El CIELO : LA VIDA DEL MUNDO FUTURO
La palabra de Dios es segura, es fuerte, es estable, es fuente de tranquilidad y es fuente de esperanza. Así se da a conocer en nuestro Credo. Su final, es decir la culminación de la fe es: "creo en la Vida eterna", o como dice el otro Credo: " creo en la Vida del mundo futuro".
A los creyentes nos gusta oír hablar del cielo, pero desgraciadamente muchas personas tenemos la imaginación encarcelada en nuestros sentidos corporales, lo desconocemos y nos creamos ideas simples , como el vivir en nubes de algodón o el escuchar los cánticos de alados ángeles con preciosas caras. La verdad es que este infantilismo no es un panorama precisamente agradable a experimentar perpetuamente como fin durante toda una eternidad. San Pablo de sus visiones celestiales tan sólo nos narra una cosa:"ni el ojo vio, ni el oído oyó.., como queriendo explicar que no hay palabras ni sentidos con los que expresar la felicidad que Dios tiene reservada hacia aquellos que le aman."
Fue el propio Dios quien dotó a sus creaciones de la capacidad de gozar, fue quien inventó una a una todas nuestras fuentes de felicidad, y fue El quien se colocó como Amor Supremo en el centro de todas ellas tal como San Agustín escribió: "Nos hiciste, Señor, para Ti, y nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en Ti." No podemos imaginarnos cómo será realmente la contemplación del Señor, pero sí sabemos que tan sólo un instante de ella compensará con creces todos los sinsabores de la vida, todos los esfuerzos, todos sus dolores, enfermedades y preocupaciones, todos sus temores y todas las ingratitudes que se hayamos podido sufrir. Tal es de grande y buena la Faz de Dios.
Pero nosotros pensamos de un modo muy apegado a nuestros sentidos y no podemos imaginar tanta dicha sin ellos. Recuerdo en mi infancia un retiro espiritual en el que el sacerdote nos hablaba del Cielo. Un chaval le sugirió esta pregunta: "Todo eso que Usted nos cuenta, Padre, está muy bien pero... ¿En el Cielo.... hay bicicletas...o no las hay...?".- A lo que aquel sacerdote sabiamente respondió: "Claro que sí hijo mío, allí están las mejores bicicletas del mundo..".- Ni que decir tiene que todos los niños con aquella respuesta nos quedamos felices y satisfechos. Comenzamos con los sentidos a amar el Cielo, pero a veces Dios premia a las mentes más sencillas con verdades a las que los mejores teólogos les cuesta una vida entera llegar a ver, si es que tienen la suerte de encontrarlas. Es el caso de otro niño, se lo oí contar en TV a Ramón Pi, preguntándole qué suponía para él el cielo respondió el chaval con tres palabras que llenarían aquel libro que bien hubiese querido escribir San Agustín. Contestó con toda sencillez: " El cielo es:.......Dios por dentro". Aquel niño había practicado la disección con Dios y había encontrado en ella al mismísimo Amor, al Autor de la Vida.
Mayor superación aún se nos presenta con el panorama de la Resurrección, el plan con el que Dios nos configura conociendo nuestras limitaciones sensoriales. Nuestra alma estará completamente satisfecha pues estará unida a Dios ( contemplación + interacción divinas), pero además tendremos nuestro cuerpo con todos nuestros sentidos, y nuestros recuerdos con nuestros proyectos, con nuestros buenos familiares y amigos realmente presentes y además todo aquello que podamos desear ordenadamente: Eso quiere decir que tendremos todo de todo, después de adorar con el corazón por entero al único que es digno de ello: a Dios.
Para mantener ese orden de valores Cristo dio una sola respuesta a aquellos fariseos que imaginaban el cielo como una continuación de la vida terrena, incluidas sus esposas, sus propiedades, derechos y obligaciones familiares: "allí seréis como Ángeles". Es decir: predominará el espíritu y las fuentes del placer y de la felicidad ya no discurrirán por los viejos caminos tantas veces abusados y salpicados por el egoísmo, sino que marcharán por otros cauces totalmente amplios y nuevos: todos seremos para siempre hermanos, lo que no es poco.
Entre los descubrimientos hechos por los Telescopios espaciales, esos ojos astronómicos que el hombre ha puesto en órbita para contemplar mejor el firmamento, se aprecian multitud de imágenes , un sin fin de galaxias reales que delatan un universo inmenso, inconmensurable. Y uno se pregunta :..¿Para qué tanta creación,..?¿Porqué tanta energía, tanta materia, tanto espacio y tanto tiempo..? La respuesta sólo es una: Es una parte del enorme regalo que Dios nos hace para toda una eternidad que nos espera.
Vistas de nuestro universo desde el Hubble. Cada punto luminoso ovalado o alargado no es una estrella, es una galaxia entera, o sea unos 200.000 millones de estrellas juntas, más o menos.
