No fue el comienzo de la pesadilla, sino quizás su cumbre: sentir a fondo la mayor tristeza, la peor experiencia humana que impulsa a muchos hombres a la desesperación o incluso al suicidio.
En Cristo habían dos naturalezas: la humana, acongojada por su injusta pasión y muerte, y la divina, conocedora perfecta de todas las maldades pasadas, presentes y futuras de toda la historia humana. Como Dios que era, Cristo sabía que muchos hombres a lo largo de la historia le habrían de maldecir y acabarían en el infierno, y conocía que su sacrificio para éstos era un fracaso, pues su vocación era salvar todos y esto podía suponer un fallo, motivo de desánimo.. También pasaron por la mente de Cristo, como una serie de flashes también todas nuestras debilidades y fallos pequeñas y grandes. Ante tal muchedumbre de pecados de gente de tan variadas clases y géneros, Cristo comenzó a sentir en su naturaleza humana toda la hondura y toda la tristeza de ser abandonado, llegando así a
sudar sangre. Tantas traiciones le pesaban y atormentaban mucho más que el temor físico al suplicio y a la muerte en Cruz que le esperaba, porque parecían anular su determinación salvadora sobre el género humano con un:
"¿Para qué tanto sufrimiento...?....!si tantísimos hombres después me han de ignorar por completo...¡".Cristo necesitaba en ese momento el apoyo de sus discípulos, de los miembros de su Iglesia, y en ellos, como en nosotros ahora, no halló más que debilidad, cansancio y sueño. Continuaba sudando sangre, las manos frías y el corazón helado de tristeza. Agotado se retiró para buscar la presencia del Padre y poder pedirle nuevamente ayuda : " Padre, si es posible pase de mí este cáliz, pero no se haga mi voluntad , sino la tuya.". Y Dios Padre mantuvo su silencio, ese aparente olvido de Dios que nosotros a veces podemos encontrar en la vida. Y su Voluntad no fue la de aquel Hijo, sino con harto dolor propio, la de inmolarlo, al igual que en cierto momento le ordenase a Abraham hacer con su propio hijo Isaac. La respuesta del Padre , en aquel momento, no fue salvar al Hijo, sino que el Hijo había de terminar el doloroso sacrificio de su ignominiosa muerte para la salvación de todo el género humano. Y no habría, como con Abraham, un "detente". Se había de realizar plenamente el acto del sacrificio pascual.
En ese momento de lucha consigo mismo de Jesucristo se revela el tesoro de su auténtica humanidad y a la vez la valía de su infinito Amor al Padre que sobrepasó, mediando su voluntad, al amor a sí mismo. Así e mismo Cristo, en su naturaleza humana escuchó como Israel: " Amarás a tu Dios con todo tu corazón y con todas tus fuerzas"
Muy diferentes a los de Cristo son nuestros ruegos a Dios, cuando le imploramos salud o bienes, queriendo imponer siempre cualquier "necesidad" nuestra sobre sus sabios designios, ya que no le adoramos a Él, sino que en realidad nos adoramos a nosotros mismos..
Así, abandonándose en la Voluntad de su Padre, Jesús pasó un largo rato hasta que un bendito Ángel comenzó a consolarlo y le impuso la corona de las Bienaventuranzas, mostrándole la humana muchedumbre de aquellos que Él mismo con su santísima sangre iba a salvar y a conducir al Cielo con su ejemplo, con su presencia eucarística y con la ayuda del Espíritu Santo. Y, naturalmente también pasó ante Jesús en aquellos momentos, la imagen de María, su bendita Madre, junto a la cual, Él bien sabía que habría de merecer la pena el vivir su duro paso por el dolor, aun acabando ajusticiado como un criminal.
Así fortalecido y nuevo, volvió Cristo con sus discípulos que dormían, hasta que el tumulto de recién llegados les despertó. Venían a prender a Jesús, capitaneados por gentes del Sanedrín y por Judas, el discípulo "escogido" que, sin embargo, le vendió por 30 monedas de plata.
Segundo Misterio :
La Flagelación de Jesús .-
Lc 23,16 "Lo soltaré por tanto, después de castigarlo"
Jn 19,1 "Por eso Pilato mandó entonces azotar a Jesús"
Mt 27,29 " les soltó a Barrabás y a Jesús lo azotó y lo entregó para que fuese crucificado".
Mc 15,15 " Pilato, que quería satisfacer al pueblo les soltó a Barrabás, y a Jesús lo azotó y lo entregó para que fuese crucificado".
Las palabra " azotar o castigar" en los evangelios de Lucas y Juan aparecen en la historia de la Pasión de Jesús durante el juicio de Pilatos, antes que en las mismas versiones de Mateo y Marcos. Eso es importante porque la cronología de los hechos es fundamental para llegar a comprenderlos. Así podemos darnos cuenta mejor de que llevaron preso a Jesús ante Poncio Pilato, el Cónsul romano de Jerusalén, para que lo juzgase y lo condenase. Pero Pilato no vio culpable a nuestro Redentor e intentó salvarle, aunque con muy poca decisión y muy débil autoridad. Su cobardía le impulsó a rehuir meterse en problemas y tratar de contentar a los acusadores con el injusto y cruel castigo de la flagelación.
Así Pilato había mandado que le diesen la ejemplar corrección del látigo, pensando mostrarle luego herido y así quedar bien ante su esposa que estaba preocupada por ese reo y con los acusadores. El problema fue que aquellos, movidos por el príncipe del mal, temieron que el reo, despertando la piedad del pueblo, pudiese escapar de la muerte que ellos le deseaban, de forma que, muy probablemente, sobornaron a los verdugos para que éstos le propinasen tal dosis traumática, que aún, perdonado posteriormente por el pueblo, no pudiese sobrevivir mucho tiempo.
