hacer sufrir más a cualquier semejante, sintiéndose así como  jueces  o como diosecillos . 
 Eso es el INFIERNO.  Su llama eterna es el odio, ese picor destructivo que primero arrebata y luego quema, sabiendo... que no sirve para nada y que se instala... para siempre. Su tristeza eterna es la envidia, pues saben que el Bien existe personalizado en Cristo y en todos los justos que le acompañan en el Cielo. Las llamas del odio y de la envidia tratan de apagarse en el el amor a " uno mismo", pero  este noble  sentimiento como empieza termina, porque se sabe bien  que la autoestima depende de la bondad y a ésta el propio condenado ni la cultivó ni la dejó crecer. 

Los sufrimientos inconmensurables de Cristo en su pasión y muerte tienen un sólo  fin: el evitarnos a nosotros un padecer aún mayor todavía.
Dios no puede odiar a nadie, pues es Amor perfecto, pero a quien durante su vida se olvida de amarle y respetarle, pese a tanto sufrimientos de nuestro Salvador divino Jesucristo le dirá: "No te conozco", y  le dejará huir de su Presencia a la eternidad del Infierno.

 Testimonio de Santos y Profetas de la Iglesia.:
"Dios que te creó sin tu aprobación, no te salvará sin tu colaboración" (S. Agustín)
Acórdémonos de la profecía de Simeón, de que "todos han de tropezar en Jesucristo, bien  para salvarse o bien para condenarse." 
"Quien no ama permanece en la muerte. Todo el que aborrece a su hermano es un asesino, y sabéis que ningún asesino tiene vida eterna permanente en él." (1-Juan 3,15). Nuestro Señor nos advierte que estaremos separados de Él, si omitimos socorrer las necesidades graves de los pobres y de los pequeños que son sus hermanos "(Mateo 25, 31-46).

Veamos lo que dice  además sobre el Infierno el Catecismo  :
"Salvo que elijamos libremente amarle no podemos estar unidos con Dios.. Pero no podemos amar a Dios si pecamos gravemente contra Él, contra nuestro prójimo o contra nosotros mismos"
 "Morir en pecado mortal, sin estar arrepentido ni acoger el amor misericordioso de Dios, significa permanecer separados de Él para siempre por nuestra propia y libre elección.. Este estado de autoexclusión con Dios y con todos los bienaventurados, es lo que se designa con la palabra Infierno."

Y nuestros grandes literatos:
 allá van estas líneas de un monje llamado frai - Pedro de los Reyes. _ :

 ¿Yo para qué nací? Para salvarme.

 Que tengo que morir es infalible;

 Dejar de ver a Dios y condenarme

 Triste cosa será, pero posible.
 

 ¡Posible...! ¿y río y duermo  y quiero holgarme?

 ¡Posible...! ¿y tengo amor a lo visible?

 ¿Qué hago? ¿En qué me ocupo?  ¿En qué me encanto?

 ¡Loco debo yo ser, pues no soy santo!




Estimado lector, sopesemos, sin neurosis, pero con claridad, la realidad y la gravedad del infierno . Seamos responsables de nuestra vida y de la libertad que poseemos y  no sólo para evitar el pecado activo, sino también el pasivo de omisión. Apreciemos la conducta del rico Epulón, cuya falta  de servicio al pobre Lázaro le valió la condenación eterna. Ayudemos y perdonemos  siempre  en todo momento a nuestros hermanos. El amor es la única arma que existe  para evitar el infierno y la única llave posible para poder entrar en el Cielo.



Jonás   2004-2007-2011-2019 -2022 - 2023 - 2025

EL CIELO


El CIELO : LA VIDA DEL MUNDO FUTURO



La palabra de Dios es segura, es fuerte, es estable, es fuente de tranquilidad y es fuente de esperanza. Así  se da a conocer en nuestro Credo. Su final, es decir la culminación de la fe es:  "creo en la  Vida eterna", o como dice el otro Credo: " creo en la Vida del mundo futuro".

A los creyentes nos gusta oír hablar del cielo, pero desgraciadamente muchas personas tenemos la imaginación encarcelada en nuestros sentidos corporales, lo desconocemos y nos creamos ideas simples , como el  vivir en nubes de algodón o el escuchar los cánticos de alados ángeles con preciosas caras. La verdad es que este infantilismo no es un panorama precisamente agradable a experimentar perpetuamente como fin durante toda una eternidad. San Pablo de sus visiones celestiales tan sólo nos narra una cosa:"ni el ojo vio, ni el oído oyó.., como queriendo explicar que no hay palabras ni sentidos con los que expresar la felicidad que Dios tiene reservada hacia aquellos que le aman."

Fue el propio Dios quien dotó a sus creaciones de la capacidad de gozar, fue quien inventó una a una todas nuestras fuentes de felicidad, y fue El quien se colocó como Amor Supremo en el centro de todas ellas tal como San Agustín escribió: "Nos hiciste, Señor, para Ti, y nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en Ti." No podemos imaginarnos cómo será realmente la contemplación del Señor, pero sí sabemos que tan sólo un instante de ella compensará con creces todos los sinsabores de la vida, todos los esfuerzos, todos sus dolores, enfermedades y preocupaciones, todos sus temores y todas las ingratitudes que se hayamos podido sufrir. Tal es de grande y buena  la Faz de Dios.

Pero nosotros pensamos de un modo muy apegado a nuestros sentidos y no podemos imaginar tanta dicha sin ellos. Recuerdo en mi infancia un retiro espiritual en el que el sacerdote  nos hablaba del Cielo. Un chaval le sugirió  esta pregunta:  "Todo eso que Usted nos cuenta, Padre, está muy bien pero... ¿En el Cielo.... hay bicicletas...o no las hay...?".- A lo que aquel sacerdote sabiamente respondió: "Claro que sí hijo mío, allí están las mejores bicicletas del mundo..".- Ni que decir tiene que todos los niños con aquella respuesta nos quedamos felices y satisfechos. Comenzamos con los sentidos a amar el Cielo, pero a veces Dios premia a las mentes más sencillas con verdades a las que los mejores teólogos les cuesta una vida entera llegar a ver, si es que tienen la suerte de encontrarlas. Es el caso de otro niño, se lo oí contar en TV a Ramón Pi, preguntándole qué suponía para él el cielo respondió el chaval con tres palabras que llenarían aquel libro que bien  hubiese querido  escribir San Agustín. Contestó con toda sencillez:  " El cielo es:.......Dios por dentro".  Aquel niño había practicado la disección con Dios y había encontrado en ella al mismísimo Amor, al Autor de la Vida.

