"Yo soy el Pan vivo bajado del cielo. El que coma de este Pan vivirá para siempre." (Juan 6,51)
Es la piedra angular de la fe católica, porque es la más alta prueba del amor del Altísimo. Es todo un Dios Padre que habiendo compartido a su Hijo con nosotros por el misterio de la Encarnación, habiéndole enviado para nuestro rescate.("Tanto amó Dios al mundo.."), nos le vuelve a entregar cada día para nuestra compañía. Es todo Un Dios Hijo que, tras haber derramado su vida por nosotros, permanece en nuestra casa para mostrarnos al Padre Bueno, para amarle y rezarle con esa magnífica oración que nos enseñó que es el Padrenuestro. Y es todo un Espíritu Santo que renace de Ellos dos en nuestro corazón cada vez que comulgamos, atesorando con su callada presencia y poderosa acción toda nuestra vida .
Es todo un Dios , repito, que se regala completamente a nosotros , porque oculto tras el aspecto del Pan y del Vino consagrados, está el Jesucristo Hombre y tras El, su Divinidad como Verbo de Dios y junto a ésta la propia del Padre y la del Espíritu Santo, es decir que la Eucaristía recoloca íntimamente a la Santísima Trinidad por entero para poder entrar y vivir en nuestro propio corazón..
Lo que sí que nos pide el testimonio de este Dios, que nada se reserva para sí mismo, es el que hagamos nosotros lo mismo con nuestros semejantes, compartiendo con ellos cuanto tenemos, nuestro tiempo, nuestras ilusiones, nuestras necesidades, nuestras alegrías . Nos pide ser, a semejanza de ellos, todos una familia, una sola fe. Hemos de amarnos unos a otros con su ayuda , porque Él todo lo conoce, todo lo penetra, y lo que más desea es que seamos todos unidad a su semejanza.
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| Imagen de Cristo Eucarístico que se venera en la Capilla del Buen Pastor - Benidorm |
Dos errores sobre la Eucaristía nos persiguen y tratan de malograrla:
. De un lado la falta de fe en la presencia real de Cristo en el pan y vino consagrados, queriendo limitarlos a tan sólo un símbolo o signo suyo. Existe un cuento, relatado por el P. Jorge Loring S. J, en el que un anciano en el lecho de muerte reúne a sus hijos venidos desde muy lejos. "Al final de mi vida, os entrego esto con todo mi corazón", les dice y les da una fotografía en la que se aprecia una gran mansión. ¿Qué pueden pensar esos hijos de esa donación? ¿Sería lógico que imaginasen que en el momento de su despedida fuera el padre tan tacaño que les regalase una simple fotografía , un cromo, una bella imagen para que viéndola se acuerden de él ? ¿No es acaso más natural creer que el Padre les ha conseguido de alguna forma una gran que existe, quizás el secreto de los ahorros de toda su vida, y al final se la muestra a todos ellos porque es el regalo que deja para sus hijos muy amados?. Traslademos esta imagen a la noche de Pascua en que Jesús se despide de sus discípulos. ¿Podría ser Cristo un raro personaje que en el último momento de su vida, en la noche de su despedida nos dé su simple retrato, o un símbolo o un sencillo recuerdo de sí mismo? ¿O más bien sería algo mucho más especial y generoso que tan sólo puede darnos ese Dios hecho Hombre con un enorme corazón y con un infinito poder, es decir: su presencia real y auténtica en el Milagro de la Eucaristía?
El segundo error está en el pensar que la Eucaristía, aquel acto que ayer llamábamos "el ir a Misa", es tan sólo un recuerdo del amor de Cristo y una ocasión de manifestárselo a todos los hermanos, sin tener en cuenta además de eso, el que se trata de todo un Dios, Señor del Tiempo universal, reaviva y revive su pasado haciéndolo para nosotros presente, de tal modo que podemos decir que en este misterio eucarístico se realiza nuevamente, de manera perenne y continua, el sacrificio de su Hijo en la Cruz, el renacer definitivo de su Resurrección y el misterio de su permanencia eterna a nuestro lado desde aquella bendita cena de la noche de Pascua.
Cristo murió en presencia de un grupo de hombres a los que perdonó y por lo tanto redimió del pecado . Y para nosotros ....¿no había más?. ¿Acaso no conocía, como Dios que era, nuestros futuros fallos y nuestras limitaciones, nuestras debilidades y nuestras venideras traiciones?. Pues bien: cada vez que Cristo se hace por su propia voluntad y poder infinito Pan y Vino vuelve a experimentar el sacrificio de su vida, ya no sólo para aquellos presentes, sino para todos y cada uno de nosotros, todos los que allí no estábamos entonces. Vuelve la vivencia del Calvario en el eterno presente divino para ofrecernos nuevamente Cristo su vida, pasión y muerte directamente para ti y para mí.
