lunes, 17 de junio de 2019

PURGATORIO

EL PURGATORIO.-  REPITIENDO CURSO.-



Una meditación sobre el purgatorio. 

Cuando era joven y estudiaba tenía una sola obsesión: la de no llegar a repetir el curso que estaba haciendo. Los repetidores eran juzgados muy mal en aquel entonces, eran como una especie de malditos por torpeza, como una raza inicua a exterminar. Repetir curso era el máximo castigo que se podía infringir al mal estudiante.  En realidad nada había más lleno de justicia y sabiduría que esta práctica académica, pues si el alumno no se encontraba en condiciones de afrontar unos estudios futuros, era mejor que siguiera preparándose durante el tiempo necesario hasta madurar en sus  conocimientos, los precisos y los suficientes.

Sin duda existen multitud de alumnos que por pereza o por falta de talento no alcanzan el nivel exigido en sus estudios, y el permitirles a los mismos por misericordia el acceso a un título  sería, además de una injusticia,  un seguro peligro para toda la sociedad.

En materia penal se repiten también estas circunstancias humanas. En primer lugar hay una gran cantidad de personas en las cárceles  que no han sabido o querido realizar su función en la sociedad, para los que está abierta la política de redención por el  propio trabajo, o sea: la de el preparar, estudiar  o trabajar desde la cárcel una profesión que, bien asimilada, les puede ser muy útil tanto a ellos  como al conjunto de la  sociedad cuando puedan quedar libres. Queda claro que aparte de esa Redención es obligado el cumplimiento de sus penas o sanciones. Otras personas no admiten  su culpa ni se arrepienten, como tampoco aceptan la pena impuesta por la Justicia, y sin arrepentimiento alguno no se hallan dispuestos a reparaciones morales  consumiendo su tiempo en la prisión  sin ningún fin.    

Si llevamos estos razonamientos a los límites de la muerte, veremos que se repiten  estas  condiciones en las que unas  personas admiten la corrección de sus actos pasados y otras que, rechazando por completo el  arrepentimiento, han de ser separadas del resto del conjunto . Estamos hablando de términos abstractos que,  muy caricaturizados  por nuestro mundo, dan forma a lo que los teólogos han venido definiendo bien como  el Purgatorio o bien como el Infierno. Pese a que muchos  se lo toman a risa o piensan que son inventos de curas, estas llamadas  "postrimerías" son el verdadero "postre" forzoso a ingerir después de la "comilona" de los excesos de la vida, y son, sin embargo, la única solución trascendente, seria y posible, a la situación creada  por el abuso de nuestra libertad o albedrío durante la vida. Aparecen así necesarios, a la luz de la razón, la existencia de dos conceptos de justicia que en el mundo estudiantil , en el mundo penal o en el de la moral están generalmente poco definidos:  Son la culpa y la pena .

Denominamos culpa de un delito o falta a la malicia que se ha tenido en su consentimiento o realización voluntaria. Es el desamor a los demás causado por un desordenado amor hacia uno mismo.
 Se llama pena a la reacción que la justicia impone a dicho acto.
El perdón de la culpa exige un pleno arrepentimiento del mal causado y el firme propósito de la enmienda, pero la pena exige además la indemnización del daño y el cumplimiento de la justa corrección impuesta para no reincidir más veces. 

Finales de la Libertad humana.-

La muerte es la paralización del tiempo, es el reloj de la libertad caído y golpeado, roto y parado .. Tras ella, para nosotros, los que somos pecadores,  quedan dos clases de estados, el de la vida , aún con defectos veniales  o enfermedades, y el de la verdadera muerte, en la que el individuo ha consumido voluntaria y repetidamente su propia libertad y es sorprendido  en grave delito en el momento final  de su existencia que se hará penoso para siempre. El estado de vida auténtica propio del Purgatorio  se caracteriza porque es todavía factible la purificación,  que aunque  dolorosa o incómoda, merece la pena a la vista de la promesa de  un futuro feliz y eterno: el de la contemplación y asimilación al Bien supremo, a Dios en el propio Cielo.

