lunes, 17 de junio de 2019

INFIERNO

EL INFIERNO O LA MUERTE ETERNA.-


Hoy día nadie quiere opinar con seriedad sobre el infierno, sino es para hacer bromas  o desacreditarlo debido a  las infantiles ideas con las que muchos lo han ido caricaturizando a lo largo del tiempo. Se habla de llamas gigantes, de hornos llenos de monstruos, de seres repugnantes  o de demonios tridentes que debiendo dar miedo sólo sirven de comicidad para acompañar los chistes hechos  sobre el tema.
Que existe un premio o un castigo por la actuación del hombre durante la vida es algo que la razón ha de aceptar si es que se cree en la existencia de Dios, suma en grado infinito de todas las cualidades entre las que destaca  la llamada "Justicia". Esta virtud, cuando procede del hombre, se ejercita de forma  muy imperfecta e incompleta, porque ningún  ser humano conoce realmente a fondo  los hechos realizados por otro, ni su  grado de libertad , ni sus conocimientos,  y por lo tanto no puede  juzgarlo  nunca de forma justa. Es necesario un criterio muy superior y completo que dictamine sobre la conducta humana y sus circunstancias y sólo Dios lo tiene. 
El pecado mortal es un terrible daño : es una ofensa grave a todo un Dios infinitamente bueno y amoroso que se ha encarnado como hombre y  ha dado su vida para salvarnos y evitarnos el castigo que nosotros generalmente  llegamos a merecer.  Imaginemos qué  dolor tan intenso y  nefasto será el del infierno que le hace empeñar y ofrecer su vida a todo un Dios en Jesucristo, para así poder liberarnos a los hombres de un final aún más doloroso. Cuando dudemos del inmenso malestar del infierno, recordemos los sufrimientos monstruosos de Jesucristo en su Pasión y Muerte.  ¿La finalidad de un sacrificio así de grande era tan sólo para salir en unas estampitas  que contemplemos en Semana Santa?

Meditemos  la gravedad del pecado :
¿Pero es que  merece un castigo eterno el pecado mortal?......... 
- Pues sí, veamos porqué :
 No es lo mismo eliminar a una bacteria que a un invertebrado, no es igual  pegar a un perro que a un ser humano, ni es igual insultar a un desconocido que  a tu propio padre. He ahí una escalera de valores, de acciones o de culpas cuyo valor o cuya responsabilidad  radica en  la magnitud y dignidad  del  ser ofendido y no en las del ofensor. Imaginemos que el ser agraviado es Dios, que es infinitamente bueno, amoroso y respetable. El castigo, en justicia, debería  de ser también infinito en este caso, dada la dignidad sin límites de la persona ofendida. Nuestro corazón, está hecho sólo para amar a Dios y estar cerca de Él. Tras la muerte Dios no aleja de sí al condenado, es éste el que voluntariamente se aparta de Él, creando su propia sanción. 
 
 Jesucristo, en la parábola de rico Epulón y el pobre Lázaro, nos habla de la barrera infranqueable  entre el mundo infernal y el mundo celestial, pared hecha y mantenida  por la propia voluntad de los seres que, libremente, se adoraron a sí mismos y giran alrededor de su miseria, para terminar odiando al resto de la Creación.
 Por esta razón en sucesivas ocasiones me he referido al Infierno como la muerte eterna.

 Sin duda alguna, el Bien y el Mal se desarrollan bien a fondo en nuestro mundo, unas veces con conocimiento y otras sin él, escapando generalmente de la justicia humana.
Es necesaria una Justicia que dé a cada uno lo que ha ido trabajando: si predominan las obras buenas o si, al contrario, ha reinado el egoísmo. Dios da durante la vida la oportunidad de arrepentimiento y de perdón, pero en el momento de la muerte, el más importante de nuestra vida (A. Romero), se ha de definir el ser humano: bien, adorando  a  Dios, o mal, adorando su corto ego, que, no satisfecho en sí mismo, arderá eternamente en el odio a todo lo que no sea él mismo..
Mientras vivimos nos debe de guiar nuestra conciencia.  Ésta debe de juzgarse en uno mismo, sabiendo que para cometer un pecado mortal son necesarias tres condiciones: materia grave, pleno conocimiento y completa voluntad al cometerlo.  Por esa razón sólo puede existir , por fuerza, una única valoración  divina  para conocer la verdad absoluta de estas tres condiciones, y así puede dar  a cada cosa su valor y a cada individuo su elección.

