EL PECADO.-
Hoy día no suena bien al público general hablar sobre el pecado. Suena a sermón que algún cura quiere imponer para amargar la vida a las personas.. No se le da mucho valor. Tan sólo se consideran de gravedad los asesinatos, los robos importantes o las violaciones. Todo lo demás suele pasar por el gaznate con suavidad.
El pecado es una ofensa directa a Dios, bien hacia su persona o bien contra el prójimo. Esta agresión puede ser pequeña o venial, o puede ser grande o mortal. La ofensa grave siempre implica la pérdida de la filiación divina, la Gracia de Dios, indispensable para la salvación en el momento de la muerte.
Mientras vivimos nos debe de guiar nuestra conciencia. Ésta debe juzgarle a uno mismo, pero hay que conocer que para haber cometido un pecado mortal son necesarias tres condiciones: ser materia grave, tener previo conocimiento de ello y tener plena voluntad al cometerlo. Al igual que diariamente reconocemos nuestro propio cuerpo en busca de algún dolor o función anómala, deberíamos cada noche examinar nuestra conciencia y , caso de algún fallo serio solicitar su perdón a Dios, que siempre te ve y siempre te escucha.
Tememos las enfermedades y mucho más a la muerte, así deberíamos considerar el peligro con los pecados leves y los graves.
En el momento de final de la verdad, muchos se arrepienten abriendo la ventana de su conciencia , pero desafortunadamente no siempre les da tiempo de confesarse o de realizar un perfecto acto de contrición por los pecados cometidos..
La Justicia divina es instantánea, pues no requiere testigos, ni abogados , ni fiscales, ni prueba alguna, que Dios sabe bien los hechos, las circunstancias y las consecuencias. Todo lo lo conoce, todo lo mide y todo lo sanciona.
No puede, pues, haber quejas, ni es posible el "recurrir" tras sus juicios.
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Sepamos cuidar la salud del alma evitando no solamente las serpientes mortales, sino también las cucarachas veniales que nos contaminan el alma.
No nos creamos nunca "buenos", porque bueno sólo es Dios y nosotros podemos terminar revolcándonos en el mal mucho más de lo que nunca nos podríamos imaginar.
Estemos siempre a bien con Dios, seamos amigos suyos, porque no sabemos el día ni la hora en la que nos llamará.
Jonás Octubre 2024---Noviembre 2025
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