 El Purgatorio.-

El Purgatorio es definido por María Simma, una octogenaria mujer austriaca que ha dedicado su vida entera a su estudio y al servicio de sus almas, de la siguiente manera: 

"- Diría que es una invención genial por parte de Dios. Y aquí quisiera proponerles una imagen toda mía. Supongan que un día se abre una puerta y aparece un ser extraordinariamente bello y bueno, tal, como nunca se ha visto sobre la tierra. Aquí quedan fascinados, trastornados por este SER de luz y de bondad, tanto más que él nos llama con todo su interés. El fuego del amor  quema ya en nuestro corazón y nos empuja hacia Él. Pero ustedes, se dan cuenta, en ese preciso instante, de que hace meses que no se lavan, que huelen mal, que se sienten horriblemente feos; tienen la nariz que chorrea, los cabellos grasosos y pegoteados, horribles manchas de suciedad sobre la ropa, etc., etc. Entonces se dicen a sí mismos: "¡No, no es posible que yo me acerque en este estado!. Es preciso que antes me lave, me duche, y luego, rápidamente, regrese a verlo…". Pero he aquí que el amor nacido en sus corazones es tan intenso, tan fuerte, tan abrasador, que este atraso debido a depender de disponer de una buena ducha es casi insoportable. Y el dolor mismo de la ausencia, aunque dure sólo pocos minutos, causa un ardor atroz en el corazón. Y, ciertamente, este ardor es proporcional a la intensidad de la revelación del amor: es una Llama de amor...   Pues bien, el Purgatorio es exactamente esto. Es un atraso impuesto por nuestra impureza, un atraso antes del abrazo de Dios, una Llama de amor que hace sufrir terriblemente; una espera, o si quieren, una nostalgia, del Amor. Es precisamente esta Llama, esta ardorosa nostalgia la que nos purifica de todo lo que aún es impuro en nosotros. Me atrevería a decir que el Purgatorio es un lugar de deseo, del deseo loco de Dios, del Dios que ya ha sido reconocido y visto, pero al cual el alma todavía no se le ha unido.-"

En el juicio particular que cada uno de nosotros tendrá tras la muerte aparecerá como una cinta cinematográfica nuestra vida hora tras hora, día tras día, minuto a minuto. Esta película perdurará en nuestra alma que enamorada del Dios bueno que tanto ha hecho por nosotros verá desconsolada en su raquítica respuesta, también acto por acto. El profundo dolor de corazón de nuestro pasado clamará rectificación inmediata, o sea un profundo deseo de enmendar la vanidad, el egoísmo, la pereza y los malos modales. La confianza en la Misericordia y en la Justicia  divina, será nuestro consuelo y esperanza. Cuando la temperatura del amor a Dios y al prójimo asciendan suficientemente irán desapareciendo las manchas vergonzosas y abriéndose poco a poco la luz definitiva hacia el paso de una nueva presentación al Creador.

 Es como volver a vivir la misma vida, pero rectificando, dando sentido y sobre todo amando. Es el amor el único camino hacia el Amor. De ahí la analogía hecha de la repetición de curso del alumno perezoso. El arrancarse defectos duele, el humillar altanerías duele, el bajar la voz a una riña para covertirla en una mutua corrección también duele, el trabajar y sacrificarse para otros, duele, el controlar con austeridad al propio yo, que siempre exige de más placer, también duele. Esos son los dolores que debiera tener la vida y que en su ausencia suple el Purgatorio, necesarios para liberar al alma de toda impureza y devolverla al Creador tan limpia como saló de sus manos y totalmente llena de su amor y del amor a todo el prójimo..
Yo personalmente  creo en  el Purgatorio como verdad de fe, e imagino ese fuego purificador quizás más que como un fuego físico  como un fuego de remordimiento, un deseo obsesivo de rectificación de una vida con numerosos errores que aún nos queman desde dentro. 
Sabemos que no hay un dolor comparable con la experiencia de la culpa . Muchas personas se han suicidado por experimentar con una fuerza patológica dicha sensación . Pienso que el alma del Purgatorio se  consume en deseo de rectificar, en obtener una segunda oportunidad. Es como  realizar la repetición de su  curso académico en el que como alumno había estado desperdiciando su tiempo y su libertad con un intenso dolor reparador que nos conduce a Dios. Es la autocorrección de la propia vida en todos y cada uno de sus exactos momentos, valores y responsabilidades.
 Para mí, repito nuevamente, el Purgatorio sería como un volver a vivir nuevamente,  sea de forma real o virtual,  para asimilar todos  los dolores y molestias de los que,  egoístamente, nos hemos librado durante la vida. Y será tanto más largo y laborioso el proceso, cuanto más evasión de esfuerzos en servicios a los demás hayamos tenido. El volver a pasar por toda  una  vida entera bien conocida de antemano para poder rectificarla en cada momento de sus fallos es muy molesto, pero es muy liberador. Es, sin duda un largo sueño pesado, tanto más amargo cuanto más egoísmo se haya vivido.