Sí, por nosotros, amigo que me lees. Así es de grande la nobleza de Cristo, y así debe de ser el recogimiento y la admiración que cada uno de nosotros hubiera de experimentar en esos momentos de la Consagración de las especies eucarísticas, porque también estamos en el propio Cenáculo, comulgando ese cuerpo y esa sangre que alumbró María Santísima.
Ante el Sacrificio de la Misa estamos expectantes ante la misma cruz del Calvario y estamos finalmente delante del Santo Sepulcro en el momento de su Santa Resurrección. ¿No es acaso suficiente para doblar sobre el suelo nuestras dos rodillas con el máximo respeto y con la mayor veneración?. De ahí el infinito valor de la Eucaristía debería tener para nosotros, que estúpidamente, no sabemos ni apreciar el acto, ni asumirlo. Como bestias amaestradas aceptamos con raquítica fe, lo que nuestro mediocre corazón no alcanza a agradecer.
Cuando pidamos algo al Señor no dudemos que nos lo dará si nos conviene. Porque cada día realiza para nosotros el mayor milagro del universo, el bajar del propio cielo y encarnarse nuevamente en el pan y en el vino de la Mesa eucarística. Si El puede reunir en ello su total omnipotencia con su derroche de amor hacia nosotros, seres tan minúsculos, ...¿Cómo va a llegar a ignorar nuestras necesidades?...
La Eucaristía nos impulsa a proyectar la presencia del Espíritu de Dios en nuestra vida, es misión de trabajo y de servicio que nunca terminan porque se revitalizan cada vez que asistimos en el día del Señor a la Santa Misa. Las lecturas de la Misa son fragmentos de la palabra de Dios y de su vida. Si las escuchamos atentamente, mejor aún: si las preparamos con una meditación previa, nunca nos serán áridas ni aburridas, al contrario, darán a la Eucaristía un sabor muy especial, el que inundará de sentido nuestra propia existencia cotidiana. El sermón del Sacerdote ya no será en absoluto aburrido, y su meditación siempre llevará un tema vigente de conversación para con nuestra familia y amigos, si es que tenemos la suficiente presencia en ellos.
No nos debiera de ser necesario el temor servil de no infringir un 3º Mandamiento, para asistir a Misa cada Domingo. Mas bien debiéramos aprovechar la ocasión brindada por un Dios que comparte su todo con nuestra nada y acudir a besar en Cristo al Padre, a saludar al amigo, al que más nos ama y nos lo demuestra , porque El, y sólo El, es quien más nos ha dado todo lo que tenemos. Temamos, sí : la ingratitud, el ruido ensordecedor del mundo, la irresponsabilidad, la vanidad de la vida y la vaciedad del consumismo.
Cuando pidamos algo al Señor no dudemos que nos lo dará si nos conviene. Porque cada día realiza para nosotros el mayor milagro del universo, el bajar del propio cielo y encarnarse nuevamente en el pan y en el vino de la Mesa eucarística. Si El puede reunir en ello su total omnipotencia con su derroche de amor hacia nosotros, seres tan minúsculos, ...¿Cómo va a llegar a ignorar nuestras necesidades?...
La Eucaristía nos impulsa a proyectar la presencia del Espíritu de Dios en nuestra vida, es misión de trabajo y de servicio que nunca terminan porque se revitalizan cada vez que asistimos en el día del Señor a la Santa Misa. Las lecturas de la Misa son fragmentos de la palabra de Dios y de su vida. Si las escuchamos atentamente, mejor aún: si las preparamos con una meditación previa, nunca nos serán áridas ni aburridas, al contrario, darán a la Eucaristía un sabor muy especial, el que inundará de sentido nuestra propia existencia cotidiana. El sermón del Sacerdote ya no será en absoluto aburrido, y su meditación siempre llevará un tema vigente de conversación para con nuestra familia y amigos, si es que tenemos la suficiente presencia en ellos.
