miércoles, 11 de septiembre de 2024

 EL HIJO.-


Pensar en Dios, cuya naturaleza es Amor, siempre dilata los corazones, pero en el caso de Jesucristo, Verbo divino encarnado en un hombre como nosotros, los puede hacer llegar  reventar por tanta dignidad, generosidad y bondad que fue derramando a lo largo de sus 33 años de vida aquí, en el mundo. Nadie lo ha contado mejor que San Pablo : "Y así, actuando como un hombre cualquiera se sometió a la muerte,...y una muerte de Cruz"  .

¿Qué necesidad tenía Dios de salvar al ser humano a costa de su Hijo muy querido...? .- Pues lo hizo.

No se negó el Verbo a cumplir su misión Redentora desde el momento que el Padre se lo sugirió junto al Espíritu Santo, No se negó a sufrir el incómodo viaje por un nacimiento en la pobreza ni por una infancia y crecimiento lentos en los que tenía que desarrollarse y  "aprender" aquellas cosas que Él  ya bien  sabía, para llegar a poder ser  considerado en el mundo como un hombre cualquiera, igual a nosotros en todo, menos en romper su fidelidad a su Padre divino, que es el pecado que tanto nos marca..

Eligiendo la peor época de la historia quiso aparecer en un pueblo desorientado sometido a otro, Roma en pleno proceso colonial. Conoció la más auténtica pobreza y las mayores necesidades, consolando el dolor del triste y renovando frecuentemente la salud del enfermo, e incluso devolviéndolos a la vida, como demostró en las variadas Resurrecciones que hizo. Enseñó el verdadero sentido y alcance de todos los mandamientos de la ley de Dios y corrigió a los "sabios religiosos" de Israel en todo aquello que se hallaba torcido o mal interpretado, sin negar nunca, valientemente, su origen divino, nobleza de espíritu que ya sabía le habría de costar muchos sufrimientos y toda la vida por entero, muriendo en la Cruz, como bien sabemos.

Pasó toda su vida haciendo el bien, nos enseñó, con su ejemplo, a valorar la virtud de la pobreza, pues nunca llegó a tener nada en propiedad, salvo la humilde ropa que llevaba. Nos enseñó la virtud de la paciencia aguantando una y otra vez las importunidades de sus discípulos, el abandono de otros y la dureza de corazón de los ricos.

No fue detenido contra su voluntad, ni  juzgado ni sentenciado por acusación concreta, sino que Él mismo  permitió que ocurriera todo por su sumisión al poder establecido ( "como oveja que es llevada al matadero , Isaías), habiendo podido evitar el dolor, el malestar y la incomprensión que recibía, dado el ser  todopoderoso, lo que nunca llegó a utilizar en su propio favor.

Quería Cristo enseñarnos a cada uno de nosotros que lo único que vale la pena de veras es servir al Padre con autenticidad,  valentía y entrega total, mostrándonos que todas las demás cosas pasan y terminan y que vale bien la pena gozar del amor de Dios toda la eternidad si es que le hemos amado con todo el corazón entre los mil obstáculos de la vida.

He aquí el inmenso valor de la Redención : Cristo sufrió su pasión y angustiosa muerte pudiéndola evitar minuto a minuto, ya que hubiese bastado una orden suya para inactivar el crimen nefasto  planeado por los agentes del mal. Para tratar de eliminar este valor de Cristo surgió el arrianismo en la antigüedad y en la época actual ,  que niega la divinidad de Cristo. Esta herejía trata de eliminar así el gesto de  heroica generosidad de Jesús por nosotros y así poder ignorar el amor con que deberíamos responder a un Dios de esa talla, el que tanto nos ha amado..

No contento con todo  lo que nos daba, se dio Jesucristo a sí mismo a todos nosotros en el Eucaristía, en la que está realmente para todo el que crea que Él es Todopoderoso y que Él nunca miente. Aprovechemos que resucitó y vuelve a estar vivo entre nosotros esperándonos en el silencio del su santo Sagrario. Él nos quiere y nos puede ayudar dando pleno sentido a esa vida que con frecuencia  nos desanima.

Alegrémonos profundamente de la encarnación del Verbo Trinitario en el seno de la Virgen Santísima, la que trasformó a todo un Dios en miembro de nuestra propia raza humana. Paso sublime para la filiación divina, regalo que nos completó el día de su Bautismo en el río Jordán. Somos, desde entonces, de la misma raza que Dios : eso nos debería de elevar la percepción de nuestra enorme valía para poder  superar la altura de cualquier dificultad u obstáculo que se nos presente a lo largo de la vida..

Acompañemos con frecuencia a Cristo en el Sagrario y seremos gratificados con el don de la Paz, el del amor y el de la esperanza de recibir una verdadera vida completa y eterna.

. ..... .Esto es lo que tanta falta hace en el mundo de hoy.

Jonás ,- Septiembre 2024- Octubre 2024

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