Esas imágenes del universo real, que nos enseñan estas fotos del telescopio Hubble (arriba) y superadas por el telescopio J.Webb (abajo), me hace recordar aquellas miradas curiosas , que cuando éramos niños teníamos atisbando juguetes por el ojo de la cerradura de nuestro cuarto esperando en la noche de los Reyes Magos. Parece que Dios nos prepara también a nosotros, ya adultos, algo semejante, si es que lleguemos a dar la talla del bien tras el paso por nuestro mundo. Es otro regalo mucho mayor que tan sólo lo podemos también atisbar por ese ojo ocular de los grandes telescopios espaciales: el regalo de Dios: un Universo y una Eternidad...
Posiblemente este pudiera ser para Dios su sorpresa material, tal como nuestra "anhelada bicicleta" para la eternidad, pero como un buen Padre que es, no sólo nos prepara los obsequios de su ansiado firmamento, sino también nos da algo muchísimo más valioso y eterno que es: su afecto, su cariño, y su compañía, con su abrazo para siempre, el que llevaremos eternamente impreso en nuestro corazón
Para mí la Gloria celestial la imaginaría representada en tres períodos o días :
El primero sería el día de la Sabiduría. Todo el conocer de un Dios infinito dispuesto para ser contemplado por nuestro cerebro resucitado. !Cuantos enigmas resueltos¡ !Cuantos fenómenos de la naturaleza comprendidos¡ ! Cuántos misterios de la Historia que han quedado explicados ¡.
El segundo sería el día del Poder. !Nuestra labilidad e impotencia resuelta para siempre¡ !La palabra imposible ha desaparecido de nuestra mente y del diccionario! !Junto a nuestro Padre nos sentiremos omnipotentes¡ ! tal y como cuando eramos pequeños niños y celebrábamos nuestros primeros años de vida junto a muestro papá y a nuestra mamá que podían darnos cualquier cosa que pidiéramos ¡.
El tercero sería, como descubría aquel pequeño que cité, el día del Amor. !Dios por dentro¡. !Todo el amor de Dios destilando gota a gota por nuestro humilde ser¡ ! Haber entrado dentro de Dios y contemplarlo tal cual es, recibiendo su calor y recibiendo su seguridad para siempre¡ Ese amor es y será como la hoguera que descubrió Moisés que nunca se apaga. !Ahora también habrás de descalzarte como él hizo ante su fulgor, " porque ese terreno que pisas" es "Dios por dentro", es absolutamente tierra sagrada ¡. El saber y el poder han originado algo muy superior: el Amor y con él: la perfecta felicidad. Pero observemos que el amor absoluto al propio YO es ahora "humus", ha quedado prisionero en la tierra del olvidado cementerio. Tu corazón ha crecido enormemente. Ahora amas a todos los hermanos, verdaderamente como a ti mismo y aún más a Dios, con todo tu corazón, con toda tu mente y con todas tus fuerzas, ahora le escuchas como el buen pueblo de Israel. Has encontrado la felicidad para siempre. La alegría te hará aumentar y crecer cada momento hacia Dios para siempre, sin llegar a alcanzarle, eso sí , porque... "¿Quien sino Dios?", pero ciertamente sobrepasando cualquier ilusión o dicha imaginable.
Hemos mencionado "una eternidad que nos espera". Harto de todo lo transitorio, realmente el hombre necesita de la eternidad para ser feliz, necesita de la eternidad para agradecerle a Cristo su Redención, pues siendo infinito, se hizo un ser como nosotros y sufrió al máximo hasta morir para así salvarnos, Necesita la eternidad para agradecerle que siempre nos perdona en la Confesión y que se une a nosotros, sin importarle nuestras miserias, en la Sagrada Comunión. Por lo tanto, necesitamos de toda la eternidad para alabarle, para amarle y para agradecerle como se merece, siendo además un gozoso abono de nuestra deuda perpetua. Ojalá podamos irle abonando esa bendita hipoteca de salvación amándole eternamente. Así solucionaría Dios el problema de compartir toda su infinita alegría con nosotros, pese a nuestra limitadas percepciones del corazón y de la mente: a través de una eternidad inacabable.
No podemos cerrar esta meditación sobre el Cielo prometido sin dejar de pasar por María, la Madre que compartimos con Dios. Un buen amigo mío me decía con sabia razón que María es un Cielo dentro del Cielo. No es una diosa, ni es un complemento de la Trinidad ni un suplemento del Paraíso, es la simple razón de ser nuestra Madre adoptiva y la Madre de Dios. Ella puede sentarnos en su Mesa junto a Cristo, su Hijo. Sin su existencia el cielo sería para nosotros impenetrable . ("Lanua caeli", Santa María: Puerta del Cielo)
Este es nuestro Dios y Padre, éstas son su Familia y la Casa que nos ofrece. Merece la pena luchar un poco en la vida para integrarla y habitarla con Él y con todos su santos por toda la eternidad.
Jonás
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