No nos debiera de ser necesario el temor servil de no infringir un 3º Mandamiento, para asistir a Misa cada Domingo. Mas bien debiéramos aprovechar la ocasión brindada por un Dios que comparte su todo con nuestra nada y acudir a besar en Cristo al Padre, a saludar al amigo, al que más nos ama y nos lo demuestra , porque El, y sólo El, es quien más nos ha dado todo lo que tenemos. Temamos, sí : la ingratitud, el ruido ensordecedor del mundo, la irresponsabilidad, la vanidad de la vida y la vaciedad del consumismo.
Chesterton daba esta definición sobre la vulgaridad: " Vulgaridad es el estar junto a lo sublime sin percibirlo". ¡Cuántos de nuestros jóvenes piensan que eso de ir a Misa es un rollo!...Es posible que para ellos lo sea porque los adultos, que sí que vamos, no hemos sabido dar un testimonio alegre ni emprendedor de la Misa, porque los hombres maduros no desempeñamos una misión en la vida con el sentido y la responsabilidad que Cristo nos enseñó. ¿También nosotros vamos a pasar de largo ante tan grandes acontecimientos, sin dar testimonio de algo que sabemos es Obra de Dios y es sublime?
Para Henri J. M. Nouwen todo el sentido de la vida se halla en estos cuatro verbos: coger, bendecir, partir y dar. Son los verbos que narran lo que hace Jesús al instituir la Eucaristía. "Cogió el pan, lo bendijo, lo fraccionó y lo repartió". Para este teólogo el sentido de aplicación de la Eucaristía en la vida es el de que nosotros somos escogidos, después somos bendecidos, luego somos rotos, y al final se nos reparte en el servicio de los hermanos. De que cumplamos estos requisitos depende el que seamos o no "Hijos vivos de Dios", porque "el que no vive para servir, no sirve para vivir.".
Para Henri J. M. Nouwen todo el sentido de la vida se halla en estos cuatro verbos: coger, bendecir, partir y dar. Son los verbos que narran lo que hace Jesús al instituir la Eucaristía. "Cogió el pan, lo bendijo, lo fraccionó y lo repartió". Para este teólogo el sentido de aplicación de la Eucaristía en la vida es el de que nosotros somos escogidos, después somos bendecidos, luego somos rotos, y al final se nos reparte en el servicio de los hermanos. De que cumplamos estos requisitos depende el que seamos o no "Hijos vivos de Dios", porque "el que no vive para servir, no sirve para vivir.".
Realmente Dios nos escoge al darnos la fe, que es un rescoldo de su presencia. Dios nos bendice, es decir, piensa y habla bien de nosotros,(¡ qué maravilla más grande!) porque se complace en nuestra compañía, cuando le somos fieles. Nos aprieta con su abrazo de Padre y amorosamente nos rompe, porque sólo rompiendo la cáscara de la almendra se puede saborear la semilla, porque solo ante el esfuerzo y el sacrificio se identifica la calidad de cada persona... Nos reparte después entre los demás, en una doble misión de servicio y de testimonio. Así muchas veces permite que nos duelan, no sólo nuestros huesos por el cansancio del trabajo, sino también nuestro corazón por la ingratitud, o por el abandono, o quizá por el insulto grave de un familiar o de un amigo... porque "Sólo cuando el grano de trigo muere y cae en tierra, da fruto, y lo da en abundancia", como decía el mismo Jesús. Es precisa la fracción del propio yo, la negación de uno mismo, el morir de cada día, el enterrarse en humildad, el anonadarse como Jesús, que era Dios, y lo hizo, para poder darse cual fruto generoso y abundante para todos.
El misterio de la Eucaristía.-
No ha habido santo alguno en la historia de la Iglesia que no la ensalzase como el máximo tesoro el de la Eucaristía. San Buenaventura decía: " el creer que Jesús se halla en las especies de pan y vino como signo, no tiene dificultad alguna, pero el creer que en ellos se halla tal cual es, como en el propio Cielo, es en sí muy meritorio".
La transubstanciación es una modificación de la sustancia del pan y del vino (y no de sus accidentes aspecto, color, sabor) en el mismísimo Cuerpo Vivo y en la Sangre Viva de Jesús. Se nos presenta Cristo, tal cual es, en Cuerpo y Sangre, en Alma y en Divinidad, lleno de Vida, aunque con los accidentes o apariencias del pan y del vino preparados como especies sacramentales. Jesucristo nos dijo: "Yo soy el Pan bajado del Cielo. El que coma de este pan vivirá para siempre." (Juan 6,51)
El misterio de la Eucaristía.-
No ha habido santo alguno en la historia de la Iglesia que no la ensalzase como el máximo tesoro el de la Eucaristía. San Buenaventura decía: " el creer que Jesús se halla en las especies de pan y vino como signo, no tiene dificultad alguna, pero el creer que en ellos se halla tal cual es, como en el propio Cielo, es en sí muy meritorio".
