LA CUZ DE CRISTO.-
He oído a algunas personas que se consideran cristianas que el Evangelio está muy bien, pero que la Pasión que sufrió Nuestro Señor Jesucristo les parece algo teatral o demasiado cargada de dramatismo. Quizás la larga repetición de las imágenes propias de la Semana Santa, o acaso la experiencia de la cotidiana eucaristía que revive la Pasión y Muerte de Jesús haya acabado por desvalorizar los sentimientos y méritos de nuestro Redentor y hayan terminado por hacer cuestión de rutina lo que fue heroico.
Realmente Dios pudo escoger un camino mucho más cómodo para su fin de recuperar al ser humano, sin tener que encarnarse en la pobreza , en una época tan difícil y así poder evitar un final penoso. Incluso, iniciado el itinerario de su Pasión, pudo parar la mano que le azotaba hasta 200 veces, pudo continuamente bajarse de la Cruz, escapar al castigo humano y desvelando un ápice de su poder proclamarse como Rey absoluto de todos los tiempos, de una humanidad que le hubiese aclamado. Pero no quiso hacerlo como probablemente tú y yo lo haríamos. Prefirió hacerlo a su manera, es decir por el camino más difícil, simplemente por que quería evitarnos a nosotros algo que sabía era lo peor: la condena eterna.
Quiso sufrir más que nadie para que nadie nunca pudiese sentir más abandono que Él. Quiso que le tocase lo peor, para que nadie pudiese encararse con Dios e interrogarle ese desafiante “¿Porqué a mí?”, eso que tanto nos gusta decir a los hombres cuando nos llega la hora del sufrimiento. Quiso entregarnos su vida y su muerte, sin duda para que nosotros pudiéramos de alguna manera imitarle y entregarlas también de alguna forma por Dios y por nuestros hermanos. Quiso que se realizara íntegro y hasta el final el espectáculo de la Cruz, que fue el mayor “escándalo para los judíos y la mayor necedad para los griegos”.
¿Y tú que eres ...judío o griego?
Si no eres ni lo uno ni lo otro, coge tu propia cruz y síguele. Es la única manera de comprender a Cristo y a su Pasión.
Ahora que se van retirando los crucifijos de las escuelas porque algunos dicen que les molesta el verlo. Ahora que van desapareciendo de las paredes de muchas casas, de muchos dormitorios, porque la gente prefiere poner cuadros más decorativos, no se reconoce la única verdad que es que hay algo que nos recuerda nuestra mediocridad, hay algo que pone en evidencia nuestra holgazanería moral, algo que además nos recuerda que también nosotros hemos de morir. Esto incomoda, esto no cuadra con nuestra vida de consumismo, esto desentona con nuestra afición al placer y al bienestar. Pensamos que está muy bien para el interior de las Iglesias, no para nuestra vida, no para Dios mío si yo me olvido de tí,... Tú no te olvides de mí". Al menos, dentro de sí aceptaba la condición olvidadiza del ser humano. Es nuestra naturaleza débil, nuestra posición en un mundo que nos arrastra en su caudalosa corriente en direcciones inapropiadas. Pero también nuestra categoría de cristianos, de Hijos de Dios, le hacía solicitar de quien no puede negar a nadie la misericordia final, la victoria definitiva, pese a que ahora pequemos.
nuestra casa, no dentro de nuestro programa de diversión y de confort. Un amigo mío, debajo de una pequeña cruz ponía el siguiente letrero: "
Cristo renunció a su categoría divina para encarnarse como hombre, aceptando todas las perspectivas de esfuerzo, de trabajo y de incomprensión que esto garantizaba. Y sobre todo aceptando un destino final de muerte, para compartirla con nosotros, como S. Pablo recuerda: ... una muerte de Cruz. Bien pudiera habernos redimido Jesús muriendo en una cama, rodeado de sus parientes y amigos, pero prefirió hacerlo en una Cruz de madera taladrados sus manos y pies, suspendido dolorosamente y en casi total soledad de los hombres. Molesta verle dándonos ejemplo heroico ante el dolor y el esfuerzo. Molesta saber que su amor nos obliga a amarle con todas nuestras fuerzas, molesta levantar la mirada hacia Él, porque preferimos mantener los ojos bajos, fijos en tanta porquería y vanidad del mundo.
Ser cristiano es un verdadero orgullo, ser amigo de Cristo es lo mejor que nos puede ocurrir. No nos avergoncemos nunca de Cristo y Ël tampoco se avergonzará de nosotros cuando estemos junto a Él y delante del Padre. Que sea el crucifijo nuestro aliado, nuestra defensa ante el dolor, ante el esfuerzo, ante la calamidad, ante la enfermedad o ante la muerte.. No olvidemos que quien besa con amor a ese crucifijo , quizás viejo, pero no por eso menos digno, se ganará la salvación. A aquel Buen Ladrón llamado Dimas, le bastó aceptar su cruz como merecida y declarar injusta la de Cristo para que se le abriesen las puertas del Cielo, siendo el primer Justo llevado a los Altares por el mismo Jesús. Estoy seguro de que cualquier ser humano que antes de morir bese con devoción el crucifijo, lo hace al mismo Cristo en el Calvario y ganará, como Dimas, la salvación eterna y también se verá libre del Purgatorio ya que las llagas de Cristo le esconderán de la acción imparable de la Justicia divina..
He hablado de dignidad y tengo que proclamar que la muerte de Cristo fue una muerte santa, la muerte más digna que ha habido y que habrá nunca. Por eso para nosotros no hay un mayor privilegio que el de ayudar al mismo Jesús a llevar su Cruz en cada uno de nuestros hermanos que la sufren. Ese y no otro es el secreto del Crucifijo. Mientras, bendigamos nuestra propia Cruz con la de Cristo, porque se funden en una sola llama ante el Padre. ¡Qué suerte relucir con Él..!
¡Bendito sea Cristo en su Cruz y bendito sea Cristo en su Resurrección.!
Jonás 2009-2019

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