miércoles, 30 de octubre de 2024

SAN JOSÉ

 San José.-


De entre todos los justos que menciona la Sagrada Biblia, es San José el único distinguido en santidad que no nos ha dejado palabra alguna. Así de grande fue su humildad, la que con su obediencia, fortaleza y espíritu de servicio, formaron el cuarteto de virtudes necesarias para acompañar en su infancia y juventud al Buen Jesús, y así mismo para proteger la integridad de María, la madre de nuestro Salvador. Poco sabemos de la vida de José, tan sólo lo poco que nos cuentan los evangelistas Mateo , Marcos y Lucas, tan sólo en referencia con el nacimiento e infancia de Jesús. No nos relatan como sería de dulce su muerte en la compañía de Jesús y de María.

El evangelio apócrifo de Santiago menciona que José, antes de relacionarse con María , había contraído muchos  años antes otro  matrimonio llegando a tener hasta 6 hijos. El último de ellos , llamado Santiago, se consagraría  más tarde como  apóstol de Cristo, y sería : Santiago el menor, llamado por San Pablo el "hermano de Jesús".

Tras la muerte de su esposa, nos relata la fuente apócrifa, que siendo ya muy mayor, fue solicitado como candidato a prometido de una virtuosa doncella, también perteneciente como él a la tribu de Judá, pues los padres de ella: Joaquín y Ana, deseaban no decreciese la pureza de dicha tribu, la que consideraban era la prometida para que de ella procediese el Mesías. Así llegó a aparecer en la Historia de la Salvación José, este hombre justo, designado por Dios para ser el protector de su Hijo encarnado como Jesús, y de su Madre: la Virgen María.

Estando prometidos María y José, ella comenzó a mostrar señales de embarazo y el justo José pensó en solicitar  repudiarla motivado por motivos personales, pues, aunque ello le implicaría a él como responsable de dicha  gestación, no deseaba en absoluto para María la lapidación aplicada por la ley mosaica en  casos de adulterio, como pudiese llegar a aparentar el caso. Mas en un profundo sueño José sintió la voz de un Ángel que le explicaba la situación real: "María estaba embarazada sin conocimiento de varón alguno, por acción directa y exclusiva del Espíritu Santo, Fuente de vida, Luz divina que había traspasado el cristal de la virginidad de María, sin romperlo y sin  mancharlo". Así era que  ella esperaba al Mesías Redentor, indispensable para la salvación de todo el género humano. Dios había hecho para encarnar a su Hijo el más increíble de los milagros : una fecundación sin absoluta relación de varón alguno, a diferencia de otros anteriores que narra la Biblia hechos por Dios de embarazos milagrosos en mujeres ya ancianas, o de lo que  en nuestro tiempo presume la Ciencia: de fecundación artificial,.. pero con esperma guardado.

José creyó firmemente en el mensaje del Ángel y cumplió lo que creía su deber, aunque eso le complicase enormemente una vida, que en su final, pudiendo ser cómoda y confortable, pasaba a ser, tras haber criado una familia numerosa de 6 hijos,  pobre, vulnerable y nuevamente  trabajosa, cosas que el gran José aceptó totalmente por amor a Dios, a aquella joven Virgen y a aquel divino Niño que el Creador había  puesto en sus manos. Siempre respetó castamente a María como la esposa de Dios y dedicó sus últimos años a hacer lo más felices posibles a María y a Jesús. A éste el enseñó su oficio, en el que permaneció nuestro Salvador, aprendiendo de José a trabajar haciendo las cosas comunes perfectamente, y mostrándonos el camino de la santidad por la labor óptima. Así permaneció Jesús hasta los 30 años, en los que habría de comenzar su vida  pública. 

Tardó mucho la Iglesia en reconocer la santidad de José, dadas sus pocas intervenciones  en la historia de la Salvación, pero precisamente su vida es poderoso estímulo de todo creyente para la valoración de los hechos comunes bien realizados, de la necesidad de humildad perpetua, del valor de la obediencia,  de la castidad y de la fe. A lo largo de los siglos la Iglesia ha ido descubriendo la enorme enorme valía, de quien Dios seleccionó entre todos los hombres de la historia para ser el guardián eficaz de su querido Hijo encarnado en Jesús. Imaginemos cómo las fuerzas del mal, nunca dormidas, arreciarían sus malas acciones contra el Verbo divino, hecho un vulnerable niño. Fueron José y María sus grandes protectores.

 Santa Teresa de Jesús consideraba a San José el mayor de todos los santos, por su humildad, castidad, su trabajo protector y por su poder milagroso, agregando que el Santo siempre había intercedido ante el Señor por ella y  le había proporcionado todos los favores pedidos.  Si bien es cierto que el propio Jesús declaró a Juan Bautista el primero entre todos los vivientes, también lo es el que nuestro Señor lo dijo cuando ya hacía años que José había muerto.

Pongamos a José en el centro de oración o intercesión, entre todos los santos, pues, por su humildad,  se halla muy cerca de nuestro Dios y Señor y es el protector indispensable para tener, como él,  una buena Muerte en la compañía de Jesús y de María .


Jonás -  Octubre 2024 --Noviembre 2025

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