Vemos como el príncipe de las tinieblas, el más sagaz de los ángeles creados, ahí se equivocó y permitió y facilitó nuestra Redención, por puro odio a Cristo, el Hijo de Dios vivo. Así el rencor cegó totalmente su enorme inteligencia, como les ocurre a muchos hombres soberbios y nefastos.
El látigo romano constaba de una larga correa que acababa: o bien en una garra de ave de rapiña, con la que arrancaban jirones de carne al reo, o bien en tres o cuatros bolas de plomo bien atadas que producían profundas contusiones sobre la piel. A Cristo no le dieron los 40 latigazos en el dorso, que es el máximo que la ley judía permitía como castigo, sino según delata la Sábana Santa, más de 200 ya que el código romano no ponía límite numérico.
Ese elevado número de impactos en dorso, abdomen, piernas y lo peor: en el pecho han de producir m derrame interno con muy probable muerte tardía por pericarditis. Queda atestiguada esta patología por lo narrado en el Evangelio de Juan (Jn 19, 31-37) sobre aquel costado de Cristo, del que perforado "brotó sangre y agua", derrame generado por la flagelación del tórax y por su larga agonía.
Hay que imaginar el dolor en umbral máximo de cada latigazo de nuestro redentor como hombre que era, además de Dios. Todo lo sufría voluntariamente, pese a que tenía la posibilidad de evitarlo siendo Dios infinito, para salvarnos individualmente a cada uno de nosotros, y así poder evitarnos el castigo del infierno. Así, como un flash, pasaron por la naturaleza divina de Jesucristo, también nuestras faltas y pecados y Cristo decidió: salvar a todos los hombres y aguantó, habiendo sufrido un juicio ignominioso, una falsa condena y un constante y enorme dolor físico.
Faltaba la hipocresía de Pilatos, lavándose las manos públicamente “por la muerte de aquel justo", para tratar de reconciliar la conciencia consigo mismo y apaciguar a su esposa, quien le había manifestado su preocupación por Jesús. Cristo no se libraría de la muerte por misericordia del pueblo al verle muy herido tras la flagelación, como Pilatos cobardemente pretendía. Tampoco se libraría de su muerte en Cruz, por la cobardía de este cónsul romano, permitiendo que un pueblo asesino salvase a otro asesino : Barrabás, crucificando a Jesús.
Jesús fue entregado finalmente al populacho para conseguir lo que el propio mal deseaba : su muerte segura y con el máximo sufrimiento : o sea en la Cruz.
Tercer Misterio: LA CORONACIÓN DE ESPINAS
Había que reafirmar el delito de Jesús: Rebelión a Roma. Había dicho que era Rey, y no viendo su corona, decidieron fabricarla. La hicieron de espinas por rencor a su persona. Tejieron un círculo con plantas espinosas lo colocaron sobre sus sienes y con el casco metálico de un soldado la incrustaron con un sólo golpe de maza en su cuero cabelludo. De su bendita boca probablemente surgió un gemido de dolor y de las espinas de seguro sangre abundante y de sus ojos, también casi con certeza: lágrimas de dolor. Hoy sabemos que existe un reflejo involuntario de dolor por el estímulo intenso sobre el periostio del cráneo, que activa la contracción de los sacos lacrimales de ambos ojos. También del alma divina de Jesús, brotaron, de seguro, muchas más lágrimas de dolor por todas las espinas de pecados del mundo. Mas Él pensaba: "a todos ellos he de salvarlos".
Nuestro amor propio, que no es malo, sino bueno y necesario en su justa medida, sufre intensamente por las burlas de los demás. !Y cómo sufriría el propio Jesucristo, Rey del Universo , al ser insultado como si fuera un rey de pacotilla¡. Jesús, que podía haber destruido en un instante a aquella tropa, sin embargo, aguantó con humildad la muy dolorosa broma, esperando todavía mayores ofensas y mayores dolores como un cordero que va al matadero.
Aún había de causarle nuevamente fuertes dolores punzantes, esa corona de espinas, pues cuando Cristo cae por primera vez bajo el peso de la Cruz, el enorme madero aplastó su hombro y de costado volvió a clavar mucho más profundamente las espinas. En algunos lienzos conocidos de la imagen de Jesús del paño de la Verónica, o como en el caso de la imagen de la Santa Faz de Alicante, también se puede apreciar una gruesa lágrima cayendo por su mejilla. Aquella buena mujer había utilizado sus finos pañuelos para limpiar la sangre, el sudor y las lágrimas del Redentor en su camino a la Cruz y éste la dona un recuerdo de su valentía y bondad con la milagrosa grabación de su rostro salvador.
Cuarto Misterio : JESÚS, CAMINO DEL CALVARIO.
Muchos son los puntos que habríamos de meditar en el Camino de la Cruz que el Señor realizó durante su Pasión, pero yo me fijaría sobre todo en sus tres caídas seguidas de sus tres levantamientos. Ya sabemos que el cansancio de tantas horas sin comer ni beber, que la agitación y nerviosismo de un juicio condenatorio, que el no dormir nada, podían juntos debilitar considerablemente a cualquier hombre. Hay que considerar que los tres condenados iban separados, pero atados con una larga cuerda que les dirigía los pasos, por lo que la caída de uno de ellos arrastraría de seguro a los demás. Además está el peso de una voluminoso madero a transportar sobre un camino pedregoso. Todo ello le haría besar el suelo con frecuencia. Pero creo que Cristo no nos quiere enseñar alguna cosa con esas caídas: Que lo importante es saber levantarse.
La primera caída es sonora y aparatosa. Queda con el hombro terriblemente raspado, al igual que las rodillas. Las espinas de la cabeza le quedan clavadas con más fuerza con y con mayor profundidad.
