lunes, 22 de diciembre de 2025

La Humildad que agrada a Dios.

 LA HUMILDAD QUE AGRADA A DIOS.-


Dios es infinitamente humilde. De no ser así no se relacionaría con nosotros que somos infinitésimos de su poder creador. La paradoja es que sin necesitarnos para nada nos atiende, y nos quiere hasta el punto de bajar a nuestra ínfima talla para desmostrarnos que nos ama y llega a dar su vida en Jesucristo a cambio de la nuestra. Nosotros no somos humildes, pues decimos amarle, pero realmente nos amamos más a nosotros mismos y a los nuestros. Repito, nos queremos mucho mas que a ese Dios, al que  que no vemos, si no es por la fe en la que tanto flaqueamos.  Y digo bien: muchos vivimos contemplando extasiados nuestra ínfima grandeza, o bien somos personas piadosas, buenas  y desprendidas de sí mismas, pero atadas al amor de un ser querido,  con tal fuerza y  de tal manera que cuando éste falta nos hace olvidar, por la dimensión de su ausencia, el sufrimiento del propio  Dios. Cuando de Él nos alejamos, parece que le decimos : "Quiero más a esta persona  que a tí, Dios mío.".

No ofendamos a Dios, que es nuestro verdadero Padre, nuestra familia es la suya  y es la eternidad lo que nos ofrece a cambio de nada..

Ser humilde es darse cuenta de nuestra insignificancia, es valorar la generosidad de quien nos ha dado todo cuanto tenemos: existencia, vida, familia, salud  bienes, conocimientos, ideales,... y además se nos  ofrece a vivir eternamente con nuestra mediocre compañía. Afortunadamente Dios es aficionado a la microscopía y con su óptica suprema nos mira amplificados, casi a su escala, para así poder llamarnos hijos suyos. No tiene más que un HIJO querido y nos hace sus hermanos pequeños, no tuvo más que un amor de eternidad en su Santo Espíritu y trata de compartirlo con cada uno de nosotros.

 Háblame de la pequeñez que nos identifica a todos los humanos y  yo descubriré tu verdadera humildad. Dios se hace pequeño por amor:      !Imitémosle¡

No hay comentarios:

Publicar un comentario