Mayor superación aún se nos presenta  con  el panorama de la Resurrección, el plan con el que Dios nos configura conociendo nuestras limitaciones sensoriales. Nuestra alma estará completamente satisfecha pues estará unida a Dios ( contemplación + interacción divinas), pero además tendremos nuestro cuerpo con todos nuestros sentidos, y nuestros recuerdos con  nuestros proyectos, con nuestros buenos  familiares y amigos realmente presentes y además todo aquello que podamos desear ordenadamente: Eso quiere decir que tendremos todo de todo, después de adorar con el corazón por entero al único que es digno de ello: a Dios. 
Para mantener ese orden de valores Cristo dio una sola  respuesta a aquellos fariseos que imaginaban el cielo como una continuación de la vida terrena, incluidas  sus esposas, sus propiedades, derechos y obligaciones familiares: "allí seréis como Ángeles". Es decir: predominará el espíritu y  las fuentes del placer y de la felicidad ya no discurrirán por los viejos caminos tantas veces abusados y salpicados por  el egoísmo, sino que marcharán por otros cauces totalmente amplios y nuevos: todos seremos para siempre hermanos, lo que no es poco.

Entre los descubrimientos hechos por los Telescopios espaciales, esos ojos astronómicos que el hombre ha puesto en órbita para contemplar mejor el firmamento, se aprecian multitud de imágenes , un sin fin de galaxias reales que delatan un  universo inmenso, inconmensurable. Y uno se pregunta :..¿Para qué tanta creación,..?¿Porqué tanta energía, tanta materia, tanto espacio y tanto tiempo..? La respuesta sólo es una: Es una parte del enorme regalo que Dios nos hace para toda una eternidad que nos espera.




    
  Vistas de nuestro universo desde el Hubble. Cada punto luminoso ovalado o alargado  no es una estrella, es una galaxia entera, o sea unos 200.000 millones de estrellas juntas, más o menos.


 Esas imágenes del universo real, que nos enseñan estas fotos del telescopio Hubble (arriba) y superadas por el telescopio J.Webb (abajo), me hace recordar aquellas miradas curiosas , que cuando éramos niños teníamos atisbando  juguetes por el ojo de la cerradura de nuestro cuarto esperando en la noche de los Reyes Magos. Parece que Dios nos prepara también a nosotros, ya adultos, algo semejante,  si es que lleguemos a dar la talla del bien tras el paso por nuestro mundo. Es otro regalo mucho mayor que tan sólo lo podemos también atisbar  por ese ojo ocular de los grandes telescopios espaciales: el regalo de Dios: un Universo y una Eternidad... 
 Posiblemente este pudiera  ser para Dios su sorpresa material, tal como nuestra "anhelada bicicleta" para la eternidad, pero como un buen Padre que es, no sólo nos prepara los obsequios de su ansiado firmamento, sino también nos da  algo muchísimo más valioso y eterno que es: su afecto, su cariño,  y su compañía, con su abrazo para siempre, el que llevaremos eternamente impreso en nuestro corazón 
Para mí la Gloria celestial la imaginaría  representada en tres períodos o días : 
El primero sería el día de la Sabiduría. Todo el conocer de un Dios infinito dispuesto para ser contemplado por nuestro cerebro resucitado. !Cuantos enigmas resueltos¡ !Cuantos fenómenos de la naturaleza comprendidos¡ ! Cuántos misterios de la Historia que han quedado explicados ¡.
 El segundo sería el día del Poder. !Nuestra labilidad e impotencia resuelta para siempre¡ !La palabra imposible ha desaparecido de nuestra mente y del diccionario! !Junto a nuestro Padre  nos sentiremos  omnipotentes¡ ! tal y como cuando eramos  pequeños niños y  celebrábamos nuestros primeros  años de vida junto a muestro papá y a nuestra mamá que podían darnos cualquier cosa que pidiéramos ¡.
El tercero sería, como descubría aquel pequeño que cité, el día del Amor. !Dios por dentro¡. !Todo el amor de Dios destilando gota a gota por nuestro humilde ser¡  ! Haber entrado dentro de Dios y contemplarlo tal cual es, recibiendo su calor y recibiendo su seguridad para siempre¡ Ese amor es y será  como la hoguera que descubrió Moisés que nunca se apaga. !Ahora también habrás de descalzarte como él hizo ante su fulgor, " porque ese terreno que pisas" es "Dios por dentro", es absolutamente tierra sagrada ¡.  El saber y el poder han originado algo muy superior: el Amor y con él:  la perfecta felicidad.  Pero observemos que el amor absoluto al propio YO es ahora  "humus",  ha quedado prisionero en la tierra del olvidado cementerio. Tu corazón ha crecido enormemente.  Ahora amas a todos los hermanos, verdaderamente como a ti mismo y aún más a Dios, con todo tu corazón, con toda tu mente y con todas tus fuerzas, ahora le escuchas como el buen pueblo de Israel. Has encontrado la felicidad para siempre. La alegría te hará aumentar y crecer cada momento  hacia Dios para siempre,  sin llegar a alcanzarle, eso sí , porque...  "¿Quien sino Dios?", pero ciertamente  sobrepasando cualquier  ilusión o dicha imaginable.

Hemos mencionado  "una eternidad que nos espera". Harto de todo lo transitorio, realmente el hombre necesita de la eternidad para ser feliz, necesita de la eternidad para agradecerle a Cristo su Redención, pues siendo infinito, se hizo un ser como nosotros y sufrió al máximo hasta morir  para así salvarnos, Necesita la eternidad para agradecerle que siempre nos perdona en la Confesión y que se une a nosotros, sin importarle nuestras miserias,  en la Sagrada Comunión.    Por lo tanto, necesitamos de toda  la eternidad para alabarle, para amarle y para agradecerle como se merece, siendo además un gozoso abono de nuestra deuda perpetua. Ojalá podamos irle abonando esa bendita hipoteca de salvación amándole eternamente. Así  solucionaría Dios el problema de compartir toda su infinita alegría con nosotros, pese a  nuestra limitadas percepciones del corazón y de la mente:  a través de una eternidad inacabable.

