miércoles, 15 de mayo de 2019

El Espíritu Santo

EL ESPÍRITU SANTO



Poco se ha escrito siempre sobre esta persona divina, siendo precisamente ella quien impulsa al alma humana para el buen pensar, para el  buen sentir y para el buen hacer.  Pero cuando este protagonista se presenta a sí mismo   se nos muestra como una  figura tímida , que casi preferiría permanecer oculta.  Tan humilde es, que no se nos presenta como un Ser salvador, sino como un simple regalo o don  divino,  sabiendo que es toda una persona tan divina como el Padre y el Hijo, integrando como ellos la Trinidad,  nuestra eterna salvación. Alguien lo definió como algo parecido a lo que son  nuestros propios ojos, que todo lo pueden ver y describir,  menos a sí mismos. No le gusta al Espíritu Santo el ser protagonista de nada, ni el darse a conocer sin necesidad,  porque reserva humildemente esas gracias al Dios por entero que Él integra, al Dios por entero que Él fusiona. Por eso esta descripción mía, ojalá inspirada por Él, trate de ser lo más concisa posible.

Es cierto que el Espíritu Santo se insinúa  en el antiguo testamento. El Génesis  dice  sobre la aparición de la vida, durante la narración de la Creación : "El Espíritu del Señor planeaba sobre las aguas". Entre todas las citas bíblicas que le reflejan , quizás el libro de la Sabiduría es para mí el que le representa mejor, muy íntimamente  proyectado en su virtud : la " sabiduría", la que radica en el "saborear la verdad y el amor." . ..Y así nos descubre ese libro (en 6-12 a 17) :

"Radiante e inmarcesible es la Sabiduría.

Fácilmente la contemplan los que la aman y la encuentran los que la buscan.

Se anticipa en darse a conocer a los que la anhelan.

 Quien madrugue para buscarla no se fatigará, que a su puerta la encontrará sentada.

 Pensar en ella es la perfección de la prudencia y quien por ella se desvele, pronto se verá sin cuidados.

 Pues ella misma ve por todas partes buscando a los que son dignos de ella.".

El sujeto de tales afirmaciones  indica ser una verdadera persona, más  que una hermosa y abstracta cualidad intelectiva, como aparentemente parece mostrarse.

 Pero quien descubre y define mejor el misterio y la realidad del Espíritu Santo, para todos nosotros, es el mismísimo Jesucristo, quien a lo largo de su vida, en el relato evangélico nos lo revela o menciona con todo su corazón y toda su admiración  en múltiples ocasiones :
A la mujer samaritana, junto al pozo de Jacob, Jesús la habla de un "agua viva" que satisfará su sed por dentro hasta llegar a encontrar al Dios Verdadero en su propio corazón, donde poder adorarle "en Espíritu y en Verdad".  
  Destaca Jesús, la importancia del mayor pecado sin posible perdón, que es la ofensa directa  al Espíritu Santo., o el desprecio de la Divina Providencia.
 Antes de su Ascensión a los Cielos, aclara para siempre la máxima autoridad del Espíritu Divino cuando manda a sus discípulos : "Id y bautizad a todos en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. ". Así, por todas sus menciones y por sus últimas palabras de Jesús, sabemos que las tres personas  integran la Santísima Trinidad y que son dignas del mismo  respeto y de la  misma adoración.

El Antiguo Testamento  nos  descubre parcialmente a la Trinidad, el Nuevo Testamento con las afirmaciones de Cristo nos lo descubre totalmente. El Misterio que encierra  es inexpugnable para la razón, pero no para el corazón. (Ya decía con razón Pascal "El corazón tiene razones que la mente desconoce.."). San Agustín exprimía su cerebro ante estas divinas revelaciones hasta que su corazón le impuso la fe ciega en su Dios, superior a toda clase de inteligencia.
 El Espíritu Santo es algo así como la infinita Fuerza de Amor entre el  Padre y El Hijo, es  como  la "energía" o el "cemento" que los mantiene unidos en  el "monumento divino". Al ser infinitamente grande ese Amor y esa Unión, deja de ser sólo amor y se transforma en  una Persona real.  Así,. con el Espíritu Santo,  la Trinidad de  Dios es indivisible por el amor, pues se integra del Amor como Persona, y no existiendo en Ella parte alguna,  hace de los Tres un Todo único . Y siendo el Espíritu Santo fruto del amor entre el Padre y el Hijo, también es la fuente perpetua de amor para ambos, a los que une aún con más fuerza hasta lo infinito que integra a  todo nuestro Dios.
- Nos demuestra en el Ser Supremo cómo el Amor puede juntar todo por grande o particular que sea.....y así podríamos definir al Espíritu santo como la cristalización del  mismísimo Amor infinito de Dios,  como su propia y verdadera  Vida .  Es tan ilimitado o infinito como lo es el Padre y como lo es Hijo. Por eso. con ellos,  es también un personaje divino.
 También a nosotros  los hombres, ya en otra dimensión: la finita, puede el  amor reunirnos en una humanidad única y coherente. Esa es la labor del Espíritu Santo, el Amor Vivo  de Dios con el que a cada uno nos transmite la vida, el Agua Viva capaz de satisfacer nuestra sed para siempre,.  Comienza entre los hombres por el matrimonio formando la familia, sigue por la sociedad que forma   la nación y acabaría fabricando la paz mundial para todo el género humano. Puede hacer de todos nosotros una enorme  familia en el amor y en el respeto con  las individualidades particulares que nos da a cada cual, a semejanza de la familia Trinitaria, que así es perfecta : un sólo Dios en tres Personas distintas, pero infinitamente unidas.
A lo largo de la historia humana el Espíritu Santo se manifiesta en lo bueno que posea cada religión, por variadas que estas sean. Así entre los tibetanos que consideraban a las altas montañas como verdaderos dioses se denominaba al majestuoso Annapurna como : " el Señor y Dador de Vida". ¿Puede haber una mejor definición para nuestro Espíritu Santo....? 

