La Confesión sacramental.-
18 siglos antes de que el gran psiquiatra Freud comenzase a utilizar el psicoanálisis, proceso en el que el paciente relata al especialista médico todos sus problemas mentales y secretos, ya existía en la práctica cristiana católica la costumbre de revelar, con absoluta sinceridad, los pecados cometidos al sacerdote, es decir: ese pasado que nos puede atormentar. Éste ministro que representa a Nuestro Señor Jesucristo le escuchará meticulosamente, aconsejándole y liberándole de los pecados cometidos por la Absolución que el mismo Jesucristo adjudica con su bendición.
En otras religiones no existe ninguna práctica semejante, por lo que, aunque le digan a la persona que basta el arrepentimiento de una falta o pecado para purificarse, ella sigue cargando con los pecados de toda su vida, faltándole la liberación completa de los mismos por no confesarlos al sacerdote, representante de Cristo. El vencer la vergüenza y la soberbia para hacerlo predispone la bendición de toda una Trinidad divina que desea y puede borrar todas nuestras caídas y volver a bendecirnos como hijos suyos muy queridos.
Aquí aparece el proceso que Dios nos regala para arreglarnos la vida otorgada: el Sacramento del Perdón. Mediante el mismo, nuestro Creador, que es la infinita experiencia constructiva, nos devuelve el correcto funcionamiento hasta el grado de que la "pieza humana" vuelve a estar como recién salida de fábrica, cual si nunca hubiese fallado. Esa es la bondad de tal arreglo, el de nuestro Creador a quien debemos agradecer de nuevo profunda y eternamente.
La Iglesia, cuerpo místico de Jesucristo, Señor y Dios nuestro, nos propone 5 condiciones para hacer efectiva esa operación cuando es necesaria.
1 .- Examen de conciencia. Lo primero es analizar nuestro comportamiento. La conciencia nos avisa del cuando, el cómo y en cuantas veces lo hemos podido descarrilar.
2 .- Dolor de corazón. Es decir : arrepentimiento de realizar una acción mala o deficiente por nuestra parte o de omitir una buena, como puede ser ejercer la piedad o la caridad.
3 .- Propósito de la enmienda. es decir : tomar la actitud necesaria para siempre evitar el volver a fallar.
4 .- Decir los pecados al Confesor, quien es la persona que representa a Jesucristo.
5 .- Recibir de nuestro Redentor la Absolución de nuestros pecados a través del sacerdote.
5 .-Cumplir la penitencia impuesta por este ministro divino
Se debería agregar la conveniencia de la elección del confesor: no el de mayor "manga ancha ante los pecados", sino del sacerdote más justo y honesto que apreciemos y a ser posible, quien también nos conozca a nosotros mismos.
Cuando escuches en el confesionario el "Ego te absolvo", la absolución de tus faltas, graves o leves, arrodíllate y piensa que Jesucristo en persona es quien se está dirigiendo a ti. Tu alma quedará feliz y tranquila, limpia tu conciencia al completo, tal como si volvieses a nacer. Sobraría comentar por experiencia la alegría que se siente al oír estas palabras. Parecida es a la sensación de cuando te quitan un tapón del interior del oído y comienzas a percibir con claridad el sonido de la vida. Así entonces puedes percibir claramente las palabras de Jesucristo que te quiere y te dice, como a aquella mujer adúltera, : "Yo tampoco te condeno, ve y ya no peques más" .
Jonás Octubre 2024- Noviembre 2024
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