No podemos cerrar esta meditación sobre el Cielo prometido sin dejar de pasar por María, la Madre que compartimos con Dios. Un buen amigo mío me decía con sabia razón que María es un Cielo dentro del Cielo. No es una diosa, ni es un complemento de la Trinidad ni un suplemento del Paraíso, es la simple razón de ser  nuestra Madre adoptiva y la Madre de  Dios. Ella puede sentarnos en su Mesa junto a Cristo, su Hijo. Sin su existencia el cielo sería para nosotros impenetrable . ("Lanua caeli", Santa María: Puerta del Cielo)
Este es nuestro Dios y Padre, éstas son su Familia y la Casa que nos ofrece. Merece la pena luchar un poco en la vida para integrarla y habitarla  con Él y con todos su santos por toda la eternidad.


Jonás

Abril de 2003- Marzo 2004-Enero 2008 -Diciembre 2011-  Junio 2019 - Julio 2022- Julio 2024

Agosto 2025.-Octubre 2025



PURGATORIO

EL PURGATORIO.-  REPITIENDO CURSO.-



Una meditación sobre el purgatorio. 

Cuando era joven y estudiaba tenía una sola obsesión: la de no llegar a repetir el curso que estaba haciendo. Los repetidores eran juzgados muy mal en aquel entonces, eran como una especie de malditos por torpeza, como una raza inicua a exterminar. Repetir curso era el máximo castigo que se podía infringir al mal estudiante.  En realidad nada había más lleno de justicia y sabiduría que esta práctica académica, pues si el alumno no se encontraba en condiciones de afrontar unos estudios futuros, era mejor que siguiera preparándose durante el tiempo necesario hasta madurar en sus  conocimientos, los precisos y los suficientes.

Sin duda existen multitud de alumnos que por pereza o por falta de talento no alcanzan el nivel exigido en sus estudios, y el permitirles a los mismos por misericordia el acceso a un título  sería, además de una injusticia,  un seguro peligro para toda la sociedad.

En materia penal se repiten también estas circunstancias humanas. En primer lugar hay una gran cantidad de personas en las cárceles  que no han sabido o querido realizar su función en la sociedad, para los que está abierta la política de redención por el  propio trabajo, o sea: la de el preparar, estudiar  o trabajar desde la cárcel una profesión que, bien asimilada, les puede ser muy útil tanto a ellos  como al conjunto de la  sociedad cuando puedan quedar libres. Queda claro que aparte de esa Redención es obligado el cumplimiento de sus penas o sanciones. Otras personas no admiten  su culpa ni se arrepienten, como tampoco aceptan la pena impuesta por la Justicia, y sin arrepentimiento alguno no se hallan dispuestos a reparaciones morales  consumiendo su tiempo en la prisión  sin ningún fin.    

Si llevamos estos razonamientos a los límites de la muerte, veremos que se repiten  estas  condiciones en las que unas  personas admiten la corrección de sus actos pasados y otras que, rechazando por completo el  arrepentimiento, han de ser separadas del resto del conjunto . Estamos hablando de términos abstractos que,  muy caricaturizados  por nuestro mundo, dan forma a lo que los teólogos han venido definiendo bien como  el Purgatorio o bien como el Infierno. Pese a que muchos  se lo toman a risa o piensan que son inventos de curas, estas llamadas  "postrimerías" son el verdadero "postre" forzoso a ingerir después de la "comilona" de los excesos de la vida, y son, sin embargo, la única solución trascendente, seria y posible, a la situación creada  por el abuso de nuestra libertad o albedrío durante la vida. Aparecen así necesarios, a la luz de la razón, la existencia de dos conceptos de justicia que en el mundo estudiantil , en el mundo penal o en el de la moral están generalmente poco definidos:  Son la culpa y la pena .

Denominamos culpa de un delito o falta a la malicia que se ha tenido en su consentimiento o realización voluntaria. Es el desamor a los demás causado por un desordenado amor hacia uno mismo.
 Se llama pena a la reacción que la justicia impone a dicho acto.
El perdón de la culpa exige un pleno arrepentimiento del mal causado y el firme propósito de la enmienda, pero la pena exige además la indemnización del daño y el cumplimiento de la justa corrección impuesta para no reincidir más veces. 

Finales de la Libertad humana.-

La muerte es la paralización del tiempo, es el reloj de la libertad caído y golpeado, roto y parado .. Tras ella, para nosotros, los que somos pecadores,  quedan dos clases de estados, el de la vida , aún con defectos veniales  o enfermedades, y el de la verdadera muerte, en la que el individuo ha consumido voluntaria y repetidamente su propia libertad y es sorprendido  en grave delito en el momento final  de su existencia que se hará penoso para siempre. El estado de vida auténtica propio del Purgatorio  se caracteriza porque es todavía factible la purificación,  que aunque  dolorosa o incómoda, merece la pena a la vista de la promesa de  un futuro feliz y eterno: el de la contemplación y asimilación al Bien supremo, a Dios en el propio Cielo.

 El Purgatorio.-

El Purgatorio es definido por María Simma, una octogenaria mujer austriaca que ha dedicado su vida entera a su estudio y al servicio de sus almas, de la siguiente manera: 

"- Diría que es una invención genial por parte de Dios. Y aquí quisiera proponerles una imagen toda mía. Supongan que un día se abre una puerta y aparece un ser extraordinariamente bello y bueno, tal, como nunca se ha visto sobre la tierra. Aquí quedan fascinados, trastornados por este SER de luz y de bondad, tanto más que él nos llama con todo su interés. El fuego del amor  quema ya en nuestro corazón y nos empuja hacia Él. Pero ustedes, se dan cuenta, en ese preciso instante, de que hace meses que no se lavan, que huelen mal, que se sienten horriblemente feos; tienen la nariz que chorrea, los cabellos grasosos y pegoteados, horribles manchas de suciedad sobre la ropa, etc., etc. Entonces se dicen a sí mismos: "¡No, no es posible que yo me acerque en este estado!. Es preciso que antes me lave, me duche, y luego, rápidamente, regrese a verlo…". Pero he aquí que el amor nacido en sus corazones es tan intenso, tan fuerte, tan abrasador, que este atraso debido a depender de disponer de una buena ducha es casi insoportable. Y el dolor mismo de la ausencia, aunque dure sólo pocos minutos, causa un ardor atroz en el corazón. Y, ciertamente, este ardor es proporcional a la intensidad de la revelación del amor: es una Llama de amor...   Pues bien, el Purgatorio es exactamente esto. Es un atraso impuesto por nuestra impureza, un atraso antes del abrazo de Dios, una Llama de amor que hace sufrir terriblemente; una espera, o si quieren, una nostalgia, del Amor. Es precisamente esta Llama, esta ardorosa nostalgia la que nos purifica de todo lo que aún es impuro en nosotros. Me atrevería a decir que el Purgatorio es un lugar de deseo, del deseo loco de Dios, del Dios que ya ha sido reconocido y visto, pero al cual el alma todavía no se ha unido.-"

