El Valor del Perdón al Prójimo(2)
Vistas ya las bases del Perdón que Dios aplica, veamos las incidencias de ese perdón :
Perdón en la pareja :
Aquí hay un comportamiento, por lo general, éticamente superior en la mujer que en el hombre:
Ella de entrada , durante el noviazgo suele perdonar las anteriores aventuras sexuales del compañero. Ya casados, lo vigila y espera, pero si hallase engaño, sabe dar nuevas oportunidades al compañero con la esperanza generosa de que pronto rectifique y perdure en la fidelidad. De no ser así acabará disolviéndose el amor y el vínculo de la pareja.
Él, de entrada, generalmente repugna cualquier experiencia sexual femenina anterior a su advenimiento y, salvo excepciones, tras la boda, ya no va a perdonar ni la más mínima, recurriendo a veces a una vergonzosa venganza de engaño con otra mujer. o a la definitiva rotura de su unión matrimonial.
Perdón en la familia :
La vida familiar es el núcleo de la personalidad de todo ser humano. En ella se aprenden por imitación las virtudes o los vicios de los padres. Allí van naciendo la laboriosidad, la paciencia, la sinceridad, la entrega incondicional, la amistad, el respeto y el resto de virtudes. Pero también, desgraciadamente, todo el resto de antónimos posibles: la pereza, la impaciencia, la ocultación, la violencia verbal, etc. Los jóvenes suelen tener la virtud de ser generosos en perdonar, pero con el desarrollo corporal suele haber un decrecimiento de esta bondad.
Perdón en la profesión :
Ahí, como hay que triunfar, todos tienden a ser lobos contra lobos. Subir aplastando a otros es lo más frecuente, brillando muchas veces por su ausencia la cooperación y el compañerismo. Por esta razón es raro hallar en los ambientes profesionales del trabajo un íntimo amigo.
Perdón en la sociedad :
Aceptar la simpatía cercana de otros similares a uno, sea en el juego, en las artes, en los deportes o en la ciencia, es posible. Pero mucho más sencillo es encontrar defectos en cada uno de los demás, o alejarse de otros por causa de su raza, de su religión, de su ideología política, o de su capacidad monetaria: la mal llamada clase social.
Hemos, pues, de imitar al Dios que nos da de todo, sea material o espiritual, sin esperar nada a cambio, quien, si le correspondemos con algo, por insignificante que lo sea, se siente contento, como a un Padre le ocurre con el más pequeño de sus hijos. Y así deberíamos de hacer nosotros tanto en la pareja, como en la familia, como en el trabajo y como en la sociedad. Hemos de imitar al Dios que perdona en cuanto ve el más leve arrepentimiento en quien le ha ofendido o molestado y nunca le guarda rencor deseándole castigo alguno. Hemos de enterrar el odio y fertilizar el amor, porque es el único origen de la vida feliz que todos necesitamos.
Que así sea.
Jonás Octubre 2025
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