La transubstanciación es una modificación de la sustancia del pan y del vino (y no de sus accidentes aspecto, color, sabor) en el mismísimo Cuerpo Vivo y en la Sangre Viva de Jesús. Se nos presenta Cristo, tal cual es, en Cuerpo y Sangre, en Alma y en Divinidad, lleno de Vida, aunque con los accidentes o apariencias del pan y del vino preparados como especies sacramentales. Jesucristo nos dijo: "Yo soy el Pan bajado del Cielo. El que coma de este pan vivirá para siempre." (Juan 6,51)
Este fruto es por lo tanto infinitamente valioso, es la base de nuestra fe. También a nosotros Jesús nos pregunta ,al igual que a Pedro, si como tantos hombres, también nos alejaremos al escandalizar nuestra mente ante este extraño portento. Con este discípulo hemos de repetir su maravillosa contestación : "¿Y a quién iremos Señor, si solamente Tú tienes palabras de vida eterna?
Efectivamente: La Santa Hostia es la semilla de la inmortalidad. La muerte anula la libertad que da la Vida. La inmortalidad nos mantendría libres , tal como Dios es libre. Nos hemos de preparar para recibirla con limpieza, con sencillez y con clara conciencia de su grandeza. Es comer el Cuerpo Vivo de Jesús y es beber su Sangre Viva, es como empezar a ser miembros de su cuerpo místico. Nuestro Redentor quiso unirse a nosotros de tal manera que fuésemos todos un sólo ser, y no se conformó con estar cerca , sino que quiso fundirse como aleación metálica a sus hermanos, en la Iglesia que Él reúne. Pero Jesús no quería que nos sintiésemos caníbales comiendo carne o sangre humana, y como deseaba ser un alimento real para poder integrarse en nuestra naturaleza mantuvo en su nueva encarnación eucarística los caracteres aparentes del pan y del vino. ¡Un detalle más de Jesucristo hacia nosotros !. Tan sólo, posteriormente, a quienes a veces dudaron de su presencia eucarística les mostró ocasionalmente su corazón y su sangre real en milagros eucarísticos acreditados, al igual que al Apóstol Tomás le mostró real y crudamente sus llagas, invitándole a meter sus dedos en ellas, recriminándole por su desconfianza.
Al comer su Cuerpo yal beber su Sangre bajo las especies de pan y vino asimilamos su Vida para siempre que se manifestará en salud para el alma y también para el cuerpo mientras a aquella le convenga. No es, pues, un alimento muerto que de fuerza, sino un alimento vivo que la transmite para siempre. Mientras persisten los accidentes o sabores del pan o del vino en nuestra boca o en nuestro estómago persiste en nosotros el cuerpo real de Jesús, y cuando desparecen por digestión estas cualidades que identifican al pan o al vino, desaparece su cuerpo real, pero se mantiene indefinidamente en nosotros su alma, mientras no la arrojemos afuera mediante el pecado grave. La Sagrada Comunión es, repetiré la comparación, algo así como una venturosa aleación entre dos metales de muy diverso tamaño y valor: el enorme lingote de oro que representa el alma de Cristo y el minúsculo granito de estaño que lo hace mi propia alma. De pronto yo paso a ser parte de un valiosísimo lingote y comienzo a valer muchísmo más, habiendo aportado conmigo mismo tan sólo una ínfima y escasa calidad .
Nos basta acercarnos al sagrario de alguna iglesia abierta para poder estar al lado del verdadero Dios Vivo que se queda con nosotros, pudiendo, sin embargo, haberse marchado para siempre, como no, una vez cumplida su Redentora Misión. ¡Qué grandeza la suya de mantenerse en este valle de lágrimas, en este mundo pestilente, junto a nosotros. Él se queda, repito, esperando nuestra visita de amigos, para después acompañarnos como compañero del alma a lo largo de toda la existencia y en el viaje final de la muerte . Si así lo hacemos, notaremos su calor, su permanencia en la nueva "Arca de la Alianza" y nos infundirá, de seguro, su Vida y su Gracia. Así lo han experimentado muchas personas que sólo han podido encontrar la conversión y la fe en la proximidad de Jesús Sacramentado.