En el juicio particular que cada uno de nosotros tendrá tras la muerte aparecerá como una cinta cinematográfica nuestra vida hora tras hora, día tras día, minuto a minuto. Esta película perdurará en nuestra alma que enamorada del Dios bueno que tanto ha hecho por nosotros verá desconsolada su raquítica respuesta, también acto por acto. El profundo dolor de corazón de nuestro pasado clamará rectificación inmediata, o sea un profundo deseo de enmendar la vanidad, el egoísmo, la pereza y los malos modales. La esperanza de la Misericordia y de la Justicia  final divinas, serán nuestro consuelo y esperanza. Cuando la temperatura del amor a Dios y al prójimo asciendan irán desapareciendo las manchas vergonzosas y abriéndose poco a poco la luz definitiva hacia el paso a una nueva presentación a Dios.

 Es como volver a vivir la misma vida, pero rectificando, dando sentido y sobre todo amando. Es el amor el único camino hacia el Amor. De ahí la analogía hecha de la repetición de curso del alumno perezoso. El arrancarse defectos duele, el humillar altanerías duele, el bajar la voz a una riña para covertirla en una mutua corrección también duele, el trabajar y sacrificarse para otros, duele, el controlar con austeridad al propio yo, que siempre exige de más placer, también duele. Esos son los dolores del Purgatorio, necesarios para liberar al alma de toda impureza y devolverla al Creador tan limpia como saló de sus manos y llena de su amor y del amor a todo el prójimo..
Yo personalmente  creo en  el Purgatorio como verdad de fe, e imagino ese fuego purificador quizás más que como un fuego físico  como un fuego de remordimiento, un deseo obsesivo de rectificación de una vida con numerosos errores que aún nos queman desde dentro. 
Sabemos que no hay un dolor comparable con la experiencia de la culpa . Muchas personas se han suicidado por experimentar con una fuerza patológica dicha sensación . Pienso que el alma del Purgatorio se  consume en deseo de rectificar, en obtener una segunda oportunidad. Es como  realizar la repetición de su  curso académico en el que como alumno había estado desperdiciando su tiempo y su libertad con un intenso dolor reparador que nos conduce a Dios. Es la autocorrección de la propia vida en todos y cada uno de sus exactos valores y responsabilidades.
 Para mí, repito nuevamente, el Purgatorio sería como un volver a vivir nuevamente,  sea de forma real o virtual,  para asimilar todos  los dolores y molestias de los que,  egoístamente, nos hemos librado durante la vida. Y será tanto más largo y laborioso el proceso, cuanto más evasión de esfuerzos en servicios a los demás hayamos tenido. Volver a pasar por toda  una  vida entera bien conocida de antemano para poder rectificarla en cada momento de fallos es muy molesto, pero es muy liberador. Es, sin duda un largo sueño pesado, tanto más amargo cuanto más egoísmo se haya vivido.

¿Qué dice nuestra fe sobre el Purgatorio..?

Es bueno tener presente que en el antiguo Testamento se nos presenta a Judas Macabeo mandando al pueblo hacer oraciones y sacrificios expiatorios por los difuntos, "para que queden liberados del pecado". El nuevo Testamento  nos muestra a  Jesucristo animando  a la reconciliación con el hermano al que se  ha  faltado u ofendido,  " reconcíliate mientras te halles en camino, pues de no ser así pagarás más tarde en la cárcel y Yo te aseguro que no saldrás de allí hasta pagar el último céntimo". (Mt 5,25) Claramente Cristo da a entender la existencia de un lugar donde se realiza la purificación necesaria antes del Cielo prometido a los justos, donde se puede solamente se puede conseguir la pureza necesaria para llegar a presenciar  la única Perfección Absoluta que es Dios. Nuestra fe nos define, desde los Concilios de Florencia y de Trento, al Purgatorio como un lugar de expiación, y la Santa Tradición de la Iglesia basada  en 1Co 3,15 y P 1,7 nos  habla de un fuego purificador, pero no explica  más detalles que el hecho de que "siendo los  sufrimientos en este lugar  superiores a todos los aquí experimentados, serán tan sólo soportados por la esperanza segura del Cielo prometido."

Ssnta Teresita de Lisieux nos dice que aunque merecemos el purgatorio hemos de rezar para obtener la Misericordia de Dios, quien  está muy por encima de la culpa y de la pena que impone la justicia. Sólo su divina Misericordia nos puede liberar del merecido Purgatorio. Recemos, pues continuamente  por nosotros y por las almas allí retenidas para que la Misericordia de Dios y los ruegos de la Vírgen María nos liberen pronto a todos.


Finalización del Purgatorio.

Una vez purificado totalmente el espíritu pasa a contemplar a Dios y  a todos  los bienaventurados y a  la Creación entera en el Cielo. Allí todos se alegrarán enormemente de la nueva llegada de otro nuevo  Santo o Santa, porque sus pecados fueron lavados y ya es tal como si no los hubieren cometido. Y se vuelve a tener la pureza original a la que se agrega  la meritoria manifestación de Amor hacia Dios que floreció de su sincero arrepentimiento y de su  profunda contrición. La Misericordia de Dios, de la que nos habla  Santa Faustina Kowalska , transforma las faltas que son bien lavadas por lágrimas, en medallas de sumo mérito. Los que habitan en el Cielo se alegran profundamente, a diferencia del comportamiento de aquellos otros en la parábola de los trabajadores de la viña, que consideraban injusto el hecho de  que los últimos en llegar tuvieran la misma o mayor compensación que ellos ... !Bendita sea la generosa  Misericordia de Dios purificando a las almas para poder subirlas a su Casa, el propio Cielo.