Pese a su debilidad Cristo hace por levantarse del suelo y lo consigue. Los soldados que le conducen le colocan un auxiliar para que no vuelva a caer, y no por caridad, sino porque desean acabar pronto. Vuelve a caer Cristo dos veces más con intensos daños, pero, pese a ellos, logra volver a levantarse hasta finalizar su camino hacia la Cruz.
Una verdadera lección de paciencia y fortaleza para nuestra vida moral.
Mantengámonos siempre en pie, con el aceite de la fe en nuestras lámparas intacto, para que así nos halle Cristo preparados cuando nos llame por nuestro nombre.
Quinto Misterio : JESÚS MUERE EN LA CRUZ.
Podríamos meditar con sumo fervor todo un "Sermón de las Siete palabras", porque todas las cosas que dijo Jesús en la Cruz están llenas de vida y lenas de amor. Yo me quedo ahora con dos de ellas: la frase más breve y con la última.
La más breve: "Tengo sed"
¿ De qué tienes sed tú, Jesús de Nazaret ? ¿De agua? ¿o acaso de nuestras almas...? La primero es fácil de obtener, aunque a ti solo te dieron hiel con vinagre. Lo segundo nos compromete profundamente. Somos agua, que es vida, para todo un Dios que desea bebernos. ¡Que gran ocasión de agradar a Dios que ésta de devolverle nuestra alma, nuestra libertad y nuestro destino, calmando así su bendita sed!.
Cada vez que veamos un crucifijo pensemos que Dios tiene sed de nosotros mismos, y ofrezcámonos como un don a aquel que dijo “Tengo sed”, aquel que nos dio todos los bienes: la existencia, la salud , la felicidad y su promesa de salvación eterna.
¡No perdamos esta gran oferta!. ¡Tanto a cambio de tan poco!
Las últimas palabras: "Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu"
Cristo nos ha enseñado a vivir, a levantarnos siempre del pecado, por grande que fuere, si hemos caído. Ahora nos enseña a morir. El momento más importante de toda la vida es la muerte y nuestro buen Jesús nos da el camino para vencerla.
Es un examen que sólo supera triunfante el amor. Quien muere amando, amando alargará su vida toda la eternidad. Quien muere sin amor u odiando, alargará su muerte para siempre. Cristo muere perdonando y amando a su Padre, en quien deposita toda su confianza. Es su máxima y es su última y definitiva lección como Maestro.
Jonás .-
MISTERIOS GOZOSOS
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Primer Misterio : LA ANUNCIACIÓN DE NUESTRA SEÑORA.
Es el momento de la vocación de María. Muchos religiosos recuerdan perfectamente cual fue el momento en el que determinaron seguir a Jesús, el momento de su llamada. Teresa de Jesús lo descubre viendo una imagen del Ecce Homo, atado a una columna y flagelado.
. En María ocurre mientras se halla rezando, en el interior de su casa, totalmente a solas con todo un Dios que alma. Es sorprendida por la imagen formidable de un Arcángel de Dios y oye su voz que la saluda con indudable afecto:
"Dios te salve María, llena eres de Gracia, el Señor está contigo" María cae turbada, sin comprender, pero no se asusta porque ama mucho a Dios..y porque así le ama, su alma no tiene espacio para albergar temor alguno. Aquella sorprendente figura viene a decirla algo y la ha de escuchar con toda su atención y respeto.
Pero resulta que la viene a ofrecer un cambio radical de vida, la dice de poseer en su vientre al Hijo de Dios, quien reinará sobre todo el universo. María pregunta el cómo podrá ocurrir eso si no ha tenido contacto alguno con varón y el Ángel la responde que El Espíritu Santo la cubriría con su sombra, por lo que ese niño habría de ser llamado Jesús , siendo el Hijo único del Altísimo. Luego asegura el Arcángel que tal portento ocurriría, como fue el caso de su prima Isabel, embarazada ya anciana, ya que "
para Dios nada hay imposible".
Y respondió textualmente María:
"He aquí la esclava del Señor,... hágase en mi según tu palabra "
Esa fue la definitiva santificación de María: el seguir el camino que Dios la ofrecía. Pudiese haber pedido un tiempo para pensarlo, pudiese haber dicho un "si acaso más tarde" o un " lo siento , pero no puedo cambiar de forma tan excepcional mi vida", o...." ¿Qué es lo que podrían llegar a decir decir de mi embarazo los demás…?" o..."¿Qué podrían llegar a pensar de mí…?"
Pero María confía en el Ser a quien más ama y se ofrece para una empresa que no conoce cómo podrá acabar, sin temer el juicio de nadie, ni incluso el de su prometido José. Como Abraham ante el sacrificio ordenado de su hijo querido piensa que "Dios proveerá" y acepta la voluntad de aquel en el que confía..
Por eso María es el modelo a seguir para aquellas personas llamadas de una forma especial, es decir : para toda vocación difícil.
Por esa razón pidamos a María que nos de fuerza y seguridad para seguir el camino que Dios nos proponga, sea cual sea-.
Fijémonos en la delicadeza de todo un Dios Omnipotente que no manda a una sierva un servicio, sino que solicita de ella su aceptación , su cooperación. Si María no asiente en ese "Hágase en mí según tu palabra", no habría Jesucristo alguno ni habría Redención, porque Dios no hubiese ido a buscar otra madre para su Hijo.
Descubramos de una vez la delicadeza de todo un Dios que también nos pide permiso a nosotros mismos para habitar para siempre en el corazón que nos dio. ¿Acaso vamos nosotros, como siempre desconfiados, .. ¿ a cerrarle la puerta ??'?
Segundo Misterio: LA VISITACIÓN A SU PRIMA SANTA ISABEL.
