MISTERIOS DOLOROSOS DEL SANTO ROSARIO
Primer Misterio : LA ORACIÓN DE JESÚS EN EL HUERTO DE LOS OLIVOS
No fue el comienzo de la pesadilla, sino quizás su cumbre: sentir a fondo la mayor tristeza, la peor experiencia humana que impulsa a muchos hombres a la desesperación e incluso al suicidio.
Así, abandonándose totalmente en la Voluntad de su Padre, Jesús pasó un largo rato hasta que un bendito Ángel comenzó a consolarlo y le impuso la corona de todas las Bienaventuranzas, mostrándole la humana muchedumbre de aquellos que Él mismo por su santísima sangre iba a salvar y a conducir al Cielo con su doctrina y ejemplo, por su presencia eucarística y por la ayuda del Espíritu Santo. Naturalmente también pasó ante los ojos de Jesús en aquellos momentos, la imagen de María, su bendita Madre, junto a la cual, Él sabía muy bien que merecería la pena su duro paso por el dolor, al ser injustamente condenado como un criminal.
Segundo Misterio :
La Flagelación de Jesús .-
El látigo romano constaba de una larga correa que acababa: o bien en una garra de ave de rapiña, con la que arrancaban jirones de carne al reo, o bien en tres o cuatros bolas de plomo bien atadas que producían profundas contusiones sobre la piel. A Cristo, repito, no le dieron los 40 latigazos en el dorso, que es el máximo que la ley judía permitía como castigo, sino según delata la Sábana Santa, más de 200 ya que el código romano no imponía límite numérico.
Ese elevado número de impactos en dorso, abdomen, piernas y lo peor: en el pecho, produjeron un abundante derrame interno con muerte tardía por pericarditis. Queda atestiguada esta patología por lo narrado en el Evangelio de Juan (Jn 19, 31-37) sobre aquel costado de Cristo, del que perforado "brotó sangre y agua", derrame generado por la flagelación de pecho y espalda y por su larga agonía.
Faltaba la hipocresía de Pilatos, lavándose las manos públicamente “por la muerte de aquel justo", para tratar de reconciliar la conciencia consigo mismo y apaciguar a su esposa, quien le había manifestado su preocupación por Jesús. Cristo no se libraría de la muerte por misericordia del pueblo al llegar a verle muy mal herido tras la flagelación, cosa que Pilatos cobardemente pretendía. Tampoco se libraría de su muerte en Cruz, por la cobardía de este cónsul romano, permitiendo que un pueblo asesino salvase a otro asesino : a Barrabás, crucificando al Buen Jesús.
Tercer Misterio: LA CORONACIÓN DE ESPINAS
Había que reafirmar el delito de Jesús: Rebelión a Roma. Había dicho que era Rey, y no viendo su corona, decidieron fabricarla. La hicieron de espinas por rencor a su persona. Tejieron un círculo con plantas espinosas lo colocaron sobre sus sienes y bajo el casco metálico de un soldado clavaron las espinas de un sólo golpe de maza en su cuero cabelludo. De su bendita boca probablemente surgió un gemido de dolor, de su cráneo brotó sangre abundante y de sus ojos, también casi con certeza: lágrimas abundantes. Hoy sabemos que existe un reflejo involuntario de dolor por el estímulo intenso sobre el periostio del cráneo, que activa la contracción de los sacos lacrimales de ambos ojos. También del alma divina de Jesús, brotaron, de seguro, muchas más lágrimas de dolor por todas las espinas de los pecados del mundo. Mas Él, de seguro, pensaba: "a todos ellos he de salvarlos".
Nuestro amor propio, que no es malo, sino bueno y necesario en su justa medida, sufre intensamente por las burlas de los demás. !Y cómo sufriría el propio Jesucristo, Rey del Universo , al ser insultado como si fuera un rey de pacotilla¡. Jesús, que podía haber destruido en un instante a aquella tropa con un simple click de sus dedos, sin embargo, aguantó con humildad la muy dolorosa broma, esperando todavía mayores ofensas y mayores dolores como si fuese un cordero que es llevado al matadero.