Nosotros comeremos al Buen Jesús que nos alimenta y da la vida, pero también Él , que es un Dios inmutable, quiere algo de nosotros, porque tiene sed de almas. Así se lo confesó a la mujer samaritana cuando la dijo: "Dame de beber", y así nos lo confesó a todo el género humano, antes de morir cuando dijo "Tengo sed" y entonces, tan sólo se le dio a probar una esponja con vinagre. Tenía y tiene todavía una sed infinita de espíritus justos, de espíritus de amor y de comprensión. ¿Le vamos a negar nosotros nuestra agua...., el torrente de nuestro agradecimiento?
Pero Cristo es todavía más.. ¿Os imagináis un cielo sin la presencia de Jesús?...Si falta Jesús, falta el Padre y falta el Espíritu y sin ellos... falta Dios, falta el Todo...- sin Jesús no hay cielo... Pues bien, nosotros, inversamente, podemos disfrutar de su presencia día a día junto a la de la Trinidad divina en la Eucaristía y podemos hacer de nuestra vida, pese a sus sombras y sus dificultades, si es que confiamos..., un verdadero cielo, porque ya comenzamos a participar, aunque no nos demos cuenta, de la dicha prometida de ser la morada de mismísimo Dios. Sólo Jesús es el cielo de verdad, así que la fe eucarística nos abre ya el paraíso para nuestra ceguera. Cada Comunión con fe y con fervor es un chispazo, es un breve anticipo del propio Cielo. Sentiremos, como los discípulos de Emaús, el cómo nos hierve también el corazón ante sus palabras y su compañía durante el camino y le reconoceremos en la Fracción del Pan..
ADORAR A JESUCRISTO SACRAMENTADO.-
Es el culto a Jesús sacramentado, sea en el Sagrario, en la Custodia, o durante el sacrificio de la Misa, lo más importante y definitorio de la fe católica. Cuando los fieles nos ponemos de rodillas ante Cristo presente en las especies del Pan y del Vino consagrados lo hacemos en signo de profunda adoración pues sabemos que oculto tras dichas formas se encuentra el Cuerpo y la Sangre de nuestro Redentor y escondido tras ellas su propia Divinidad, inseparable con la del Padre y la del Espíritu Santo. Un Dios por entero delante de nuestros ojos.
Pero merece la pena que nos paremos a pensar en qué es realmente "adorar". Lo que contiene este valiosísimo acto de culto lo demuestra el episodio narrado en el Evangelio de las tentaciones de Jesús, cuando el propio lucifer (apréciese que lo escribo conscientemente con minúsculas), le declara refiriéndose a los bienes del mundo: "Todo esto te lo daré si te arrodillas ahora y me adoras". El maligno pretendía ser adorado por aquel a quién él denegó la adoración. Tremendo error inducido por la pasión que engendra más locura: la soberbia. Ya sabemos la respuesta de Cristo que también iba dirigida a todos nosotros : "A un sólo Señor, tu Dios, has de adorar, con todas tus fuerzas, con todo tu corazón y con toda tu mente..".
Adorar a Dios, presente en la Eucaristía, es realizar la más importante acción de toda la vida. El catecismo nos enseña que la única finalidad de la existencia del hombre es el dar gloria a su Creador. Realmente no hay mayor entrega propia que la propia adoración. En ella se reconoce la infinita diferencia que separa las calidades de la criatura y las del Creador. En ella se contempla la perfección de lo infinitamente bueno , se valora la pequeñez de nuestras preocupaciones y se agradece el amor y la atención que Dios nos presta al dejarnos contemplar su Bondad sin límites. Es por eso que, al igual que Pedro, Juan y Santiago testigos de la Transfiguración de Cristo, ante la presencia de Dios sentimos un profundo respeto y después una paz admirable , pudiendo repetir con ellos :"!Qué bien se está aquí...¡"). En una palabra : en la adoración a Jesús sacramentado podremos comenzar a gozar de un cielo prometido de forma anticipada. Ni tan siquiera hay que plantear necesidades propias, ni lamentar nuestras limitaciones y fallos...¡ya son bien conocidas por Cristo!, tan sólo una palabra : ¡Gracias, Señor por tu amistad!
Además tras la paz del descanso en el amado no tardaremos en oír como en el Tabor la voz del Padre que nos dice "Haced lo que Él os diga". He ahí la misión del encuentro con la Eucaristía: el imitar a Jesús, el hacernos pan para otros, el partirse y el compartir con muchos hermanos y ayudarnos todos a cargar nuestras propias cruces. He ahí el reencuentro con Cristo para perpetuar después su adoración en el amor a todos los demás.
