viernes, 17 de enero de 2025

LA GRACIA DE DIOS.

 LA GRACIA DE DIOS.


Es el único requisito para la Salvación Eterna. Es la verdadera filiación divina que podemos poseer. Es nuestro mayor tesoro, sin duda alguna, porque es el mismo Dios habitando en nuestro corazón. Más que la salud, más que el dinero, más que la familia, más que cualquier apetencia de la vida es el único traje necesario para la salvación eterna, la única resistencia  frente al mal que nos acosa y nos quiere derribar para siempre.

Muchos santos han preferido la muerte a la pérdida de este fundamental tesoro con la idea de: "antes morir que pecar", pero nosotros, lamentablemente, no solemos ser tan valientes y..., por si acaso,  tratamos de evitar ambas cosas a la par.

 Precursor de todo mal, nuestro Señor dispuso el Sacramento del Perdón para volver a recobrar el estado de Gracia, si fuese perdido. Y Dios tiene santa paciencia con cada uno de nosotros y sabe esperar y nos da nuevas oportunidades para recobrar este salvoconducto eterno. Pero nos advierte que esperará tan sólo lo que dure nuestra vida y que ésta, sin previo aviso, podrá desaparecer dejándonos en el mejor de los casos protegidos por esta Gracia, o en el peor totalmente desarmados y perdidos para siempre, sin fe ni amor,  desnudos de esperanza.

El estado de Gracia de Dios debe de ser cuidado y nutrido de una constante oración y de abundantes  buenas obras. Debe de de ser corregido frecuentemente  por el Sacramento de la Confesión  y potenciado por el de la Eucaristía, ya que se necesita la presencia real y contínua de Jesucristo, indispensable para la supervivencia de la Gracia.

La presencia de Dios, que todo lo ve, que todo lo sabe y que todo lo puede, es la mejor compañía para el alma que experimenta cualquier adversidad. Pero hay que saber que Dios es indivisible y estando constituido por tres personas distintas, a causa de su Unión Perfecta, allí donde está una de ellas lo están las otras dos. Por esa razón el Padre nos anuncia que por medio de la Gracia "le haremos vivienda en el alma" y a través de Cristo recibido en la Eucaristía se dejará ver como la Santísima Trinidad. Y también por esta razón cualquier clase de oración de  honra o de súplica hacia el Señor debe de finalizar con una alabanza a Ella misma: "Gloria al padre, Gloria al Hijo y Gloria al Espíritu Santo como era en un principio, ahora y siempre por los siglos de los siglos" 

Pidamos a Dios, en su Espíritu Santo, el don de llegar a ser un altar suyo donde poder dar testimonio de la  infinita gloria de la Santísima Trinidad. Seamos valientes y pidamosles que paralicen definitivamente la vida de nuestro corazón o de nuestro cerebro antes que perder la Gracia de llevarlos bien prendidos,  con sus  Tres Personas, en el alma. 

Pidamos la intercesión de María, la "llena de Gracia de Dios", para que nos la cuide y así ésta crezca en nuestro ser lo suficiente para agradar a Dios, Santísima Trinidad,  que tanto ha hecho y hace en favor nuestro.

Jonás, - Febrero 2024- Enero 2025- Octubre 2025- Diciembre 2025

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