Conclusión.-

Ahora es aún el tiempo, "carpe diem", aprovechemos el día, ahora es la ocasión. Hemos  de rezar y rezar  mucho  por nosotros mismos  y por los demás, vivos o muertos, hemos de ganar para ellos muchas indulgencias plenarias, ya que con éstas podemos liberar a muchas almas retenidas en el Purgatorio. Es ahora nuestro momento de esmerarnos en cumplir la ley con una conciencia recta y generosa, evitando las faltas de omisión, las faltas de caridad, las faltas de sencillez, las faltas de confianza en Dios, en una palabra:  hacer un buen curso evitando los fallos e imperfecciones que cometemos habitualmente cada día.

Acompañando a Jesús en su Pasión y Muerte con el Santo Viacrucis podemos ganar la Indulgencia Plenaria que liberaría a cualquier alma del doloroso Purgatorio. Sería el mejor negocio que en la vida podríamos hacer : salvar a otros, que de seguro conseguirían más tarde nuestra propia salvación. Porque, con toda seguridad por el Purgatorio hemos de pasar, pues larga es la cadena de nuestras faltas. Sería esa colaboración, esa Comunión entre los Santos un poder "saltarnos a la torera el Purgatorio" (Escrivá de Balaguer) y recibir inmerecidamente, como le pasó a Dimas, el regalo de una vida eterna por compartir de alguna manera el sufrimiento de Cristo.


Jonás  2004-2007-2011- 2019- 2022- 2024- 2025

MUERTE Y JUICIO



LA HERMANA MUERTE .-

En primer lugar te felicito por tu valor, amigo lector, por haber elegido entre otros muchos temas este de la muerte, aunque nuestro San Francisco de Asís la llamase "hermana". Nosotros no podemos hablar sin temor a equivocarnos de aquello que no conocemos. Por este motivo ningún ser humano vivo puede decir nada al respecto. Ni túneles blancos, ni abismos negros, simplemente algo desconocido a nuestra personal experiencia. Sin embargo, no ignoramos  realmente  la  verdad más segura de la vida: y es el que ésta, irremediablemente, se nos tiene que acabar a todos sin excepción alguna  algún día quizás no sea un día muy lejano.

La  muerte ha servido para confirmar yacimientos arqueológicos de los primeros humanos , porque en la conciencia del hombre, a diferencia de cualquier otra especie viva, existe un criterio  especial de la muerte  y un innato conocimiento de la  inmortalidad de su propio  ser. El hombre de todas las épocas siempre lo ha expresado así construyendo monumentos especiales. Siempre ha dejado en sus obras funerarias  el testigo de su fe en el más allá.

También es verdad que algunos hombres, sin autoridad alguna, dicen e inducen a creer que nada hay tras la muerte. Engañan a muchos que comienzan entonces  a vivir como si fuesen simples animales. Yo, sin embargo, prefiero creer en la palabra de un sólo Hombre que, siendo Dios, decía a sus amigos desconsolados por la pérdida del ser querido:: "Yo soy la resurrección y la vida........el que vive y cree en mí no morirá jamás" . Ese valiente ofreció su vida por la humanidad y no se dejó arrastrar por  miedo alguno.   Sin embargo nosotros tal pánico tenemos a la muerte que no queremos ni mencionarla, salvo... en las películas, donde se reparte a" tuti fruti". Quien dno teme  a la muerte es bien: porque se cree lejano a tal evento, o de no ser así,  porque Dios lo ha dotado, por alguna razón,  de unos dones de valor y sentido sobrenatural  especiales. 
Un buen cristiano, a quien  le preocupaban  mucho la pérdida del cuerpo y de sus sentidos, se peguntaba :   "Aunque me salve tras la muerte, pues así lo espero..¿Cómo podré ver sin mis ojos,? ¿Cómo podré oír sin mis oídos? ¿Cómo podré recordar sin mi memora? ¿Cómo podré pensar sin mi ceebro  y cómo podré sentir sin mis manos?.." y Dios le contestó hablando desde  su  interior:  "En el cielo, Yo te prestaré mis ojos, Yo te prestaré mis oídos, Yo te prestaré mi memoria y mi presencia, para que puedas conocer y verlo todo tal como Yo, ... y más adelante te resucitaré por entero,  te daré un cuerpo nuevo con sentidos perfectos y una vida nueva para siempre..". Aquel cristiano se quedó muy satisfecho. Esto es realmente lo que nos implica la unión beatífica con Dios. Os imagináis la agudeza de la vista de Dios, que todo lo ve, la sensibilidad de su oído, que todo lo escucha, la penetración de su memoria e inteligencia, que todo lo sabe... Da escalofríos llegar a imaginar tal grado de perfecciones primero prestadas y luego donadas de las que podrá disponer  nuestra humilde persona, si somos fieles al Señor...

Si albergamos el tesoro de la fe, la hermana muerte no es tan terrible como se cree, ni tan siquiera es un castigo, la hermana muerte merece el epitafio que  el Santo de Asís la dedicó: "Si has de llevarme a mi mejor Amigo,.. gracias te doy Muerte,.. yo te bendigo." La hermana muerte es el momento más importante de toda nuestra existencia, (Angela Romero), porque en él se ha de definir para siempre toda la eternidad .

Pero si  hemos apagado ese calor interno de la fe, por olvido o por  fría distancia del Amado, la muerte ya no es una hermana, es  realmente lo peor que nos puede ocurrir, de tal manera que es mejor seguir ignorándola, sin querer pensar en  de ella,  porque  amarga la vida, porque seca las fuentes del placer, porque nos hace descubrirnos cobardes y egoístas, estúpidos e irresponsables. Por eso el mundo no la tolera, salvo en películas, en  espectáculos sazonados de violencia, de los que es un simple teatro. Por eso el mundo se la oculta a los enfermos terminales, a los que  droga hasta la inconsciencia, cuando  bajo el falso criterio de la "muerte digna" lo induce al final con una eutanasia activa y brutal, buscando un rápido desenlace que a quienes realmente  beneficia  es a unos familiares egoístas y a un gobierno materialista y  asesino.  