Dice el Evangelio de Lucas que en aquellos días María acudió con presteza a visitar a su prima Isabel, aquella de la que el Arcángel Gabriel había anunciado el que pese a ser muy mayor, Dios la había concedido un niño y que su gestación ya se hallaba muy avanzada. Dos deseos surgieron en el corazón de María: el primero : poder auxiliar a su prima que necesitaba para esa etapa final del embarazo el apoyo y ayuda de alguien de su propio sexo y el segundo : el poder compartir con una persona en la que confiaba, su maravilloso secreto: ser la madre del Verbo divino. Así se cumplía en ellas una vez más ese misterio de fe que descubrimos en el Credo al que llamamos "Comunión de los Santos". Todos los bienaventurados se unen para compartir su gozo, uniendo sus pruebas y todo aquello que les acerca a Dios.
María llegó con José y su Hijito en el vientre, fatigada tras la caminata a pie desde su casa de Nazaret a la casa de Zacarías, marido de Isabel, en Ein Karen. Realizó, quizás sin sospecharlo en su humilde grandeza, la primera procesión Eucarística de la historia.
En cuanto pronunció el nombre de su prima a la puerta de su casa, le contestó Isabel: "Bendita tú , entre las mujeres, y bendito el fruto de tu vientre" y luego; ¿de donde a mí, que la Madre de mi Señor venga a visitarme?" "¡Feliz la que creyó que se cumplirían las cosas que le fueron anunciadas de parte del Señor"¡.
María recitó seguidamente, inspirada por el Santo Espíritu, una de las más bellas oraciones de agradecimiento y consideración al Dios Altísimo, esa que nosotros denominamos como "Magnificat".
No había hecho falta justificación alguna de María hacia Isabel. Ella se hallaba con quien quería, conocía y entendía perfectamente. y con ella fue a compartir su alegría y su secreto. Dios había premiado antes a Isabel con un hijo inesperado : aquel que había de ser el mayor de los" profetas nacidos de mujer", según palabras posteriores del propio Jesucristo.
Con ejemplar amor de familia, María ayudó a Isabel en las labores que ésta no podía realizar y más tarde a dar a luz a su hijo . Aunque las escrituras no mencionen el parto de Isabel, es de creer que María allí se hallaba presente para poder ayudar a su prima parturienta. Por este motivo todas las mujeres en este difícil momento deberían ponerse en manos de la Virgen Santísima, quien sería la mejor intercesora ante Dios de sus felices donaciones de Vida..
Luego de la necesaria ayuda de los primeros días con el recién nacido, llamado Juan, María volvió a su casa, con nuestro Redentor en el vientre y apoyada en el brazo de San José, su casto marido.
!Bendita Sagrada Familia¡
Tercer Misterio: EL NACIMIENTO DE JESÚS.
El nacimiento de Jesús está lleno de imágenes típicas que la fiesta de Navidad ha ido dibujando en nuestra imaginación. Apartándonos de lo pintoresco yo destacaría las virtudes más importantes que se destilan de estos hechos narrados por los Evangelios de Lucas y de Mateo: La humildad y la pobreza.
La primera surge del capricho político de un emperador: César Augusto que manda empadronarse a todos los habitantes de sus posesiones para saber qué grande era su poder, o sea: cuántos súbditos tenía.
.José, el padre legal del Hijo de Dios encarnado en su esposa la Virgen María, ha de emprender el incómodo viaje de Nazaret a Belen de Judá . Y simplemente para obedecer equella ley caprichosa. ¡Qué humildad y respeto a la autoridad, por parte de quien es mil veces superior en poder y en bondad! . Quizás muchos de nosotros hubiésemos encontrado algún truco para escabullirnos de una norma de tan molesto cumplimiento. José y María, no. Ellos obedecen, no por temor, sino por orden y por sencillez, y también por oposición íntima a toda clase de trampa o de mentira.
De la pobreza de Jesús sobran comentarios pues nació en un refugio para ovejas, ya que no hubo sitio para Él en posada alguna. Vivió muy pobre ("
El Hijo del Hombre no tiene donde reclinar la cabeza"), y murió aún más pobre sin nada más que la dolorosa y pesada cruz. Esto nos debería abrir los ojos a nosotros que poseemos muchas cosas y aún deseamos tener más y más.
Si realmente amamos a Jesús hemos de imitar su pasar por el mundo, desprendiéndonos de tantísimos objetos que nos desvían de su camino. Hemos de ir perdiendo el lastre del excesivo pundonor, el lastre del lujo, y, como hicieron los magos de Oriente, hemos de llevarle toda nuestra riqueza como Rey, nuestra adoración como Dios, y nuestro servicio, como Hombre, sin olvidar en ningún momento que tenemos al mismo Cristo en cada hermano que tenga necesidad de nosotros.
¡Animo, que Cristo se hizo hombre y ha nacido para tí.!
Cuarto Misterio: LA PRESENTACIÓN EN EL TEMPLO
Otro momento más de humildad, de sumisión y de cooperación con el templo por parte de María: ofrecer a su varón primogénito a Dios y dar un par de tórtolas o pichones, a los sacerdotes de su Templo.
Les sale al encuentro el anciano Simeón, tomando al niño en brazos y descubriendo en Él al Salvador del mundo, y comunicando a sus padres, que escuchaban admirados, el que esa criatura sería signo de contradicción para el género humano, para ruina de unos y para salvación de los otros. Y alabó a Dios diciendo:
"Ahora Señor puedes dejar morir a tu siervo en paz, pues mis ojos han visto tu salvación para iluminación de gentiles y de tu pueblo Israel.",
El anciano Simeón nos descubre por sí mismo la más alta meta a la que han llegado los teólogos: el que la verdadera y total felicidad está exclusivamente en la contemplación de Dios, que es la definitiva salvación del género humano.
También le anunció a María que una espada de dolor atravesaría su corazón de Madre, como habría de ocurrir cuando María y José perdieron a Jesús durante tres días en las proximidades de Jerusalén y en la muerte de Jesús fuera de esa ciudad en el monte Calvario, también durante las tres jornadas transcurridas hasta su Resurrección..