No podemos nosotros saber lo que es físicamente el Infierno y sólo podemos  citar lo que las Sagradas Escrituras  mencionan sobre este castigo. 
.. La  mente humana necesita imágenes, no se conforma con  conceptos abstractos. Por esta razón encontramos términos en la  Biblia como : "la gehenna", el "fuego eterno", "el llanto y el rechinar de dientes", etc, palabras a las que tampoco debemos dar un sentido literal . Vemos que el demonio se simbolizaba como una serpiente, más tarde los artistas lo imaginan de muy diversas maneras: como un ángel con alas negras y recortadas, o con un cuerpo de color rojo, o con sendos cuernos en las sienes. Pero todo esto  tan sólo  se trata de pinceladas fantásticas. Debido a no pretender asustar a las personas sensibles es, por lo que hoy día, incluso dentro de la propia Iglesia, se habla  muy poco del infierno. No conviene fomentar serias angustias que sin duda se desarrollarían en seres lábiles o depresivos. Parece mejor, sin duda, el conducir la atención de ellos hacia el premio celestial, que el hacerlo por huida de lo opuesto: el  castigo infernal.
 No obstante, cuando no existe ningún amor en las almas, pudiera al menos resultar preventivo el temor. Como ejemplo práctico podríamos todos comprender que sería nefasto el retirar las negativas señales de advertencia de peligro en el tráfico de las carreteras , pese a que, sin duda alguna, nos tensan al avisarnos  de la posibilidad de un doloroso y desagradable accidente. Eliminar estas señales, por la sencilla razón de que  a algunos les moleste el verlas, facilitaría la desgracia de un percance mortal.  Sin embargo una mente equilibrada y madura debe de conocer toda la verdad sobre todas las cosas, sobre la posibilidad de la vida eterna y la de su opuesta: la del infierno, es decir: la de morir eternamente.

Los teólogos católicos hablan  de dos clases de penas infernales: "la de daño" y " la de sentido"
. La primera de daño: es la de verse separado definitiva y eternamente de Dios, después de haber  contemplado, al menos durante su juicio,  su bondad gratuita e  infinita. .  Así  el alma del condenado,  creada para amar a Dios, habiendo renunciado  voluntariamente a su propia naturaleza, se ve separada de Dios y de todos los hermanos. Triste destino el de verse para siempre separado del amor  y poseído por su carencia de  un  rencor  insaciable hacia Dios, hacia uno mismo y hacia todos los demás. Es fuego   que quema y agota para siempre. Es el odio el único sentir que le queda al condenado para superar el remordimiento, el que le impulsaría continuamente a suicidarse , si es  que pudiera hacerlo. Los médicos sabemos que no hay dolor mayor que el que empuja a una persona deprimida  a acabar con su don más precioso: su propia vida. Pues el odio infernal supera todas sus cotas porque no es solamente un odio a uno mismo, sino además un  doloso odio absoluto a Dios y a todos los hermanos, porque la falta del Amor grabado en el alma en su creación le hace sufrir en el infierno una  eterna lucha de dos opuestos sentimientos: el remordimiento y el odio. Por eso el mal de daño es algo así como un suicidio eterno, porque no es para liberarse, como creían aquellos locos que anularon su vida, sino para encadenarse en el desprecio a sí mismo por haber ignorado y olvidado a Cristo-Jesús, nuestra generosa y verdadera salvación.
  La segunda es la pena de sentido. La vida es sólo maquinaria funcionando en  las manos de Dios. Sin su cooperación continua no hay organización vital, ni hay salud, ni hay bienestar. Es , pues , otra clase de "combustión", la de la enfermedad o de la agonía eterna para un cuerpo tras haber resucitado que no se puede ni  levantar., que no es ni lo que llegó a ser en su peor momento terrenal. También sabemos los médicos que la paz interior es fuente de salud y el pesar interno es fuente de toda clase de enfermedades. Todos lo órganos necesitan para su desarrollo y funcionamiento de una vida interior que dé sentido a sus  propias vidas.  Es la vida del alma , que si está enferma, tras la Resurrección del cuerpo, alterará su sistema nervioso  y éste producirá por todo el cuerpo numerosas alteraciones, dolores y graves fallos de enfermedad orgánica sin posibilidad de curación ni de eliminación por la muerte que ahora sería bien deseada. El cuerpo se manifestaría eternamente con enormes deficiencias e  incluso con monstruosidades orgánicas.
Cristo nos repasa el concepto de la realidad del infierno muy acertadamente en la parábola del rico Epulón y del pobre Lázaro. (Lucas 16, 19-31). Merece la pena releerla y meditarla sin prisas. Muchos cristianos dudan de la existencia del infierno basados en aplicar a Dios un falso "buenismo". Esta lectura les puede abrir los ojos a la realidad, revelada frecuentemente por el propio Cristo, porque en los Evangelios una de las palabras más repetidas es el término:  "Gehenna", es decir : infierno.
Jesús nos habla en aquella página de un  rico llamado Epulón, separado de este mundo y del Paraíso por un abismo infranqueable
 ¿ Creéis que Dios ha puesto a sus Ángeles para vigilar que no se escape condenado alguno ? .-
No, para ello están los demás condenados y  los ángeles caídos, con su odio a Dios y su rencor y desprecio  a cualquier arrepentimiento o signo de amor o compasión para sí mismos y para otros. Todos sufrirán, detendrán a quien esté a su alcance y le harán sufrir todo lo posible  para tratar de amortiguar conjuntamente la quemazón que llevan dentro de sí del rencor eterno a Dios manifestado contra cualquier acompañante. . Así, en el Infierno reina la malvada práctica que también poseen muchas de nuestras prisiones : los malos tratos de unos internos contra otros, creyendo liberarse del dolor al hacer sufrir más a cualquier semejante, sintiéndose así como  jueces  o como diosecillos . 
 Eso es el INFIERNO.  Su llama eterna es el odio, ese picor destructivo que primero arrebata y luego quema, sabiendo... que no sirve para nada y que se instala... para siempre. Su tristeza eterna es la envidia, pues saben que el Bien existe personalizado en Cristo y en todos los justos que le acompañan en el Cielo. Las llamas del odio y de la envidia tratan de apagarse en el el amor a " uno mismo", pero  este noble  sentimiento como empieza termina, porque se sabe bien  que la autoestima depende de la bondad y a ésta el propio condenado ni la cultivó ni la dejó crecer. 