Si sabemos que hay un Dios que nos ama hasta llegar a saborear por sí mismo la muerte, como una madre prueba la papilla de su hijo para saber si está demasiado caliente o si por el contrario es soportable, entonces para nosotros el último momento ya no es tan malo como suponíamos.  Cristo por su paso entre nosotros hizo digna la vida, por trabajosa y amarga que le fue y aún más digna la muerte, por dolorosa que  Él  la permitió. Cuando alguien mencione las actualmente tan manoseadas palabras de  "muerte digna" que levante sus ojos a la Cruz del Calvario, y vea lo que fue realmente el morir para la persona más digna que ha habido en la Historia.

  Pero la muerte, repito nuevamente, sobre todo  es el momento más importante y definitivo de nuestra vida, porque es la decisiva prueba, el examen final del que depende toda nuestro futuro eterno. 
Depende de llevar o no consigo la única fuerza que supera a todo lo creado: el Amor. Morir amando a Dios o morir ignorándole u odiándole : "He ahí el dilema que ha de definir toda la eternidad."
 Si acompañamos a alguien en ese difícil momento, estrechemos su mano con amor y susurremos a su oído la más breve y efectiva oración que existe con tan sólo tres palabras: "Perdón Dios mío,.." De seguro que este "soplarle" la solución del ejercicio de su propia vida, le podría suponer un valioso  "aprobado" en su examen. Cuando todos sus familiares queridos, sus amigos entrañables, le dejen a él sólo en el camposanto, tendrá a un Amigo fiel y leal que ya le habrá ido a buscar mucho antes, para llevarlo consigo a la Casa de  su Padre. En verdad le merecerá la pena a aquel hombre, quizás anónimo y gris, seguro pecador, el haber adquirido, aunque fuese en el último momento, al único amigo que nunca abandona a quien le invoca. Con nosotros morirán los sentidos, la inteligencia y nuestros afectos, pero no desaparecerá nunca el Amor final que alberguemos, porque Dios-Amor no permitirá  perder amor,  porque seremos, como decía Quevedo : " polvo enamorado". Esa es la razón de nuestra esperanza ante la muerte si es que  amamos . Dios  no abandona a quien le quiere y su amor es la verdadera y única vida .

Oremos siempre por la perseverancia final de todos los moribundos del mundo y así  salvaremos nosotros a muchas almas.

 Vivamos con la certeza de la muerte y muramos con la certeza de la vida.

Pidamos cada noche a la Virgen María la gracia de sentir su intercesión "ahora y en la hora de nuestra muerte",. Amén.

EL JUICIO DE DIOS.-

Tras la muerte inmediatamente : el juicio y después para siempre  la vida o la muerte eternas. Un  rápido juicio muy diferente a los que nosotros estamos acostumbrados. No habrá abogados, ni acusadores ni fiscales, porque ante Dios nada hay que demostrar. No existe en su presencia la posibilidad de falsedad o de mentira, porque Dios es la Verdad Pura y Auténtica. Sobran todas las comprobaciones, los informes, los testigos  y los  atestados. Ante Dios el alma dirá únicamente la verdad absoluta y la palabra de Cristo, Juez eterno, será la única que se oirá después : "Venid conmigo, porque tuve hambre y me disteis de comer, tuve sed y me disteis de beber, estuve desnudo y me vestisteis..." o bien :  "Alejaos para siempre de mí  porque tuve hambre y no me disteis de comer, tuve sed y no me disteis de beber, estuve desnudo y no me vestisteis"....


De estas cosas  poco podemos hablar, pues aún desconocemos el futuro que nos vamos mereciendo. No sabemos que Cristo pasa muchas veces cerca de nosotros a lo largo de la vida, disfrazado de hermano nuestro y no nos damos cuenta de que Él  es nuestra salvación.
Tan sólo quisiera considerar del Juicio las dos caras de la moneda que Dios nos ofrece:
De un lado la Justicia. Él conoce el todo de cada uno , lo comprende  y lo juzga con íntegra justicia, pues se sabe todo de nuestra libertad, se sabe todo de nuestras pasiones, se sabe todo de nuestras dudas, se sabe todo de nuestros anhelos y se sabe todo de nuestros egoísmos y de nuestras  perezas.
Del otro lado la Misericordia. Él conoce que somos hijos suyos hechos a su imagen y semejanza y nos quiere con locura. Está dispuesto a "aprobar" nuestro ejercicio de la vida si es que  nota al menos un pálpito de amor hacia Él o hacia los hermanos, aunque fuese en el último momento de nuestra existencia terrena.
 Él juzgará con misericordia y a la vez  con justicia. Preparemos, pues, la tarea del amor y del servicio, porque nuestro  examen  final se acerca y va de eso.  Que se cumpla la voluntad de Dios sobre la nuestra y así  pueda llover sobre nosotros su misericordia.


Jonás 2003-2006-2019-2024

jueves, 13 de junio de 2019

Gratuidad de Dios.-

Gratuidad de Dios.


Si alguna enseñanza es continua durante toda la vida es que cada cosa tiene su precio. Desde pequeñitos anhelábamos poseer un juguete y esperábamos continuamente porque aquel no era barato. Todo tenía  el valor de un esfuerzo y se medía , tristemente en monedas. Hasta al mismo Jesús uno de sus discípulos le puso un precio: 30 monedas de plata. Esa es la única enseñanza del mundo materialista que nos rodea.  Si alguien nos regala algo, siempre pensaremos el porqué. No concebimos el concepto de gratuidad, porque no comprendemos lo que es el amor.. Dios es Amor y por eso es gratuito. No nos debe nada y nos lo da todo, incluida su propia persona en compañía eterna. ¿Quien podrá comprender a este Dios ?.....
Nos imaginamos que vamos ganando el cielo y creemos que este premio es un globo de  bienestar que tiene que irse mereciendo.....!Que gran error ¡
Resulta que es tan superior el premio que nunca llegaremos a merecerlo por más que nos esforcemos. Hemos de aceptar nuestra condición de "gorrones" en esa fiesta a la que generosamente, sin medida de justicia, se nos ha invitado.
Y sin embargo nos creemos dignos y  casi imprescindibles. Y además juzgamos a otros que vienen más atrasados que nosotros,  nosotros, los que incluso a veces llegamos a juzgar al mismo Dios.  Ese es el traje manchado y roto con el que no deberíamos entrar en el festín del cielo. El billete de entrada es el amor, pero si está roto o manchado no vale. Era gratuito y sin darnos cuenta le hemos puesto un precio, como cualquier otra cosa del mundo.
Al contemplar la gratuidad del convite divino estamos ya gozando del amor más sublime que tan sólo tiene un parangón humano: el de una madre con su hijo en sus brazos. Dios crea la madre y el hijo para que podamos comprenderle  un poco, tan sólo un poco de lo que es su gratuidad.

