LOS OJOS DE CRISTO.-
Nos narra el Santo Evangelio el primer acto milagroso de Jesús en las bodas de Canaán. Ocurrió tras el ruego de una madre a su hijo para que hiciese algo ante una adversidad mediana, Jesús aclaró con palabras que aún no le había llegado la hora de mostrar su divino poder, pero sus ojos miraron a su madre y la dijeron : "lo haré". Una madre es quien mejor conoce a su hijo y siempre sabe lo que revelan sus ojos. En este caso María les dice a los sirvientes "Haced lo que Él os diga".
Los ojos de Cristo descubrieron durante toda su vida a todos los que sufren de todas las formas posibles en su cuerpo o en su alma. Así curó paralíticos, ciegos, enfermos y convirtió las almas de muchos que le escuchaba en el Templo, o en la Montaña o simplemente hablándoles desde una barca del lago de Genesaret. En Canaán no se trataba de un problema de salud, sino del prestigio de una pareja ante unos invitados a su boda en la que había fallado la previsión del vino necesario, dada una excesiva afluencia de invitados. María descubre el problema de aquellos novios que les habían invitado a celebrar su boda y Cristo mediante su mirada acaba aceptando la petición de una Madre siempre interesada por el bien de todos sus conocidos y con su poder soluciona el problema existente convirtiendo 6 tinajas de 100 litros de agua en el mismo volumen de un costoso vino de calidad.
Hay otro momento en que los ojos de Cristo miran con agrado a un joven que le pregunta qué debe de hacer para santificarse, llamándole previamente "maestro bueno". Jesús le contesta : "¿Porqué me llamas bueno si solamente es bueno el Padre." y a continuación le explica todas las virtudes necesarias para la perfección acabando en la virtud de la pobreza: "vende todo lo que tienes, dáselo a los pobres y luego ven y sígueme", por lo que aquel joven comenzó a separarse y marcharse de allí triste, pues era muy rico. Jesús le siguió con la mirada mientras lo hacía, pero sus ojos destilaban el amor del Espíritu Santo, el que siempre sigue a cada alma en peligro. Aquel muchacho, probablemente, no tardaría en cumplir, como aquellos sirvientes de Canaán, lo que Jesús le había indicado.
Jesús también nos sigue con su mirada a cada uno de nosotros cuando nos alejamos de Él y nos dicta nuevamente qué hemos de hacer si le queremos seguir para así llegar a gozar de su eterna compañía.
!Que el Espíritu de Santidad, también a todos nosotros, nos de ojos para reconocer y seguir a Cristo que también nos mira con agrado¡.
Jonás - Enero 2025 - Octubre 2025- Diciembre 2025
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