EL MUNDO.-
Dice la Religión que los enemigos del Alma humana son tres : El Mundo, demonio y Carne. Realmente ese trío mortífero se encuentra ya bien completo en el primero desde donde se nos ataca, se nos persigue, se nos envuelve cortándonos el paso, se nos enloquece y se nos mata si es que el mundo puede paralizar nuestra respiración de bien. El aire del mundo huele envenenado de consumismo, de pasotismo y de inacción. Sólo intenta que tu no pienses ni hagas nada, te intenta resolver todo a cambio de que no pienses más que en gozar sin límite y sin espera. Todo para tí, e inmediatamente . Ese es el cebo del anzuelo. Te simula dar trabajo y realmente te enseña a buscar la forma de poder evitarlo buscando descansos festivos, horarios cómodos, mínimo de esfuerzos laborales y en lo que respecta a tu persona aumentar al máximo tu valor sobre el de todos los demás. Cualquier placer es recibido con naturalidad por que realmente dice te lo mereces. Del final natural que es la muerte... ni pensarlo, siempre está esa muy lejos y además el Mundo te dice que no serviría de nada, porque sólo lo que importa es el presente y naturalmente: hay que no ser tonto y aprovechar todo al máximo.
Afortunadamente en nuestro atravesar el mundo vemos algún que otro "despistado" que se ha salido de rumbo y se he puesto a rezar, o hacer obras de caridad, o a trabajar con verdadero esmero y dedicación para los demás. Estos locos fuera del camino emiten la luz clara y blanca del amor, pero también portan los intermitentes rojos del sufrimiento o del esfuerzo.
Hemos de elegir : o el camino fácil o el camino difícil, el primero lleva adosado el premio, inmediato aunque realmente efímero: la simple contemplación para siempre del propio yo. El segundo lleva el premio futuro en el tiempo, pero con una dimensión que no tiene límite, la contemplación eterna de la Faz de Dios, de los Ángeles y Santos y de los seres más queridos. El yo es así realmente feliz.
Estos son los Mandamientos para el camino difícil :
LOS DIEZ MANDAMIENTOS
1º) Amar a Dios sobre todas las cosas conocidas.
Sobre ti mismo, sobre tus seres queridos, sobre todas las personas que conoces, sobre todos los objetos del universo. Más que a nadie ni a nada, con todo tu corazón y con todas tus fuerzas. Sorprende que Dios haya puesto como primera norma de sus mandatos al Amor. Muchos piensan que en el corazón no se puede mandar o que la Fe, que es sentir, no se puede imponer. Craso error corregido por nuestra lengua castellana en la que las palabras "amar y querer" son sinónimos absolutos. La voluntad crea amor y el amor creado hace la refuerza.
2º) No jurar su Nombre en vano.
Dios no es un objeto ni un ser cualquiera, es el Ser por sí mismo. Dios es el que es, existencia pura desde toda la eternidad, el que no depende de nadie ni de nada, el que siempre ha existido y en soledad ha creado todo lo que existe. Por eso es digno del máximo respeto y la Palabra que trata de referirse a Él es sagrada, y la que intenta definirle siempre es incompleta. Así el amor se apoya en la humildad y en el respeto. Poner a Dios como testigo de un hecho que es falso es intentar apropiarse de su poder y de su fama en interés propio y es un grave pecado contra el prestigio de nuestro Creador.
3º) Santificar las Fiestas.
La Alegría del trabajo y del descanso es santa porque Dios la dispone para nuestra salvación. De ahí la necesidad de orar tras el trabajar y del trabajar tras el orar, ("ora et labora"). Dios, dueño de todos los tiempos ha seleccionado unos días especiales para santificarle a Él, y agradecerle todos los bienes que de su mano hemos recibido, los que recibimos y aquellos que recibiremos. Igual que Dios descansó satisfecho de toda su obra en el 7º día de la Creación, nosotros debemos amarle a Él de manera especial, también en el 7º día de la Semana. Orar es la mayor manera de santificar. Sea el Domingo especial día de encuentro con el Señor y un verdadero abrazo Eucarístico.
Desgraciadamente hoy la mayoría de la gente de los países que se dicen católicos, no va a Misa los Domingos. Tienen a su Gran Padre olvidado a cambio de una comodidad en la cama, o porque saben que la Eucaristía los obligaría a cambiar de vida controlando pasiones, a confesarse y a regularizar sus matrimonios, o también porque saben que Cristo siempre anima a compartir algo de nuestros bienes con los pobres. Luego en la enfermedad o en las puertas de la muerte, quizás pedirán al Señor perdón y... quizás éste les sea concedido
4º) Amar y respetar a los padres.
Los padres podrán tener virtudes y defectos, pero son nuestros padres, son quienes nos han transmitido la vida que ellos tienen, quienes han sido, después de Dios, los primeros en amarnos tal como somos. Guapos o feos, listos o torpes, ellos nos quieren y esperan de nosotros la justa correspondencia de cariño. Llegará el día en que el hijo será más alto que su padre y la hija más que su madre y además de lo aprendido de ellos, por el estudio en la escuela, aprenderán nuevas cosas que la ciencia y el progreso descubren y que muchos mayores ignoran. Y los padres comenzarán a perder facultades y los hijos, aumentándolas, aprenderán a ser padres. Es entonces cuando más se debe aplicar este 4º mandamiento de Dios, justo cuando se hace más difícil el comprender y el querer a quienes ya no se necesitan y cada vez requieren más ayuda por sus necesidades . Respetarlos, socorrerlos y quererlos es lo que Dios espera de nosotros.