Para cada uno de nosotros ¿es Cristo motivo de salvación, porque de verdad le seguimos...? ¿o es acaso motivo de condenación porque pasamos de Él....?
Así es Cristo: como la proa de un barco que separa las aguas del bien y del mal en nuestra existencia tras nuestra libertad de elección en la posición a tomar. Nuestra voluntad es capaz de dirigirnos en dos direcciones opuestas: la vida o la muerte, o el seguimiento de Cristo o su alejamiento para siempre..
Elijamos de cual lado queremos estar, porque el sacrificio de Cristo es demasiado valioso y decisivo para no ser apreciado hasta por el más torpe.
Quinto Misterio: EL NIÑO PERDIDO Y HALLADO EN EL TEMPLO.-
Cristo , entre los doctores
La Santísima Virgen guardaba todo en su corazón, porque de cada persona y de cada cosa sacaba lo positivo y si no lo comprendía, esperaba a hacerlo con una paciente prudencia. Todo un ejemplo a seguir para las relaciones humanas y familiares.
Buen susto se llevaron María y José al no encontrar a su hijo durante la vuelta de su viaje a Jerusalen. Habían creído que estaba con determinados parientes y no fue así. Tres días de búsqueda y de angustia. Yo me imagino a María pidiendo a Dios Padre que cuidase de su hijo, que se lo recobrase sano y salvo, y que disculpase el descuido o la distracción de sus padres. Ellos eran personas de oración , de no ser así el Todopoderoso no les habría confiado a ellos a su propio Hijo, y de seguro que oraban continuamente y actuando así terminaron haciéndolo en el lugar apropiado que era el templo de Dios en Jerusalen.
Pero antes de este feliz final imaginemos la espera orante de María, cuántas súplicas a Dios Padre para recuperar al Hijo tan querido. No se desanimaron ni la Santísima Virgen ni San José. Ellos sabrían que cada hora que pasa tras la desaparición de un niño es una gran posibilidad de pérdida o desgracia total. Sin embargo no desfallecieron en sus súplicas ni sintieron resentimiento alguno contra el Ser Absoluto que no les contestaba. El amor y la fe eran sus bases y estas magníficas virtudes les condujeron al encuentro con Jesús. Y por eso en el Templo lo encontraron manteniendo una charla profunda con algunos sacerdotes que le escuchaban asombrados por su gran sabiduría, totalmente impropia en un joven . ¿Porqué se había quedado Jesús allí cuando todos los familiares y conocidos se marcharon..? - Seguramente Él, que ya era un hombrecito, quería seguir orando y manteniendo la compañía de su Padre para ofrecerle una plena adoración desde su propia naturaleza humana. Probablemente por esta causa se le acercarían sacerdotes del templo curiosos por su profunda piedad y le interrogarían quién era. Como ancianos no tardarían en sorprenderse por sus preguntas sabias y por sus respuestas profundas.
Por parte de sus padres, una vez encontrado en el Templo , no hubo gritos , ni cachete alguno, cosas que nosotros sí que hubiésemos realizado con un hijo que nos causase tal zozobra. Tan solo hubo una concisa pregunta de María: -Hijo, ¿por qué nos has hecho esto? Mira que tu padre y yo, angustiados, te buscábamos. Y Él les respondió : "Pues, ¿por qué me buscabais? ¿No sabíais que yo debo estar en la casa de mi Padre?" .
Y ellos no entendieron aún su respuesta, pero sus mentes guiadas por el amor de sus corazones susurraban "son Cosas de Dios".
Lo irían comprendiendo poco a poco más tarde a medida que se daban cuenta de la excepcional realidad de que aquel niño era el hijo del Altísimo y de que el amor a su propio Padre fue la causa que le había retenido en aquel lugar.
No podemos entenderlo nosotros , siendo padres, porque imaginamos que nuestros hijos son solamente nuestros y ello no es así. Olvidamos que son también hijos de Dios y en algún momento Él tirará de ellos hacia donde crea conveniente, según sus designios.
Cuando pidamos a Dios algo y no obtengamos respuesta pensemos en la larga prueba que sufrieron María y José, quienes no cerraron nunca su confianza y su amor en Dios. Si Dios prueba así a los más santos,...¿Qué no tendrá que hacer con nosotros ?
También nosotros podemos perder la presencia del mismo Jesucristo en nuestra alma por el cansancio, por caer en tentación, o por acontecimientos fuertes y perturbadores. No dejemos de implorar, como María y José, con amor y perseverancia a Dios Padre y veremos como encontraremos de nuevo al Buen Jesús también en el Templo, y en el sacramento de la Confesión y en el de la Eucaristía.
Paz y Bien.
MISTERIOS LUMINOSOS
Primer Misterio : EL BAUTISMO DE JESÚS.-
Juan Bautista, el hijo de Isabel, lavaba o bautizaba con agua a quienes acudían a escucharle para que así se arrepintieran de los pecados cometidos. Cristo, que no tenía falta alguna, se pone a la cola de los pecadores para recibir también el bautismo de Juan. El Creador de todo un Universo lleno de galaxias y estrellas, el que fijó los mares y el cielo sobre la árida tierra, el que inventó la vida en todos los seres creados se coloca como el último en una reunión de muchas personas creadas por Él. Y cuando le toca el turno de ser bautizado por Juan, éste se arrodilla en oración. El Bautista, que ha apreciado el fulgor divino que envuelve al buen Jesús, cae a sus pies diciéndole:
"verdaderamente yo no soy digno ni de desatarte la correa de las sandalias". Jesús le insiste que quiere ser lavado al igual que los demás. Al derramar el agua sobre su cabeza, se abren las nubes del cielo y baja una Paloma que se posa sobre su hombro. Es el símbolo del Espíritu Santo que se hace presente, y a continuación se oye la potente voz del Padre que resuena a través del espacio diciendo :
"Este es mi Hijo, el amado, en quien he puesto toda mi complacencia".
