miércoles, 1 de enero de 2025

EL VALOR DE PERDONARSE A SÍ MISMO - REINCIDENCIAS.- (3)

 EL VALOR DE PERDONARSE A SÍ MISMO.-   REINCIDENCIAS .-  (3)


Conseguido el Perdón por parte de Dios, también  hemos de perdonarnos a nosotros mismos para así sentir el más profundo agradecimiento a quien nos ha dejado tan limpios como cuando nacimos. No es "borrón y cuenta nueva",... !Ya nos existe borrón alguno ¡.

Todos somos conscientes de nuestra débil voluntad y de nuestro apego a todo la fácil y gustoso que nos aparta de la mistad de Dios e incluso del respeto a nosotros mismos. Nos ignoramos para no mirarnos por dentro, para no tenernos que limpiar o nos abandonamos en un "yo soy así" para quitarnos cualquier responsabilidad que nos pueda amargar la vida.

 Para perdonar a los demás hemos primero de perdonarnos a nosotros mismos,. Hemos de confiar en nosotros mismos antes de confiar en otros, hemos de amarnos a nosotros mismos antes de amar a los hermanos, y así poder  hacerlo tal como manda la segunda parte del Shemá : "amarás a tu prójimo como a tí mismo."  

Debiera ser de igual manera nuestro perdón cuando los demás lo necesitan de nosotros, un perdón total que les dejara tan limpios y queridos como cuando eran nuestros mejores compañeros y amigos. 

Mas en el campo de la ofensa existen muchas reincidencias y es  necesaria mucha paciencia para mantener el perdón repetidas veces. 

Parece que la virtud de perdonar las ofensas es inútil, porque continúan surgiendo de igual manera  por parte de la misma persona. A Jesús le pasaba con frecuencia lo mismo y para  nosotros, que, habiendo sido pecadores, querríamos poder seguir sus pasos, no va a ser menos. 

En estos casos, si una determinada persona persiste de forma obcecada en ofenderte, será necesaria la separación transitoria de la misma. No obstante, hay que hacerlo sin cerrar definitivamente las puertas de la amistad, por si pudiera existir  un nuevo  arrepentimiento y pudieses perdonar de nuevo.  Porque Jesucristo nos dijo que lo habíamos de hacer no 7 veces, sino 70 veces 7.

Pero ahí no acaba la cosa. Es imprescindible la oración. Es obligación moral nuestra rezar con mucha frecuencia por todos los que directa o indirectamente nos molestan y, con mayor razón, por todos los que  ofenden a Dios. Cuanto nosotros no podemos alcanzar, lo puede conseguir el Señor. Él conoce todos los pensamiento de cada ser humano y los puede mover a donde quiera. Nos dijo "pedid y se os dará" y nada le agradará más a Él que  intercedamos en favor de otras personas. Siempre hemos de hacer en favor del prójimo todo aquello que podamos, pero allí, donde no alcanzan nuestras fuerzas, está la Oración, que es disparar con certeza hacia aquel hermano en apuros el infinito poder de todo un Dios.

Y como hablamos de oración fijémonos en las palabras de la más importante de todas las súplicas al Padre:  El Padre nuestro.:

"Perdona nuestras ofensas, así como nosotros perdonamos a quienes nos ofenden"

"Así´" significa "de la misma manera o forma" que nosotros perdonamos a los que nos ofenden. Esto no es broma, pues significa que si nosotros no perdonamos y olvidamos la ofensa, tampoco vamos a ser perdonados ni nuestras faltas serán olvidadas en la mente del Señor.

 Insisto nuevamente: hemos de rezar mucho  para llegar a perdonar de verdad y hemos de rezar también mucho para que los que nos ofenden, arrepentidos, dejen de hacerlo.

Hagamos con frecuencia ambos rezos.



Jonás Junio 2025- Octubre 2025



No hay comentarios:

Publicar un comentario