¿Qué dice nuestra fe sobre el Purgatorio..?

Es bueno tener presente que en el antiguo Testamento se nos presenta a Judas Macabeo mandando al pueblo hacer oraciones y sacrificios expiatorios por los difuntos, "para que queden liberados del pecado". El nuevo Testamento  nos muestra a  Jesucristo animando  a la reconciliación con el hermano al que se  ha  faltado u ofendido,  " reconcíliate mientras te halles en camino, pues de no ser así pagarás más tarde en la cárcel y Yo te aseguro que no saldrás de allí hasta pagar el último céntimo". (Mt 5,25) Claramente Cristo da a entender la existencia de un lugar donde se realiza la purificación necesaria antes del Cielo prometido a los justos, donde tan sólo se puede conseguir la pureza necesaria para llegar a presenciar  la Perfección Absoluta, que es Dios. Nuestra fe nos define, desde los Concilios de Florencia y de Trento, al Purgatorio como un lugar de expiación, y la Santa Tradición de la Iglesia basada  en 1Co 3,15 y P 1,7 nos  habla de un fuego purificador, pero no explica  más detalles que el hecho de que "siendo los  sufrimientos en este lugar  superiores a todos los aquí experimentados, serán tan sólo soportados por la esperanza segura del Cielo prometido."

Ssnta Teresita de Lisieux nos dice que aunque merecemos el purgatorio hemos de rezar para obtener la Misericordia de Dios, quien  está muy por encima de la culpa y de la pena que impone la justicia. Sólo su divina Misericordia nos puede liberar del merecido Purgatorio. Recemos, pues continuamente  por nosotros y por las almas allí retenidas para que la Misericordia de Dios y los ruegos de la Vírgen María nos liberen pronto a todos.


Finalización del Purgatorio.

Una vez purificado totalmente el espíritu pasa a contemplar a Dios y  a todos  los bienaventurados y a  la Creación entera en el Cielo. Allí todos se alegrarán enormemente de la nueva llegada de otro nuevo  Santo o Santa, porque sus pecados fueron lavados y ya es tal como si no los hubieren cometido. Y se vuelve a tener la pureza original a la que se agrega  la meritoria manifestación de Amor hacia Dios que floreció de su sincero arrepentimiento y de su  profunda contrición. La Misericordia de Dios, de la que nos habla  Santa Faustina Kowalska , transforma las faltas que son bien lavadas por lágrimas, en medallas de sumo mérito. Los que habitan en el Cielo se alegran profundamente, a diferencia del comportamiento de aquellos otros en la parábola de los trabajadores de la viña, que consideraban injusto el hecho de  que los últimos en llegar tuvieran la misma o mayor compensación que ellos ... !Bendita sea la generosa  Misericordia de Dios purificando a las almas para poder subirlas a su Casa, el propio Cielo.


Conclusión.-

Ahora es aún el tiempo, "carpe diem", aprovechemos el día, ahora es la ocasión. Hemos  de rezar y rezar  mucho  por nosotros mismos  y por los demás, vivos o muertos, hemos de ganar para ellos muchas indulgencias plenarias, ya que con éstas podemos liberar a muchas almas retenidas en el Purgatorio. Es ahora nuestro momento de esmerarnos en cumplir la ley con una conciencia recta y generosa, evitando las faltas de omisión, las faltas de caridad, las faltas de sencillez, las faltas de confianza en Dios, en una palabra:  hacer un buen curso evitando los fallos e imperfecciones que cometemos habitualmente cada día.

Acompañando a Jesús en su Pasión y Muerte con el Santo Viacrucis y con la Sagrada Eucaristía podemos llegar a  ganar las Indulgencias Plenarias o parciales  que podrían liberar a cualquier alma del doloroso Purgatorio. Sería el mejor negocio que en la vida podríamos hacer : el salvar a otros, que de seguro conseguirían más tarde nuestra propia salvación. Porque, con toda seguridad por el Purgatorio hemos de pasar, pues larga es la cadena de nuestras faltas. Sería esa colaboración, esa Comunión entre los Santos un poder "saltarnos a la torera el Purgatorio" (Escrivá de Balaguer) y recibir inmerecidamente, como le pasó a Dimas, el regalo de una vida eterna por compartir de alguna manera el sufrimiento de Nuestro Señor Jesucristo.


Jonás  2004-2007-2011- 2019- 2022- 2024- 2025- Enero 2026

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