Es la única vez en la que los Evangelios nos narran un acontecimiento en que se hace patente a la vez la presencia de las tres personas de la Santísima Trinidad: El Padre con el Hijo y con el Espíritu Santo. La Santísima Trinidad ha bajado a la tierra , y con Ella todo el Cielo entero los contempla.
Es, también, la celebración del primer Bautismo, realizada en la propia persona de Jesús. El Catecismo nos enseña que este Sacramento, cercanía de Dios, nos hace verdaderos hijos suyos. !Qué nobleza y generosidad la de Jesucristo que quiere compartir a toda su familia divina con todos y cada uno de lo humanos presentes¡. ! Qué maravillosa manera de hacernos sus hermanos para siempre y así nosotros poder recibir del Padre su amor y su complacencia ¡.
Antes de su gloriosa Ascensión a los Cielos nos manda : "Id a bautizad a todas las gentes en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo". Así, aparte de su vida Jesús comparte con nosotros a toda su familia, nos adopta como hermanos reales, pese a nuestra carencia de virtudes .
En la celebración de aquel día todos oyeron la Voz del Padre que, repetimos, decía : "Este es mi Hijo el amado". Por eso cuando invocamos a la Santísima Trinidad derramando agua sobre la cabeza de un ser humano, Dios vuelve a repetir esa misma exclamación y así podemos decir que cada nuño bautizado como Cristo es ya un verdadero hijo querido con complacencia por el Dios eterno, quien se declara su Padre para siempre. Naturalmente se trata de una filiación por adopción, en la que compartimos el amor del Padre y no su divinidad que sólo fue, es y será la propia de los tres miembros de la Santísima Trinidad.
El Bautismo de Jesús es el comienzo de su vida pública, es el empezar su misión salvadora que requería la fuerza y la inspiración del Espíritu Santo. Éste le envía al desierto, para hacer penitencia, ayuno y oración, lo necesario para realizar su empresa redentora. Se dejará Jesús tentar por el maligno, para demostrarnos que con el Espíritu Santo nada podrá separarnos de los designios trazado por el Padre.
El Sagrado Bautismo nos hace a nosotros también Hijos reales, muy amados, de Dios. Hace que se fije con el amor de un Padre en cada uno de nosotros, y nos dona su Espíritu que es Santo, como Alma de nuestra alma. Éste Espíritu, como a Cristo, también nos llevará al sacrificio, al trabajo, al servicio al prójimo, a la alabanza y agradecimiento al único "Maestro Bueno y Verdadero, que es el Padre."
Valoremos el regalo de entrar en la familia de Dios por el Bautismo y llevemos el deseo de Jesús de que todos lleguemos a ser hermanos por este Sacramento y así recibir el completo amor de un Padre que es lo más Bueno que existe.
Que en el momento de nuestra muerte, que sin duda llegará, pueda el Padre decir también de cada uno de nosotros: "
Este es mi Hijo amado en quien me he complacido".
Que así sea.
Jonás .-
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Se celebra una boda en Caná de Galilea y entre los invitados a ella están Jesús y su madre la Virgen Santísima, junto a otras personas que charlan y que alaban a sus anfitriones por la grata celebración. Su decisión realizada con premura ha originado un error en el cómputo de invitados, o quizás en el abastecimiento de bebidas. Empieza a faltar el vino, y alguna que otra cara de disgusto se va apreciando. María le comenta a su hijo presente "falta el vino" , mientras con la mirada le hace un leve gesto como si quisiera decir:: " haz algo". Y Cristo responde : "¿Y qué a mi y a ti, mujer ?.. Todavía no ha llegado mi hora.". María insiste con su mirada a Cristo y la ternura de sus ojos lo conmueve y ella nota en Él cierta aceptación, de modo que se dirige a los criados a los que dice: " Haced lo que Él os mande". Jesús, movido por el amor y respeto hacia su Madre, entonces les ordena llenar de agua de la fuente seis grandes tinajas que había en la entrada y a continuación manda llevárselas a probar al maestresala, el que, saboreando lentamente el líquido sacado de las tinajas lo declara como un vino de excelente calidad, y le dice al novio . "Todo el mundo pone primero el buen vino y cuando ya están todos bebidos saca el peor, Tú, sin embargo, has guardado el buen vino hasta ahora". No conocía este hombre el gran milagro que Jesús acababa de hacer.
María, con el poder de Jesús había sacado de apuros a aquella pareja en su boda. Jesús en un principio parecía resistirse, pero una madre manda y sabe cuando puede hacerlo. Por esa razón pedimos nosotros a María, la Madre de Dios, lo indecible, pues sabemos que a una madre no se le puede negar nada.
Jesús es el más importante de todos los invitados. Así debe de serlo en todos los matrimonios cristianos. No cometamos la vulgaridad grosera de invitarle a nuestra boda para luego ignorarle no volviendo a pisar su casa que es la Iglesia, ni a abrazarle en la eucaristía de cada Domingo. El matrimonio no es cosa de dos, sino de tres, estando Dios en medio de los cónyuges. Él provee del vino del buen amor a los casados que año tras año mantiene cerca de Él
Pidamos a María por tantos matrimonios en los que falta ese buen vino , o bien se halla avinagrado por el tiempo. Pidamos se lo cambie en el generoso vino de la ilusión , de la entrega , de la sinceridad, del servicio, del compartir, del respeto y de la entrega total.
Que así sea.