¡No nos importe ser "gorrones"¡. ! Que  Dios nos llama hijos y nos ha invitado a su casa.¡

Y donde más se manifiesta la gratuidad de Dios es en su misericordia con nosotros que somos pecadores. Me impresionó mucho una escena, (leída en el libro "Escandalosa Misericordia de Sor EmmanuelMaillard"), sobre la vida de la Santa polaca Faustina Kowalska que confesó " haber cometido un pecado y después sintió un gran dolor y una gran vergüenza, por lo que se humilló ante Dios, consciente de haberle ofendido. Pero la respuesta de Jesús fue magnífica  y muy alentadora : "Hija mía- le dijo-, la humildad con la que te has arrepentido de tus pecados te ha aportado una gloria y una belleza superiores a las que habrías obtenido si no las hubieses cometido.""
"Esta verdad sorprendente de la bondad de Dios cargando con nuestro pecado  fue mucho antes confirmada por Santa Catalina de Siena según ella  relata en sus diálogos con el Padre Santísimo".

Vuelvo a repetir :   ¿Quien podrá comprender a este Dios ?.....¿¿Quien podría digerir un amor tan grande y tan entrañable...?
 ! Es la grandeza de su Gratuidad ¡

Jonás   8/6/2019

viernes, 7 de junio de 2019

Los jueces de Dios

LOS "JUECES" DE DIOS



La cuestión del mal

Muchas personas se empeñan en hacerse jueces de todo, en decidir con sus conocimientos propios o adquiridos lo que es bueno y lo que es malo,  e incluyen a  Dios y a sus acciones en sus dictámenes.
Si alguna bandera ondea en el baluarte de ateísmo es el problema  del mal en el mundo, su procedencia , su alcance, su trascendencia. El argumento es simple: "como existe el mal, tanto físico como moral, no puede existir un Dios de Amor que lo tolere,....luego o Dios no existe (ateísmo), o no posee tal bondad y pasa completamente de nosotros.(agnosticismo)." . "No puede haber un Dios que cree niños enfermos, con sida o con malformaciones, seres que sabemos  no poseen culpa alguna, ni tampoco puede haber un Dios que tolere la miseria de los inocentes, ni la injusticia que sobre ellos muchas veces cae implacable, ni las guerras, ni los abusos, ni los cataclismos, ni las calamidades...."


Pero vamos por partes:

Tengamos por lema para juzgar a alguien el conocer totalmente sus obras, de sus realizaciones,  no tan sólo  unas cuantas seleccionadas desde el  principio de una historia que fraccionamos  para juzgarle cómodamente y si es posible....condenarle..
Para poder dar un juicio sobre  una novela es preciso leerla de cabo a rabo, no tan sólo el prólogo o las primeras hojas. Me parece infantil cerrar escandalizado un libro a la tercera página y después ponerme a criticar a su autor, o a decir que no sabe escribir, o que  ni tan siquiera merece la pena el acabar de leerlo. Así no se podrá hacer un juicio, tan sólo se podría decir: " no lo he leído".

Si consideramos que la vida de un ser se mide en años, meses o días, nos imaginamos que su existencia caduca el día de su muerte.. y resulta que no es así porque el alma es inmortal y  puede continuar su destino  días y días durante  toda la eternidad.  ¿Cómo juzgar entonces a su Creador como un Hacedor que deshace..?

Dios puede crear un niño muy enfermo, cierto que además de muchos niños sanísimos, también lo hace....pero.. ¿Le ha proporcionado al niño un daño sin fin ?...-. No.

¿Puede Dios de alguna manera recompensarlo después con un bien de grado superior, curando su enfermedad y dándole riqueza y bienestar? ...-Sin duda que puede hacerlo.

 ¿Y si la recompensa con un bien posterior es de grado infinito?...¿Anularía el daño recibido al principio?....- Sería un derroche de bondad. Sobraría la compensación.

 El premio infinito es la contemplación  de  Dios mismo, la máxima bondad, inteligencia y belleza del universo:   Ni ojo vioni oído oyó, ni pasó por el corazón del hombre, las cosas que preparó Dios para los que le aman.(S. Pablo).  El mal que recibimos es  una simple prueba temporal para valorar nuestra fidelidad. Por eso creemos en la Resurrección y en la Justicia final , en un Cielo que sabemos  nunca  nos  lo hemos ganado y en un Infierno merecido por nosotros mismos cuando ignoramos a Dios, si es que nos domina el egoísmo, el  resentimiento, el odio o la ingratitud. Esto es lo que nos enseña nuestra fe.

Hubo una persona radiante, inteligente, sana, rica y muy virtuosa que se llamó Job. El demonio le retó a Dios: "no estés contento de su gran virtud, porque se debe a los copiosos  dones que de ti ha recibido; ¡Quítale la salud, la fortuna y la familia,...que  después veremos si  es capaz de alabarte nuevamente !". Dios le hizo caso y puso a prueba al Santo Job con todo tipo de ignominias corporales y espirituales. Tras una  lucha justificada entre lo bueno y lo malo que subyace en cada ser, el Santo Job acabó aceptando la voluntad de Dios y lo bendijo, pese a la intensidad de los daños  sufridos. Su examen fue sobresaliente, el demonio nuevamente se equivocó. No pudo alterar con pesimismos, con desconfianzas o con resentimientos al alma de Job. Como tantos santos probados en lo más personal e íntimo dijo: "El Señor me lo dio,.. el Señor me lo quitó....¡Bendito sea el nombre del Señor!"

Contaba un  periodista que en una ocasión hizo un interviú  a Plácido Domingo, celebre tenor español como sigue:

.-¿Cree Usted  en Dios?