Podemos, sin duda , adorar a Jesús en el Sagrario, donde bien sabemos está para hallarse siempre cerca de nosotros. También podemos adorarlo en la Custodia expuesto como Blanca Hostia, en ocasiones de festividades especiales en nuestra propia parroquia. La Bendición que nos da el Santísimo es un verdadero abrazo de amigo, tan conmovedor, que no tiene comparación con ningún otro. También podemos afiliarnos a la Adoración Nocturna o en la Adoración Perpetua y con alguna frecuencias pasar parte de la noche o del día en vela junto a Él para adorarlo como se merece.
Efectivamente: La Santa Hostia es la semilla de la inmortalidad. La muerte anula la libertad que da la Vida. La inmortalidad nos mantendría libres , tal como Dios es libre. Nos hemos de preparar para recibirla con limpieza, con sencillez y con clara conciencia de su grandeza. Es comer el Cuerpo Vivo de Jesús y es beber su Sangre Viva, es como empezar a ser miembros de su cuerpo místico. Nuestro Redentor quiso unirse a nosotros de tal manera que fuésemos todos un sólo ser, y no se conformó con estar cerca , sino que quiso fundirse como aleación metálica a sus hermanos, en la Iglesia que Él reúne. Pero Jesús no quería que nos sintiésemos caníbales comiendo carne o sangre humana, y como deseaba ser un alimento real para poder integrarse en nuestra naturaleza mantuvo en su nueva encarnación eucarística los caracteres aparentes del pan y del vino. ¡Un detalle más de Jesucristo hacia nosotros !. Tan sólo, posteriormente, a quienes a veces dudaron de su presencia eucarística les mostró ocasionalmente su corazón y su sangre real en milagros eucarísticos acreditados, al igual que al Apóstol Tomás le mostró real y crudamente sus llagas, invitándole a meter sus dedos en ellas, recriminándole por su desconfianza.
Al comer su Cuerpo yal beber su Sangre bajo las especies de pan y vino asimilamos su Vida para siempre que se manifestará en salud para el alma y también para el cuerpo mientras a aquella le convenga. No es, pues, un alimento muerto que de fuerza, sino un alimento vivo que la transmite para siempre. Mientras persisten los accidentes o sabores del pan o del vino en nuestra boca o en nuestro estómago persiste en nosotros el cuerpo real de Jesús, y cuando desparecen por digestión estas cualidades que identifican al pan o al vino, desaparece su cuerpo real, pero se mantiene indefinidamente en nosotros su alma, mientras no la arrojemos afuera mediante el pecado grave. La Sagrada Comunión es, repetiré la comparación, algo así como una venturosa aleación entre dos metales de muy diverso tamaño y valor: el enorme lingote de oro que representa el alma de Cristo y el minúsculo granito de estaño que lo hace mi propia alma. De pronto yo paso a ser parte de un valiosísimo lingote y comienzo a valer muchísmo más, habiendo aportado conmigo mismo tan sólo una ínfima y escasa calidad .
Nos basta acercarnos al sagrario de alguna iglesia abierta para poder estar al lado del verdadero Dios Vivo que se queda con nosotros, pudiendo, sin embargo, haberse marchado para siempre, como no, una vez cumplida su Redentora Misión. ¡Qué grandeza la suya de mantenerse en este valle de lágrimas, en este mundo pestilente, junto a nosotros. Él se queda, repito, esperando nuestra visita de amigos, para después acompañarnos como compañero del alma a lo largo de toda la existencia y en el viaje final de la muerte . Si así lo hacemos, notaremos su calor, su permanencia en la nueva "Arca de la Alianza" y nos infundirá, de seguro, su Vida y su Gracia. Así lo han experimentado muchas personas que sólo han podido encontrar la conversión y la fe en la proximidad de Jesús Sacramentado.
Nosotros comeremos al Buen Jesús que nos alimenta y da la vida, pero también Él , que es un Dios inmutable, quiere algo de nosotros, porque tiene sed de almas. Así se lo confesó a la mujer samaritana cuando la dijo: "Dame de beber", y así nos lo confesó a todo el género humano, antes de morir cuando dijo "Tengo sed" y entonces, tan sólo se le dio a probar una esponja con vinagre. Tenía y tiene todavía una sed infinita de espíritus justos, de espíritus de amor y de comprensión. ¿Le vamos a negar nosotros nuestra agua...., el torrente de nuestro agradecimiento?