Jonás .-
Tercer Misterio : LOS SERMONES DE JESÚS
Muchísimos son los sermones y frases que Jesucristo dedicó a sus discípulos y seguidores. De todos ellos comentaría yo ahora tres:
1º El sermón de la montaña. .-
Las bienaventuranzas son algo así como la Carta Magna del cristianismo. Jesús se hallaba con personas muy sencillas, cargadas de problemas y necesidades y sintió amor y piedad hacia todas ellas. Fue mirándolas con atención una a una , a la vez que las bendecía, y así nacieron sus bellísimas frases de aliento , de ánimo y de premio
Nos marcan el camino de perfección que hemos de seguir, pero no nos empeñemos en conseguir todas las bienaventuranzas, porque sus circunstancias irán apareciendo o no , si acaso de una en una a lo largo de la vida.
:Los pobres, los que sufren o lloran, los que son perseguidos injustamente, los mansos, los que luchan por la paz, los puros de corazón., todos ellos se encontrarán cara a cara con Dios que los confortará y los resarcirá con creces.
2º "pues dad al César lo que es del César y a Dios, lo que es de Dios"
La primera parte la comprendemos por las buenas o por las malas, pero la segunda quiere Dios que nazca de nuestra propia libertad. Darle a Dios es realmente devolverle lo que Él nos dio. Es valorar el bien como lo mejor que podemos hacer, es tener paciencia en la adversidad con la que Dios nos prueba, es esperar el amor del Padre que nunca falla, es albergar esperanza e ilusión en la sana alegría del encuentro con Dios o con los suyos. Es también abrazar al buen Jesús que se halla tras su Padre y nos ama y nos espera, es respetar la naturaleza creada por Dios o también a la autoridad que repartió entre los propios hombres, sabiendo que detrás de una u otra está el único que nos quiere y nos ha de juzgar: nuestro Creador y nuestro fin.
3º "el que acoge a unos de estos niños, a mí me acoge, y el que a mi me alberga, alberga al Padre"
Esta frase pasa algo desapercibida entre tantas joyas evangélicas, pero la verdad es que es de la máxima actualidad. El mayor pecado del siglo actual es el aborto y es el crimen más abominable que el ser humano puede cometer. Cristo no utiliza el terror para cumplir los mandamientos, sino el amor. No acoger a Cristo, en un niño que viene, es lo peor de lo peor, es renunciar a la vida y a la paz. Él está en ese niño como en todo prójimo necesitado de cuidados.
Sepamos encontrarle, y descubrirle en ellos, acojámosle y démosle el amor que busca.
Alberguemos a Cristo y a su Padre en nuestro pobre corazón y lo haremos rico.
Jonás .-
Cuarto Misterio : LA TRANSFIGURACION EN EL MONTE TABOR
Un buen paseo, un día de excursión entre amigos y disfrutar de un bello paisaje tras la esforzada subida a una montaña. Quizás eso es lo que se pensaban Pedro, Juan y Santiago aquella mañana de primavera, cuando Jesús les propuso subir al Tabor. Jesús se había criado en Nazareth y desde esa aldea se divisa en la lejanía, majestuoso al monte Tabor. Él lo tenía idealizado por ser el punto más alto visible, y por lo tanto el más cercano al mismo Cielo. Por eso desea subir con sus más esforzados discípulos a esa montaña. Éstos no sabían lo que allí verían y sentirían, desconocían que Jesús quería tener una conversación especial con su Padre y que allí les mostraría a ellos una parte de su divinidad.
Lo primero que hicieron los apóstoles al pisar la cumbre fue contemplar bajo ellos toda la llanura de Estradón, tan rica en la historia de viejas batallas, con sus diversos y pequeños pueblecitos dispersados a su alrededor, como Naim, aquel lugar en el Cristo resucitará a un joven muerto. Sin embargo lo primero que Jesús hizo fue hincarse de rodillas para rezar, permaneciendo en esa postura por largo tiempo, el que sus compañeros de excursión utilizaron para descansar del esfuerzo realizado. Así, orando, hablando de tu a tu con su Padre, a Jesús le cambió el rostro y su cuerpo comenzó a irradiar una luz blanca con una intensidad cegadora por lo que sus discípulos, al verlo, se quedaron primero sorprendidos y luego sobresaltados. Jesús había encendido el amor del Padre sobre Él y la Luz, la primera de las obras de la Creación, fue el regalo que dirigió a su Hijo. Más tarde en la Resurrección de Cristo volvería a bajar el Amor del Padre sobre el Hijo y haría brillar con fuerza luminosa la superficie de su cuerpo quemando el lienzo de la Sábana Santa que le envolvía, con la imagen de todas sus lesiones.
A continuación del blanco fulgor de las ropas de Cristo en la cumbre del Tabor aparecen en escena dos ancianos que se ponen a hablar con Jesús, quien los reconoce y saluda llamando a uno Elías y al otro Moisés, como representantes de los profetas, el primero, y de la Ley, el segundo.
Se aproximan los apóstoles a escuchar de lo que hablan y perciben que lo hacen sobre afrentas, sobre dolores y sobre una horrible muerte que, según ellos, Jesús pronto habría de sufrir. Los apóstoles no comprenden nada, pero comienzan a sentir en la proximidad de Cristo un bienestar y una paz admirable que le hace exclamar a Pedro: "! Pero qué bien estamos aquí ¡ ! Construyamos tres tiendas para ellos: una para Jesús, otra para Moisés y otra para Elías..." .
No había acabado de decir esto cuando se nubló el cielo y de una luminosa nube salió una poderosa y sobrecogedora voz, que haciendo retemblar al propio suelo, decía: "Este es mi hijo: el escogido, escuchadle". Los discípulos, al oír tan estruendoso aviso, cayeron rostro a tierra presos del temor, pero cesó aquella poderosa voz y cuando levantaron la cara solo encontraron junto a ellos a Cristo que les levantaba y tranquilizaba. Les encargó que no contaran lo ocurrido a nadie hasta después de su Resurrección de entre los muertos, pero ellos, de momento no comprendían en absoluto ni lo de su Muerte, ni lo de su Resurrección . En sus mentes sólo quedaban el recuerdo de aquella oración de Jesús llena de resplandor divino, las palabras de los profetas anunciando la Pasión y muerte de Jesús en la Cruz y la poderosa voz del Padre que presentaba a su Hijo a quien debían escuchar.