 A lo que el cantante respondió :

.-Naturalmente que sí, y  además lo amo.

El periodista insistió:

.- Y ..si de la noche a la mañana le desapareciese la voz de la garganta por un tumor,..¿Que haría ?.. ¿Seguiría acaso creyendo en Él   y amándole?

A lo que el tenor contestó:

.- Si Dios me quitara la voz mañana, no dejaría  de darle gracias por la gran voz que me ha dado hasta ahora, porque nunca podré pagarle  lo que gratuitamente  me ha regalado ya.

 El buen tenor Plácido Domingo no quiso ser  un "juez de Dios"

¿Es esto suficiente para aceptar la vida como un valle de lágrimas?.-

Para muchos son canciones bullangueras. No ven mucho más allá de sus narices y lo único que les interesa es el presente, que está plagado de situaciones difíciles. Para muchos ese "supuesto" Dios se desentiende del dolor y de la calamidad humana, porque.. ¿ qué otra explicación puede tener el que yo, o un ser muy querido por mí se vea afectado por el sufrimiento , la enfermedad o  la muerte? ¿Porqué me ha de tocar a mí, a mi hijo o hija y no a otros?

Difícil respuesta. Los argumento de antes serían aceptables para otros seres que sufren, pero se tambalean cuando oigo  mí propio   grito de dolor o el de un ser querido. Nadie puede decirme nada sobre  la desdicha, a no ser que la comparta de verdad conmigo, y no sólo de palabra, sino de hecho.

No olvidemos también, por otra parte, que fue voluntad de Dios el probar a todos los seres creados a su imagen  en aquello que más semejante a El les hacía, es decir: en su libre albedrío. Para ello era indispensable la desgracia, la frustración de un proyecto, quizás el fracaso aparente  y el dolor real.   "Recordad cómo fueron probados vuestros padres para ver si verdaderamente servían a Dios. Recordad cómo fue probado Abraham, nuestro padre, y purificado por muchas tribulaciones llegó a ser amigo de Dios. Del mismo modo Isaac, Jacob, Moisés y todos los que agradaron a Dios, le permanecieron fieles en medio de muchos padecimientos" (Jdt(8,21b-23))

Por esta razón Dios se hizo hombre, para poder probar en sí mismo  la magnitud del dolor y la muerte," y una muerte de Cruz " y así  saber si los valores máximos soportables, tal como una buena Madre besa el biberón de su hijito antes de dárselo a beber para evitar se quemen sus labios., 

El Hijo de Dios, siendo Dios omnipotente,  fue también  tentado en su naturaleza humana por la más completa pobreza durante toda su  vida, lo es por el hambre  en el desierto, lo es por la incomprensión de los suyos en el jardín de los Olivos  la víspera de su Pasión  y fue tentado hasta el límite por el dolor insufrible de los últimos momentos de su vida, agonizando en la  Cruz. ("Si eres  realmente hijo de Dios, baja de ahí...").

Fueron probados también  todos los profetas, todos los discípulos de Jesús, su Madre Santísima que vivió la más absoluta pobreza y sufrió profundamente la pasión y muerte de su hijo .  Todos los santos y todos los ángeles fueron intensamente examinados en la tentación , en el dolor, o en ambas cosas... ¿Y nosotros imaginamos que vamos a salir de rositas atravesando  el largo fuego de  la vida? . ..

 Pues bien, amigo o amiga :

No queramos ninguno  juzgar la Providencia de  Dios, decir si lo hace menos  bien o lo hace mal cuando permitiendo el mal, QUE ÉL NO CREÓ, se olvida de nosotros y nos ocurren desgracias. El sólo creó el bien y como sublimación de su obra el libre albedrío. El mal no es nada ni es nadie, es simplemente la falta de Bien, y eso es sólo consecuencia de nuestra libertad, y puede llegar a ser exclusiva obra negativa  nuestra. Alguien dijo: la humanidad entera es un gigantesco bordado de Dios, y tan sólo El lo ve por el lado derecho, nosotros, de momento sólo podemos ver los hilos desordenadamente cortados, toscos nudos y revueltos por el revés. Más aún, cada uno de nosotros somos parte de su trabajo. No le pongamos más dificultades con nuestra torpes críticas si queremos quedar bien hechos. No intentemos enseñarle a coser. Algún día Dios nos mostrará el trabajo bien terminado y nosotros sólo ocuparemos el espacio que le hayamos permitido dar. ¡Que no faltemos en el tapiz de la historia de salvación , por necedad,  por desconfianza ni por orgullo!..

Jesucristo, que era Dios,  (..¡y vaya si lo era! ), quiso saborear el cáliz del dolor en el más angustioso límite que el ser humano puede tolerar. En el trabajo y en la pobreza, en la injusticia, en la incomprensión , en la agonía y en la muerte: Quiso saborear el tormento más refinado que existía y existirá del mal: la cruz. Nadie le arrebata la vida, Él mismo la entrega en sacrificio para bien del hombre. Así nadie podrá echarle  en cara al mismo  Dios que no sabe nada de la  desdicha o del dolor.

No digas nunca : ¿Porqué me ha tocado a mi o a mi hijo la desgracia ?. Ya que la contestación es otra pregunta:  ¿Y porqué le ha tocado al mismo Dios, con la Pasión y Muerte de su Hijo ?

Si el mismo Dios Padre, creador nuestro, oyó los gemidos de Jesús en la cruz,...¿ acaso no sintió mucho más dolor  de lo que ningún padre del mundo pueda soportar? ¿A qué quejarme yo?..

Si el mismo Dios se hace hombre para compartir nuestra  experiencia humana en la salud y en el dolor, en la vida y en la muerte, quizás  no podamos llegar a su altura, pero, sin embargo, pero podemos comprender el valor de nuestra cruz, no de madera, sino  de papel.

Por El, sólo por El,  únicamente por Él ...la muerte es ahora una cosa digna.

Es muy alto el precio que ha pagado Dios y ha sido  un derroche para con nosotros.

 ¡Que no se nos ocurra nunca jamás el "juzgar" a Dios. Mejor darle gracias por el valor de todo aquello que nos ha dado, todo lo  que  nos mantiene y todo lo que nos dará.





 Benidorm.- Junio de 2007 - Junio de 2019- Septiembre 2024- Marzo 2025

jonás





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