Pero Cristo es todavía más.. ¿Os imagináis un cielo sin la presencia de Jesús?...Si falta Jesús, falta el Padre y falta el Espíritu y sin ellos... falta Dios, falta el Todo...- sin Jesús no hay cielo... Pues bien, nosotros, inversamente, podemos disfrutar de su presencia día a día junto a la de la Trinidad divina en la Eucaristía y podemos hacer de nuestra vida, pese a sus sombras y sus dificultades, si es que confiamos..., un verdadero cielo, porque ya comenzamos a participar, aunque no nos demos cuenta, de la dicha prometida de ser la morada de mismísimo Dios. Sólo Jesús es el cielo de verdad, así que la fe eucarística nos abre ya el paraíso para nuestra ceguera. Cada Comunión con fe y con fervor es un chispazo, es un breve anticipo del propio Cielo. Sentiremos, como los discípulos de Emaús, el cómo nos hierve también el corazón ante sus palabras y su compañía durante el camino y le reconoceremos en la Fracción del Pan..
ADORAR A JESUCRISTO SACRAMENTADO.-
Es el culto a Jesús sacramentado, sea en el Sagrario, en la Custodia, o durante el sacrificio de la Misa, lo más importante y definitorio de la fe católica. Cuando los fieles nos ponemos de rodillas ante Cristo presente en las especies del Pan y del Vino consagrados lo hacemos en signo de profunda adoración pues sabemos que oculto tras dichas formas se encuentra el Cuerpo y la Sangre de nuestro Redentor y escondido tras ellas su propia Divinidad, inseparable con la del Padre y la del Espíritu Santo. Un Dios por entero delante de nuestros ojos.
Pero merece la pena que nos paremos a pensar en qué es realmente "adorar". Lo que contiene este valiosísimo acto de culto lo demuestra el episodio narrado en el Evangelio de las tentaciones de Jesús, cuando el propio lucifer (apréciese que lo escribo conscientemente con minúsculas), le declara refiriéndose a los bienes del mundo: "Todo esto te lo daré si te arrodillas ahora y me adoras". El maligno pretendía ser adorado por aquel a quién él denegó la adoración. Tremendo error inducido por la pasión que engendra más locura: la soberbia. Ya sabemos la respuesta de Cristo que también iba dirigida a todos nosotros : "A un sólo Señor, tu Dios, has de adorar, con todas tus fuerzas, con todo tu corazón y con toda tu mente..".
Adorar a Dios, presente en la Eucaristía, es realizar la más importante acción de toda la vida. El catecismo nos enseña que la única finalidad de la existencia del hombre es el dar gloria a su Creador. Realmente no hay mayor entrega propia que la propia adoración. En ella se reconoce la infinita diferencia que separa las calidades de la criatura y las del Creador. En ella se contempla la perfección de lo infinitamente bueno , se valora la pequeñez de nuestras preocupaciones y se agradece el amor y la atención que Dios nos presta al dejarnos contemplar su Bondad sin límites. Es por eso que, al igual que Pedro, Juan y Santiago testigos de la Transfiguración de Cristo, ante la presencia de Dios sentimos un profundo respeto y después una paz admirable , pudiendo repetir con ellos :"!Qué bien se está aquí...¡"). En una palabra : en la adoración a Jesús sacramentado podremos comenzar a gozar de un cielo prometido de forma anticipada. Ni tan siquiera hay que plantear necesidades propias, ni lamentar nuestras limitaciones y fallos...¡ya son bien conocidas por Cristo!, tan sólo una palabra : ¡Gracias, Señor por tu amistad!
Además tras la paz del descanso en el amado no tardaremos en oír como en el Tabor la voz del Padre que nos dice "Haced lo que Él os diga". He ahí la misión del encuentro con la Eucaristía: el imitar a Jesús, el hacernos pan para otros, el partirse y el compartir con muchos hermanos y ayudarnos todos a cargar nuestras propias cruces. He ahí el reencuentro con Cristo para perpetuar después su adoración en el amor a todos los demás.
Podemos, sin duda , adorar a Jesús en el Sagrario, donde bien sabemos está para hallarse siempre cerca de nosotros. También podemos adorarlo en la Custodia expuesto como Blanca Hostia, en ocasiones de festividades especiales en nuestra propia parroquia. La Bendición que nos da el Santísimo es un verdadero abrazo de amigo, tan conmovedor, que no tiene comparación con ningún otro. También podemos afiliarnos a la Adoración Nocturna o en la Adoración Perpetua y con alguna frecuencias pasar parte de la noche o del día en vela junto a Él para adorarlo como se merece.