Siempre pensé que Pedro acertaba en decir "Qué bien estamos aquí, hagamos tres tiendas....". Visto a Cristo unido al Padre sobra cualquier otra cosa, pero hay que descubrir que Moisés y Elías le hablaban de que había de sufrir una dolorosa Pasión y Muerte, así que la inocencia y buena voluntad de Pedro de intentar entrar ya en el Cielo chocó con algo de escapismo ( P.Tabares), pues ello era liberarse de que para alcanzar el premio todos tenemos que pasar por la Cruz. San Juan de la Cruz nos lo recuerda (P.Bonilla) en su verso "ni cogeré las flores, ni temeré las fieras y pasaré los montes y fronteras". No obstante Pedro, Juan y Santiago bajaron con Cristo de ese Cielo para volver al trabajo, y a la Cruz, pero todos ellos iluminaron sus Cruces y las de los demás (P.Barrón) con la Luz del Cielo que el Dios bueno ha preparado para todos aquellos que puedan seguir al Hijo divino.
También a nosotros, tras la breve percepción de su grandeza, Dios nos propone el camino difícil de cargar con nuestra cruz para poder reunirnos después con Él. Y también a nosotros Cristo-Eucaristía nos tranquiliza, acompaña y anima en la fe, para realizar un trabajo constante y rico en buenas obras, las que nos abocan a la compañía del Padre, de Hijo y del Espíritu Santo, donde están escritos para siempre nuestros propios nombres.
Jonás .-
Quinto Misterio : LA INSTITUCIÓN DE LA EUCARISTÍA.-
Le Eucaristía, es el último de los misterios que nos presenta la fe implantada por Jesucristo. Es el misterio del amor. Me explicaré.
Después de la vida dura y entregada de Jesús, ocurrió su pasión y su muerte. Él lo vio venir y lo aceptó por amor a todos nosotros. Lo natural hubiese sido que tras una vida tan ejemplar hubiera dicho adiós al género humano. Después de haber sufrido un trato tan cruel y desagradecido, lo normal sería olvidarse de nosotros, que al fin y al cabo ya teníamos unas directrices trazadas con sus sudores y con su Sangre Redentora. ¿Qué más podéis querer de mi?, podría haber exclamado el Verbo divino.
Pues no. Cristo pensó que no era suficiente su encarnación, su vida y su muerte para poder salvarnos. Él había dicho que el buen Pastor debía estar siempre con sus ovejas para que nadie se las pudiese robar. Lo consulta con su Padre y con el Espíritu Santo y deciden que, sin depreciar su valioso testimonio, sería muy bueno el permanecer junto a nosotros para siempre revestido en nuestra fe. Y Cristo se vuelve a transfigurar ante sus discípulos, pero esta vez en Pan y Vino bendecidos y les da poder para que ellos repitan su Consagración en conmemoración suya hasta el fin de los tiempos. Y, aún sabiendo que muchos se habrían de separar de la fe por no comprender eso de comer su cuerpo y eso de beber su sangre, permanece siempre con nosotros, para que sepamos que Él nunca deja de querernos y continuamente nos acompaña.
No se trata de canibalismo, como alguno lo haya objetado con escándalo. El caníbal mata a su víctima para engullirla quitándole la vida y destruyendo así su historia. El Señor en la Comunión Eucarística se une a nosotros como alimento sin perder ni su vida, ni su maravillosa bondad, sino para poder compartirlas íntimamente con nosotros. Nadie pierde, todos ganamos, el Señor poco con nuestra compañía,... ! Pero así de bueno es¡ . No existe en religión alguna otra cosa parecida y sorprende este descubrimiento de salvación que inventó el mismo Jesús. Quizás procediese su invento eucarístico de la unión divina trinitaria en la que de la fusión entre el Padre y el Hijo, surge el Espíritu divino como fruto infinito de Amor, ese que más tarde sembrará al Verbo hecho Hombre en el Cuerpo inmaculado de María.
Por ese "amaos los unos a los otros como yo os he amado" reaparece nuevamente Cristo Eucaristía presente como un árbol frutal de Unión y de Amor en el centro de todos los hombres, de unos y de otros.
¡Prodigio de generosidad la de Jesús en la Eucaristía! .- No teniendo suficiente con dar la vida por nosotros, nos sigue acompañando en cada Comunión y en el silencio del Sagrario, día y noche para que podamos ir a saludarlo, podamos ir a sentir su presencia y apoyo en cualquier momento por difícil que éste sea, y para que todos nos sintamos siempre verdaderos hermanos.
Aprovechemos presente en nuestra vida a Jesús Eucaristía para adorar en Él al Dios que ahora vive con nosotros. No perdamos las ocasiones que se puedan presentar para hacer aquello que muchas generaciones de justos hubieran apetecido, poder realizar lo que los propios Ángeles de Dios, por altos que sean, no pueden hacer, que es el contener a todo un Dios dentro de su pecho. ¡Qué sana envidia nos han de profesar todos los Ángeles! ¡Envidia de nuestros labios impuros, pero capaces de saborear al Santísimo! ( Ramón Cué, "Labios".- )
Cristo se ha quedado entre nosotros para que podamos fundirnos a Él en un abrazo, el que nos confortará y dará la vida eterna tras conducirnos a la mansión que nos tiene preparada.
¡Viva Jesús Sacramentado!
Y…. ¡ Viva Jesús amado!
Jonás 2016-2019- 2022-2023-2024-2025
LETANÍAS DEL ROSARIO