Los sufrimientos inconmensurables de Cristo en su pasión y muerte tienen un sólo  fin: el evitarnos a nosotros un padecer aún mayor todavía.
Dios no puede odiar a nadie, pues es Amor perfecto, pero a quien durante su vida se olvida de amarle y respetarle, pese a tanto sufrimientos de nuestro Salvador divino Jesucristo le dirá: "No te conozco", y  le dejará huir de su Presencia a la eternidad del Infierno.

 Testimonio de Santos y Profetas de la Iglesia.:
"Dios que te creó sin tu aprobación, no te salvará sin tu colaboración" (S. Agustín)
Acórdémonos de la profecía de Simeón, de que "todos han de tropezar en Jesucristo, bien  para salvarse o bien para condenarse." 
"Quien no ama permanece en la muerte. Todo el que aborrece a su hermano es un asesino, y sabéis que ningún asesino tiene vida eterna permanente en él." (1-Juan 3,15). Nuestro Señor nos advierte que estaremos separados de Él, si omitimos socorrer las necesidades graves de los pobres y de los pequeños que son sus hermanos "(Mateo 25, 31-46).

Veamos lo que dice  además sobre el Infierno el Catecismo  :
"Salvo que elijamos libremente amarle no podemos estar unidos con Dios.. Pero no podemos amar a Dios si pecamos gravemente contra Él, contra nuestro prójimo o contra nosotros mismos"
 "Morir en pecado mortal, sin estar arrepentido ni acoger el amor misericordioso de Dios, significa permanecer separados de Él para siempre por nuestra propia y libre elección.. Este estado de autoexclusión con Dios y con todos los bienaventurados, es lo que se designa con la palabra Infierno."

Y nuestros grandes literatos:
 allá van estas líneas de un monje llamado frai - Pedro de los Reyes. _ :

 ¿Yo para qué nací? Para salvarme.

 Que tengo que morir es infalible;

 Dejar de ver a Dios y condenarme

 Triste cosa será, pero posible.
 

 ¡Posible...! ¿y río y duermo  y quiero holgarme?

 ¡Posible...! ¿y tengo amor a lo visible?

 ¿Qué hago? ¿En qué me ocupo?  ¿En qué me encanto?

 ¡Loco debo yo ser, pues no soy santo!




Estimado lector, sopesemos, sin neurosis, pero con claridad, la realidad y la gravedad del infierno . Seamos responsables de nuestra vida y de la libertad que poseemos y  no sólo para evitar el pecado activo, sino también el pasivo de omisión. Apreciemos la conducta del rico Epulón, cuya falta  de servicio al pobre Lázaro le valió la condenación eterna. Ayudemos y perdonemos  siempre  en todo momento a nuestros hermanos. El amor es la única arma que existe  para evitar el infierno y la única llave posible para poder entrar en el Cielo.



Jonás   2004-2007-2011-2019 -2022 - 2023 - 2025

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