5º) No matar, ni odiar
La antipatía, engendra odio, el rencor engendra violencia verbal, el insulto agresión y la violencia aboca finalmente en el crimen. Nadie piensa que puede llegar al final de esa escala citada, pero lo cierto es que cualquiera de nosotros si no pone freno al rencor, si no es capaz de olvidar una ofensa o de perdonar un error va acumulando pesas que acabarán haciéndolo caer en la delincuencia o en el asesinato realizado o deseado. El odio es el castigo infernal y con la mentira es la manifestación más diabólica que existe. Huyamos de ambas cosas.
6º) No fornicar. Ni desear desordenadamente el placer sexual.
La sexualidad es un mecanismo inventado y realizado por Dios para perpetuar nuestra especie y para premiar por anticipado, dentro del Matrimonio, los esfuerzos y preocupaciones que siempre vienen a darnos los hijos. No obstante el ser humano, como un pez, cree poder morder el cebo y disfrutar de él, sin compromiso alguno y de forma egoísta evitar el anzuelo, que es la paternidad, quedando atrapado así en el egoísmo y en la falta de amor tanto a su pareja y a la posible descendencia, como a nuestro Creador, quien puso sabiamente este mandamiento para nuestro propio autodominio. El pecado contra el Sexto mandamiento que es acción sexual fuera del Matrimonio, , siempre va precedido por el pecado contra el Noveno mandamiento que es deseo consentido de la misma.
7º) No robar.-
Como con el odio se va acumulando y aboca al crimen, así la sustracción por pequeña que fuera se hace poco a poco grande y termina transformada en un total robo o asalto. La gravedad mortal de este pecado está en aquel valor del cual pueden depender las necesidades vitales de cualquier persona. Es condición indispensable para el perdón de este delito, aparte de la Confesión, la devolución del valor hurtado a la víctima, o en su falta una entrega similar para los pobres o necesitados.
8º) No mentir, ni a los demás, ni a uno mismo.
Es falsear la verdad en beneficio propio, es inventar un hecho que no existe para tapar un delito cometido o para aparentar poseer una virtud inexistente. Es imitar al diablo que, como Cristo decía, es el gran maestro de la mentira y del engaño. El castigo personal de este vergonzoso acto es que crea hábito y los mentirosos acaban haciéndose víctimas de sí mismos, sin saber diferenciar el bien del mal, incluso para su propio ser entre lo que es la verdad y la falsedad. De esta manera se creen los mejores, siendo los peores y no comprenden otra cosa más que sus codicia y sus más animales instintos.
9º) No desear a la mujer de tu prójimo.
Como dijimos es el comienzo de la fornicación. No se debe desear otra mujer más que la elegida como esposa y dentro del sacramento matrimonial, con el compromiso ante Dios de albergar los hijos que Él disponga en nuestras circunstancias.
10º) No ambicionar los bienes ajenos, ni codiciar los propios.
La codicia es uno de los pecados más frecuentes, facilitado por el escándalo de los ricos y por la propaganda de los medios de comunicación que hacen casi indispensable el disfrute del placer sin espera y sin límites, así como la obtención del máximo rendimiento con el mínimo trabajo. De esta forma, unos hombres con su desordenada riqueza de placeres y comodidades merman notablemente la calidad de vida de otros muchos que quedan sin los indispensables bienes de consumo.
El Señor dijo a Adán y a Eva al expulsarlos del Paraíso Terrenal : "Te ganarás el pan con el sudor de tu frente ". Parecería que por esta frase el trabajo es un castigo, pero la venida de Cristo al mundo trabajando y sacrificándose por todos los demás es un cántico a la santidad del hecho de trabajar.
Todo lo conseguido por el robo clama al Cielo por ser el rendimiento del esfuerzo hecho por otros que se ven privados de su rendimiento. Por ello : !Ojo a poseer grandes fortunas, porque están llenas de abusos contra gente que queda en pobreza¡
LOS CINCO MANDAMIENTOS DE LA IGLESIA.
1 .- Oir Misa entera todos los Domingos y fiestas que guardar.
El Valor de la Santa Misa es infinito por su mensaje del antiguo y del nuevo Testamento y por la posibilidad de recibir personalmente a Nuestro Señor Jesucristo en Cuerpo, Alma , Sangre y Divinidad en la Eucaristía.
2.- Confesar los pecados graves al menos una vez al año.
El ideal de todo cristiano es vivir siempre en la Gracia de Dios, así que debe usar el Sacramento de la Confesión con la frecuencia que requieran sus debilidades.
3.- Comulgar al menos por Pascua de Resurrección.
La Comunión debería de realizarse en cada Eucaristía en la que estemos presentes.
4.- Ayunar abstenerse de comer carne cuando lo manda la Iglesia
5.- Ayudar a la Iglesia en sus necesidades.
La caridad es esencial para la salvación.
CONCLUSIÓN
Dios nos dio 10 Mandamientos para no enfermar ni morir en el pecado. La Iglesia, instituñida por Jesucristo agrega otros cinco . Mas también Dios nos da la posibilidad de rectificación y del perdón de nuestras caídas con el Sacramento de la Confesión, o si no hubiera tiempo con un perfecto acto de contrición. Son la únicas barcas de salvación que nos puso, si es que al pasar alocadamente por el puente del caudaloso río del mundo, cayésemos en sus turbulentas aguas. Aparte de todos los Sacramentos tenemos otro medio seguro de Santificación: el Trabajo bien hecho. Según San José María Escrivá de Balaguer, cuando lo realizamos por afecto a los demás, intentando más su servicio que nuestro rendimiento, nos estamos abriendo la puertas del Cielo.
Jonás Febrero 2026