lunes, 6 de enero de 2025

EL VALOR DE PERDONAR AL PRÓJIMO(2)

El Valor del Perdón al Prójimo(2) 


Vistas ya las bases del Perdón que Dios aplica, veamos las incidencias de ese perdón  :


Perdón en la pareja :

Aquí hay un comportamiento, por lo general,  éticamente superior en la mujer que en el hombre:

 Ella de entrada , durante el noviazgo suele perdonar las anteriores aventuras sexuales del compañero.  Ya casados, lo vigila y espera, pero si hallase engaño, sabe dar nuevas oportunidades al compañero con la esperanza generosa de que pronto rectifique y perdure en la fidelidad. De no ser así acabará disolviéndose el amor y el vínculo de la pareja. 

Él, de entrada, generalmente repugna cualquier experiencia sexual femenina anterior a su advenimiento y, salvo excepciones, tras la boda, ya no va a perdonar ni la más mínima, recurriendo a veces a una vergonzosa venganza de engaño con otra mujer. o a la definitiva rotura de su unión matrimonial. 

Perdón en la familia :

La vida familiar es el núcleo de la personalidad de todo ser humano. En ella se aprenden por imitación las virtudes o los vicios de los padres. Allí van naciendo la laboriosidad, la paciencia, la sinceridad, la entrega incondicional, la amistad, el respeto y el resto de virtudes. Pero también, desgraciadamente, todo el resto de antónimos posibles: la pereza, la impaciencia,  la ocultación, la violencia verbal, etc.      Los jóvenes suelen tener la virtud de ser generosos en perdonar, pero con el desarrollo corporal suele haber un decrecimiento  de esta bondad.

Perdón en la profesión :

Ahí, como hay que triunfar, todos tienden a ser lobos contra lobos. Subir aplastando a otros es lo más frecuente, brillando muchas veces por su ausencia  la cooperación y el compañerismo. Por esta razón es raro hallar en los ambientes profesionales del trabajo un íntimo amigo.

Perdón en la sociedad :

Aceptar la simpatía cercana de otros similares a uno, sea  en el juego, en las artes, en los deportes o en la ciencia, es posible. Pero mucho más sencillo es encontrar defectos en cada uno de los demás, o alejarse de otros  por causa de su raza, de su religión, de su ideología política, o de su capacidad monetaria: la mal llamada clase social.


Hemos, pues, de imitar al Dios que nos da de todo, sea material o espiritual, sin esperar nada a cambio, quien, si le correspondemos con algo, por insignificante que lo sea, se siente contento, como a un Padre le ocurre con el más pequeño de sus hijos. Y así deberíamos de hacer nosotros tanto en la pareja, como en la familia, como en el trabajo y como  en la sociedad. Hemos de imitar al Dios que perdona en cuanto ve el más leve arrepentimiento en quien le ha ofendido o molestado y nunca le guarda rencor  deseándole castigo alguno. Hemos de enterrar el odio y fertilizar el amor, porque es el único origen de la vida feliz  que todos necesitamos.

Que así sea.


Jonás  Octubre 2025

No hay comentarios:

Publicar un comentario