Cristo quiere ser adorado por todos los hombres a los que ama con todo su Corazón, quiere ser presencia para el incrédulo, quiere ser perdón para el vicioso, quiere ser amigo y hermano tuyo y mío, quiere estar con todos y cada uno de nosotros y escuchar nuestros problemas para ayudarnos. Lo hallaremos en una pequeña Capilla, única y exclusivamente ideada para este encuentro personal. Búscala en tu ciudad, donde probablemente la hallarás. Y.... si te encuentras enfermo y no puedes moverte y salir, puedes también verlo, pues hoy también existe una web de Adoración "on line" a Jesús Sacramentado,. la puedes encontrar en :
.http://es.catholic.net/ligas/ligasframe.phtml?liga=http://www.adoracionnocturnamexicana.org.mx
Termino con un hermoso verso libre de Ramón Cué, sobre el valor de la Eucaristía para los Ángeles ("Pannis angelicum"), titulado "El Ángel sin labios"
Los hombres, al comerte, empiezan a ser ángeles
Y yo, para comerte,
comenzaría a ser un hombre pecador.
Yo no tengo fe en tí. En la Eucaristía sólo creen los hombres.
Yo no creo,...yo te veo
.!Pero no te como, Señor¡
!Ay, que envidia de labios para mi hambre eucarística¡
Cercado de este Pan en divina obsesión,
pudiendo abrir sin llaves lo sagrarios¡
¡Y saberme nacido sin labios para este Amor!
¡Ay qué envidia , qué envidia de vuestros labios, hombres!
De los labios hambrientos que muerden un mendrugo
de los labios con náuseas de hiel y de pasión,
de los labios leprosos que se caen a pedazos,
de los labios del tonto que babean impotentes,
de los labios del mudo gesticulando inútiles,
¡Pero que todos , todos, te comen a Tí, mi Dios!
Y en los labios del mudo eres Palabra,
en los labios del pobre eres banquete,
en los del tonto, sabiduría,
y en los del leproso Resplandor.
Ver que todos te comen..
¡Y yo, no!
Mediando entre los polos de mi espíritu y vuestra carne
está,..¡Y es sólo vuestra!...la Comunión.
¡Yo vendería la primogenitura de mi Ser
por un plato de la mesa de Dios!
Mudos, pobres, leprosos, tontos, muertos,
¡Prestadme vuestros labios! Dejaré de ser yo.
Dejaré de ser ángel. ¡Tendré labios de carne
para comer a Dios!.
Ramón Cué
Jonás
Agosto de 2003-2010-2011-2019- 2022- 2024
.http://es.catholic.net/ligas/ligasframe.phtml?liga=http://www.adoracionnocturnamexicana.org.mx
Termino con un hermoso verso libre de Ramón Cué, sobre el valor de la Eucaristía para los Ángeles ("Pannis angelicum"), titulado "El Ángel sin labios"
Los hombres, al comerte, empiezan a ser ángeles
Y yo, para comerte,
comenzaría a ser un hombre pecador.
Yo no tengo fe en tí. En la Eucaristía sólo creen los hombres.
Yo no creo,...yo te veo
.!Pero no te como, Señor¡
!Ay, que envidia de labios para mi hambre eucarística¡
Cercado de este Pan en divina obsesión,
pudiendo abrir sin llaves lo sagrarios¡
¡Y saberme nacido sin labios para este Amor!
¡Ay qué envidia , qué envidia de vuestros labios, hombres!
De los labios hambrientos que muerden un mendrugo
de los labios con náuseas de hiel y de pasión,
de los labios leprosos que se caen a pedazos,
de los labios del tonto que babean impotentes,
de los labios del mudo gesticulando inútiles,
¡Pero que todos , todos, te comen a Tí, mi Dios!
Y en los labios del mudo eres Palabra,
en los labios del pobre eres banquete,
en los del tonto, sabiduría,
y en los del leproso Resplandor.
Ver que todos te comen..
¡Y yo, no!
Mediando entre los polos de mi espíritu y vuestra carne
está,..¡Y es sólo vuestra!...la Comunión.
¡Yo vendería la primogenitura de mi Ser
por un plato de la mesa de Dios!
Mudos, pobres, leprosos, tontos, muertos,
¡Prestadme vuestros labios! Dejaré de ser yo.
Dejaré de ser ángel. ¡Tendré labios de carne
para comer a Dios!.
Ramón Cué
Jonás
Agosto de 2003-2010-2011-2019- 2022- 2024


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