Es precisamente en la persona de Jesús  donde el Espíritu Santo se manifiesta siempre sin cesar. 
En la Encarnación en el seno de María,  puso todo su poder. Quiso ser "el esposo de la Vírgen " y con el  consentimiento de ella engendró a Cristo uniéndolo al Verbo divino. Realizó así la Inmaculada Concepción de María con el calor de su  amor, así como un rayo de luz solar atraviesa  y calienta un cristal sin siquiera mancharlo.
En el Bautismo de Jesús a orillas de Jordán el Espíritu divino aparece en forma de paloma- Toma posesión absoluta de Él, y lo envía al desierto para ser tentado como cualquier hombre, igual que a  nosotros..
 Le infunde el  amor de la oración hacia el  Padre, la que continuamente manifiesta en su vida  privada o públicamente.
 Le  inspira en la elección de cada uno de sus discípulos, en la realización de sus numerosos milagros o en sus emotivos  sermones , así como en sus imprescindibles enseñanzas.
 Pone todo su poder el Santo Espíritu en la Transfiguración de Cristo en el Monte Tabor, así como , en su Transubstanciación, ante nosotros, en el sacramento de  la Eucaristía, porque Jesús, la víspera de su Pasión, se nos ofrece  como Pan y Vino transformados en su Carne y en  su Sangre, semilla  de Resurrección para todos nosotros.   Éste es otro trabajo que realiza el Espíritu Santo, que al igual que engendró a Jesús  en María,  participa en esta nueva re-Encarnación de Dios en el Pan y en el Vino Eucarísticos.

A Cristo, hombre-Dios, el Espíritu Santo le reconforta en su Pasión, en su agonía y en su muerte. Pasados tres días de ésta, vuelve a poner en Él todo su poder y lo rehace nuevamente como Hombre completo  -Cuerpo-Alma y Divinidad  perfecta:
 !Gloriosa Resurrección la de Jesucristo¡ .
Por estas razones podemos definir al Espíritu Santo como Santificador del Padre y del Hijo ....y de nosotros mismos si es que  nos abrimos a Él.

 Todo ello es  Culminación en el Espíritu Santo con la Planificación del Padre y la Realización al cargo del mismo Hijo.

¿Qué tiene para nosotros el  Santo Espíritu de Dios?.- Yo diría que para nosotros dona todo su poder haciéndonos también renacer para Dios. Es, realmente, nuestra Conversión en cada día. Para el pecador la vuelta a la vida, para el justo el mantenimiento y superación de la misma. Nos lleva a  la oración, al perdón y a la Comunión con Dios amando al prójimo. Nos lleva de la mano durante la vida terrena  hacia la Resurrección y hacia el Cielo prometidos.
Él rehace, día tras día,  con nuestra arcilla personal la imagen reducida de Cristo, eso si:  tallada con toda fidelidad,.. si es que le podemos dar ocasión y tiempo para ello....
 Y éste es su  mejor regalo para  cada uno de nosotros.
Cuando asistimos a la Eucaristía y escuchamos las palabras del sacerdote en la Consagración, sepamos que  es el Espíritu Santo quien está reavivando nuestra fe. Cuando nos pesa la conciencia por una acción inadecuada o mala, Él  nos  dirige a la fuente de limpieza que es el Sacramento penitencial, dándonos el valor y la entereza suficientes para confesarnos, a la vez que el  propósito total de la enmienda.
Nos abre continuamente  la boca y el corazón  para dialogar con el Padre en la oración y nos espabila los oídos para escucharle y los sentidos para  poder imitar a Cristo junto a la comunidad eclesial.  Nos quita el miedo a enfrentarnos al mundo y nos da el santo Temor de poder perderle, naciendo así la santa Valentía de defender nuestra fe hasta la muerte y de cumplir todos sus mandamientos sin esconder al respeto humano  jamás nuestros rezos o actos de piedad. Así es como el Santo Espíritu fabrica Mártires.

¿Dónde lo encontramos al Espíritu Santo?.- En todos los Sacramentos, pero fundamentalmente en la Eucaristía. Con ella  Cristo nos lo trae con el Padre  junto a sí y nos los regala como un don propio, como una fuerza interna que comparte con nosotros y nos orienta y nos mantiene con sus dones y frutos  en la fe y en la gracia. También es el Espíritu Santo el que inspira todas las  buenas acciones también en los creyentes de otras religiones, así como incluso en algunos  que se creen definir como ateos.
Todo lo bueno que el ser humano pueda hacer procede de Él.

 Al Espíritu Santo, que es el "cemento" de Dios, Amémoslo, busquémoslo, anhelémoslo, seamos dignos de El y ,  y para Él limpiemos nuestro interior,  para que  como dice en el Libro de la Sabiduría  nos salga continuamente  al encuentro y haga de nosotros una imagen  algo  parecida a la de Cristo.
 
Que la Santísima Vírgen, su esposa,  nos ayude a encontrarlo y adorarlo en la Santísima Trinidad  junto al Padre y al Hijo.

Jonás

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