Aún había de causarle nuevamente fuertes dolores punzantes, esa corona de espinas, pues cuando Cristo cae por primera vez bajo el peso de la Cruz, el enorme madero aplastó su hombro y del lado opuesto a su caída volvió a clavar mucho más profundamente las espinas en la cabeza y le haría brotar lágrimas de agudo dolor. En algunos lienzos conocidos de la imagen de Jesús del paño de la Verónica, como es el caso de la imagen de la Santa Faz de Alicante, también se puede apreciar una gruesa lágrima cayendo por su mejilla. Aquella buena mujer había utilizado sus finos pañuelos para limpiar la sangre, el sudor y las lágrimas del Redentor en su camino a la Cruz y éste la dona un recuerdo de su valentía y bondad con la milagrosa grabación de su rostro salvador en dichos paños.
Cuarto Misterio : JESÚS, CAMINO DEL CALVARIO.
Muchos son los puntos que habríamos de meditar en el Camino de la Cruz que el Señor realizó durante su Pasión, pero yo me fijaría sobre todo en sus tres caídas seguidas de sus tres levantamientos. Ya sabemos que el cansancio de tantas horas sin comer ni beber, que la agitación y nerviosismo de un juicio condenatorio, que el no haber dormido nada, podían juntos debilitar considerablemente a cualquier hombre. Hay que considerar que los tres condenados iban separados, pero atados con una larga cuerda que les dirigía los pasos, por lo que la caída de uno de ellos, al ocurrir, arrastraría de seguro a los demás. También tengamos en cuenta el peso de un voluminoso madero a transportar atado a los hombros sobre un camino pedregoso, Todo ello justifica tantas caídas, pero Cristo lo que nos quiere enseñar con ellas, es que lo importante no es su número de caídas, sino lo es el saber levantarse cada uno siguiendo el propio camino de su Cruz.
Pese a su debilidad Cristo hace por levantarse del suelo y lo consigue. Los soldados que le conducen le colocan un auxiliar para que no vuelva a caer, y no por caridad, sino porque desean acabar pronto su trabajo para descansar. Vuelve a caer Cristo dos veces más con intensos daños, pero, pese a ellos, logra volver a levantarse hasta finalizar su camino hacia el Monte Gólgota.
Una verdadera lección de paciencia y de fortaleza para nuestra vida moral. Hemos de levantarnos siempre y acudir al Sacramento del Perdón tantas veces como falta hiciera. Por ello Cristo nos dijo en cierta ocasión : "Venid a mí todos los que os halláis cansados y agobiados, que yo os ayudaré."(Mateo 11-28)
Quinto Misterio : JESÚS MUERE EN LA CRUZ.
Podríamos meditar con sumo fervor todo un "Sermón de las Siete palabras", porque todas las cosas que dijo Jesús en la Cruz están llenas de vida y lenas de amor. Yo me quedo ahora con dos de ellas: la frase más breve y con la última.
La más breve: "Tengo sed"
¿ De qué tienes sed tú en la Cruz, Jesús de Nazaret ? ¿De agua? ¿o acaso de nuestras almas...? La primero es fácil de obtener, aunque a ti solo te dieron hiel con vinagre. Lo segundo nos compromete profundamente. Somos agua, que es vida, para todo un Dios que desea bebernos. ¡Que mejor ocasión de agradar a Dios que ésta de devolverle nuestra alma, nuestra libertad y nuestro destino, calmando así su bendita sed de amor!.
Cada vez que veamos un crucifijo pensemos que Dios tiene sed de nosotros mismos, y ofrezcámonos como un don a aquel que dijo “Tengo sed”, aquel que nos dio todos los bienes: la existencia, la salud , la felicidad y su promesa de salvación eterna.
¡No perdamos esta gran oferta!. ¡Tanto valor a cambio de tan poco!
Las últimas palabras: "Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu"
Cristo nos ha enseñado a vivir, y a levantarnos siempre del pecado, por grande que fuere, si caemos. Ahora nos enseña a morir. El momento más importante de toda la vida es el momento de la muerte (1)y nuestro buen Jesús nos da el camino para vencerlo.
Es un examen que sólo supera triunfante el amor. Quien muere amando, amando alargará su vida toda la eternidad, ya que el amor es vida.. Quien muere sin amor, que es odiando, al no perdonar a su prójimo, ya que el odio es muerte, desgraciadamente alargará ésta para siempre.







